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Oaxaca: La revolución mexicana avanza PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Tendencia Marxista Militante (México)   
Miércoles 08 de Noviembre de 2006 00:00
Hoy más que nunca las tareas de la revolución mexicana exigen la formación de comités de lucha, la organización popular y la preparación de la huelga general el 20 de noviembre. Para ello llamamos a todos los compañeros que comprendan la necesidad de luchar por el socialismo y de llevar la lucha hasta el final a que se unan alrededor de la Tendencia Marxista Militante, que está en la primera línea de batalla, animando a todos los trabajadores y jóvenes a luchar juntos, hombro con hombro, con el restoresto de nuestra clase, inspirados en el maravillosos ejemplo del pueblo Oaxaca. La cruenta invasión militar para aplastar la heroica insurrección popular en Oaxaca e imponer el orden burgués, ha fracasado. De hecho, ha conseguido el resultado opuesto a las intenciones de los estrategas del régimen, acelerando el proceso revolucionario en todo México. Hoy más que nunca es urgente unificar la lucha mediante la convocatoria urgente a una huelga general, no sólo por la caída de Ulises Ruiz (gobernador de Oaxaca), sino también del gobierno nacional de Fox-Calderón, como un preludio para la toma del poder por los trabajadores.

La resistencia heroica de Oaxaca

Las imágenes de decenas de miles de oaxaqueños, trabajadores, mujeres, ancianos y niños resistiendo heroicamente con marchas multitudinarias a la incursión violenta de 5.000 militares pertrechados con todo tipo de armas, son una muestra conmovedora de la valentía y coraje de las masas explotadas de uno de los Estados más pobres del país. Reflejan el potencial revolucionario oculto en las amas de casa, trabajadores, jóvenes y ancianos que luchan hasta el fin, encontrando por la vía revolucionaria su verdadero poder.
También revelan que, progresivamente, los capitalistas mexicanos recurren a la bota militar como única respuesta al proceso revolucionario que, con sus flujos y reflujos, se ha desencadenado tras el gigantesco fraude electoral del 2 de julio que le robó la presidencia del país al candidato de la izquierda, López Obrador, mostrando el verdadero rostro de la democracia burguesa y sus podridas instituciones.
Ninguno de los objetivos de la ocupación militar de Oaxaca ha sido cumplido, entre ellos aplastar la insurrección oaxaqueña para abrir el camino a la toma de posesión de Calderón el 1º de diciembre, como nuevo presidente del país, y mostrar la fortaleza del Estado.
Las movilizaciones masivas se han extendido, y tan sólo unos días después del fracaso de la ocupación militar, el domingo 5 de noviembre, se juntaron en Oaxaca más de 1 millón de personas, venidas de todo el país, para celebrar la victoria.
La represión consiguió subsanar las fracturas que el gobierno había logrado provocar al interior del movimiento (sobre todo entre la Sección 22-sindicato docente- y en la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, APPO,que ejerce el gobierno real en Oaxaca), empujando aún más al movimiento a la izquierda, y apartando a los líderes más moderados.

El látigo de la contrarrevolución impulsa la revolución

La consecuencia más importante de la represión en Oaxaca, sin embargo, va más allá de los límites del Estado. Ha tenido consecuencias en los sindicatos (sobre todo el CNTE, electricistas), en el Frente Amplio Progresista (el nuevo frente político de la izquierda donde participa el PRD), en la posición de López Obrador, y hasta en la posición, al menos táctica, del zapatismo, lo cual es un reflejo de la presión revolucionaria de las masas.
No olvidemos que el 20 de noviembre, la Convención Nacional Democrática, fundada por el movimiento de masas contra el fraude electoral el pasado 15 de septiembre, convocó a una movilización de masas para proclamar a López Obrador como presidente legítimo de México, en oposición al impostor Felipe Calderón.
Por primera vez, López Obrador va más allá de las declaraciones de protesta en relación a Oaxaca y ha convocado a una marcha a favor del pueblo de Oaxaca y en contra de la represión, que sin duda será multitudinaria. Este llamado va en la dirección correcta y señala el hecho de que tanto la lucha contra el fraude electoral como la insurrección en Oaxaca son dos frentes de la misma guerra en contra del capitalismo, y que en esta guerra la unidad más completa es la única vía posible, pero debe ser tan sólo el primer paso de una estrategia dirigida a llevar la lucha hasta la huelga general y el socialismo.
Por su parte, el Subcomandante Marcos ha llamado al bloqueo de carreteras y a una huelga general el 20 de noviembre (consigna que la Tendencia Marxista Militante lleva agitando desde hace semanas), lo cual es absolutamente correcto y es una iniciativa que debe ser tomada con las dos manos e impulsada de manera seria. En la práctica, esto significaría unificar el movimiento ya que una medida de estas características no puede ser llevada a cabo tan sólo por los adherentes a "La otra campaña" (la plataforma política de los zapatistas, que es minoritaria dentro del movimiento) sino por el conjunto de la clase trabajadora. Esto debe acompañarse necesariamente por el abandono de la estrategia sectaria y lunática, apartada del movimiento general de las masas, que hasta ahora adoptó la dirección del EZLN.
Los sindicatos deben cumplir con su palabra empeñada de impulsar una huelga general en caso de represión. De hecho, esta medida se tuvo que haber impulsado desde el principio. Las bases del CNTE están impulsando un paro general indefinido que puede arrastrar a la clase obrera a un paro nacional que por las características de la situación se convertiría en la práctica en una huelga insurreccional. Por si esto fuera poco, la CNTE realizará una caravana de 3.000 trabajadores hacia Oaxaca y las Asambleas populares se están extendiendo a otros Estados del país (DF, Michoacán) y manifestaciones de diversas magnitudes se han presentado en el DF, Chihuahua, Tlaxcala, Quintana Roo, Chiapas, Michoacán, etc.

Por la huelga general

En la práctica, la unidad de la lucha contra el fraude, de la insurrección en Oaxaca, y la cuestión sindical, se está llevando a cabo por la vía de los hechos producto de la presión de las masas. Tan sólo hace falta llevar esta unidad de la práctica al programa y a la organización por medio de la democratización de la Convención Nacional Democrática, y su vinculación orgánica con las Asambleas populares, los sindicatos y el EZLN por medio de delegados electos y revocables en cualquier momento de manera regional, estatal y nacional. Con un programa socialista y la unidad en un frente, el movimiento sería invencible y las condiciones objetivas y subjetivas para la toma pacífica del poder estarían dadas.
Hoy más que nunca las tareas de la revolución mexicana exigen la formación de comités de lucha, la organización popular y la preparación de la huelga general el 20 de noviembre. Para ello llamamos a todos los compañeros que comprendan la necesidad de luchar por el socialismo y de llevar la lucha hasta el final a que se unan alrededor de la Tendencia Marxista Militante, que está en la primera línea de batalla, animando a todos los trabajadores y jóvenes a luchar juntos, hombro con hombro, con el resto de nuestra clase, inspirados en el maravillosos ejemplo del pueblo Oaxaca.