ITALIA: BALANCE DE DOS AÑOS DE INTENSA LUCHA DE CLASES Imprimir
Escrito por Claudio Bellotti   
Domingo 08 de Junio de 2003 00:00
Claudio Bellotti
Miembro de la Mesa Ejecutiva Nacional del PRC y del Comité de Redacción de Falce Martello


Después de dos años de movilizaciones continuas, la clase obrera italiana ahora se enfrenta a una encrucijada. Desde el año 2001 hemos presenciado una serie constante de movilizaciones de masas, probablemente las mayores de la historia de Italia. Esto es parte de un proceso internacional de despertar de la clase obrera y que se está extendiendo por toda Europa. Las recientes huelgas de masas en Francia y Austria son sólo el último testimonio de la profundidad de este proceso.
Debemos recordar brevemente los principales acontecimientos en Italia durante los últimos dos años. En junio de 2001 los tres principales sindicatos metalúrgicos se dividieron ante la firma del acuerdo colectivo estatal. Debemos recordar que las tres principales confederaciones sindicales de Italia son la CGIL, la CISL y el UIL. Tradicionalmente, la CGIL ha estado vinculada a los partidos de izquierda. Cada una de estas confederaciones tiene sus propias federaciones metalúrgicas, químicas, etc. El sindicato metalúrgico de la CGIL es el FIOM-CGIL y es el que organiza a la mayoría de los trabajadores del sector.
En junio de 2001 el FIOM-CGIL, presionado por la base, se negó a firmar el acuerdo y convocó en solitario una huelga general que sacó a 250.000 trabajadores a las calles.
Después de eso, vimos las movilizaciones de masas en Génova contra la cumbre del G8 y las manifestaciones de masas contra la guerra en Afganistán.
En 2002 hubo una explosión huelguística contra la contrarreforma de la ley laboral, incluyendo dos huelgas generales (16 de abril y 18 de octubre) y una manifestación de masas convocada por al CGIL en Roma y que reunió aproximadamente a dos millones de trabajadores.
En julio el gobierno consiguió dividir a los sindicatos y firmó un acuerdo por separado con la CSIL y el UIL, el gobierno aceptó la retirada parcial del principal punto de conflicto, el artículo 18 de la Ley Laboral, que defiende el derecho del trabajador frente a despidos individuales injustos. La CGIL se negó a firmar el acuerdo y convocó otro día de huelga general para el 18 de octubre.
Durante el otoño de 2002, los trabajadores de FIAT protagonizaron una amarga lucha contra ocho mil despidos y la amenaza de cierre de dos plantas. En diciembre, FIAT llegó a un acuerdo con el gobierno, la CSIL y la UIL, pero una vez más, el FIOM-CGIL se negó a firmar. Sin embargo, los dirigentes del FIOM se negaron a dar una dirección y en el momento decisivo dejaron aislados a los trabajadores de FIAT. Fue una derrota, aunque no decisiva, que dio confianza a los empresarios y a las otras organizaciones sindicales que estaban dispuestas a cooperar con el gobierno derechista de Berlusconi.
Entre noviembre del año pasado (desde la realización del Foro Social Europeo en Florencia) y abril de este año, la oposición de masas a la guerra de Iraq llenó de nuevo las calles con miles de manifestaciones, con bloqueos de carreteras y ferrocarriles por todo el país y con dos millones de personas manifestándose en Roma el 15 de febrero. A largo de estos últimos dos años, ha habido varias movilizaciones diferentes, desde los trabajadores inmigrantes y estudiantes, hasta movilizaciones contra la corrupción y la arrogancia de Berlusconi y compañía.
Estas movilizaciones de masas eran una expresión clara del cambio de marea después de veinte años de retiradas y reveses, aparentemente, ahora parecía que las masas tenían una disposición inagotable para salir a las calles y protestar.
Sin embargo, después de dos años de movilizaciones, estamos llegando a un momento crucial. Ningún movimiento de masas puede continuar indefinidamente en ascenso, sobre todo si no consigue resultados. Ninguna movilización de masas se desarrolla en línea recta ascendente para siempre. Y es más verdad cuando la dirección no consigue dar una estrategia capaz de conseguir la victoria. Este es el problema al que ahora se enfrenta la clase obrera italiana y, en particular, su vanguardia.

El problema de la dirección

De haber sido sólo por las masas, habrían derrocado en más de una ocasión al gobierno Berlusconi. En varias ocasiones el gobierno vaciló. Pero los dirigentes de las organizaciones de masas de la clase obrera se empeñaron en no exigir la dimisión del gobierno. No querían llegar a esa situación y provocar un enfrentamiento decisivo. Simplemente querían desahogar el descontento de los trabajadores y la presión de su base para restablecer su prestigio y autoridad entre las masas. Esta autoridad estaba seriamente dañada después del fracaso de cinco años de coalición gubernamental de “centro-izquierda” (1996-2001) y la derrota de la izquierda en las elecciones de mayo de 2001. Los dirigentes sindicales durante esos años habían colaborado lealmente con el gobierno de “centro-izquierda” y apoyaron toda una serie de recortes sociales.
La dirección del PRC también tiene su parte de responsabilidad en esto. Cuando nosotros, como oposición marxista dentro del PRC, planteamos la cuestión de un debate interno del partido, la respuesta de Bertinotti fue que todavía no había llegado el momento de derribar al gobierno, que el principal objetivo del movimiento de masas era simplemente continuar movilizándose: “El objetivo del movimiento es el crecimiento del propio movimiento”.
Sin embargo, debemos decir que la principal responsabilidad recae sobre los hombros de Sergio Cofferati y la dirección de la CGIL en su conjunto. Cuando Cofferati, entonces secretario general de la CGIL, comenzó a convocar las huelgas de 2002, provocó un sentimiento de alivio: al menos, pensaban la mayoría de los trabajadores, han comenzado a cambiar de rumbo, han comprendido que debemos luchar.
El resultado de esta convocatoria de los dirigentes de la CGIL, fue que la mayoría de los trabajadores, incluidas la mayor parte de las capas más avanzadas, delegados sindicales, etc., confiaron en la dirección. Pensaban que su tarea era esperar la convocatoria “desde arriba” y movilizarse. Al mismo tiempo, existía el sentimiento general de que a través de las movilizaciones de masas, y gracias a Cofferati, la Izquierda Democrática (el PDS, el principal partido de izquierdas que surgió después de la división del antiguo PCI) también cambiaría su política o se escindiría. Los trabajadores, de una forma u otra, creían que entraría en crisis el ala de derechas que controla la dirección del PDS.
Los acontecimientos recientes han demostrado que las cosas son más complicadas y que aparte de derrotar a la derecha, también hay que derrotar a los dirigentes que dominan las organizaciones de la clase obrera.
Después de dos años de luchas, el gobierno y los empresarios creen que han logrado sobrevivir al mayor peligro. Hace una semana estalló una nueva división entre los sindicatos metalúrgicos. Una vez más los empresarios firmaron por separado con el FIM-CSIL y el UILM-UIL. Este acuerdo es peor que el del año 2002, no sólo afecta a los salarios, sino que también abre el camino para nuevas concesiones en trabajo temporal, flexibilidad y ataques a los derechos laborales en los centros de trabajo.
El FIOM-CGIL organizó una huelga el 16 de mayo. Sin lugar a dudas en los centros de trabajo hay furia y amargura ante lo que están haciendo los dirigentes sindicales y los empresarios. Sin embargo, este sentimiento se mezcla con ansiedad y ciertos elementos de desconfianza en los dirigentes del FIOM. Los trabajadores no confían en que la actual dirección de la FIOM sea capaz de encabezar esta lucha y llevarla a una conclusión victoriosa. Instintivamente comprenden que para ganar esta lucha debe ser larga y militante.
El 15 de junio se celebrará un referéndum sobre el artículo 18 de la ley laboral. Es el resultado de una campaña organizada el año pasado por el PRC. Recogió 600.000 firmas a favor de cambiar la ley laboral y que fuera aplicable a todas las empresas. Actualmente sólo es aplicable en aquellas empresas que tienen más de quince trabajadores.
Mientras que la CGIL ha decidido apoyar el referéndum (con poco entusiasmo), la mayoría del PDS ha decidido pedir la abstención (el referéndum necesita un 50% de quórum para que tenga validez). El nuevo elemento es que Cofferati ha decidido apoyar la abstención. Esto significa que después de dos años de luchas ahora busca una reconciliación con la dirección del PDS. En realidad, supone una traición abierta de sus posiciones anteriores (había declarado que los derechos de los trabajadores deberían ser iguales para todos). Este giro de Cofferati está provocando una crisis en el ala de izquierdas del PDS que se está dividiendo en diferentes corrientes.

Una nueva etapa

En los últimos años hemos visto como la dirección de las organizaciones obreras han salvado al gobierno de derecha. Sobre estas bases el gobierno de Berlusconi ha conseguido un respiro, aunque el ambiente general de inestabilidad permanece y hay conflictos en todos los niveles de la sociedad. Las lecciones de los últimos dos años cada vez estarán más claras para los sectores más avanzados de los trabajadores y la juventud. Sacarán la conclusión de que no basta con participar en las luchas y en las huelgas, por muy grandes que éstas sean. Es necesario tener una comprensión más profunda de la situación. Los trabajadores necesitan controlar sus propias organizaciones de masas. Y, lo más importante, los trabajadores necesitan desarrollar unos métodos, un programa y una organización correcta.
Durante los últimos dos años millones de personas —mayoritariamente jóvenes— han despertado y han comenzado a participar activamente en la vida política. Han participado en un movimiento de masas y por primera vez en su vida han visto la fuerza y el potencial de la acción de masas. En la próxima etapa inevitablemente se producirá una revaloración de las experiencias por las que han pasado las masas. Habrá necesidad de comprender el papel de todas las tendencias dentro del movimiento. Habrá sed de explicación teórica tanto de los acontecimientos mundiales como de la lucha de clases en la que han participado.
Por lo tanto, en este proceso un papel clave lo tienen que jugar las fuerzas del verdadero marxismo, podemos conseguir una audiencia cada vez más amplia entre las capas más activas y conscientes. Para eso nos estamos preparando, para una nueva e inevitable oleada de luchas, que tendrán un alcance mucho mayor.
Milán, 9 de mayo de 2003