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ELECCIONES EN LA INDIA PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Lal Khan   
Jueves 10 de Junio de 2004 00:00
El 13 de mayo, cuando comenzaron a llegar los resultados electorales para el decimocuarto Lok Sabha (parlamento), en el número 10 de Janpat Road, residencia de la dirigente del Partido del Congreso reinaba un enorme silencio. Sentados en el salón principal de su mansión de la época colonial perteneciente a la dinastía Nehru-Gandhi, estaban Sonia Gandhi y sus colaboradores. Ella estaba tan aterrorizada que incluso se había negado a aparecer en televisión porque preveía una derrota humillante. Cuando cndo comenzaron a llegar las primeras llamadas telefónicas de felicitaciones por su victoria entonces salió y apareció ante las cámaras de televisión.

¿EL PRINCIPIO DEL FIN?

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El 13 de mayo, cuando comenzaron a llegar los resultados electorales para el decimocuarto Lok Sabha (parlamento), en el número 10 de Janpat Road, residencia de la dirigente del Partido del Congreso reinaba un enorme silencio. Sentados en el salón principal de su mansión de la época colonial perteneciente a la dinastía Nehru-Gandhi, estaban Sonia Gandhi y sus colaboradores. Ella estaba tan aterrorizada que incluso se había negado a aparecer en televisión porque preveía una derrota humillante. Cuando comenzaron a llegar las primeras llamadas telefónicas de felicitaciones por su victoria entonces salió y apareció ante las cámaras de televisión. ¿Si este era el ambiente de los vencedores en estas elecciones en qué condiciones estarían los perdedores?

Las masas asombraron a la India y al mundo. Han desafiado a todos los expertos políticos, medios de comunicación y a los llamados formadores de opinión. Sobre todo han terminado con el aplastante dominio de los medios de comunicación sobre las masas. Ninguno de estos medios de comunicación, ni los expertos políticos había pronosticado una derrota tan contundente del BJP y del artífice de la “India resplandeciente”, Atal Behari Vajpayee.

Junto con los manipuladores de los medios de comunicación, la credibilidad de los astrólogos, quirománticos y magos indios ha quedado totalmente dañada y erosionada. Sus predicciones electorales han demostrado estar totalmente equivocadas y ser un fraude. Ajay Bahambi, el quiromántico y astrólogo que se hizo famoso cuando Hillary Clinton fue a verlo para que le leyera la mano, había pronosticado en una entrevista televisiva que el BJP conseguiría 320 escaños.

El resplandor ha desaparecido. Los votantes han desenmascarado la falsedad y vulgaridad de la propaganda relacionada con la “India resplandeciente”. Han rebatido todas las habladurías sobre un boom económico que convive con millones de personas sufriendo pobreza, miseria y enfermedad. Precisamente el crecimiento económico conseguido con el BJP es lo que lo ha llevado a su derrota.

Los indicadores macroeconómicos eran impresionantes. La India contaba con unas reservas monetarias de 118.000 millones de dólares, en los últimos dos años ha conseguido un crecimiento económico medio del 8% anual. Durante el último año fiscal la India atrajo una inversión extranjera valorada en 5.000 millones de dólares. Vajpayee se convirtió en el campeón de la paz con Pakistán gracias a sus gestos caprichosos de amistad. El equipo indio de críquet ha ganado al de Pakistán por primera vez en suelo pakistaní. De ahí esa avalancha de propaganda, incluso varios analistas, dirigentes e intelectuales de izquierda también han capitulado ante esta situación. Pero lo bueno sólo alcanzó a la clase dominante y estratos superiores de la clase media. La historia sobre el terreno es completamente diferente a como se presenta en los medios de comunicación y en los círculos del poder.

El BJP perdió en 24 de los 28 estados. Incluso en los lugares sagrados de peregrinación hindú como Kashi, Mathura y Ayodhya/Faizabad el BJP cayó derrotado. Los partidarios del fundamentalismo hindú como Murli Munhor Joshi y Vinay Kathiar han perdido sus escaños. Incluso en el propio distrito electoral de Vajpayee, Lukhnow, consiguió un resultado muy bajo, un 35% de los votos. Lo mismo ha ocurrido en los estados conocidos como el corazón hindú en el norte del país, concretamente Jharkhand, Utterpardesh, Bihar y Uttranchal, en todos éstos han perdido los nacionalistas hindúes.

En realidad estos resultados electorales no indican una victoria del Partido del Congreso sino una derrota del BJP y su política, especialmente la relacionada con el capitalismo agresivo. A pesar de la intensa diversidad geográfica, cultural y social de la India, la tendencia anticapitalista se ha podido ver claramente en estas elecciones. El ejemplo más destacado son los resultados electorales en dos estados clave, Andraparadesh y Karnataka. Sus capitales, Hyderabad y Bengalore, son los bastiones del sector de la tecnología de la información y reciben una gran inversión extranjera. Se las conoce como las “Silicon Valley” de la India. El ministro jefe de Andra, Chandra Babu Naidu, es aclamado como un héroe por multinacionales como Microsoft, IBM y Merryl Lynch. De la misma forma que el ministro jefe de Karnataka, S. M. Krishna, es presentado por los economistas del FMI, Banco Mundial y demás instituciones imperialistas como el ejemplo brillante de la política “reformista”.

En Andraparadesh el gobierno estaba encabezado por el Partido Telagu Desham (TDP) dirigido por Naidu y era una parte importante en la alianza con el BJP, la Alianza Democrática Nacional (ADN) que gobernaba Delhi. Era tal su figura, obra de la oligarquía financiera, que Vajpayee lo utilizó personalmente para atender sus llamadas telefónicas.

En las elecciones de 2004 Naidu se ha enfrentado a la peor de las derrotas. El TDP tenía en Andra 29 escaños y ahora sólo ha conseguido 5. En las elecciones del estado de Andra sólo ha podido mantener 45 de los 180 escaños de los que tenía en el parlamento local. Su gobierno se desmoronó y la política de reformas capitalistas agresivas provocó una derrota humillante y la perdida de poder de Naidu. En contraste con los grandes rascacielos, la vida de los millones de personas que viven en los barrios de chabolas de Andra se ha hundido más en la pobreza y el sufrimiento. Es tal la agonía de los campesinos que miles se han suicidado por los efectos de estas reformas. Sólo en la pequeña ciudad comercial de Anantpur desde 1997 se han suicidado 200 campesinos.

El otro caso importante fue el estado de Karnataka. Aquí el Partido del Congreso formaba parte del gobierno y su ministro jefe, S. M. Krishna siguió la política agresiva de Naidu de reformas de mercado. Los imperialistas lo alababan mientras las masas lo padecían. Aquí el congreso ha perdido 10 de los 28 escaños que tenía en el parlamento. S. M. Krishna ha dimitido y el gobierno del Congreso ha caído.

Estos resultados demuestran gráficamente que a pesar de la ausencia de una alternativa revolucionaria clara, las masas rechazan la política capitalista independientemente del partido que las lleve a la práctica. Estos resultados han conmocionado a la clase dominante india y al capitalismo mundial. Y las fuerzas del capital financiero han aunado fuerzas para garantizar la continuación de esta política capitalista agresiva.

Después de las elecciones el periódico estadounidense Newsweek decía lo siguiente: “Muchos temen que una dirigente inexperta como Sonia sufra la tentación de hacer concesiones a corto plazo para apaciguar a los votantes pero que a largo plazo paralicen la economía”. Aquí la economía claramente significa economía para el beneficio y saqueo capitalista.

En estas elecciones las masas indias no tenían verdaderamente mucho donde elegir. Los dirigentes comunistas machacaban con la cuestión del secularismo y terminaron apoyando, abierta o encubiertamente, a Sonia y al Partido del Congreso. Como siempre, en lugar de ofrecer un verdadero programa comunista para solucionar los problemas reales como la pobreza, el desempleo, etc., finalmente fueron más reformistas que revolucionarios. De este modo ayudaron a presentar a Sonia como la única alternativa “viable” a Vajpayee. Además la prensa se encargó de intensificar esta idea e intentó imponerla a las masas.

Pero incluso cuando la mayoría de las masas expresaron su opinión para convertir a Sonia en primer ministro, los sectores dominantes de la elite gobernante se sentían demasiado inseguros para confiar en Sonia y en su capacidad de llevar a cabo sus demandas con el celo y el fervor que necesitarían. Así que los especuladores comenzaron a presionar a la dirección del Partido del Congreso provocando vaivenes violentos en la bolsa, en pocas horas 3 billones de rupias desaparecieron del mercado provocando una caída de la bolsa del 17 %, la mayor caída en la historia financiera india. Aunque el BJP y sus aliados fundamentalistas hindúes comenzaron una campaña de difamación contra Sonia Gandhi, el factor decisivo en su renuncia al poder fue la feroz presión de la oligarquía financiera.

Si miramos la historia económica y financiera de la India después de la partición, vemos una fase inicial, el llamado “socialismo nehruiano” que duró casi tres décadas. Esto no tuvo nada que ver con el socialismo porque en realidad era capitalismo de estado. Estas políticas semikeynesianas se pusieron en práctica incluso en estados capitalistas desarrollados durante los primeros períodos de desarrollo económico.

Nehru, un liberal occidental de corazón, intentó aplicar esta política. El setenta y cuatro por ciento de la economía fue nacionalizada, empresas e infraestructuras propiedad del estado se entregaron, a precios irrisorios, a la clase capitalista india para que pudiera aumentar sus beneficios. Se pusieron tarifas arancelarias muy altas para preservar los mercados y se adoptaron otras medidas que facilitaron a la burguesía india el desarrollo del país convirtiéndole en un estado y economía capitalistas modernos.

Esta fase duró tanto tiempo por dos razones. En primer lugar, la economía mundial experimentó el boom económico más largo de su historia (1948-1973). Los efectos de este auge económico ayudaron a la India a sostener una tasa de crecimiento económico relativamente sustancial durante los años cincuenta y sesenta. En segundo lugar, durante el período de la Guerra Fría los gobernantes indios pudieron maniobrar con éxito entre la Unión Soviética y occidente, consiguiendo concesiones significativas de ambos bandos. Pero debido a la entrada tardía de la clase dominante india en la arena de la historia, ésta no pudo cumplir con su tarea histórica de completar la revolución democrático-nacional en la India. Fracasó a pesar de una vigorosa política de protección estatal y de contar con una de las manos de obra más grandes del mundo. No podían competir con la supremacía tecnológica y financiera de las empresas multinacionales occidentales. El estado se endeudó y se encaminó hacia la bancarrota.

Cuando Indira Gandhi regresó al poder en 1980 frenó este fervor populista y pasó directamente a apoyar al capital empresarial. El éxito de los años ochenta fue frágil e intermitente. En 1986 la tasa de crecimiento todavía era muy baja, entre 1988 y 1991 sólo tuvo un tardío repunte del 7,6 % en un año. Al final el país estuvo al borde del abismo.

Sin embargo, durante los años ochenta hubo un episodio de “keynesianismo desbocado”. El gobierno del Partido del Congreso encabezado por Narasima Rao, con Manmohan Singh -el primer ministro designado ahora- como ministro de economía, desmanteló el proteccionismo estatal y abrió los mercados indios a los buitres del capitalismo. Singh fue el artífice de las reformas de mercado en la India. Esto significó una implantación despiadada de las políticas del FMI. Con estas políticas se hicieron concesiones y se dieron privilegios sin precedentes a las multinacionales.

Una atmósfera más favorable y viable para atraer la inversión extranjera significa duros ataques a la clase obrera y reducir aún más los niveles de vida de los millones de pobres de la India.

En esta ocasión una vez más los imperialistas se basaron en Manmohan Singh para seguir adelante con las reformas necesarias. En esta época el ministro de economía será otro reformista del capitalismo despiadado, Palaniappan Chidambaram.

La ironía de estos resultados electorales es que las masas han pronunciado un veredicto claro contra el capitalismo y las reformas de mercado. El ahora primer ministro y el ministro de economía son ardientes reformistas y defensores del sistema capitalista. El núcleo de su estrategia económica son las reformas de mercado. Estos resultados también demuestran la hipocresía y el carácter engañoso de la democracia burguesa en la India y en todas partes. Son las fuerzas del capital las que en última instancia deciden quien gobernará el país en una economía y sociedad dominadas por la dictadura de la oligarquía financiera. 

Si hacemos una valoración honesta del desarrollo histórico del capitalismo indio y la situación actual, la conclusión es que tanto los métodos del keynesianismo como del friedmanismo han fracasado completamente en la India. Esto significa que la continuación de esta política de reformas de mercado sólo servirá para empeorar el sufrimiento de los millones de indios que votaron en contra.

El empeoramiento de la crisis del capitalismo indio (y en la mayoría de los países ex coloniales) crea una situación donde las tasas de crecimiento económico no se traducen en desarrollo social y humano de la sociedad. Paradójicamente, con frecuencia los gráficos de crecimiento económico y los del desarrollo social comienzan a divergir cuando el capitalismo se convierte en tumulto y caos.

La brillante teoría del desarrollo desigual y combinado elaborada por Marx, Lenin y Trotsky demuestra aquí toda su validez. El crecimiento económico y la inversión tecnológica más desarrollada en lugar de resolver las contradicciones capitalistas terminan agravándolas. Bajo el yugo de la hegemonía imperialista el modelo de desarrollo socioeconómico es tal que en lugar de eliminar el primitivismo sólo consigue incrementar el abismo entre éste y la modernidad. Esto supone más convulsiones, turbulencia e inestabilidad social. Estas distancias históricas no las puede salvar el capitalismo. Sólo un salto revolucionario podría superar estas etapas intermitentes del desarrollo histórico. De ahí que en muchos sentidos el primitivismo histórico de estas sociedades se convierta en su privilegio, ya que no tendrán que pasar necesariamente por las etapas que pasaron las sociedades desarrolladas a lo largo de su desarrollo.

La India cuenta con el 17 % de la población mundial pero sólo con el 2% del PIB mundial y el 1 % del comercio mundial. La política agresiva de reformas ha conseguido que millones de personas vivan por debajo del nivel de pobreza. Oficialmente 44 millones de personas están desocupadas. El sector tecnológico sólo ha conseguido crear 800.000 empleos. Cada año hay 22 millones de personas más en la India. Esto significa que deberían crear 150 millones de nuevos empleos durante los próximos siete años: para mantener la situación actual necesitan una tasa de crecimiento del 10 % anual. Durante los últimos seis años de gobierno de Vajpayee el crecimiento anual fue del 5,7 %. Y éste no ha significado nada para el 70 % de la población india. Todos los indicadores demuestran que esto es imposible de conseguir bajo el capitalismo.

Durante los últimos tres años en el sector público se han perdido 450.000 empleos y en el sector privado otros 100.000. Por lo tanto, la noción de una generación del empleo a gran escala gracias al aumento de la inversión privada no sólo es absurda sino que también resulta cínica.

El nuevo gobierno sufrirá presiones para que privatice más empresas. La industria petrolera, las aerolíneas, la banca, aeropuertos, sector portuario y otros más se enfrentan a las privatizaciones.

Una de las cifras macroeconómicas de la que no se habla mucho es el déficit público. Éste alcanza el 10% del PIB. Para superar este abismo fiscal el régimen debería reducir drásticamente los subsidios al queroseno, fertilizantes, arroz, grano y otras necesidades básicas. Esto sólo serviría para empobrecer aún más a la población.

Contrariamente a lo que dice la propaganda oficial y occidental, el sector agrícola se ha deteriorado a pasos agigantados. El sesenta por ciento de la mano de obra trabaja en el campo. Pero su parte en el PIB indio es sólo del 22%. Una vez más el ejemplo de cómo devastan sociedades las prioridades del sistema de beneficio se puede ver en Andrapradesh.

Mientras que toda la inversión ha ido dirigida a la industria de la tecnología de la información, a pesar de los ríos que recorren la región de Andra, no se ha invertido nada en sistemas de irrigación para hacer llegar el agua a los cultivos. Y esta ausencia de infraestructura ha provocado sequía y reducción de las cosechas.

Los préstamos de los bancos públicos y privados sólo llegan al 15-20% de los campesinos y pequeños granjeros. Por esa razón dependen de los prestamistas tradicionales. Estos usureros cobran un interés anual del 36% al 120%. Cuando la cosecha se reduce supone una catástrofe para los campesinos endeudados. Después de la intensificación de la política de reformas de mercado la inversión en la agricultura decayó. Entre 1980 y 2000 el gasto público en agricultura pasó del 44% al 23% del gasto total. Lo más afectado fue el sistema de irrigación.

Si miramos de cerca los resultados veremos que el Partido del Congreso en las elecciones de 1999 consiguió un 1,5% más de votos pero sólo 112 escaños. En estas elecciones han conseguido el 27% de los votos y 145 escaños. El otro punto interesante es que el nuevo primer ministro, Manmohan Singh, nunca ha ganado unas elecciones parlamentarias. La única vez que se presentó fue en 1999 y cayó derrotado en el distrito de Delhi. Es miembro del Rajaeh Sabha (casta superior) y no fue elegido por la población sino que fue nombrado por los empresarios. El nuevo ministro de interior, Shivraj Patel, perdió las elecciones. Lo mismo ocurre con el ministro de exteriores, Natwar Singh, que es un burócrata nombrado a dedo. Pero lo más asombroso de estas elecciones fueron los resultados sin precedentes de los dos partidos comunistas. Consiguieron 27,5 millones de votos y 63 escaños, los resultados más importantes de la historia del país.

Para ser honestos, realmente ni ellos esperaban estos resultados. Consiguieron estos votos a pesar de la política seguida por las direcciones octogenarias de estos partidos. Desde mediados de los años veinte la dirección del PC comenzó a degenerar en la línea de la teoría estalinista de las dos etapas. Debido a esta ideología menchevique no sólo perdieron la dirección de la lucha de liberación nacional contra los británicos, sino que después de 1947 su política los llevó a perder varias oportunidades de convertirse en dirección del movimiento revolucionario de los trabajadores, y por lo tanto, perdieron la oportunidad de llevar a cabo la revolución socialista.

Este resultado demuestra que los dirigentes de los partidos comunistas si hubieran presentado un programa revolucionario claro y una alternativa socialista a la tiranía capitalista, incluso en el terreno electoral, podrían haber liquidado al BJP y al Partido del Congreso. Después de todo, el Congreso es el partido tradicional de la clase dominante india y el BJP representa a algunos de los sectores más reaccionarios de esta clase.

Al apoyar desde fuera al Partido del Congreso y no entrar en el gabinete demuestra la confusión y el temor que existe en la dirección comunista. Alaban la reforma del actual sistema y dudan en cómo hacerlo. Por un lado, quieren evitar la responsabilidad de las terribles consecuencias que tendrá para las masas indias la política económica de la UPA (Alianza Progresista Unida). Pero por otro lado, quieren evitar el fermento, la oposición e incluso las tendencias a la rebelión que surgirán dentro de la base de los propios partidos comunistas. Pero no conseguirán ninguna de las dos cosas.

Estos dirigentes han abandonado la segunda etapa de la teoría estalinista, aquella que decía que después de completar la burguesía la revolución nacional, llegaría la segunda etapa, la revolución socialista. En realidad, ahora simplemente defienden una etapa: reformar el capitalismo. El socialismo les repugna. Se han convertido en partidos reformistas en la misma línea que la socialdemocracia europea y la Segunda Internacional.

Jyoti Basu, el veterano ex ministro jefe de Bengala lo expresó claramente: “Las reformas continuarán...”. El ahora ministro jefe de Bengala del PCM (Partido Comunista (Marxista)), Buddhadeb Bhattacharjee, se presenta como el seguidor más ardiente de la política de reformas del mercado, ha invitado a las multinacionales de la tecnología de la información a cambio de concesiones en Calcuta.

Otro veterano dirigente del PC, Somnath Chatterjee, dijo lo siguiente sobre Manmohan Singh: “No es sólo una de las personas más decentes, también es nuestro economista más capacitado”. Estos dirigentes “comunistas” olvidan que la política económica de Singh sólo favorece a la clase dominante y a las multinacionales.

Por otro lado, los partidos comunistas son los partidos tradicionales del proletariado indio y están llamados a jugar un papel crucial en los acontecimientos que se vislumbran en el horizonte. De nuevo los expertos y analistas burgueses son demasiado esquivos y obtusos al analizar la dinámica explosiva de la lucha de clases en la India.

En el próximo período las repercusiones de esta política económica serán catastróficas. Provocaron un enorme malestar y agitación social. Está descartada cualquier tipo de estabilidad. Veremos giros violentos a un lado y a otro. En medio de estas tumultuosas condiciones revolucionarias surgirán corrientes contrarrevolucionarias.

Los fundamentalistas hindúes intentan fomentar la histeria y la locura. Algunos de sus dirigentes ya están haciendo declaraciones de este tipo. Praveen Togadia y Ashok Singhal, dirigentes del VHP (Vishva Hindu Prashed) han dicho que la derrota del BJP es la venganza de Hindutva por no haber llevado su programa hasta el final.

La otra organización chovinista hindú, Sangh Parivar, la organización paraguas de los partidos fundamentalistas hindúes que incluye al BJP, Shiv Sena, Bajrang Dal y RSS (Rastrilla Sevaksawayan Sang) se ha unido a la lucha. Intentarán provocar crisis y descontento. Intentarán utilizar a los sectores más atrasados de la sociedad para azuzar la reacción y las fuerzas oscuras de Hinduvata. Pero esta no es la perspectiva más probable.

Todo resultado electoral es la expresión del ambiente y la conciencia de las masas en esa coyuntura histórica particular. La participación y el veredicto de las masas en estas elecciones no es el último sino el primer paso en su nuevo despertar. El fracaso del gobierno de la APU ha provocado una nueva oleada de movimientos de masas. Este resurgir de los trabajadores los radicalizará rápidamente hacia la izquierda. Presionarán a los dirigentes de los partidos comunistas. Si los dirigentes intentan descarrillar el movimiento y mantenerlo dentro de los límites del capitalismo, entonces se producirán convulsiones sin precedentes dentro de los propios partidos comunistas que actualmente tienen más de 3 millones de militantes.

Los trabajadores y activistas de estos partidos ya están cuestionando la política de acuerdos de los dirigentes. Con el resurgir del movimiento las masas buscarán una salida revolucionaria. En estas condiciones el verdadero marxismo y socialismo revolucionario puede conseguir una base de masas dentro de estos partidos. Esto es lo que conseguirá que los partidos comunistas vuelvan a emprender el camino revolucionario del comunismo. El nudo histórico que conecta los orígenes del PCI con los bolcheviques se volverá a unir.

La historia de los últimos cincuenta y siete años demuestra claramente que a pesar de los enormes recursos humanos de la India, este sistema no ha conseguido solucionar ni uno solo de los problemas. En realidad, la situación se ha deteriorado y la sociedad sufre un fermento, una agonía y un nivel de enfrentamiento nunca vistos. El 24 de febrero de este año más de 50 millones de trabajadores indios participaron en una huelga general que paralizó varios estados y los centros metropolitanos del país. Los medios de comunicación guardaron un silencio conspirador ante la huelga e intentaron ocultar las noticias. ¿Pero cuánto puede durar esta situación?

Estas elecciones suponen un punto de inflexión en la lucha de clases de la India. Representan el regreso de la lucha de clases a escala mundial. El proletariado indio ha demostrado una y otra vez su capacidad, habilidad, voluntad y determinación para transformar la sociedad. Sólo una revolución socialista puede cicatrizar las heridas indias. Sólo con un sistema social desarrollado la India podría salir de la miseria, pobreza, explotación, desempleo, hambre, ignorancia, enfermedad y apatía. Las masas han comenzado a moverse una vez más. Cuando una de las clases obreras más grandes del mundo tome impulso, no habrá fuerza sobre la tierra capaz de detenerla y superará cualquier obstáculo que encuentre a su paso. Con una dirección bolchevique-leninista, con una perspectiva y estrategia marxistas, la victoria socialista está garantizada. Una revolución socialista triunfante en la India sería un polo de atracción para la formación de una federación socialista voluntaria del subcontinente. Esto abriría el camino para la emancipación final de la humanidad que no es otra cosa que el futuro comunista de la raza humana..