Organizar una Corriente Sindical clasista y democrática en la CGT y la CTA Imprimir
Escrito por El Militante   
Jueves 31 de Marzo de 2005 00:00
En el último año hubo toda una serie de luchas que demuestran el inicio de un nuevo ambiente dentro del movimiento obrero. Por primera vez en años, son los trabajadores quienes están tomando la iniciativa y son los capitalistas los que aparecen a ladefensiva, demostrándose la favorable correlación de fuerzas que existe para avanzar en la conquista de mejoras laborales.

Una propuesta para el debate

El malestar profundo de millones de trabajadores por los bajos salarios, las largas jornadas de trabajo y la carestía de la vida, sofocado durante años por la crisis y el miedo al desempleo, está saliendo a la luz con una fuerza incontenible.

Tras la prolongada crisis de 1998-2002, los capitalistas pudieron recomponer sus ganancias sobre la base de la reducción o congelamiento de los salarios, el alargamiento de la jornada de trabajo y el aumento de los precios de sus mercaderías. Así, los salarios nominales se redujeron un 15% en promedio sólo en los últimos 3 años, mientras que "según cifras oficiales" los alimentos básicos aumentaron en el mismo período un 90%, y el vestido y el calzado un 95%. El trabajo "en negro" escaló hasta el 48% de los asalariados, y la jornada laboral se alargó a las 9 horas en promedio.

Mientras que la línea de la pobreza quedó cuantificada en un ingreso por debajo de los $760, el ingreso promedio de los trabajadores argentinos está en los $650. El 42,8% de la población activa (6,4 millones de personas) viven con ingresos por debajo del nivel de la indigencia ($335) y el 60% de los trabajadores tiene ingresos inferiores a la canasta de la pobreza.

Al calor de la recuperación coyuntural de la economía y del aumento exorbitante de las ganancias empresariales, los trabajadores empiezan a salir a la lucha para exigir su parte, como lo demuestra que el número de huelgas durante el 2004 haya sido doble que en el 2003, tendencia que continúa profundizándose en el 2005.

Esta "bomba social" es lo que está detrás de las actuales preocupaciones de los empresarios y del gobierno.

Por qué organizar una Corriente Sindical

En el último año hubo toda una serie de luchas que demuestran el inicio de un nuevo ambiente dentro del movimiento obrero. Por primera vez en años, son los trabajadores quienes están tomando la iniciativa y son los capitalistas los que aparecen a la defensiva, demostrándose la favorable correlación de fuerzas que existe para avanzar en la conquista de mejoras laborales.

Además, en conflictos como telefónicos, Subte, aceiteros y otros se han recuperado instancias democráticas de lucha mediante asambleas de base, en abierto desafío a la burocracia sindical.

La inmensa mayoría de las demandas que están motorizando esta lucha reivindicativa son los aumentos salariales, obteniéndose avances en esta materia de forma generalizada por primera vez en muchos años.

Las luchas de los trabajadores estatales y docentes (que han alcanzado una extensión geográfica, una duración y una combatividad no vista en años), de los telefónicos, ferroviarios, camioneros, recolectores de residuos, bancarios, trabajadores de la salud y tantos otros, así lo demuestran, unificando a los trabajadores por empresa y por sector en todo el país.

Y la realidad es que todas estas luchas reivindicativas están siendo canalizadas a través de los sindicatos, comisiones internas y cuerpos de delegados, lo cual da un desmentido rotundo a todas aquellas teorías "modernas" que hablaban de la decadencia de los sindicatos y el surgimiento de "nuevas estructuras" debido a los supuestos cambios operados dentro de la clase obrera como consecuencia de la renovación tecnológica y del aumento del desempleo.

Esto no es difícil de comprender. El trabajador es por naturaleza de carácter práctico. No puede improvisar sobre la marcha nuevas estructuras y organizaciones de la nada. Se ve obligado a utilizar y, llegado el caso, a transformar los instrumentos y herramientas que tiene a mano. Por esa razón no puede prescindir de los sindicatos, a pesar de la degeneración burocrática actual de la mayoría de sus dirigentes.

La necesidad empuja a la lucha. La reacción opuesta por el aparato sindical conservador y burocrático da lugar, tarde o temprano, al surgimiento de nuevos líderes naturales y a movimientos de oposición que mañana estarán en las mejores condiciones para barrer a la vieja burocracia sindical, en cada cuerpo de delegado y en cada sindicato. En estas condiciones, una Corriente Sindical de oposición clasista, democrática y antiburocrática podría y de- bería encontrar rápidamente un eco poderosísimo en las bases de los sindicatos y las empresas.

Los gremialistas combativos y de izquierda deberían avanzar, por lo tanto, en la constitución de esta Corriente Sindical para llevar este debate al seno de la clase trabajadora, aumentando sus puntos de apoyo en los sindicatos y empresas para estar en las mejores condiciones de presentarse co-mo una alternativa frente a las actuales direcciones burocráticas de los sindicatos. Esta Corriente Sindical debería plantearse como primer objetivo agitar en las empresas contra cualquier pacto social entre la patronal y los sindicatos que limite y frene las luchas obreras, además de exigir a los dirigentes de la CGT y la CTA un plan de lucha nacional por los reclamos salariales y el empleo digno.

Una Corriente Sindical debe tener como fin aglutinar en un frente único a todos los activistas sindicales combativos y luchadores para desarrollar esta tarea, compartiendo experiencias y extendiendo su influencia.

La presentación de listas opositoras en las elecciones de gremios como Gráficos, docentes, Alimentación, SUBTE, Astilleros Río Santiago, ferroviarios, frigoríficos, etc donde la izquierda se ha presentado unida junto a otros activistas obteniendo victorias en unos casos y modestos éxitos en otros, nos señala el camino. Pero no se debe circunscribir la actividad de una Corriente Sindical al mero armado de una lista opositora semanas antes de las elecciones gremiales. Siguiendo el ejemplo del SUBTE, debemos organizar una plataforma permanente que agite en las empresas, que edite volantes regularmente, que organice luchas allá donde tenga posiciones dirigentes.

Que esta Corriente Sindical sea capaz de aprovechar esta situación dependerá de su capacidad para practicar una audaz política de "frente único" con todos los luchadores y gremialistas honestos para emerger como un polo de referencia en las luchas de los trabajadores.

Corriente Sindical, Corriente "Político-Sindical" o "Mesa de Coordinación"

La posición de El Militante ya fue expresada. Creemos que lo más conveniente es la formación de una Corriente Sindical en la CGT y la CTA y en cada gremio particular. Otros compañeros consideran conveniente formar una "Mesa de Coordinación". Sin embargo, este organismo no supondría ningún avance cualitativo sobre lo que ya tenemos porque, al margen de comunicados públicos de prensa, circunscribiría su agitación a los lugares donde ya se encuentran los activistas obreros combativos y los incipientes movimiento de oposición, pero no articula mecanismos para su extensión y desarrollo. En vez de ir a la clase, que es lo que implica la formación de una Corriente Sindical abierta a la participación de cualquier trabajador o grupo de trabajadores en cada empresa y sindicato, con una "Mesa de Coordinación" tipo ANT o similar formada por los actuales referentes del activismo obrero antiburocrático, lo que se dice a la clase es que venga a nosotros.

Otros compañeros van más allá y hablan de la necesidad de una Corriente Político-Sindical de carácter socialista. De esta manera, estos compañeros pretenden avanzar en la idea de formar una especie de partido-sindicato.

Nosotros creemos que es un error pretender que un sindicato o corriente sindical suplante las tareas de un partido que se proponga el objetivo de luchar por el socialismo.

Los sindicatos agrupan a obreros de diferentes ideologías y concepciones políticas, o a trabajadores indiferentes políticamente. Algunos tienen una conciencia socialista, otros no. Algunos tienen claros los límites de la lucha sindical y otros mantienen ilusiones en el sistema y en que el capitalismo puede más o menos dar satisfacción a sus necesidades particulares. Por eso, a diferencia de lo que piensan los anarquistas el sindicato no puede dirigir la lucha por la revolución social. Además, exigir como requisito para formar parte de una Corriente Sindical la aceptación del programa socialista nos parece un grave error porque nos crearía una barrera y un obstáculo para atraer a miles de genuinos luchadores obreros que actualmente no se consideran socialistas o que solamente podrían ser ganados para esa perspectiva en base a su experiencia, participando hombro con hombro con activistas obreros socialistas en una corriente sindical democrática, clasista y antiburocrática amplia.

La tarea de crear una herramienta política de masas y socialista entre los trabajadores argentinos es muy importante y debemos abordarla. Pero la mejor manera de atraer a miles de activistas obreros para las ideas del socialismo sería formando una Corriente Sindical clasista y de masas donde cualquier tendencia socialista debería tener el derecho de agitar por su programa y de ganar democráticamente para sus posiciones a la mayoría de la Corriente Sindical en primera instancia, y posteriormente a los sindicatos.

Luchar contra el sectarismo

La autoridad de la burocracia sindical es la más baja en toda su historia. La burocracia de la CGT, con Moyano a la cabeza, es consciente de que ya no se puede permitir traicionar abiertamente las luchas o aparecer del lado de la patronal de manera tan descarada como en el pasado, porque saben que los trabajadores pasarían por encima de sus cabezas, debilitando aún más su influencia en la base y fortaleciéndose las modestas pero significativas posiciones con que empiezan a contar los sectores clasistas y de izquierda dentro de los sindicatos. Esto explica el discurso más ofensivo de Moyano exigiendo un aumento del salario mínimo a $760, criticando las declaraciones del ministro Lavagna contra los aumentos salariales y saliendo públicamente a defender los recientes conflictos de recolectores de residuos, telefónicos y, en mucha menor medida, el del Subte.

Obviamente, la intención de los burócratas es intentar ponerse a la cabeza del movimiento cuando ya no puedan evitarlo para limitar su alcance, desviarlo de sus objetivos y, eventualmente, traicionarlo.

Sin embargo, las intenciones subyacentes de la burocracia sindical no siempre aparecen tan claras a los ojos de la mayoría de los trabajadores. La experiencia demuestra que la burocracia, o sectores de ella, no sólo es capaz de convocar luchas sino que, eventualmente, pueda recuperar también una cierta autoridad sobre los trabajadores cuando muestra una actitud más combativa. Negar esto sería infantilismo ultraizquierdista, pero no realismo revolucionario. El consignismo estéril y las denuncias ultimatistas y estridentes contra los dirigentes resultan contraproducentes, particularmente cuando éstos llaman a la lucha, porque no toman en consideración el estado de ánimo de los trabajadores, su nivel de conciencia y el grado de autoridad de los dirigentes sobre los trabajadores.

Por eso es la obligación de una Corriente Sindical de oposición el acelerar las experiencias de los trabajadores a través de una cuidadosa aplicación de la táctica del frente único con las direcciones sindicales en todas las medidas de fuerza que éstas se vean obligadas a declarar. En cada lucha, debemos ser los mejores y más decididos luchadores, mientras que propagandizamos audazmente en la base nuestras propuestas: reclamos que conecten con la experiencia de los trabajadores, la máxima extensión de la lucha, convocatoria de asambleas de base que voten el pliego de reclamos y decidan cada paso a dar en la lucha, organización de comités de huelga, fondos de huelga, etc., a la vez que emplazamos a la burocracia a que lleve a la práctica estas medidas y desnudamos la insuficiencia de sus reclamos y tácticas de lucha.

Allá donde los activistas combativos tengamos posiciones dirigentes estaremos en las mejores condiciones para demostrar, no en palabras sino en los hechos, la corrección de nuestras ideas y tácticas de lucha. De esta manera ganaríamos la confianza de un número creciente de trabajadores en el seno de las empresas y sindicatos, tanto si estamos en mayoría como si estamos en minoría.

En casi todos los luchadores obreros hay unanimidad a la hora de señalar la experiencia de los trabajadores del Subte como el modelo a seguir. Estamos plenamente de acuerdo con eso. Es indudable que el papel jugado por el Cuerpo de Delegados del Subte fue esencial en la dirección y victoria en la lucha por la extensión de la jornada de 6 hs a todos los trabajadores sin excepción (maquinistas, talleres, boleteros, personal de limpieza, etc) y por el aumento salarial (uno de los mayores obtenidos por un sector de la clase obrera argentina en décadas).

Pero estos compañeros no cayeron del cielo. Para llegar a dicha posición dirigente debieron ganar pacientemente la confianza de sus compañeros. Y conquistaron tal posición dirigente gracias a sus posiciones combativas y tras la experiencia de los trabajadores con los viejos dirigentes burocratizados. De esta manera, fueron los propios trabajadores quienes se encargaron de expulsar a estos últimos de las posiciones sindicales que ostentaban y de colocar una nueva conducción más combativa y democrática en las estructuras sindicales mismas. Es decir, la nueva conducción debió librar una dura batalla durante algunos años hasta conseguir recuperar la comisión interna de la UTA (el sindicato) y el Cuerpo de Delegados para una política clasista y combativa.

Contra el escisionismo en los sindicatos

Por otro lado, debemos oponernos a la política escisionista dentro de los sindicatos, tanto en la CGT como en la CTA. Normalmente la idea de escindir los sindicatos es planteada por aque-llos compañeros que se dejan llevar por la impaciencia o por las provocaciones de la burocracia sindical.

Cualquier intento de separar a los obreros más avanzados de aquéllos más atrasados constituye un gravísimo error. La idea de formar nuevos sindicatos "puros", "sin burocracia", al margen de las organizaciones tradicionales de masas ya existentes, no resuelve la tarea de ganar a la mayoría de los trabajadores para nuestras ideas, la evita. En las condiciones actuales una escisión de la CGT o la CTA por parte de los elementos más avanzados no sería seguida por la mayoría de la militancia de los sindicatos. Pero las direcciones burocráticas verían ese hecho con gran regocijo, al desembarazarse de los elementos más conscientes y luchadores dentro del sindicato. Con lo que así se consigue lo contrario de lo que se perseguía. La burocracia mantendría aún más férreamente su control sobre el conjunto de la militancia.

En el fondo, la fortaleza aparente de la burocracia sindical no proviene sólo de la utilización desvergonzada del aparato para disciplinar a la base, eliminando los mecanismos de democracia interna del sindicato. Esta fortaleza de la burocracia también proviene del hecho de que las nuevas camadas de luchadores recién ahora empiezan a hacerse notar y a jugar un papel dirigente en algunas luchas y empresas, pero todavía tienen una influencia muy pequeña en el conjunto del movimiento sindical y la mayoría de los trabajadores organizados no los ven aún como una alternativa viable frente a las actuales direcciones. Por otro lado, es innegable que una parte de los trabajadores todavía no perdieron completamente sus ilusiones en los dirigentes, particularmente ahora que empezaron a sacar un discurso más combativo.

No existen atajos. Que los elementos más avanzados, opuestos a las políticas de la burocracia sindical, permanezcan dentro del sindicato resulta vital de cara al próximo futuro porque, con un trabajo paciente y bajo otras condiciones, es cuando será posible que puedan emerger dentro del sindicato con la fuerza suficiente como para que el resto de los trabajadores los apoyen como una alternativa a la burocracia sindical.

Qué programa

Para ayudar al éxito y desarrollo de una Corriente Sindical opositora fuerte en el seno de los sindicatos es fundamental dotarse de un pliego de reclamos amplio que contenga las demandas fundamentales de los trabajadores, desde las más pequeñas, hasta las más generales.

Desde nuestro punto de vista, debería contemplar, al menos, las siguientes:

-Ningún pacto social UIA-CGT para frenar la lucha por el salario y el empleo digno.
-Salario promedio equivalente a la canasta familiar de $1.600, con un piso salarial mínimo en el básico de 800 pesos.
-Reparto del trabajo en cada rubro de producción sin afectar el salario, para así acabar con la desocupación. Por el cumplimiento efectivo e inmediato de la jornada laboral máxima de 8 hs y su reducción progresiva a 6 hs. Jornada laboral máxima de 6 hs en tareas insalubres.
-No al empleo precario. Efectivización inmediata de los trabajadores contratados y "en negro" bajo convenio.
-No a la discriminación de la mujer trabajadora. A igual trabajo, igual salario.
- Introducción de la escala móvil precios-salarios. Indexación de los salarios con los precios cada 6 meses.
-Subsidio mínimo de $500 a todos los desocupados mayores de 16 años hasta que encuentren un trabajo, y sin derecho a prestación.
-Jubilación a los 60 años con el 100% del salario. Jubilación mínima de $500 para jubilados y pensionados.
-Por un plan de obras públicas que atienda las necesidades de vivienda e infraestructura del pueblo trabajador y así dar trabajo a los desocupados.
-Reestatización sin compensación de todas las empresas privatizadas, bajo control obrero.
-Estatización sin compensación, y bajo control de los trabajadores, de todas las empresas que cierren o despidan trabajadores.
-Desconocimiento de la Deuda externa.
-Nacionalización y estatización de la Banca, monopolios, multinacionales y latifundios bajo el control de los trabajadores y sin compensación, para así planificar los recursos productivos en beneficio de la mayoría de la sociedad.
-Desprocesamiento y liberación de todos los luchadores populares encausados o presos.

Además una Corriente Sindical también debería defender un programa de democracia sindical que contemple, entre otras, las siguientes medidas:

-Elección y revocabilidad inmediata de cualquier dirigente o cargo sindical por las bases.
-Que ningún dirigente o cargo sindical perciba un sueldo superior al salario medio de un obrero calificado.
-Que se abran los libros de contabilidad de cada sindicato a los afiliados.
-Congresos anuales con delegados democráticamente elegidos por los afiliados en el ámbito correspondiente (empresa y territorio).

Este documento, que contiene nuestras propuestas sobre las tareas y desafíos que enfrentan los activistas obreros combativos y de izquierda, es un modesto aporte que hacemos al conjunto del movimiento. Es nuestra intención abrir un diálogo con cualquier trabajador o joven luchador interesado en abordar las tareas que tenemos por delante. En ese sentido, estaríamos muy agradecidos si nos hicieran llegar sus comentarios e impresiones sobre el presente material.