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No es crisis neoliberal, es crisis capitalista. El Único camino: Revolución Socialista PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Corriente Socialista Militante   
Martes 18 de Diciembre de 2018 10:54
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El G20
 
En los días 30 de noviembre y 1 de diciembre de 2018 sesionó en Argentina, la Cumbre Mundial del grupo de los 28 países más industrializados y emergentes del mundo.
Con una militarización nunca vista en Argentina, miles de trabajadores, organizaciones políticas y sociales junto a sindicatos, repudiaron en las calles las reuniones de los Presidentes de los países participantes. Con un contraste supino, la opulencia llegó a ribetes impúdicos, que fueron televisados con total descaro, mientras Argentina alcanza el índice de pobreza más elevado en la última década, 33,6%, esto significa que 13,2 millones de personas viven en la miseria en el país.
Los cantos de sirena que el gobierno de Macri - Cambiemos intentó presentar en estos días a la población en relación a los beneficios de la cumbre del G20 duraron poco, y no pudieron ocultar la crisis en el país y el consiguiente deterioro de la vida y del trabajo de millones de personas. Esto, se combina con la creciente crisis política y económica de la región y el mundo - sumado a un proteccionismo que revela la crisis de un sistema- muestra de manera cruda y alarmante, para las clases dominantes de Europa, EEUU, China y el resto del universo capitalista, una creciente polarización: el capitalismo se encuentra en una de las dificultades más profundas de su historia.
 
Operativo 2019
 
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Las grandes luchas protagonizadas, en Argentina, apenas dos meses atrás tuvo su punto más alto en el conflicto universitario, cuando 57 Universidades del país se encontraban en un plan de lucha y muchas de ellas, con las casas de estudios tomadas. Este conflicto de carácter nacional jugó como una suerte de unificación de los diferentes conflictos y movilizaciones en curso. Astilleros Río Santiago, Fabricaciones Militares Río Tercero y Fray Luis Beltrán, la educación básica, fábricas que se vieron obligas a salir a la lucha por despidos o reducciones salariales, se enlazaron con movilizaciones contra el Fondo Monetario Internacional.
Este alto grado de cuestionamiento de los trabajadores al gobierno de Macri - Cambiemos puso en clave de pánico a la gran burguesía y al conjunto del empresariado. El kirchnerismo con su operativo “queremos un 2003 y no un 2001”, termina jugando como un freno sobre el movimiento, que traba o impide un escenario superior de lucha. 
Cuando decimos que el conflicto docente universitario jugó como una suerte de unificación, lo decimos porque consolidó el estado de ánimo de repudio y hartazgo que anidaba y anida aún en los trabajadores, se sintió como un conflicto propio para el conjunto de trabajadores que estaban en lucha o no, abriendo un camino de aglutinamiento de la lucha y de un sentimiento de desprecio hacia el gobierno del Fondo Monetario.
Es verdad, que las asambleas existían a decenas, pero no estaban generalizadas ni coordinadas pero la evolución del movimiento apuntaba hacia esta construcción. Nuestro enemigo de clase tuvo muy presente el desarrollo de 2001 que posibilitó una lucha generalizada de los de bajo.
Por lo tanto, el operativo 2019 se impuso de manera transitoria, dando paso a un camino incierto hacia una “agenda electoral”. Todos los jefes sindicales jugaron a la canasta de la salida electoral, levantado por papel mojado luchas y movilizaciones e imponiendo un cierto impasse a la clase obrera y sectores populares. 
 
Agravamiento de la crisis 
 
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Todos los índices apuntan a un estancamiento y declive de la economía en el país. La industria se derrumbó 6,8% en octubre. Según Página 12 del 04/12/18 “La actividad manufacturera acumula en lo que va de 2018 una caída del 2,5%. En octubre se mantuvo la tendencia de los cinco meses anteriores y la contracción con respecto al mismo mes del año pasado fue de 6,8%. El dato fue difundido por el Indec, que también dio cuenta de una baja de 6,4% en la industria de la construcción. Las cifras del Estimador Mensual Industrial (EMI) correspondiente a octubre muestran la consecuencia de la baja de la demanda interna y la caída del consumo. La industria lleva ya seis meses en retroceso.”
Pero no solo es la industria, ya que la caída de la producción conlleva a una caída del empleo. Según los datos publicados el 04/12/2018 en Infobae “Los antes últimos datos oficiales relevados por la gestión de Jorge Triaca al frente de la cartera laboral confirman que el mercado de trabajo sigue en caída, con una demanda laboral deprimida que desalienta a las personas en salir a buscar un mejor bienestar. Por noveno mes consecutivo, la situación del empleo formal en el sector privado, que releva la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL), mostró en octubre un continuo deterioro en el sector, más protegido del empleo, lo que permite pronosticar el angustiante padecimiento que hoy viven los trabajadores no registrados”.
Y sigue: “Según las cifras del Sistema Integrado de Previsión Argentino (SIPA), en la Argentina existen 12,2 millones de trabajadores. Desde marzo a septiembre ya se perdieron 136 mil puestos. En seis meses de 2018 se destruyó lo que tardo 18 en construirse, del período octubre del 2016 a marzo pasado. Y el panorama hacia adelante no es promisorio. Para el tercer trimestre se espera un fortísimo descenso de los puestos actuales, una mayor cantidad de personas desalentadas en buscar trabajo y un aumento del ritmo inflacionario. Un combo que derivará en mayor crecimiento de los novenes de pobreza”.
Estas dos citas muestran de manera clara y contundente la situación de crisis capitalista, la tendencia general de hacia dónde se dirige la economía mundial y que Argentina no es más que un eslabón en esta cadena de países explotados por el imperialismo y países más poderos del planeta. El sometimiento del empresariado, de la gran burguesía no encuentra precedentes. 
Las direcciones kirchneristas se encargaron de sostener desde diciembre de 2015 la gobernabilidad. La crisis se ha ido acentuando y en más de una ocasión no solo salvaron la gobernabilidad sino a las propias instituciones capitalistas. No resulta llamativo la decisión política de principios de 2018, donde el hilo conductor fue la de estar en los conflictos, pero con una política de llevarlos hacia al molino de las presidenciales de 2019. El punto de inflexión que se produjo en la conciencia de las masas, su resistencia y lucha callejera fue ante la votación Parlamentaria de la Reforma Previsional, que mostró a una dirección sindical y política - que prefiere gestionar al capitalismo, incluso en momentos de crisis- que tiene como tarea salvar al gran capital. 
La apuesta del kirchnerismo a la salida policlasista que implica gestionar el capitalismo e intentar reformarlo, basado en el concepto de Comunidad Organizada que el movimiento Peronista empieza a plantear a partir de 1949, es el huevo de la serpiente.
En última instancia el kirchnerismo aparece como un bombero del capitalismo producto de la teoría política sobre la cual levanta su andamiaje ideológico. En esta lógica se aferra a las instituciones de la democracia burguesa porque no está en su programa la superación del propio capitalismo sino que se limita, como mencionamos, a intentar administrarlo. 
Por lo tanto administrar el capitalismo en su fase de crisis histórica implica gestionar la crisis. Es decir que el kirchnerismo solo puede limitarse a intentar llevar adelante una versión “edulcorada” del ajuste.
 
¿Está perimida derecha e izquierda? 
 
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La bancarrota política del reformismo mostró toda su potencialidad en la entrevista a Axel Kicillof, ex Ministro de Economía, en el semanario Forbes – con foto en tapa incluida- donde aseveraba que “no vamos a volver a nada al 2015”. Poco o nada queda del documento emanado del Instituto Patria en 2016, donde señalaba que de ganar en 2019 se iba a restituir todas y cada una de las conquistas que el gobierno de Macri iba arrebatando con el Programa de 24 puntos que resolvería la crisis de los argentinos.
Hoy, en escaso tiempo, vemos en boca del ex Ministro, como declina su programa de reformas para dar paso a honrar la deuda externa, “o sea que hay que entablar conversaciones con el FMI, indudablemente”, “Entonces, eso de romper con el FMI… No podés romper con el Fondo. Pero yo le discutiría los términos de este acuerdo. Les diría: “Por favor, no obliguen a un país a tomar las mismas políticas que lo llevaron al desastre de 2001”, como así en el tema del dólar que manifestó estar por un dólar competitivo, etc., etc. Dejando en claro que el próximo gobierno en 2019 será “amigo de los empresarios” y que “me han empezado a querer”. Forbes Argentina 20/11/2018
Pero no todo queda acá ya que la ex Presidenta CFK, luego de votar a favor de la despenalización del aborto en el Senado de la Nación, dada su comprensión o enseñanza de la marea verde, de los cientos de miles de mujeres que velaban por sus intereses haciendo vigilia en el día anterior a la votación, pasó a sostener que “en el seno del movimiento hay muchos pañuelos verdes, pero también hay pañuelos celestes” (haciendo referencia al movimiento que defiende las “dos vidas”).
Su intervención de que la izquierda y la derecha están perimidas, es toda una señal al gran capital, mostrándose como los cruzados que resguardan el Santo Grial de la sacrosanta democracia burguesa y del Parlamento donde se cuecen todas y cada una de las medidas más antipopulares. Cristina así, hizo un llamado en la "contracumbre" del G20, a la unidad opositora en un "frente patriótico" que no es "de derecha ni de izquierda" para derrotar "las políticas del neoliberalismo que han vuelto a endeudar al país", para luego decir "La categoría de derechas e izquierdas es absolutamente perimida, sirve para dividir. Debemos acuñar una nueva categoría de frente social, cívico, patriótico, en el cual se agrupen todos los sectores que son agredidos por las políticas del neoliberalismo. Que no es de derecha ni de izquierda".
En realidad, la ex Presidenta debate solo con la izquierda a sabiendas de la situación de crisis política, económica y social que atraviesa el planeta. Trump y sus asesores calumnian y descalifican al Socialismo por la creciente adhesión de amplios sectores de la clase obrera y la juventud hacia estas ideas; el reciente electo Presidente del Brasil Bolsonaro, lanza un profuso ataque al Comunismo, al Marxismo y los grupos de izquierda; Cristina Fernández debate, desde el lugar del justo medio aristotélico, con una política reformista que no puede dar reformas y un claro posicionamiento que no plantea retrotraer el ajuste, desnudan la polarización de la lucha de clases. Cristina Fernández, como nos tiene habituados hace hablar a sus adláteres, como es el caso de Axel Kicillof que muestra una política amistosa con los enemigos de los trabajadores.
Los últimos acontecimientos en Europa, en Francia para ser específicos, es un mentís en la cara de Cristina de Kirchner. La ofensiva capitalista hacia los trabajadores y sectores populares de la mano de Emmanuel Macron y del capitalismo francés, tuvo una respuesta de masas, cuasi insurreccional. Si no hubiera sido por el papel de la CGT, que al no convocar a una huelga general y extender el movimiento en toda la vida laboral, a toda la clase obrera la situación se hubiera trocado en una superior. Nuevamente las mediaciones acá y allá impiden la agudización de la lucha de clases. El gran temor en Europa de todos los Presidentes y parlamentarios es el efecto contagio de los franceses al resto de los trabajadores europeos, más en la actual situación en crisis del capitalismo italiano e inglés con la salida del Brexit.
La gran operación que están realizando desde los medios de comunicación, es presentar éstas movilizaciones, como también otras en curso, como movimientos de derecha, entonces la gran disyuntiva es fascismo o democracia. La misma democracia que golpea a los trabajadores del mundo.
 
¿Qué necesitamos los trabajadores?
 
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Trotsky decía con razón que “la crisis de la humanidad se sintetiza en la crisis de dirección del proletariado”. Nos encontramos en una época de tremendas turbulencias, tanto políticas como económicas y sociales.
Miremos por donde miremos la ofensiva del gran capital contra las banderas de los trabajadores es implacable.
La crisis de sobreproducción de mercancías es descargada sobre la espalda de las amplias masas del mundo, pero además estamos en presencia de un declive fenomenal del comercio mundial. Las economías europeas apenas crecieron un 2,3%, porcentaje menor al crecimiento de 2017.
China creció 6,7%, menos que en el primer trimestre de 2018, y se encuentra en la perspectiva de desaceleración de su economía y a la vista, en un futuro no tan lejano, que comience a sentir los efectos de la guerra arancelaria con EEUU. Y así es por donde miremos en cualquier parte del mundo.
La burguesía mundial, los capitalistas tienen el temor de la derecha en los gobiernos, como es el caso de gobiernos como el de Trump o Bolsonaro, pero más le temen a la movilización de las masas, los primeros son una expresión de la debacle política del régimen y de sus representantes tradicionales. Por el contrario, la movilización de las masas por sus reclamos y sus banderas, son la expresión de los ataques del capital a sus conquistas y es el escenario más favorable para construir una alternativa independiente de los partidos del régimen, de sus instituciones, etc.
Insistimos, que los tribunos revolucionarios que lleguen al parlamento, deben no solo expresar el sentimiento de repudio que las masas manifiestan en las calles, sino desnudar el carácter de clase de cada una de las instituciones capitalistas. 
Hoy nos encontramos en un impase en la situación política en Argentina, pero la misma no durara mucho tiempo, los trabajadores aprenden con sus cuerpos y sus cabezas, aprenden de sus derrotas. Pero todo indica como pasa en el resto del mundo, que estamos en presencia de una agudización de la lucha de clases, en una posible edición de otro 2001 en Argentina en un futuro no tan lejano. Se trata entonces, de que la historia no se repita esta vez de la misma manera que en 2001 y tropezar con los mismos obstáculos de aquella gesta revolucionaria y sí ubicar como prioridad la construcción del Partido de los Trabajadores que tanto necesitamos los de abajo y que posibilite la construcción de un Gobierno de los Trabajadores.
Manos en la obra.