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Las masas ecuatorianas asestaron un gran golpe a la oligarquía y al imperialismo PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Jorge Martín   
Viernes 20 de Abril de 2007 00:00
El domingo 15 de abril, las masas de trabajadores y campesinos de Ecuador asestaron un gran golpe a la oligarquía y al imperialismo votando masivamente a favor de la convocatoria de Asamblea Constituyente. Los resultados finales anunciados por el Tribunal Supremo muestran 5.350.000 votos a favor de la Asamblea Constituyente (81,72%), y apenas 824.000 en contra (12,43%). El domingo 15 de abril, las masas de trabajadores y campesinos de Ecuador asestaron un gran golpe a la oligarquía y al imperialismo votando masivamente a favor de la convocatoria de Asamblea Constituyente. Los resultados finales anunciados por el Tribunal Supremo muestran 5.350.000 votos a favor de la Asamblea Constituyente (81,72%), y apenas 824.000 en contra (12,43%).
La escala de la victoria sorprendió a todos los comentaristas. En sólo tres de las 22 provincias del país, el sí estuvo apenas por debajo del 80%. Incluso en la provincia de Guayas, donde se encuentra la segunda ciudad más grande del país, Guayaquil, un feudo tradicional de la oligarquía ecuatoriana, el voto a favor fue del 75% y el voto en contra, 18%. El Sí alcanzó el 87 % en las provincias de Azuay, el Oro, Imbabura, Loja y el 85% en Carchi, Pichincha, Tungurahua y Zamora Chinchipe.
La campaña del referéndum estuvo extremadamente polarizada con todos los partidos tradicionales del país oponiéndose a la propuesta de Asamblea Constituyente del actual presidente Rafael Correa. Los medios de comunicación, en una campaña que recordaba a las realizadas contra el presidente venezolano Hugo Chávez, acusaron a Correa de ser un autoritario, un comunista, lanzando todo tipo de suciedad sobre su pasado, el de su familia y en general creando una atmósfera muy polarizada.
Por todas estas razones, el voto al Sí en el referéndum ha sido visto como un reflejo de una profunda oposición a todos los partidos políticos y al sistema político en su conjunto.

Diez años de movimientos revolucionarios

Ecuador ha vivido casi diez años de agitación social. El último presidente que pudo terminar su mandato fue Sixto Durán en 1996. El mismo año se produjo la elección del populista Abdalah Bucaram, que pasó a ser conocido como “el loco Bucaram”. Después de haber sido elegido sobre la base de promesas demagógicas, inmediatamente introdujo un plan de ajuste estructural recomendado por el FMI que provocó una oleada de protestas, culminando en una huelga general en febrero de 1997. Intentó sofocar las protestas enviando a las tropas contra los manifestantes, pero finalmente tuvo que huir del país.
El siguiente presidente elegido fue Jamil Mahuad, que siguió la misma política y pronto se enfrentó a varias huelgas generales y movimientos de la poderosa organización de campesinos indígenas del país, la CONAIE. En enero de 2000 decretó la dolarización de la economía del país, esto encendió la chispa de los acontecimientos revolucionarios que culminaron con una insurrección nacional y la creación de un Parlamento de los Pueblos, paralelo al oficial,que con el apoyo de un sector de jóvenes oficiales del ejército, tomaron durante un breve espacio de tiempo el poder, el 20 y 21 de enero. El movimiento fue descarrilado hacia el parlamentarismo burgués, pero fue una expresión clara de la rabia de la mayoría de los ecuatorianos ante la crisis del capitalismo y de la profunda desconfianza hacia las instituciones políticas de la democracia burguesa, que habían demostrado su inutilidad como vehículos para que las masas pudieran resolver sus problemas.
Noviembre de 2002 vio la elección como nuevo presidente del país de Lucio Gutiérrez, uno de los oficiales del ejército que se pudo al lado de la población en enero de 2000. Tenía el apoyo del movimiento obrero y campesinos, y en él se depositaron grandes confianzas. Sin embargo pronto empezó a seguir las políticas dictadas por el FMI y a atacar al movimiento sindical. La desmoralización con su gobierno culminó en un nuevo movimiento de masas en abril de 2005 que derrocó al gobierno de Gutiérrez. Se puso una administración interina, encabezada por Palacios, y con Rafael Correa como ministro de economía.
Es interesante observar que, a pesar de la desmoralización creada por la traición de Lucio Gutiérrez, las masas de trabajadores y campesinos se unieron una vez más en cuanto se les ofreció una dirección clara. Esto es en parte resultado del desarrollo y continuación de la revolución venezolana, que sirve de ejemplo y fuente de inspiración en todo el continente.
Vemos claramente cómo las masas, una y otra vez, han tomado el camino de las movilizaciones de masas y la acción directa para intentar conseguir un cambio fundamental. Han sido capaces de derrocar 4 gobiernos diferentes en menos de 10 años. Esto demuestra una enorme reserva de fuerza en el movimiento de masas de trabajadores y campesinos ecuatorianos. Pero en cada una de las ocasiones los han engañado.
Lo mismo ocurrió con el gobierno de Alfredo Palacios. Esta vez la chispa del movimiento fue el intento de Palacios de firmar el Acuerdo de Libre Comercio con EEUU. En marzo de 2006 hubo manifestaciones de masas y huelgas.
En esta ocasión el movimiento encontró una expresión en la elección de Rafael Correa (que había dimitido como ministro de economía del gobierno Palacios en protesta por su política económica) como nuevo presidente en noviembre de 2006.

Las masas y la Asamblea Constituyente

Desde el principio, Correa tenía un programa claro: no firmar el ALCA con EEUU, acabar con el convenio de la base militar norteamericana en Manta y organizar un referéndum para la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Esto último fue el punto clave de su campaña y fue visto por las masas ecuatorianas como una oportunidad de librarse de todo el viejo sistema político en un país siempre dominado por menos de 200 familias que conforman la oligarquía ecuatoriana. Tan insistente fue Correa con eliminar el sistema político del país que deliberadamente se negó a presentar candidatos a la asamblea nacional.
La opción la expresó claramente el candidato que se enfrentó a Correa en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales: el magnate bananero Álvaro Noboa, el hombre más rico del país (con bienes valorados en mil millones de dólares). En una campaña muy polarizada Correa derrotó a Noboa por un 58% frente a un 41%.
Los últimos meses han estado marcados por la batalla de la convocatoria al referéndum por la Asamblea Constituyente. El Tribunal Supremo Electoral del país aceptó la propuesta de Correa y cuando los miembros de la asamblea nacional intentaron bloquearla, el tribunal electoral suspendió a 57 parlamentarios. Esto fue acompañado por manifestaciones de los partidarios de Correa rodeando el parlamento e impidiendo que los parlamentarios suspendidos entraran.
Es en este contexto en el que las masas de Ecuador han puesto sus esperanzas en la Asamblea Constituyente, a la que ven no sólo como una forma de cambiar la constitución del país, sino como el principio de una transformación radical de sus vidas, como ven que está ocurriendo en Venezuela.
El líder campesino indígena Humberto Cholango, que antes del referéndum estaba convencido de que los “millones de la concienciación de los pobres que necesitan un cambio prevalecerán frente a los millones de dólares de los pro-imperialistas”. Reflejando lo que está detrás de este voto masivo, él se preguntaba: “Cómo es posible que 173 personas sean los propietarios de 3 millones de hectáreas de tierra en este país y controlan la mayor parte del agua… es cuestión de tiempo que se levanten y acaben con esta injusticia. El petróleo y el agua deben pertenecer a todos”.
El presidente de la poderosa organización indígena campesina CONAIE, Luis Macas, añadió. “Vamos al gobierno de la Asamblea Constituyente. Vamos a barrer a un lado el viejo estado y poner fin a los privilegios de un puñado de ricos”.
El primer anuncio del presidente Correo tras el referéndum fue que Ecuador iba a liquidar el resto de su deuda con el FMI, romper todos los vínculos con esa institución y expulsar al representante del Banco Mundial del país. Este movimiento, que también se ha dado en Venezuela esta semana, sin ser tan radical como el repudio completo de la deuda externa, seguramente tiene un impacto simbólico poderoso en las mentes de las masas así como en las mentes de la oligarquía y el imperialismo.
Como en Venezuela, incluso el intento de Correa de hacer que los ricos paguen impuestos se ha convertido en un movimiento revolucionario. Según los datos recopilados por el periodista de ALAI, Eduardo Tamayo, los 17 grupos económicos más grandes del país controlan 563 empresas y tienen unos ingresos anuales de 5.000 millones de dólares (14% del PIB del país), pero sus pagos por impuestos representan sólo el 6% de lo que ingresa el estado vía impuestos. Entre estos grupos está el del propio Noboa con un resultado anual que supera los 500 millones de dólares y unos beneficios anuales de 3,9 millones de dólares.
Es esta obscena concentración de riqueza y poder en manos de un pequeño número de familias vinculadas y subordinadas al imperialismo norteamericano, la que convive con el hecho de que entre el 60 y el 70% de la población se halla por debajo del umbral de pobreza, eso hace que las condiciones sociales en Ecuador sean tan explosivas. El número de ecuatorianos obligados a migrar de su país ha superado los 2 millones (principalmente a España y EEUU) en un país con apenas 13 millones de habitantes. Para las masas, la asamblea constituyente no es vista sólo como un cambio de forma de gobierno, sino como una manera de conseguir un cambio radical en sus condiciones de vida.

Lecciones de Venezuela

El programa del presidente Correa no es un programa socialista de convertir la riqueza de estas 200 familias en propiedad pública, y la planificación democrática y la redistribución de la tierra que poseen. Pero como en Venezuela, incluso un programa de reformas progresivas apoyado por la movilización de masas y la organización de los trabajadores y campesinos, es una amenaza directa para el dominio de la oligarquía, los ricos terratenientes, los magnates bananeros, los banqueros y los capitanes de la industria que han dominado el país desde su fundación en beneficio del imperialismo norteamericano. En Venezuela la oligarquía y el imperialismo organizaron un alzamiento militar contra Hugo Chávez. Si Correa sigue adelante con su programa de reformas, sin duda la oligarquía y el imperialismo harán lo mismo.
La campaña para preparar su derrocamiento violento ya ha comenzado. Un coro desafiante en los medios de comunicación, particularmente en España y EEUU, está preparando a la opinión pública, acusando a Rafael Correa de ser un autoritario que está concentrando todo el poder en sus manos, etcétera.
Siguiendo a su homólogo venezolano, Rafael Correa también se ha declarado a favor del socialismo. Realmente esta es la única solución. La experiencia del movimiento revolucionario en Venezuela demuestra que hay tres principales obstáculos que se deben superar para que triunfe la revolución:
• El primero es la cuestión del aparato del estado, como marxistas siempre hemos dicho que la vieja maquinaria estatal no puede ser arrebatada y utilizada para servir a los intereses de la clase obrera, debe ser destruida y sustituida por una nueva forma de organización basada en asambleas populares, con representantes electos y revocables. Las masas ecuatorianas ya han tenido la experiencia de los Parlamentos Populares que se crearon durante la revolución de enero de 2000.
• La segunda cuestión es la economía, mientras sectores importantes de la economía del país permanezcan en manos privadas, la clase dominante los utilizará para sabotear la voluntad democrática de la mayoría. En Ecuador esto significa la expropiación de las 200 familias más ricas y las empresas imperialistas que poseen los recursos naturales, la tierra, los bancos y la industria.
• Y la tercera cuestión es la organización revolucionaria, que debe ser democrática y basarse en la actividad de las masas de trabajadores y campesinos.
Es necesario comprender claramente la experiencia venezolana, que las masas sólo pueden basarse en su propia fuerza, organización y movilización para implantar y defender un cambio revolucionario. La Asamblea Constituyente puede ser una herramienta utilizada por las masas, pero no puede resolver todos los problemas. Durante diez años las masas ecuatorianas han puesto y derribado varios gobiernos, intentando cambiar sus condiciones. Ahora es necesario comprender que sólo tomando las palancas fundamentales de la economía por parte de los trabajadores y los campesinos se podrá conseguir esto.
Los próximos meses y años vernos una profundización de la lucha de clases en Ecuador. Los elementos más avanzados necesitan sacar todas las conclusiones necesarias y organizarse para dar una dirección clara al movimiento.