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Apuntes sobre el Frente Único PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Angel Perouch   
Miércoles 05 de Diciembre de 2012 12:42
Los diferentes posicionamientos políticos que la izquierda en general mantiene desde hace años con respecto a los movimientos que encuentran un eco en las masas, resulta una negación a la táctica del frente único. Creemos que es un arte que los clásicos ubicaron como una necesidad imprescindible, para potenciar las ideas revolucionarias.

“Un pensador superficial podría creer que los términos sectarismo, centrismo, etcétera, son sólo expresiones polémicas que los adversarios emplean por ca­recer de epítetos más apropiados. Sin embargo, los conceptos de centrismo y de sectarismo tienen significados precisos en el léxico marxista. El marxismo des­cubrió las leyes que gobiernan a la sociedad capitalista y elaboró un programa científico basado en las mismas. ¡Es una conquista colosal! Sin embargo, no basta elaborar un programa correcto. Es necesario que la clase obrera lo acepte. Pero el sectario, por su propia natura­leza, se detiene una vez cumplida la primera mitad de la tarea. En lugar de participar activamente en la ver­dadera lucha de las masas obreras, plantea abstrac­ciones propagandísticas tomadas de un programa mar­xista.

Para el sectario, la vida social es una gran escuela y él su profesor. Opina que la clase obrera debería dejar de lado las cuestiones de poca importancia y agruparse alrededor de su tribuna profesoral. Así se realizaría la tarea.

Aunque nombre a Marx en cada frase, el sectario es la negación directa del materialismo dialéctico, que siempre toma la experiencia como punto de partida para luego volver a ella. El sectario no comprende la acción y reacción dialéctica entre un programa acabado y la lucha viva -es decir, imperfecta y no acabada- de las masas... El sectarismo es enemigo de la dialéctica (no en palabras, pero sí en la acción) porque le vuelve la espalda al verdadero proceso que vive la clase obrera.

Para el sectario, todo aquél que trata de explicarle que la participación activa en el movimiento obrero exige el estudio permanente de la situación objetiva en lugar de los consejos altaneros pronunciados desde la tribuna profesoral sectaria, es un enemigo. En lugar de dedicarse a analizar la reali­dad, el sectario se dedica a las intrigas, rumores e histeria...” León Trotsky Sectarismo, centrismo y la Cuarta Internacional.  22 de octubre de 1935.

 Los diferentes posicionamientos políticos que la izquierda en general mantiene desde hace años con respecto a los movimientos que encuentran un eco en las masas, resultan una negación a la táctica del frente único. Creemos que es un arte que los clásicos ubicaron como una necesidad imprescindible, para potenciar las ideas revolucionarias.

 Nuestra intención es valorar la conducta errática de los grupos de la izquierda y la ausencia de una correcta política frentista con las masas y sus direcciones. Como sus socios en los sindicatos, tienen una clara intensión de aportar a la caída del gobierno de CFK con una idea equívoca de que la caída del mismo, llevará a los trabajadores y la juventud, a engrosar sus organizaciones.

 ¿Qué hace que diferentes grupos en Argentina asuman una política sectaria, ante un movimiento político que ha logrado la adhesión de miles y miles de trabajadores y jóvenes, como es el caso del kirchnerismo? Incluso si observamos detenidamente, esta política se replica en Venezuela con el PSUV y Hugo Chávez, o el MAS y Evo Morales en Bolivia, así como la misma actitud hacia Siryza en Grecia.

 Creemos que los grupos de la izquierda, siguen disociando el programa mínimo con el máximo, León Trotsky nos brindó el Programa de Transición y, sobre todo, un método que, en lo general, no se toma como tal sino como una suerte de caja de herramientas que según la ocasión se utiliza una u otra pieza, así el Programa de Transición es abordado mecánicamente.

 Se agrega un elemento en la izquierda, sobre todo la partidaria: la fantasía. En general, leen la realidad sesgadamente y toman aspectos de cierto malestar en los de abajo, por algunas condiciones que hace que los trabajadores muestren incertidumbre por la inflación o condiciones de trabajo, lo potencian y lo generalizan hasta llevarlo al absurdo hacia el exterior. Hacia adentro, logran un micro clima que obedece a la cohesión interna, con una lógica de crisis y daños colaterales, militantes que se van de la orgánica desmoralizados. 

Esto lo podemos ver en cómo habla un dirigente del PO, Néstor Pitrola, del paro del 20N: http://po.org.ar/po1249/2012/11/22/lo-que-promete-la-formidable-huelga-nacional/

Desde luego, el paro de señaleros fue clave en los ferrocarriles. Pero sólo sirvió de excusa para facilitar la adhesión del resto de los trabajadores. En centenares de fábricas, los trabajadores se complotaron para el faltazo masivo el día previo, en forma solapada, sorteando a la patronal y a su burocracia sindical, pero de manera colectiva. En el marco de un gran ausentismo y de marcada bronca obrera por el impuesto al salario, Ford y VW interrumpieron la producción por “falta de insumos”. En camioneros, pararon sectores precarios y tercerizados por primera vez en estos diez años.

El protagonismo de los piquetes sirvió para darle un carácter activo al paro, después de la negativa de Moyano a movilizar a la Plaza de Mayo. Los piquetes expresaron la militancia sindical, expusieron las reivindicaciones del paro ante el conjunto del país y le dieron cohesión a la clase obrera, frente al poder patronal que se desplegó con toda su fuerza contra el paro. El paro, sin embargo, no dependió de los piquetes: cuando éstos se constituyeron, el país ya estaba parado. La adhesión a la huelga nació de las entrañas del movimiento obrero. Los sectores que trabajaron lo hicieron bajo el peso de la burocracia sindical oficial, y de ningún modo por la voluntad de la base obrera.” (Lo resaltado en negrita es nuestro)

Sólo pensar, como plantea el camarada N. Pitrola, que hubo un hostigamiento de las patronales hacia los trabajadores con acuerdo del gobierno de CFK, es algo por lo menos curioso. Lo hemos explicado en numerosos artículos, que existe un conglomerado de grandes burgueses y empresas que quieren desestabilizar al gobierno, liderados por los multimedios.

En general la izquierda, ha sostenido por décadas que estamos ante una situación pre revolucionaria. Pareciera en una primera instancia, que las palabras carecen de valor. Todo es igual en una situación que en otra. Por eso, en la década del ’90, sostuvieron durante años que el gobierno de Menem se encontraba en una suerte de crisis terminal, ante una inminente caída. Lógico, en un momento terminó su mandato y se fue sin necesidad de la inminente caída. Si nos pusiéramos a investigar lo que se dice con relación al gobierno de Néstor y luego el de CFK deberíamos concluir que se encuentran en la misma situación, al borde del precipicio o por lo menos acorralado por el gran paro obrero del 20N.

¿Por qué sucede esto?

Trotsky afirmaba que: "El Partido es el Programa" y efectivamente, los procesos de degeneración de un partido revolucionario, o por lo menos de un embrión, implican una revisión de las conquistas programáticas anteriormente logradas. Tal revisión consiste en el abandono del Programa de Transición. Pero además, estando pendiente la elaboración del programa revolucionario en Argentina -la tarea de estudiar y comprender la realidad que se quiere transformar- las diferentes tiendas políticas dejaron de enunciar tal tarea, dando por consumada la cuestión del Programa (¡y del Partido!) en la mera presentación de una plataforma electoral.

Por ejemplo, la conformación del FIT en las pasadas elecciones del 2011, supuso el beneficio de "difundir el programa revolucionario a escala de masas utilizando la TV, la radio y los candidatos obreros". Pero quedó completamente negado por la divulgación, tan sólo propagandística, de algunas consignas correctas, que divorciadas de la estrategia revolucionaria y de la táctica de frente único con las bases kirchneristas o filo K, conformaron un típico programa de acción de radicalismo pequeñoburgués.

Así quedamos azorados, también, por la conducta vergonzosa del MST de marchar con las banderas rojas junto al campo en barrio norte y apoyar los cacerolazos y acciones del 13 de setiembre y del 8N, o del PO y los demás en el 20N.

La falta de programa, de estrategia y de lo fundamental, el abandono de la táctica del frente único, para comprender e intervenir en la realidad argentina, es un aspecto  central del abandono del programa de transición. León Trotsky recomienda para las secciones de la Cuarta Internacional que la mejor fidelidad a una línea de clase (proletaria) mundial, es la “adaptación” científica de esa línea a las particularidades nacionales y hasta regionales, como el caso que nos toca desde el 2003.

Entendemos que hay una serie de elementos que llevan a la izquierda argentina a resbalar en la senda de la lucha de clases y trasformarse en una patrulla perdida.

Caracterizar el histórico agotamiento del nacionalismo burgués, veredicto que se ha escuchado en boca de cientos de activistas de izquierda y leído en numerosos artículos, fundamentalmente del tronco del trotskismo; definir la situación política como pre revolucionaria; renuncia al trabajo internacionalista, y por ello, no hay tiempo para la discusión y la formación; luchismo, microclima intra organización; el partido revolucionario NO hay que construirlo ya que “somos nosotros”, etc, cierran un cuadro que los habilita a desconocer la realidad con tal magnitud que los lleva en una oscilación política que va del oportunismo más abyecto, al sectarismo sin salida.

Otro de los elementos a considerar es la caracterización que lleva a una intervención en los frentes de masas con un claro corte economicista, desjerarquizando al político.

Esto resulta la bisagra a la despolitización del supuesto partido revolucionario y sus militantes, y marca de manera profunda las relaciones con las bases y las tareas del activismo obrero. No decimos que no se debe luchar por el programa mínimo, en tanto se establezcan los puentes necesarios con el programa máximo. Muchos militantes honestos de los grupos de izquierda nos pueden mirar y decir ¡¡es lo que hacemos!! Pero lo que no hacen, como León Trotsky señala en el Programa de Transición, es partir de la conciencia de los trabajadores, no de supuestos. Claro que el partir de este piso no supone adaptarse a sus prejuicios y recorrer cada senda del pensamiento de las masas, sino primero y fundamentalmente escuchar sus planteos, medir sus ritmos de maduración y acompañar tal experiencia, propagandizando el Socialismo y las tareas que se desprenden de la lectura que se haga de la situación política.

Entonces, el problema es que estos grupos parten en realidad de sus pensamientos, sin escuchar el clamor de los de abajo. Y ese es un elemento de ruptura con la realidad de las masas. Por el abandono del marxismo de los jefes políticos de las tiendas de la izquierda, se posicionan como un elemento sustitutivo de la clase en sus debates, definiciones, acciones y luchas contra la burguesía nacional, extranjera y el imperialismo.

¿No resulta de una lógica casi brutal ver a grupos “trotskistas” en las movilizaciones con el campo? o ¿al arco de la izquierda en general marchar con la derecha más recalcitrante para golpear al gobierno a como dè lugar?

Nuestra diferencia con la izquierda, no es con relación al paro del 20N, si fue convocado por burócratas más buenos o más malos, sino del oportunismo orgánico que recorre las venas de la dirección de estos grupos.

No hace mucho tiempo para la izquierda, Moyano, Micheli, De Gennaro, etc. todos, eran traidores a los intereses de los trabajadores. Pero, ¡¡como hay que pegarle a los K!!, puede ser un buen motivo perdonarle la vida al que le toque el turno y que movilice contra K; y así establecer el frente único hasta con un sector de la burguesía que quiere ver genuflexo a CFK y por esta vía a los trabajadores.

Pero también hay un activismo honesto que se encuentra ceñido a los marcos sindicales. Sus escritos van en general a lo organizativo, si tal o cual llamó a una asamblea de tal manera, correspondiendo una más democrática, etc. Lo que más cuesta es el debate político, aunque esto no es un fenómeno puro. Observamos militantes atascados en estas lides, que expresan las derrotas del pasado y un sentimiento anti partido, este elemento no resulta menor ya que se cobijaron en los frentes de masas.

Nuestro camarada Ted Grand, en un texto en 1959 explicaba (en Problemas del entrismo. Tácticas Flexibles) que

“La clase obrera no llega fácilmente a conclusiones revolucionarias. El peso de la rutina, las tradiciones, las dificultades excepcionales creadas por la degeneración de las direcciones de las organizaciones tradicionales socialistas y comunistas, son obstáculos formidables en medio del camino para la creación de un movimiento marxista de masas. La historia enseña que, en las primeras etapas de auge revolucionario, las masas giran hacia sus organizaciones tradicionales buscando una solución a sus problemas, especialmente la generación más joven que entra por primera vez en la política. La experiencia de muchos países así lo confirma. La experiencia de cada uno de los despertares revolucionarios de los últimos cincuenta años en Europa demuestra la corrección de esta teoría. Con las pequeñas fuerzas que somos capaces de movilizar en la actualidad, sería ridículo pensar que el desarrollo de la revolución en Gran Bretaña seguirá otro rumbo. Incluso como organización independiente si tuviéramos las fuerzas y los recursos sería necesario tener en cuenta esta realidad, mucho más si todavía somos un pequeño grupo. Lo fundamental es responder a la cuestión de qué hacer y cuándo en relación a los problemas planteados por la historia.”  

Por ello, la Corriente Socialista Militante apoya al gobierno frente a la arremetida de la derecha así como en todas las medidas progresistas llevadas a cabo hasta la fecha, y combate, junto al resto del campo obrero y popular, en la misma trinchera frente a la reacción. Pero del mismo modo pensamos que, dentro de esta trinchera, hay que fortalecer y desarrollar una corriente socialista revolucionaria que defienda de la manera más consecuente una alternativa superadora del capitalismo, una alternativa socialista que barra con todas las lacras de este sistema.

Sumate a nuestra lucha.