A los 150 años de "El Manifiesto Comunista" Imprimir
Escrito por Alan Woods   
Sábado 20 de Junio de 1998 00:00
La historia tiene una extraña forma de desarrollarse. En el mismo momento en que se proclama la defunción de las ideas del marxismo y la salida del socialismo del orden del día, las predicciones hechas en el Manifiesto Comunista han vuelto para obsesionar a los defensores del sistema capitalista. A pesar de todos los esfuerzos de sus detractores, el marxismo mantiene toda su vitalidad, tanto en el análisis certero de la situación actual de la sociedad como en el programa para cambiarla. Puede haber cambiado éste o aquel detalle, pero en lo fundamental, las ideas del Manifiesto Comunista son tan relevantes y correctas hoy como cuando fue escrito. La historia tiene una extraña forma de desarrollarse. En el mismo momento en que se proclama la defunción de las ideas del marxismo y la salida del socialismo del orden del día, las predicciones hechas en el Manifiesto Comunista han vuelto para obsesionar a los defensores del sistema capitalista. A pesar de todos los esfuerzos de sus detractores, el marxismo mantiene toda su vitalidad, tanto en el análisis certero de la situación actual de la sociedad como en el programa para cambiarla. Puede haber cambiado éste o aquel detalle, pero en lo fundamental, las ideas del Manifiesto Comunista son tan relevantes y correctas hoy como cuando fue escrito.

Mientras la inmensa mayoría de los libros escritos hace siglo y medio hoy tienen simplemente un interés histórico, en algunos aspectos, las ideas expresadas en estas páginas tienen más vigencia hoy que cuando fueron escritas. Veamos algún ejemplo.

En el tiempo en que Marx y Engels escribieron, el mundo de las grandes empresas multinacionales era aún música de un futuro lejano. A pesar de esto, explicaron cómo la "libre empresa" y la competencia conducirían inevitablemente a la concentración de capital y la monopolización de las fuerzas productivas. Es francamente cómico leer las declaraciones realizadas por los defensores del "mercado" apelando al supuesto error de Marx sobre este tema, cuando en realidad fue una de las predicciones más brillantes y certeras.

Durante los años ochenta se convirtió en moda afirmar que "lo pequeño es hermoso". Este no es el lugar para entrar en discusión sobre la relativa estética de lo grande, pequeño o mediano, sobre lo cual cada uno tiene derecho a tener una opinión. Pero es un hecho incuestionable que el proceso de concentración de capital previsto por Marx ha ocurrido, está ocurriendo, y efectivamente ha alcanzado unos niveles sin precedentes en el curso de los últimos diez años.

En Estados Unidos, donde el proceso se ha podido ver de una forma clara, en 1994, 500 grandes monopolios contaban con el 92 por ciento de todos los ingresos. A escala mundial, las 1.000 mayores empresas ingresan el equivalente a un tercio del total de los beneficios mundiales. En EEUU, el 0,5% de las familias más ricas está en posesión de la mitad de los activos financieros individuales. El uno por ciento más rico de la población de EEUU aumentó su parte del ingreso nacional del 17,6% en 1978 a un increíble 36,3% en 1989.

El proceso de centralización y concentración de capital ha alcanzado proporciones inimaginables hasta ahora. El número de absorciones ha adquirido un carácter epidémico en todos los países industrializados. Esta concentración de capital no significa un crecimiento de la producción, sino más bien todo lo contrario. En cada uno de los casos la intención no es invertir en nuevas plantas y maquinaria, sino cerrar las fábricas y oficinas existentes y despedir a un gran número de trabajadores para aumentar los márgenes de beneficios sin aumentar la producción. Sólo hay que ver los 13.000 empleos suprimidos tras la reciente fusión de los dos grandes bancos suizos.

El azote del desempleo

"Es, pues, evidente que la burguesía ya no es capaz de seguir desempeñando el papel de clase dominante de la sociedad ni de imponer a ésta, como ley reguladora, las condiciones de existencia de su clase. No es capaz de dominar porque no es capaz de asegurar a su esclavo la existencia ni siquiera dentro del marco de la esclavitud, porque se ve obligada a dejarlo decaer hasta el punto de tener que mantenerlo, en lugar de ser mantenida por él. La sociedad ya no puede seguir viviendo bajo su dominación; lo que equivale a decir que la existencia de la burguesía es, en lo sucesivo, incompatible con la de la sociedad" (El Manifiesto Comunista, Marx y Engels, pág. 50, editado por la Fundación Federico Engels).

El desempleo de masas ha vuelto y se ha extendido por todo el mundo como un cáncer que está royendo los intestinos de la sociedad moderna. Según la ONU en el mundo hay 120 millones de personas desocupadas. Sin embargo, esta cifra como todas las estadísticas oficiales de desempleo representa una seria subestimación de la realidad. Si incluimos el gran número de hombres y mujeres que están obligados a trabajar en todo tipo de "trabajos" marginales, la cifra mundial real de desempleo y subempleo no sería menor de 1.000 millones de personas.

Según las cifras oficiales hay 18 millones de desempleados en Europa Occidental sólo __el 10,6% de la población activa__. La cifra de España es un increíble 20%, pero incluso en Alemania, "la fortaleza" de Europa, el desempleo ha alcanzado los 4,5 millones de personas por primera vez desde Hitler. En Japón también por primera vez desde 1930 el desempleo se ha disparado. La imagen de Japón como un paraíso de pleno empleo es ahora historia pasada. De acuerdo con las cifras oficiales, el desempleo japonés ha alcanzado el 3%, pero éstas son falsas. Si utilizásemos el mismo criterio para el desempleo que en los otros países capitalistas desarrollados, la cifra real no bajaría del 8% o incluso el 10%.

Este desempleo no es el tipo de desempleo cíclico que los trabajadores conocían en el pasado y que aumentaba en una recesión para desaparecer cuando la economía se recuperaba de nuevo. Éste ya no es el caso. En este momento el boom en los EEUU ha durado ya seis años, pero el desempleo mundial no muestra ningún signo significativo de disminuir. Cada día los periódicos informan de nuevos cierres de fábricas y despidos, frecuentemente unidos al tipo de absorciones descritas anteriormente. Este no es desempleo cíclico, o incluso lo que Marx denominó el "ejército de desocupados de reserva", que desde un punto de vista capitalista jugó un papel útil en el pasado. Este es un fenómeno totalmente nuevo, desempleo permanente, estructural y orgánico, que no disminuye ni en tiempo de "boom".

Este desempleo afecta a sectores de la sociedad que nunca se vieron afectados en el pasado: profesores, médicos, enfermeras, funcionarios, empleados de banca, científicos e incluso ejecutivos. El ambiente de inseguridad se ha generalizado prácticamente en el conjunto de la sociedad. Las palabras de Marx y Engels citadas antes se han convertido literalmente en una realidad. En cada país la burguesía lanza el mismo grito de guerra: "¡Debemos reducir el gasto público!". Esa fue la consigna de Thatcher y Major, ahora Tony Blair y los dirigentes socialdemócratas laboristas están siguiendo el mismo camino. Esto no es un accidente, cada gobierno en el mundo capitalista, sea de derechas o de "izquierdas" está llevando adelante la misma política. Esto no es el resultado de los caprichos de políticos individuales, de la ignorancia o la mala fe (aunque hay mucho de esto también), sino una expresión gráfica del callejón sin salida en el que se encuentra la propia economía mundial de mercado.

La depresión en Asia es un serio aviso de que el sistema capitalista a escala mundial está entrando en un nuevo período de crisis y convulsiones más serias que las vistas desde 1945. Los representantes más racionales del capitalismo (Soros, Galbraith) avisan del riesgo de fracaso sistemático. En realidad, estos avisos, que no han sido tomados en serio, no nos sorprenden. Hegel observó una vez que la única cosa que la historia nos enseña es que nadie aprende de la historia. Esto no contradice el conocido aforismo de George Santayana: "aquel que no aprende de la historia está condenado a repetirla", como demuestran claramente las crisis bursátiles. Como los discursos del Presidente Clinton reproduciendo inconscientemente los de Coolidge y Hoover ("las bases están sanas"), al igual que las duras medicinas administradas por los economistas monetaristas del FMI, repiten simplemente el tipo de políticas seguidas por los gobiernos antes de la Guerra, basándose en la rectitud financiera como en una fe religiosa, presupuestos equilibrados y monedas sanas. Todo escolar sabe ahora que estas políticas "juiciosas y prudentes" sólo sirven para empeorar la situación. Los efectos de la política del FMI en Asia tendrán los mismos efectos, pero a una escala mayor.

Desafortunadamente los críticos keynesianos del monetarismo no tienen alternativas serias. El capitalismo y la planificación son dos conceptos mutuamente contradictorios. Por eso durante casi dos décadas todo el empuje ha sido en la dirección contraria __hacia un aumento de la desregulación__. Cada obstáculo en el camino del libre movimiento de capital ha sido despiadadamente dejado a un lado. Reduciendo el gasto público están reduciendo al mismo tiempo la demanda y recortando el mercado, en un momento en que los economistas burgueses admiten que hay un serio problema de sobreproducción ("sobrecapacidad") a escala mundial. De esta forma están preparando una recesión masiva en el próximo período. Este es el resultado inevitable del hecho que en el período anterior el sistema capitalista haya ido más allá de sus límites. Como Marx explica, los capitalistas sólo pueden solucionar sus crisis "preparando el terreno para crisis más extensas y destructivas, y reduciendo los medios que tienen para evitar las crisis".

Presión insoportable

Con increíble previsión, los autores de El Manifiesto anticiparon las condiciones que hoy están siendo experimentadas por la clase obrera en todos los países:

"El creciente empleo de las máquinas y la división del trabajo quitan al trabajo del proletario todo carácter propio, y le hacen perder con ello todo atractivo para el obrero. Éste se convierte en un simple apéndice de la máquina, y sólo se le exigen las operaciones más sencillas, más monótonas y de más fácil aprendizaje. Por tanto, lo que cuesta hoy día el obrero se reduce poco más o menos a los medios de subsistencia indispensables para vivir y para perpetuar su linaje. Pero el precio de todo trabajo, como el de toda mercancía, es igual a los gastos de producción. Por consiguiente, cuanto más fastidioso resulta el trabajo, más bajan los salarios. Más aún, cuanto más se desarrollan la maquinaria y la división del trabajo, más aumenta la cantidad de trabajo, bien mediante la prolongación de la jornada, bien por el aumento del trabajo exigido en un tiempo dado, la aceleración del ritmo de las máquinas, etc". (El Manifiesto Comunista, Marx y Engels, págs. 45 y 46, ibidem).

Hoy EEUU ocupa la misma posición que Gran Bretaña en tiempos de Marx __el país capitalista más desarrollado__. De este modo, las tendencias generales del capitalismo se expresan aquí en su forma más nítida. Durante los últimos veinte años se ha producido una caída del 20% en los salariales reales de los trabajadores americanos, acompañado por un aumento del 10% de la jornada laboral, demostrándose que el actual boom se ha conseguido a costa de la clase obrera. Actualmente, un trabajador americano trabaja una media de 168 horas extraordinarias cada año __equivalente a casi un mes de trabajo extra__. Esto se ve concretamente en la industria del automóvil donde la norma de trabajo son nueve horas, seis días a la semana. Según los sindicatos americanos, si la jornada laboral semanal se limitara a 40 horas, sólo en este sector se podrían crear 59.000 nuevos empleos.

Un artículo de Time Magazine (24/10/94) decía lo siguiente: "Los trabajadores se quejan de que para ellos, la expansión económica significa agotamiento. En toda la industria americana las empresas están utilizando las horas extraordinarias para exprimir el máximo trabajo de los trabajadores en EEUU: la medía semanal de trabajo está ahora cerca de las 42 horas, incluyendo 4,6 horas extraordinarias". El mismo artículo cita el caso de Joseph Kelterborn, un trabajador de Fibre Optics, quien como resultado de una reducción de personal, trabaja cuatro horas más al día, y un fin de semana cada tres: "Cuando llego a casa dedico todo el tiempo que tengo a ducharme, comer y dormir un poco; después de un rato me levanto y todo comienza de nuevo".

Las terribles presiones causadas por el sobretrabajo, la caída en los salarios reales, el aumento de los ritmos de producción, etc., ha tenido serios efectos en la calidad de vida de las familias obreras. En el caso de EEUU como en otros países la tasa de nacimientos ha caído de una media de 2,5 niños por familia a principios de los años sesenta, a un 1,8% a finales de los ochenta. El número de divorcios se ha doblado durante los años setenta, hasta el punto que representa el 60% de los matrimonios en los años ochenta.

Incluso la esperanza de vida que había aumentado hasta 1980 se ha estancado. La misma situación existe en Gran Bretaña, donde bajo el gobierno de Thatcher se destruyeron 2,5 millones de empleos en la industria, y se ha mantenido el mismo nivel de producción que en 1979. Esto ha

sido logrado, no con la introducción de nueva maquinaria sino con la sobreexplotación de los trabajadores británicos. En 1995 Kenneth Calman, director general de salud, avisó que "la vida perdida en el trabajo ha desatado una epidemia de tensión relacionada con la enfermedad".

Socialismo e internacionalismo

En los últimos años los economistas han hablado mucho de "globalización", imaginando que era la panacea que les permitiría abolir completamente el ciclo de booms y recesiones. Estos sueños se hicieron añicos por el crash bursátil de octubre de 1997 y la crisis de los denominados tigres asiáticos.

Esta crisis tiene profundas implicaciones para el resto del mundo, el colapso financiero en Japón podría llevar a los EEUU hacia una recesión. La crisis en Asia afecta a Japón de forma más severa ya que el 44% de sus exportaciones son vendidas en Asia. Como resultado del crash de la bolsa, la debilidad subyacente del sistema bancario japonés ha quedado en evidencia, y Japón es el mayor prestamista del mundo, se estima que los cinco grandes bancos japoneses son técnicamente insolventes. Según el diario económico japonés Nihon Keizai Shimbun, las deudas a los bancos japoneses alcanzan la escalofriante cantidad de 1,5 billones de yenes. El peligro de un colapso financiero es admitido incluso por un antiguo oficial del Banco de Japón que decía en The Economist (22/11/97): "existe un caso claro de riesgo sistemático". Si tal crisis conduce a una retirada masiva de los fondos japoneses de EEUU, el resultado sería catastrófico.

Todo esto muestra la cara inversa de la "globalización", el grado al cual el sistema capitalista ha desarrollado la economía mundial, también prepara las condiciones para una recesión mundial devastadora en un momento concreto. Una crisis en un sector de la economía mundial (en este caso Asia) rápidamente se extiende a los otros, lejos de haber superado el ciclo de boom-recesión, la globalización le proporciona un carácter más convulsivo y universal.

Cualquiera que lea el Manifiesto puede ver que Marx y Engels anticiparon esta situación hace 150 años. Explicaron que el capitalismo debe desarrollarse como un sistema mundial. Hoy este análisis ha sido brillantemente confirmado por los acontecimientos. Actualmente nadie puede negar la aplastante dominación del mercado mundial. Es en realidad el fenómeno más decisivo de la era que vivimos. Cuando fue escrito el Manifiesto, no había en la práctica datos empíricos que apoyasen esta hipótesis. La única economía capitalista desarrollada en realidad era Inglaterra. Las infantiles industrias de Francia y Alemania (que aún no existía como un Estado unificado) estaban aún protegidas con grandes tarifas arancelarias __un hecho que es convenientemente olvidado hoy cuando los gobiernos y economistas occidentales lanzan severas proclamas al resto del mundo sobre la necesidad de abrir sus eco-nomías__.

¿Fin de la historia?

"La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases", esta es una de las frases más célebres del Manifiesto. Durante mucho tiempo parecía que esta idea estaba anticuada. En el largo período de expansión capitalista que siguió a la Segunda Guerra Mundial, con pleno empleo en las economías industriales desarrolladas, aumento de los niveles de vida y reformas (el Estado del bienestar), la lucha de clases parecía ser una cosa del pasado. El entonces Primer Ministro laborista Harold Wilson declaró que no deberíamos buscar soluciones en el cementerio de Highgate (el cementerio donde esta enterrado Marx). Entonces llegó la denominada "crisis del petróleo" de 1973-4, la primera recesión real desde 1945, la reaparición del desempleo de masas __que había sido igualmente declarada una "cosa del pasado"__. Desde ese momento, a pesar del boom temporal de Reagan en los años ochenta, el capitalismo nunca ha recuperado los mismos niveles de crecimiento, empleo e inversión productiva de los años dorados de 1948-73. Y ahora está enfrentándose a la perspectiva de una recesión global por primera vez desde los años treinta. Incluso antes de la nueva caída, el desempleo en Alemania ha alcanzado los 4,5 millones, en Francia los desempleados están asediando los centros de empleo. Si esta es la situación ahora, ¿qué ocurrirá cuando la nueva recesión comience a aparecer?

Al igual que Charles Darwin explica que las especies no son inmutables, y poseen un pasado, un presente y un futuro, cambiando y evolucionando, así Marx y Engels explican que un sistema social determinado no es algo eterno y fijo. Esta es la ilusión de cada época, cada sistema social cree que representa la única forma posible de existencia para el ser humano. Sus instituciones, su religión su moralidad son la última palabra que puede ser dicha. Los caníbales, los sacerdotes egipcios, María Antonieta, el zar Nicolás II, todos creían fervientemente eso. Y eso es lo que la burguesía y sus apologistas en el movimiento obrero hoy desean demostrar cuando nos aseguran, sin la mínima base, que el denominado sistema de "libre empresa" es el único sistema posible, justo cuando comienza a hundirse.

Durante las dos últimas décadas hemos estado sujetos a un régimen de propaganda económica que nos aseguraba que la idea de la economía socialista planificada estaba muerta, y que el "mercado" tenía sus propios recursos que resolverían el problema del desempleo, y nos proporcionarían un mundo de paz y prosperidad. Ahora, en el umbral del siglo XXI, la verdad está comenzando a revelarse sobre la gente, el orden existente es incapaz de asegurar incluso las necesidades humanas más básicas __un empleo, un salario digno, un hogar, educación decente y recursos sanitarios, una pensión próspera, medio ambiente seguro, aire limpio y agua__ para la gran mayoría, y no sólo en el Tercer Mundo. Tal sistema sería condenado con total seguridad por todo aquel que piense un poco, si no fuera por la ceguera causada por la avalancha de falsos argumentos con el único propósito de defender los intereses creados de aquellos a quienes les va extremadamente bien bajo este sistema y no pueden o desean creer que no durará para siempre.

El punto central de El Manifiesto __y en esto reside su mensaje revolucionario__, es precisamente que el sistema capitalista no es eterno. Este es el elemento que los apologistas de nuestro actual sistema encuentran más difícil digerir. Naturalmente, es la ilusión común a todo sistema socioeconómico a lo largo de la historia que representa la última palabra en progreso social. Incluso desde el punto de vista vulgar esta es una opinión equivocada. Si aceptamos que todo en la naturaleza es mutable, ¿por qué la sociedad debería ser diferente?

Reforma o revolución

Hoy en día la idea de "evolución" ha sido generalmente aceptada al menos por las personas instruidas. Las ideas de Darwin, tan revolucionarias en su día, son aceptadas casi como un dogma. Sin embargo, la evolución es entendida en general como un proceso lento y gradual sin interrupciones o acontecimientos violentos. En política este tipo de argumento es utilizado con frecuencia para justificar el reformismo, en realidad tal afirmación carece de fundamento. La sociedad, como la naturaleza conoce largos períodos de cambio lento y gradual, pero aquí también la línea es interrumpida por acontecimientos explosivos __guerras y revoluciones__, en los cuales el proceso de cambio se acelera enormemente. De hecho son estos acontecimientos los que actúan como la fuerza motriz del desarrollo histórico, y la raíz de una revolución es el hecho de que un sistema socio económico particular ha alcanzado sus límites y es incapaz de desarrollar las fuerzas productivas como antes. Cuando este punto es alcanzado (y todo indica que ya ha sido alcanzado por el capitalismo), se prepara el escenario para una tremenda agitación política y social, todas las viejas ideas y prejuicios son rápidamente socavados, la conciencia de las masas puede transformarse en 24 horas.

Cuando Marx y Engels escribieron El Manifiesto Comunista, eran dos jóvenes de 29 y 27 años respectivamente, se encontraban en un período de oscura reacción. La clase obrera estaba en apariencia inmóvil, el propio Manifiesto fue escrito en Bruselas, donde sus autores se habían visto obligados a vivir como refugiados políticos. Y a pesar de todo cuando El Manifiesto Comunista vio por primera vez la luz, en febrero de 1848, la revolución ya había hecho irrupción en las calles de París, y en los siguientes meses se extendió como un fuego salvaje a través de toda Europa. Ahora el proceso de globalización significa que las crisis que afligen al sistema capitalista como epidemias adquirirán un carácter más general y severo que antes, saltando de un continente a otro a la velocidad de la luz, devastando comunidades, regiones y países enteros. La actual crisis en Asia es sólo un aviso, los países que eran puestos como modelos ("tigres"), como Indonesia y Corea del Sur, ahora están en el umbral de acontecimientos revolucionarios, pero éstos son sólo la imagen en un espejo del futuro del mundo occidental. Los historiadores futuros mirarán atrás al cercano siglo XX y se maravillarán de la precisión con la cual Marx y Engels trazaron la línea descendente del capitalismo. Una vez más "un fantasma recorre Europa"…y el resto del mundo también..