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No al españolismo reaccionario – Por un bloque republicano y socialista PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Lucha de Clases (CMI-estado Español)   
Viernes 01 de Diciembre de 2017 13:23

españolismo

 

 La burguesía española y su aparato de Estado están tratando de tomar ventaja del conflicto en Catalunya para recomponer la base    social de apoyo al régimen, tras el “golpe de autoridad” contra la Generalitat y la intervención de la autonomía catalana con el artículo 155 de la Constitución. Utilizan el narcótico del nacionalismo español y su bandera para ocultar el saqueo al que someten a la sociedad, y la opresión que ejercen sobre la clase trabajadora.

 
 
 
 
 
 
"Patria” y rojigualda, símbolos franquistas
Por mucho que se empeñen, ni su patria ni su bandera nos representan. La “unidad nacional” siempre fue utilizada para disimular el sometimiento de la mayoría de la población por una minoría privilegiada. Y ambos símbolos están manchados con la sangre de cientos de miles de obreros y campesinos, y por las palizas, la cárcel y el exilio de cientos de miles más. Son símbolos que encarnan la opresión, el pasado franquista y la decadente monarquía borbónica.
 
En España, afortunadamente, nunca hubo un fuerte sentimiento nacional. Las injusticias sociales han sido tan grandes, los gobernantes han sido tan déspotas y han maltratado tanto al pueblo empobrecido, a la clase trabajadora y a las minorías nacionales, que la clase dominante nunca ha podido hacer de la identidad nacional española un cemento suficientemente sólido para unir a la población y diluir la conciencia de clase de los trabajadores. Tras la caída de la dictadura, la bandera rojigualda y la palabra “patria” sólo eran reivindicadas por la derecha franquista que, justamente, las consideraba “su” propiedad. Hubiera bastado un chasquido de dedos de los dirigentes del PCE y del PSOE en el año 1977 para que la monarquía se hubiera venido abajo y se proclamara la República. Pero sus dirigentes traicionaron las expectativas populares. Unos se vendieron al enemigo de clase, y otros simplemente traicionaron por cobardía. El resultado de ello fue la Constitución y el régimen de 1978 que ha entrado ahora en su crisis más grave.

Esta crisis ha conocido varias fases. Ha habido crisis del sistema de partidos y del parlamentarismo, crisis de credibilidad del aparato judicial, y de la monarquía. Todas ellas siguen. Pero la crisis territorial, con el crecimiento de las tendencias independentistas en Catalunya, ha llevado la crisis del régimen a su extremo.
 

Con Catalunya, contra el españolismo
Nosotros rechazamos poner al mismo nivel el nacionalismo español reaccionario que impulsa la oligarquía,  y el nacionalismo catalán que impulsa a la lucha a millones de personas comunes y corrientes. El primero está promocionado por los herederos del franquismo, se sustenta en la violencia del aparato del Estado y en la monarquía. El segundo apela a la ampliación de derechos democráticos, a la unión voluntaria de los pueblos y a la república. El primero es absolutamente reaccionario. El segundo encarna anhelos progresistas.

La furibunda arremetida del nacionalismo español contra el llamado “desafío catalán” se debe a una simple razón: la clase dominante española ha olido a rebelión, ha percibido el aroma a revolución, y ha entrado en pánico. Como un animal herido ha sacado al exterior su instinto de conservación, empleando todos los medios a su alcance para conjurar el peligro: la prensa prostituta, el Rey, y la represión estatal a través del aparato judicial y el desplazamiento a Catalunya de miles de fuerzas policiales, cuyos gastos de decenas de millones de euros han sido declarados secreto de Estado.
 

La patria española protege a los ricos
Aunque ha crecido el apoyo al nacionalismo español en un sector de la población, sería un error exagerar su arraigo. El nacionalismo españolista es inseparable del tufo fascistoide, e inevitablemente provocará una reacción en sentido contrario. Por otro lado, en ausencia de un crecimiento económico robusto, por la crisis global, el capitalismo español sólo puede avanzar perpetuando condiciones de vida precarias para la mayoría, junto a la corrupción y a la vida lujosa de los de arriba. Una vez que los vapores tóxicos del nacionalismo español se diluyan, como la noche sigue al día, harán su aparición las demandas de clase por empleo, salario, vivienda, etc.

El malestar social está ahí. El sueldo medio bruto cayó un 0,8% en 2016 hasta los 1.878,1€. Esto se debe a la oleada de subempleo y de trabajos precarios, con la generalización de sueldos por debajo de los 1.000 euros y sometidos a una intensa explotación. Incluso los trabajadores cubiertos por convenios de trabajo, han visto cómo la subida salarial pactada, hasta octubre, fue de un 1,4%, mientras la inflación se sitúa en el 1,6%. Es decir, las familias obreras perderán poder adquisitivo este año.

En cambio, las empresas están  ganando más de un 10% respecto al año anterior,  y las 35 grandes empresas y multinacionales del IBEX35 un 19,3% (2º semestre)

Pese a todas las alharacas del gobierno, el 13,1% de los trabajadores vive por debajo del umbral de pobreza, el porcentaje más alto de Europa, sólo por detrás de Rumanía y Grecia.

La clase trabajadora no está de brazos cruzados. Lenta, pero persistentemente, vemos incrementarse los conflictos laborales. Según la patronal CEOE, entre enero y septiembre el número de horas perdidas por huelga aumentó un 127,35% respecto al año anterior,  y el número de trabajadores implicados un 223%. Y esto, pese a la notoria orfandad de dirección sindical que tienen los trabajadores. Lo más importante es que casi todas las luchas están terminando en victorias, incrementando la confianza de los trabajadores en sus propias fuerzas. Así ha sido el caso más reciente de las trabajadoras de venta de ropa del grupo Zara,  Bershka, en Pontevedra; o de las trabajadoras de cuidados de Bizkaia tras meses de huelga, o de los basureros de Madrid.
 

Unidos Podemos: fracaso reformista en tiempos revueltos
En la actual situación, de atmósfera emponzoñada, un poderoso mensaje de liberación social y de ruptura radical con el sistema capitalista podría levantar a millones, pero los dirigentes de UP han renunciado a cualquier mensaje a favor de un cambio profundo del sistema, porque no parecen creer en él ni en la capacidad de la clase trabajadora para transformar la sociedad. Sin ideología precisa, apelan apenas a un vago humanitarismo  “ciudadano”.
 
Hace unas semanas, Pablo Iglesias envió una carta a la militancia de Podemos en la que decía: “El espíritu constituyente del 15-M debe impulsar la nueva España a la que aspiramos: social, republicana y plurinacional". Sin embargo, tras la aplicación del artículo 155, la destitución del Govern y la convocatoria de elecciones, la dirección de UP cedió de nuevo ante la ola de españolismo de cartón piedra, hasta el punto de que el “republicano” Pablo Iglesias reprochó a Rajoy vestirse con “la bandera de todos” (la rojigualda). Esta tendencia al oportunismo y al zigzagueo permanente es lo que está detrás de la pérdida de confianza en UP y en sus dirigentes.

Otro ejemplo de la desorientación y enfermedad institucionalista de los dirigentes de UP  se ha dado en Madrid tras la escandalosa intervención de las cuentas del Ayuntamiento por el gobierno central, en un ataque político similar al sufrido por Catalunya. Ahora Madrid se limitó a organizar una raquítica concentración nocturna de activistas en un sábado, en lugar de organizar actos en los barrios y de llamar a la movilización popular para defender a su ayuntamiento.
 

Por un bloque republicano y socialista
Alberto Garzón, el máximo exponente de la “equidistancia” entre el Estado neofranquista y la Catalunya democrática, dice que su alternativa es “una república federal y plurinacional con un referéndum pactado”. Pero, en caso de llegar al gobierno,  ¿qué haría el compañero Garzón cuando el aparato del Estado y la burguesía misma muevan todo su músculo para aplastar sus aspiraciones? ¿Qué haría cuando el Tribunal Constitucional declare ilegales sus iniciativas?, ¿y cuando el IBEX35 inicie una campaña de terrorismo económico amenazando con llevarse las empresas?, ¿o cuando el Rey salga por TV denunciando todo como una locura en su calidad de Jefe del Estado y del Ejército? Al final, sólo tendría dos alternativas: someterse o seguir el valiente ejemplo del pueblo catalán, de basarse en su propio instinto y voluntad, y desobedecer leyes injustas y a tribunales que nadie ha elegido y que representan la sola voluntad de los poderosos.

Debemos demandar a los dirigentes de UP que sean coherentes con sus palabras. Ante la unidad indisoluble de las finanzas, la monarquía, el aparato estatal y los partidos del sistema (PP, C’s, PSOE) sólo cabe una enmienda a la totalidad del régimen y del sistema económico capitalista. La conclusión es clara: el avance social es incompatible con la monarquía y el sistema económico que la sustenta. Es hora, por tanto, de levantar una bandera de lucha que una y entusiasme a los millones de descontentos; es hora de poner en pie, frente al bloque monárquico, un bloque republicano y socialista que prepare sus fuerzas para el “momento catalán” que tarde o temprano se extenderá a todo el Estado.