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LAS TAREAS DE LOS SOCIALISTAS FILIPINOS DESPUÉS DE LAS INSURRECCIONES EDSA II Y III PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Félix Zorba   
Lunes 30 de Diciembre de 2002 00:00
Los últimos dos años han sido muy importantes para el desarrollo de la conciencia de la clase obrera filipina. Los grandes acontecimientos, tanto nacionales como internacionales, le están enseñando más lecciones que durante toda la década anterior.

Publicado en In Defence of Marxism

Mientras escribía las primeras palabras de este artículo, el autobús en el que viajaba se detuvo frente a la edificio de la compañía telefónica PLDT, cerca de Cavite, Filipinas. Los trabajadores de PLDT, actualmente, están participando en una amarga huelga contra los despidos masivos. Es 21 de diciembre, en la parada de autobús también hay conductores en huelga que están recogiendo fondos de solidaridad. Detrás de ellos hay muchas pancartas militantes en la puerta de la empresa PLDT. Una de ellas dice... ¡Felices Navidades en huelga!

Primera parte


Dos años después de la insurrección Edsa II

La principal cuestión en Filipinas en estos últimos días de 2002 es una investigación al Secretario de Justicia sobre un caso de corrupción. Se podría justificar pensando que es una buena noticia en un país con un aparato del estado conocido por su monstruosa burocracia y por la corrupción orgánica. Sin embargo, la importancia de esta cuestión se comprende mejor si se recuerda que el último presidente, Joseph “Erap” Estrada, tuvo que dimitir hace dos años debido a una rebelión de masas... porque fue acusado de ser el principal organizador y recaudador de una gran red de estafas de juego ilegal conocida como “Jueteng”.
Poco después, Estrada tuvo que salir del palacio presidencial de Malacañang, debido a la presión de las manifestaciones de masas, Gloria Macapagal Arroyo ocupó su lugar porque ella era la vicepresidenta. Después, ella nombró personalmente a los nuevos ministros de su gobierno, incluido el Secretario de Justicia. Ahora la población puede ver claramente que el director ha cambiado pero la melodía es la misma. Ve también como la burguesía ha utilizado, como batallones pesados, a la población para echar a Estrada; y después se han olvidado de ella. Por eso este año (2003), crecerá el número de trabajadores y pobres urbanos que serán conscientes de que han sido traicionados. La población empieza a comprender a través de su experiencia qué significa tener una presidenta pro-FMI y también porqué la clase dominante la eligió a ella en lugar de a Estrada. Ella ha puesto en práctica más privatizaciones, ha subido el coste de la electricidad y el agua, ha aprobado leyes anti laborales muy duras... y es el mismo estado corrupto.
Los últimos dos años han sido muy importantes para el desarrollo de la conciencia de la clase obrera filipina. Los grandes acontecimientos, tanto nacionales como internacionales, la están enseñando más lecciones que durante toda la década anterior. El 28 de diciembre, el Secretario de Empleo, dijo que el año 2002 fue un año pacífico en su frente. También dijo a los grandes inversores, a través del periódico Manila Bulletin, que los “trabajadores y los empresarios de Filipinas, han aprendido a comprenderse entre sí y suelen resolver sus discrepancias por la vía del diálogo. Esperamos que el número de huelgas decrezca aún más en el año 2003”. Pero si nos basamos sólo en esta cifra, podríamos obtener una visión totalmente equivocada de la situación. Hay mucho material combustible acumulado debajo de la superficie, y no va a ser muy difícil que todo empiece a arder. Muchas personas están comenzando a pensar, a sindicalizarse, a sacar conclusiones del proceso de las luchas de 1999-2001.
Somos completamente conscientes de que Estrada era un embustero populista. Cuando hablaba a las masas de las capas más pobres de la sociedad, utilizaba un discurso populista para intentar consolidar su base. El problema es que entraba en contradicción con los intereses y planes de las grandes empresas y el imperialismo. Tanto la burguesía filipina como la internacional, estaban preocupadas por que Erap no era tan amistoso como pensaban con relación al apoyo estadounidense a Taiwán, no aceptaba todas las órdenes del FMI y prefería pasar el tiempo consolidando su red de gángsteres, en lugar de salvaguardar las necesidades sagradas de la clase dominante. Al mismo tiempo, atacaba las condiciones de vida de los trabajadores (aumentando el precio del combustible) para conseguir el dinero necesario para hacer frente al pago del servicio de la deuda contraída con los prestamistas imperialistas.
Todo esto, junto con el régimen represivo tuloy-tuloy en los centros de trabajo, fue demasiado para la paciencia de los trabajadores. A finales de 1999 comenzó el movimiento de la clase obrera contra Estrada. Este movimiento de huelgas y manifestaciones, en realidad, comenzó mucho antes de que aparecieran las acusaciones de corrupción contra el presidente y, hasta cierto punto, ya habían conseguido debilitar el gobierno de “Erap”. La burguesía, por supuesto, tiene un gran interés en ocultar esta verdad, y de este modo, conseguir que la gente olvide el papel decisivo que tuvo la clase obrera en la caída de Estrada.
Por supuesto, las manifestaciones de masas conocidas como “Edsa II” o “Poder para el Pueblo II”, fueron decisivas para desposeer al presidente. En ausencia de una alternativa independiente de la clase obrera, la camarilla dominante representada por el Makati Business Club, la jerarquía eclesiástica y los TraPos (así es como llama la izquierda a los políticos tradicionales de la burguesía), basándose en la Constitución consiguieron rápidamente instalar en el poder a la vicepresidenta Macapagal.

El fracaso del gobierno burgués de Macapagal

Macapagal no ha conseguido cumplir sus promesas. Su popularidad ha caído tanto que hace unos días anunció que no se iba a presentar a las próximas elecciones presidenciales que se celebrarán en mayo de 2004. Prometió construir una “república fuerte”, en su lugar, está vendiendo Filipinas a trozos, privatizando todo lo que puede. Había prometido luchar contra la corrupción, ahora ha tenido que cambiar su gabinete debido a las acusaciones de corrupción contra más de uno de sus secretarios. Había prometido luchar contra la pobreza, en su lugar, está utilizando las leyes “guerra contra el terrorismo” contra las huelgas obreras pacíficas.
Los filipinos llegaron a creer que los conocimientos económicos de Macapagal marcarían la diferencia (estudió en la universidad con Bill Clinton). Los trabajadores y los pobres han descubierto que todo lo que ella sabe es cómo privatizar los bienes públicos y hacer que los trabajadores paguen por ello. El pasado mes de diciembre, el gobierno aprobó el cuarto incremento del precio del agua porque vendió la compañía estatal de agua a Maynilad Water Services Inc. ¡En esta ocasión la subida fue del 47 por ciento!
Sin embargo, en esta ocasión, los trabajadores y la confederación sindical BMP (un grupo socialista nuevo creado a partir de las escisiones en el movimiento maoísta de los años noventa), inició una gran protesta que parece que ha conseguido detener este aumento del precio del agua. Los nuevos propietarios de la empresa se vieron obligados a devolvérsela al gobierno. Esto demuestra muy claramente que los trabajadores son mucho más fuertes que el gobierno, si se organizan y luchan. La posición del BMP es bastante correcta: exige la nacionalización bajo control obrero.
Ahora Macapagal está aceptando más préstamos del ADB (Banco para el Desarrollo Asiático) para financiar la desregulación del suministro eléctrico. En pocos años, en manos del gobierno no quedará ningún bien público y tendrá repercusiones sociales y económicas importantes. Los ejecutivos de la banca privada controlan incluso el consejo de administración del Banco Central de Filipinas. Muchas trabajadores son conscientes de lo que esta situación supuso para Argentina.
El 10 por ciento más rico de la población filipina dispone del 40 por ciento de los ingresos nacionales, mientras que el 10 por ciento más pobre, sólo dispone del 1,2 por ciento (CIA Factbook 2001). La situación en la agricultura es aún peor. Los precios de la alimentación han aumentado implacablemente. El país ha perdido su situación de autoabastecimiento en la producción alimenticia. El gobierno no ha hecho nada ante la caída de la producción de arroz y la recesión permanente del sector agrícola. Esto afecta, en primer lugar, a la producción de arroz, que es el alimento básico de 85 millones de filipinos. Las pérdidas en la cosecha de arroz superan el 15 por ciento debido a la falta de infraestructura, los retrasos y la “desaparición” de los fondos gubernamentales (Según Luis P. Lorenzo, Secretario del Departamento de Agricultura, Manila Bulletin. 26/12/2002). Sólo el 14,5 por ciento del total de la tierra cultivable es irrigada (comparado con el 47 por ciento de Vietnam, a pesar de dos guerras). Las ridículas “reformas” agrarias de los últimos cuatro presidentes, Aquino, Ramos, Estrada y Macapagal, han terminado en la distribución de unos cuantos certificados de pobreza, sin que realmente afronte la cuestión de los centros de poder en el campo.
Durante los últimos dos años, los trabajadores y los pobres, incluso la pequeña burguesía, no han visto mejorar sus condiciones de vida. La legislación antiobrera sigue siendo la misma. Sólo a 500.000 trabajadores de un total de 32 millones que conforman la fuerza laboral, les afecta el acuerdo de negociación colectiva. Sin embargo, como es habitual, la mayoría de los capitalistas no lo respetan. Basta un ejemplo: SM, el centro comercial más grande de Manila, llegó a un acuerdo con la Iglesia Ni Christo (una secta grande y rica comparable a los testigos de Jehová) para contratar a un gran número de sus feligreses después de despedir a cientos de trabajadores que no pertenecían a esta iglesia. El acuerdo incluía un programa de formación antisindical impartido por la Iglesia Ni Christo a los feligreses que necesitaban estos empleos. Macapagal y su gobierno no hicieron nada ante esto. En cambio, el aparato del estado no dudó en extender un rumor falso sobre la presencia terrorista entre los trabajadores de la Toyota de Filipinas cuando el sindicato local, el TMCPWA, comenzó este invierno una lucha para protestar contra varios despidos. Macapagal es la aliada natural de los empresarios japoneses frente a la fuerte presencia del sindicato AIWA en la industria automovilística.
Macapagal es la representante más genuina de la burguesía nacional de Filipinas. El bloque estalinista (el PCF maoísta, el partido Bayan y el KMU) dio la bienvenida, hace dos años, a la llegada de una alternativa “progresista” a Estrada, a pesar de que desde finales de los años ochenta, Macapagal, ya era conocida como una marioneta perfecta del FMI, el Banco Mundial y el imperialismo estadounidense. El problema de Macapagal es que en las condiciones actuales de crisis profunda del capitalismo, este tipo de marioneta no tiene margen para aplicar pacíficamente la política dictada por sus amos, porque cada acción destinada a satisfacer al imperialismo, es un ataque directo a la clase obrera. Esto se ha podido ver en la forma que Macapagal ha utilizado la “guerra contra el terrorismo” de Bush para despachar su propia legislación antiobrera.
La camarilla dominante filipina es completamente incapaz de desarrollar la economía. La inevitable integración de Filipinas en el proceso de globalización mundial del capitalismo, ha conseguido que la moneda local, el peso filipino, se haya devaluado un 35 por ciento durante los últimos tres años. Durante el último auge del ciclo capitalista, después del colapso financiero y productivo de todos los Tigres Asiáticos en 1997-98, Filipinas experimentó hasta 2002 un modesto crecimiento del PIB. Este crecimiento se mantuvo gracias a los envíos de los trabajadores filipinos en el extranjero y a la superexplotación de la clase obrera local, dentro del contexto de expansión del comercio mundial. Al mismo tiempo, el coste de la vida para los trabajadores (sinónimo de pobre) continuó creciendo sin que los salarios pudieran compensarlo.
Esto significaba que estaban ocurriendo simultáneamente. El empeoramiento de las condiciones laborales y al mismo tiempo la entrada en las fábricas de una nueva capa fresca de trabajadores. Esta mezcla explosiva provocó los movimientos de masas conocidos como Edsa II y Edsa III. Y provocará movimientos mayores en el futuro.

El fracaso del reformismo y el estalinismo: las escisiones del PCF

Antes de tratar las lecciones de las insurrecciones Edsa II y Edsa III (esta última casi desconocida internacionalmente), es necesario explicar los acontecimientos ocurridos dentro de la izquierda filipina después del colapso de la Unión Soviética. Nuestra tendencia marxista escribió un documento en 1987 que analizaba el proceso revolucionario que llevó a la derrota de la dictadura de Marcos en 1986 y el papel jugado por el Partido Comunista maoísta (PCF). Aconsejamos a todo trabajador o estudiante internacionalista que lea este documento para comprender mejor la impresionante historia del proletariado filipino.
La estrategia de “guerra de guerrillas prolongada” seguida por el PCF siempre fue la otra cara de la moneda de la teoría de las dos etapas. Durante los últimos treinta y cinco años esta política consistió en llevar a cabo una guerra de guerrillas en el campo contra el ejército del gobierno, con la perspectiva de, poco a poco, fortalecer el apoyo de las guerrillas en las ciudades y, de este modo, provocar el colapso del sistema.
Esta estrategia nunca funcionó, aunque jugó un papel importante en el debilitamiento de la dictadura, especialmente durante los años ochenta. La razón de este fracaso se encuentra en el hecho de que esta política ignoró, conscientemente, el papel esencial de la clase obrera en la revolución. Los trabajadores industriales asestaron golpes más fuertes al régimen de Marcos y fue su insurrección lo que jugó el papel principal en el derrocamiento de la dictadura.
Sin embargo, la insurrección Edsa de 1986 (Edsa es el nombre de la avenida más importante de Manila) sorprendió al PCF, a su ejército guerrillero de 25.000 personas, al NPA y su sindicato de 500.000 militantes, al KMU, parados a un lado mirando los acontecimientos sin intervenir.
La absurda teoría de las dos etapas, en la línea de la política internacional del estalinismo y el maoísmo, defendida por el PCF desde su fundación, ve en la burguesía nativa una clase capaz de desarrollar los antiguos países coloniales, como Filipinas, y capaz de realizar las tareas de la revolución democrático nacional. Después de eso, en una nebulosa futura y lejana, llegará el momento de la revolución proletaria.
Esta teoría demostró estar equivocada no sólo en Filipinas, también en todo el mundo ex – colonial (o Tercer Mundo). Los dirigentes del PCF todavía consideran que su país es predominantemente feudal y , por lo tanto, la clase obrera no puede jugar ningún papel independiente en la revolución. Por esa razón, asignan ese futuro glorioso a la burguesía nacional. Todavía se niegan a ver una realidad muy simple, el 70 por ciento de los 32 millones que componen la fuerza laboral filipina, son trabajadores asalariados.
El año 2001 sometió a una dura prueba a todas las viejas y nuevas organizaciones. El movimiento que terminó con las movilizaciones de masas Edsa II y Edsa III, fue una vez más traicionado por el PCF, como ocurrió durante la revolución Edsa de 1986. Durante el último trimestre de 2000, mientras el BMP y SanLakas (una organización aliada con el BMP) hacían campaña no sólo contra Estrada, sino también contra Macapagal y los TraPos, el PCF apoyaba a la burguesía con su “apoyo crítico” a la antigua vicepresidenta.
El fracaso histórico de la política del PCF-NPA-KMU provocó varias escisiones que comenzaron a principios de los años noventa. Estos acontecimientos tienen una gran importancia para el futuro desarrollo de un partido bolchevique genuino en Filipinas. Por primera vez, la vanguardia de la clase obrera filipina está ahora en situación de buscar una alternativa revolucionaria al estalinismo y al maoísmo. Incluso aunque el PCF todavía sea el partido más grande de la izquierda, está dividido en casi todas las regiones del país. A partir de esas escisiones han surgido nuevas organizaciones y sindicatos obreros. El PCF y el KMU ya no controlan Manila y Luzón, las zonas más industrializadas del país. La federación sindical maoísta, el KMU, ha perdido la mayoría de sus militantes (y está perdiendo la confianza de los que quedan) en Rizal y en la Región Capital Nacional y, después de la escisión, la confederación sindical BMP es la que se ha llevado la mayor parte de su militancia (BMP significa Solidaridad con los Trabajadores Filipinos). En el frente organizativo del partido, el PCF perdió la mayoría de sus militantes y ahora están con el PMP (Partido de los Trabajadores de Filipinas) y el PMLP (Partido Marxista Leninista de Filipinas). Hay que decir, que los compañeros del PMP y el PMLP son los que, en el pasado, crearon el núcleo original de las fuerzas del BMP. El elemento importante es que ambos partidos se niegan a seguir la estrecha perspectiva nacionalista del PCF, la teoría de las dos etapas y la estrategia guerrillera. Es como una brisa de aire fresco en el pulmón de la joven clase obrera.
En el frente sindical, el BMP y los otros sindicatos y federaciones que rompieron con el KMU, han girado, correctamente, a la tarea de organizar permanentemente a los trabajadores dentro de las fábricas, en lugar de sacarles de ellas para llevarles a las montañas, esto es lo que hacía el PCF.
Los compañeros del BMP jugaron un papel importante en la unión de muchos sindicatos en una sola federación sindical. Esta es una tarea difícil pero fundamental en Filipinas. En este país, muchos trabajadores organizados mueren asesinados cada año por los escuadrones de la muerte de los empresarios, tanto en las ciudades como en el campo. La legislación antiobrera también da todo tipo de ayuda a los empresarios. La justicia siempre está de su lado. Este trabajo del BMP fortalece a la clase obrera y debería ser muy valorado por los socialistas de todo el mundo. Han cambiado los métodos que solían utilizar cuando formaban parte del KMU, antes de que se produjeran las escisiones. Se han dado cuenta de que era una locura sacar de las fábricas a los cuadros mejores y más comprometidos para dedicarles a la lucha guerrillera. Ahora, estos compañeros están jugando un papel importante en la lucha contra la privatización y están apoyando las huelgas de los trabajadores de PLDT contra los despidos. A parte de esto, están apareciendo nuevas organizaciones de pobres urbanos, pescadores, federaciones sindicales y estudiantiles. La clase obrera ha comenzado a organizarse sobre unas bases más sanas que antes.
A los estalinistas no les gusta el nuevo rumbo de los acontecimientos e intentan detenerlo con la utilización de métodos salvajes: el asesinato de docenas, sino cientos, de sus antiguos compañeros durante las purgas desatadas por el PCF-NPA durante y después de la escisión del partido. Pero ha resultado inútil. No han conseguido detener el curso de la historia.

Lecciones de Edsa II y la cuestión de la huelga general

Entre octubre de 2000 y enero de 2001, se podía fácilmente percibir el ambiente de lucha de la clase obrera en los mítines organizados por el BMP. Decenas de miles de trabajadores escuchaban los discursos de Popoy Lagman y otros dirigentes. El BMP y otros partidos políticos que habían surgido del PCF hacían, correctamente, campaña a favor de la huelga general (welgang bayan) contra el gobierno y la burguesía. En el famoso mitin en Ayala contra Estrada (a principios de enero), en la ciudad de Makati, los trabajadores eran la mayoría. Los empresarios en 450 fábricas que tenían entre 70 y 1.200 trabajadores habían permitido que sus trabajadores entraran y salieran para ir al mitin porque temían que fueran a la huelga. En el mitin, el estrado estaba lleno de antiguos políticos, actores, sacerdotes, grandes empresarios, representantes de Bayan (la organización legal del PCF). Todos ellos se pusieron muy nerviosos cuando el dirigente del BMP, Popoy Lagman, que declaró lo siguiente: “Tenemos que cambiar el sistema, ¡abajo con el capitalismo y el imperialismo! ¡Abajo con los políticos capitalistas! ¡Ni Erap, ni Gloria! ¡Hay que cambiar el sistema!” No pudieron hacer nada para detenerle, ¡tuvieron que dejarle hablar y poner las pancartas del BMP en el estrado!
Según pasaban los días, la crisis del gobierno se profundizaba, todas las funciones del estado burgués estaban paralizadas, desde la legislativa a la judicial. El BMP, correctamente, planteó la cuestión de la huelga general política con la consigna: “dimisión de todos”. El BMP planteó esta demanda públicamente delante de las otras federaciones sindicales: el KMU, el NLC y el TUCP. Por supuesto, los dirigentes reformistas (y en algunos casos corruptos) de estas tres federaciones no querían la huelga general, porque temían perder el control de su propia base. Su papel es apoyar el sistema capitalista. Para que esto fuera efectivo, necesitaban conseguir mantener a los trabajadores bajo el control y canalizar sus fuerzas sólo para apoyar la presidencia de Macapagal. Los compañeros del BMP habían realizado, hasta ese momento, una gran campaña de propaganda y agitación. “¡Welgang bayan para sa resign all!” (¡Huelga general para que dimitan todos!) El error de ellos fue no llevar hasta el final su campaña con la convocatoria a solas de una huelga general. Lo podrían haber hecho dirigiendo su agitación a las bases de las otras federaciones sindicales y a los sindicatos que no pertenecían a la federación. Es verdad que no representaban a la mayoría de los trabajadores organizados. Pero también es verdad que: 1) ninguna otra confederación tenía la mayoría de la clase obrera organizada, y ningún otro tenía más que el BMP; 2) tenían miles de trabajadores que estaban dispuestos a extender una agitación que podría haber llegado a cientos de miles y ninguna otra confederación tenían el mismo poder real de movilización; 3) el efecto de una Welgang bayan (huelga general) podría haber sido el de catalizador y habría tenido un efecto impresionante y la prueba de esto se podía ver en el creciente calidoscopio de los mítines, reuniones y movilizaciones de masas que se realizaban en aquel momento.
El hecho de estar en minoría nunca puede ser una excusa para una política equivocada. El ambiente de la clase obrera era favorable. Durante la revolución de 1917, los bolcheviques, partiendo de su posición minoritaria inicial dentro de los soviets, nunca habrían conquistado a la mayoría de los trabajadores sin una campaña paciente y constante de sus ideas.
Es verdad, no existían los soviets en Manila. Pero el método de una organización revolucionaria debería ser el mismo que aplicaron los bolcheviques. La huelga general podría haber dado a los dirigentes del BMP la oportunidad de extender la consigna de la creación de soviets (o cualquiera que pudiera ser su equivalente filipino: comités de fábrica, parlamentos barangay y de calle, parlamentos de pobres urbanos, comités universitarios, etc.,).
La huelga general, incluso aunque sólo hubiera participado una parte de los trabajadores de Manila, habría fortalecido la confianza de la vanguardia de la clase obrera y aumentó, enormemente, la influencia del BMP. Esta movilización independiente del proletariado habría dibujado una línea de demarcación clara entre los trabajadores, los pobres y los estudiantes, por un lado, y de los empresarios, actores y cardenales, por el otro.
Esa línea de demarcación era claramente necesaria, pero nadie estaba dispuesto a dibujarla, ni siquiera la dirección del BMP. Existe una razón para esto: una dirección marxista genuina, sólo se puede formar durante años de lucha teórica, de construcción del partido y con un análisis correcto de las experiencias del pasado. Y esto sólo se puede hacer partiendo de un punto de vista internacionalista.

Una asamblea constituyente...

El abandono de la idea de una huelga general dirigida por el BMP, el PM (partido de Lagman) y el bloque Sanlakas llevó a otro error. Durante el mes de enero, el final del presidente Estrada parecía más cerca cada día, el estado burgués entró en un callejón sin salida. Las masas oprimidas perdieron cualquier respeto hacia la clase dominante, con sólo una excepción: el jefe de Tribunal Supremo, Davide, que era considerado “diferente” y “honrado”.
A pesar de que los dirigentes políticos del BMP sabían que este individuo era sólo otro representante más del estado burgués, decidieron basarse en esta debilidad de la conciencia de las masas, porque temían quedarse aislados, quedarse en minoría en un proceso tan importante.
Así que abandonaron la consigna de la huelga general y pusieron el énfasis en lo siguiente: “¡Dimisión de todos! ¡Todo el poder al jefe del Tribunal Supremo! ¡Por un gobierno provisional! ¡Este gobierno provisional debe aplicar reformas económicas, sociales y electorales a través de decretos! Después debería convocar una Asamblea Constituyente para elegir a nuestros representantes de los trabajadores y pobres urbanos!”
Así es como el BMP quería profundizar más la crisis. Pensaban que así les daría tiempo de organizar los soviets, ganar a la mayoría de los trabajadores y dirigir la revolución. Por supuesto, no estamos cuestionando la buena voluntad de la dirección política del BMP. Les creemos cuando dicen que querían trazar una línea de clase independiente. La cuestión ahora es comprender por qué no lo hicieron.
Primero, debemos tener en cuenta el desarrollo real de los propios acontecimientos. Los dirigentes del BMP explicaron a las masas (ellos podían llegar a ellas) que un gobierno provisional era la única solución real a los problemas que enfrentaba la clase obrera y los pobres. La burguesía no estaba de acuerdo con Popoy y los demás dirigentes del BMP. Pidieron que Macapagal fuera presidenta y que el resto se fuera a casa. No querían a las masas en las calles. Temían a las masas. El cardenal Sin pedía que los mítines se transformaran en “lugares de oración” tranquilos. La burguesía se encontraba en una situación difícil y realmente no sabían qué hacer. La mayoría de los senadores no querían retirar su apoyo a Estrada. Los círculos empresariales sólo consiguieron cumplir sus planes porque desde el 17 al 20 de enero, cientos de miles de personas se manifestaron espontáneamente hasta el santuario Edsa y obligaron a Estrada a dimitir.
A pesar de la intervención de las masas, los que apoyaban a Macapagal pudieron secuestrar el movimiento “Poder para el Pueblo II”, pero sólo gracias a la ausencia de una dirección fuerte e independiente de la clase obrera. Las masas prácticamente ocuparon Manila, ¡durante la noche del 19 de enero se reunieron 1,4 millones de personas! Estrada tuvo que huir porque ni siquiera podía controlar el ejército que él había intentando utilizar para un golpe de estado militar.
Utilizando la Constitución y apoyado por los antiguos presidentes Cory Aquino, Fidel Ramos, el Club Empresarial Makati y la Iglesia, la vicepresidenta Macapagal fue nombrada rápidamente presidenta. Cuando todo el mundo supo que Macapagal estaba finalmente en el poder, los dirigentes del BMP dijeron a sus activistas y seguidores que la burguesía les había traicionado. Los propios acontecimientos habían demostrado que la consigna del gobierno provisional estaba muerta antes de su nacimiento.
¿Es qué los dirigentes del BMP no tenían otra elección que apoyar a Davide y la Asamblea Constituyente? Nosotros creemos que sí tenían otra elección. Si hubieran convocado una huelga general en el momento correcto ¾ después del mitin de Ayala, dos semanas antes ¾ , incluso a solas, Davide pronto se habría opuesto a ella. De este modo, habría sido posible desenmascarar su naturaleza de clase durante la movilización de masas de Edsa II. El error de los dirigentes del BMP no tenía sólo una naturaleza táctica; se debía a la ausencia de firmeza en los principios.
Los principales principios de una organización marxista son apoyar y extender toda idea y lucha que ayude a elevar la comprensión de la clase obrera de sus propias tareas revolucionarias, y luchar contra cada idea y maniobra que sólo sirva para confundir a los trabajadores e impedirles que lleguen a tener un punto de vista de clase independiente.
La tarea central de una organización revolucionaria es hacer siempre campaña a favor de los principios de la democracia obrera, basándose en la influencia de la vanguardia obrera tiene sobre el resto de la clase. Esto no se debe hacer sólo en el plano teórico, confinándose a las palabras escritas del “programa máximo” del partido. La democracia obrera debe ser sacar a la luz pública la propaganda del partido. La única forma de hacer esto es adaptar la agitación política y las tácticas revolucionarias del partido a las necesidades reales de la clase obrera y los pobres. Esto es necesario para demostrarles la urgencia de conseguir la democracia obrera.
Las consignas y las tácticas de la dirección revolucionaria se deben basar en la experiencia concreta de los trabajadores y los pobres, para ayudarles, paso a paso, a sacar las lecciones de los acontecimientos y aumentar su determinación y conciencia revolucionarias.

¿... o una política revolucionaria?

Un activista socialista debe hacerse dos preguntas. ¿Realmente las masas filipinas necesitaban cualquier cambio de gobierno en 2001? ¿Qué tácticas en esa situación determinada las podría haber llevado a la toma del poder? Responder a estas preguntas es comenzar a responder muchas de las preguntas que en el futuro se plantearán una y otra vez ante la revolución filipina y su vanguardia.
Debemos intentar responder a la primera pregunta. Por un lado, los trabajadores no necesitaban otro gobierno y presidente burgueses. Por lo tanto, la primera consigna del BMP, “¡Dimisión de todos!”, era correcta.
Por otro lado, era una equivocación esperar una reforma seria de lo que simplemente significaba otro brazo del estado burgués, el jefe del Tribunal Supremo. Por lo tanto, la segunda de las consignas del BMP estaba claramente equivocada. ¿Cuáles eran las demandas inmediatas (y todavía son) que los trabajadores y pobres filipinos necesitaban que aplicara el gobierno provisional? Éstas eran, y son, las siguientes: Abolición de todas las leyes anti-obreras y anti-sindicales. Completa libertad de expresión y asociación. Aumento y respeto del salario mínimo, de acuerdo con el aumento del coste de la vida. Condiciones laborales justas. Final de la contractualización y temporalidad laboral. Todo sindicato debía tener derecho a participar en la negociación colectiva. Ningún trabajador implicado en una lucha puede ser arrestado. No a las horas extras hasta que haya desaparecido el desempleo. A igual trabajo, igual salario, para mejorar las condiciones de las mujeres trabajadoras. Prohibición del trabajo infantil. Prohibición del cierre empresarial y otras acciones similares contra los sindicatos. Creación de consejos obreros y tribunales sindicales para asegurar que los empresarios respetaran las leyes.
Un sistema de bienestar que permita a cada trabajador jubilarse con dignidad y acceder al cuidado hospitalario y social gratuito. Educación gratuita para los niños de todas las edades (nacionalización de las escuelas y guarderías). Creación de una red de lavanderías y comedores públicos en los centros de trabajo y en los barrios, para liberar a las mujeres de la esclavitud en casa. El precio de estos servicios debería ser el mínimo y, en cualquier caso, basado en el salario mínimo. Un programa de construcción de viviendas junto con la expropiación inmediata de cada piso y edificio que este vacío de forma injustificada.
Nacionalización sin compensación y bajo control obrero de todos los bancos, industrias y activos multinacionales, plantaciones y propiedades de los terratenientes. Junto con la colectivización de la agricultura, esta es la única forma de conseguir que millones de pobres urbanos vuelvan a tener tierra. Proporcionar maquinaria y asistencia técnica a las plantaciones colectivas y financiación de créditos baratos para los pequeños campesinos, a condición de que respeten las nuevas leyes laborales del gobierno revolucionario.
Para encontrar los recursos financieros que requieren estas medidas urgentes, sería necesario dejar de pagar la deuda externa y cualquier obligación contraída con el FMI, el Banco Mundial y el BDA. Un monopolios estricto del comercio exterior y la introducción de la economía planificada.

Segunda parte


Democracia obrera y tácticas revolucionarias

El BMP siempre se ha mantenido muy activo en la defensa de los derechos laborales. Reconocemos esto e insistimos en que ningún activista socialista debería olvidarlo. El problema es que la dirección política del BMP cuando llegó el momento de la verdad, eligió el camino equivocado, en lugar de elegir la consigna del “cambio de sistema”. Una consigna revolucionaria puede conquistar a las masas sólo cuando hay voluntad de escribirlas en sus pancartas y banderas.
La otra pregunta que debemos hacernos es la siguiente: ¿por qué el BMP escribió su consigna sobre la bandera invisible de Davide, el jefe del Tribunal Supremo? El programa revolucionario perfilado en los cuatro puntos citados más arriba no puede ser realizado por ningún gobierno progresista. La vanguardia ha aprendido esto a través de su amarga experiencia. Los trabajadores saben que para implantar este programa lo que se necesita es un gobierno completamente diferente. Se necesita un gobierno de los trabajadores. Sólo la democracia obrera puede comenzar seriamente a implantar este programa. La consigna del “cambio de sistema” sólo puede conquistar a la mayoría de las masas filipinas si un partido revolucionario la traduce en pasos concretos de lucha para las masas. Hay que decir quién debe llevar adelante esta transformación. Qué clase debe encabezar la lucha. Hay que explicar a los trabajadores, estudiantes y pobres cuál es la nueva forma de organización de la sociedad.
Sólo un movimiento de trabajadores independiente y fuerte puede extender estas ideas a las más amplias capas de las masas. Cada embrión de consejo de barangay, un consejo de fábrica o parlamento callejero necesita estas ideas como la célula del cuerpo humano necesita su código de ADN para la reproducción... Pero esto tampoco es suficiente. La construcción de un nuevo organismo vivo necesita oxígeno. El BMP hizo campaña por un gobierno obrero sin intentar seriamente proporcionar oxígeno. En el caso del movimiento de masas de 2001, este oxígeno habría llegado con la huelga general.
¿Por qué el BMP debería haber encabezado una huelga general? Una huelga general habría dotado el movimiento de los medios necesarios para llevar a cabo la consigna del “cambio de sistema”, con tal de que ésta se basara en ¡un programa concreto de reivindicaciones! La clase obrera filipina tiene una gran tradición de lucha política y hace dos años eso se reflejaba claramente en su disposición a luchar. Era un hecho la confluencia de las demandas económicas del movimiento con las tareas políticas. Estaba clara la posibilidad de dar un impulso a esta unión poderosa con la convocatoria de una huelga general. También estaban presentes las condiciones para elevar los horizontes del movimiento.
Una primera huelga por parte de la vanguardia de la clase habría servido de ejemplo e inspiración para el resto de los trabajadores de Manila. La base de los otros sindicatos se habría sacudido con este movimiento, obligando a sus dirigentes a posicionarse ante el programa revolucionario del BMP. Como la mayoría de los trabajadores no están organizados, el control de la burocracia de la confederación sindical no era lo suficientemente fuerte para detener a los trabajadores. El efecto más importante de cualquier gran huelga es que hace consciente a los trabajadores de su enorme fuerza.
Una huelga general, en esa etapa del desarrollo de la lucha, habría tenido un efecto fuerte entre los trabajadores. Habría inyectado el oxígeno que necesitaban los trabajadores. El oxígeno que les habría dado la energía, la confianza y la determinación para luchar. Les habría dado la confianza para llegar a miles de trabajadores e implicarles en la lucha. Les habría permitido demostrar al resto de los trabajadores que había un vacío de poder provocado por la agonía mortal del gobierno Estrada y que era necesario sustituirlo con un poder popular real. Habría sido una forma de desenmascarar a los capitalistas, los bancos, las iglesias, los jueces y a los vicepresidentes, que habrían tenido que actuar contra la huelga.
Esto habría creado una situación favorable para hacer una campaña para crear verdaderos soviets. Sólo con las siguientes medidas, los consejos de fábrica y barangay habrían podido crecer y extenderse rápidamente:
· Discusión entre los trabajadores y aprobación del programa revolucionario de huelga.
· Coordinación entre los diferentes consejos y llamar a la acción para extender y fortalecer la huelga.
· Organizar el almacenamiento y distribución de comida, junto con la creación de redes de comunicación y fondos de ayuda para la huelga.
· Preparar la ocupación de las fábricas en caso de cierres empresariales o despidos por parte de los empresarios.
· Organización de la defensa obrera en sus barangays.
· Elección de delegados a todos los niveles para los consejos y para cualquier tarea que sea necesario llevar adelante durante la lucha.
· Implicación constante y directa de las masas en el proceso de toma de decisiones: la única democracia real.
· Extensión de los consejos a las filas del ejército para frustrar cualquier medida de represión por parte del aparato del estado. Vinculación de los consejos con los elementos jóvenes y progresistas que existen dentro del ejército.
¡Los soviets nunca aparecen en la historia sin una buena razón! Y cuando aparecen los soviets, la experiencia histórica demuestra que ocurre gracias a la iniciativa espontánea de las masas en lucha, que necesitan atender sus necesidades urgentes. Es el trabajo práctico y cotidiano de los consejos lo que enseña a las masas oprimidas y las hace conscientes de la existencia del doble poder: el aparato del estado burgués frente a la naciente democracia obrera. Esta es la única escuela donde las masas aprenden cómo resolver la contradicción de este doble poder.

La ausencia del factor subjetivo

¿Eso significa que estamos diciendo que la huelga general en 2001 habría llevado el movimiento de los trabajadores a la toma del poder en Filipinas? Nadie puede decir que eso estuviera absolutamente garantizado. Lo que estamos diciendo es que todas las condiciones para la revolución estaban presentes y si hubiera existido un partido revolucionario lo suficientemente fuerte, con raíces en las principales fábricas y barrios obreros, entonces, la toma del poder era algo totalmente factible.
El movimiento de masas es un organismo vivo cuya dinámica marca el resultado final de cualquier lucha y es difícil predecirlo por anticipado. Las variables vivientes dentro del proceso son muchas y sus interacciones hacen que el resultado final sea algo difícil de prever. El marxismo ve la vida, así como el proceso revolucionario, como una sucesión de equilibrios inestables dentro de un proceso global que se dirige en una dirección definida. La dirección que tomará el proceso, en cada etapa, dependerá del dominio de una fuerza sobre otra.
El factor subjetivo (la dirección revolucionaria que es consciente de sus tareas) es la variable decisiva, tanto en los períodos revolucionarios como en los prerrevolucionarios. Su presencia o ausencia, es todo para la clase obrera. Es la diferencia entre el movimiento deliberado y no conocer hacia donde se va.
El BMP ha declarado su intención de convertirse en el factor subjetivo de la próxima revolución filipina, en el período venidero. Para conseguir esto, creemos que es de vital importancia analizar el papel que jugó el “factor subjetivo” durante los movimientos de masas pasados. No se puede hacer ningún progreso serio en el futuro sin una comprensión correcta de los éxitos o fracasos del pasado.
Inmediatamente después de que el movimiento Edsa II hubiera llegado a la cumbre, el 20 de enero de 2001 Macapagal se convirtió en presidenta. El BMP tomó la decisión correcta y pidió una “Asamblea Obrera Constituyente” en la ciudad de Baguio. La dirección del BMP regresó a la clase obrera. Se reunieron más de 600 dirigentes sindicales de las zonas industriales más importantes del país. Declararon su firme oposición a Macapagal Arroyo debido a su postura pro-FMI y antiobrera. Se invitó a la presidenta que por supuesto por asistió. Tenía otras cosas mejores que hacer mejores que escuchar las demandas de los trabajadores.
La Asamblea discutió la situación y decidió: 1) extender la oposición a la nueva presidenta y al gobierno; 2) luchar contra las violaciones de las leyes laborales; 3) luchar por la mejora de las condiciones laborales; 4) exigir la retirada de todas las leyes antiobreras; 5) crear organismos locales de la Asamblea allá donde fuera posible.
Desgraciadamente, no se convocó ninguna acción de masas en apoyo de esta plataforma. No existían planes inmediatos de lucha. Por supuesto, aceptamos que después de la instalación de la nueva presidenta se había alcanzado un nuevo punto de equilibrio y que la situación ya no era tan favorable para la clase obrera. Sin embargo, como veremos, en absoluto era una situación estable.
La razón principal por la cual la dirección del BMP no convocó una huelga fue, según sus propios dirigentes, debido a la ausencia de organización de la clase obrera. Estos compañeros dicen que no tenían el tiempo suficiente para organizar el número de trabajadores necesario para lanzar tal ofensiva contra el sistema capitalista y sus políticos. Tres meses después de la celebración de esta Asamblea Obrera, los acontecimientos de Edsa III demostraron que el régimen de Macapagal no era tan estable como habían juzgado los dirigentes del BMP después del 20 de enero.

Edsa III: la rebelión de los más pobres

Ningún periódico burgués fuera de Filipinas se ha molestado en analizar los acontecimientos de la rebelión Edsa III. Ningún dirigente de izquierdas en el mundo intentó comprender el significado de estos acontecimientos. Lo que ocurrió es que desde el 25 de abril hasta el 1 de mayo de 2001, durante siete días, las masas más pobres de Manila tomaron las calles y se movilizaron contra el gobierno burgués de Macapagal Arroyo. En el punto culminante del movimiento Edsa III, realmente, salieron a las calles más personas que durante el movimiento Edsa II. Las masas tomaron las calles durante casi dos veces más de tiempo que en la insurrección Edsa II. Se encontraron con las balas y una represión brutal. El problema fue que cuando habían conquistado las calles, la clase obrera organizada y los estudiantes ya se habían retirado. Ninguna organización de masas conectó con ellos. Simplemente les abandonaron. Ninguna federación sindical se dirigió audazmente contra el gobierno. No vieron ninguna acción organizada de la clase obrera que pudieran seguir y a la que se pudieran unir.
Los medios de comunicación burgueses describieron a estas masas en rebeldía como una muchedumbre de gamberros ignorantes a nómina de los compinches y gángsteres de Estrada. El cardenal Jaime Sin, un de los primeros secuestradores del EDSA II, dirigió esta campaña de desprecio y reveló cuán elitista es la elite de la Iglesia Católica. Dijo que la Basílica EDSA era “propiedad de la iglesia” y acusó a las masas de Edsa II de “profanar la zona”.
Es verdad que algunos senadores que apoyaban a Estrada, junto con algunos de sus gángsteres, intentaron agitar a los pobres para intentar utilizar el movimiento de masas para sus propios objetivos. Pero el anterior presidente Estrada, había comprendido ya que no estaba en situación de regresar al poder y realmente no esperaba volver a tener otra oportunidad.
Ninguna maniobra en el mundo podría explicar jamás la magnitud de la movilización de esa semana; ningún mercenario arriesgaría su vida por un puñado de peso en la marcha al palacio presidencial del 1º de Mayo. La realidad es que los sectores más inferiores de la clase obrera, junto a los pobres urbanos, no veían diferencia alguna entre Estrada y Macapagal. Su situación se había vuelto tan desesperada que decidieron, después de tres meses del nuevo gobierno, que ya era suficiente. Se sentían traicionados por los secuestradores del movimiento Edsa II e, instintivamente, se levantaron, como nunca antes lo habían hecho en Manila. Este sentimiento interno de las masas reflejaba (y aún refleja) la verdadera situación que tenían. Estas personas viven en unas condiciones similares a las que Engels describía en su obra: La cuestión de la vivienda. Basta con mirar el cuadro del pintor filipino Jeho Bitancor.
Y si todo esto no fuera suficiente, los pobres urbanos también fueron traicionados por el PCF. Los estalinistas llegaron tan lejos como a defender el 1º de Mayo el palacio Malacañang cuando éste ¡iba a ser asaltado por 50.000 pobres! Cuando los activistas del PCF que habían hecho un llamamiento para defender el palacio vieron el tamaño de la manifestación contra el nuevo gobierno de Macapagal, inmediatamente, abandonaron sus barricadas y ¡se escondieron en una iglesia cercana! Los estalinistas serán culpables para siempre de haber apoyado políticamente, durante semanas, la salvaje represión policial y militar contra la rebelión Edsa III.
Esta batalla desesperada del 1º de Mayo, duró diez horas y la rebelión Edsa III fue ahogada en sangre. Todo lo que tenían los pobres eran palos y piedras contra los medios de comunicación burgueses, la Iglesia, las grandes empresas... y la policía tenía armas y vehículos acorazados. En las calles murieron docenas asesinados y cientos resultaron heridos. Arrestaron, aleatoriamente, a cientos de manifestantes. Macapagal decretó la “rebelión del Estado”, en la práctica, supuso poner puntos de control en toda la capital, redadas policiales en todas las zonas donde vivían los pobres urbanos y una oleada de arrestos indiscriminados, todo con la clara intención de aterrorizar a las masas. Esta fue la inauguración de la “república fuerte” de Macapagal.
Edsa II y Edsa III fueron advertencias serias para la clase capitalista de Filipinas y de toda la región del Sudeste Asiático. Demostraron que la paciencia de las masas, de cada sector de las masas oprimidas y también de las capas más bajas de la pequeña burguesía, había llegado al límite. Podemos decir sin la más mínima duda, que los movimientos Edsa II y Edsa III fueron los capítulos iniciales de la revolución filipina que ya ha comenzado. Por eso hoy es una tarea urgente para todo internacionalista filipino, tener una discusión sobre las perspectivas para la revolución filipina.

Preparándose para el poder

Después de un prolongado, aunque débil, resurgimiento económico del capitalismo mundial, ahora está en crisis. La crisis cíclica actual del capitalismo ya fue anticipada por el crash financiero asiático de 1997. Desde entonces, en Filipinas hemos presenciado un empeoramiento gradual de las condiciones de los trabajadores. Las guerras imperialistas y la actual inestabilidad global, fácilmente, pueden abrir la puerta a un callejón sin salida prolongado de las fuerzas productivas. No hay otra perspectiva en la situación actual, donde podemos ver la división del mundo en bloques comerciales separados, con una creciente tendencia hacia el proteccionismo y la hostilidad abierta.
Las clase obrera y la juventud ya han comenzado, a escala internacional, a oponerse activamente a los ataques de la burguesía. En todas partes, los trabajadores comprenden que la guerra contra Irak no les traerá nada bueno. Están comenzando a ver la relación entre las guerras y las disputas comerciales entre los principales bloques económicos. Día tras día, el capitalismo empuja a las masas hacia un callejón sin salida. En todo el mundo la burguesía está atacando las condiciones de vida de los trabajadores. Esta también es la experiencia concreta de los trabajadores y jóvenes filipinos.
La joven clase obrera filipina ha entrado en esta época global de guerras, de revolución y contrarrevolución, con dos insurrecciones de masas en el espacio de unos pocos meses. Los grandes círculos empresariales, cínicamente, utilizaron el movimiento de masas para sus propios maniobras y después lo aplastaron. ¿Esto significa que se ha producido una dura derrota que paralizará a los trabajadores durante un largo período de tiempo? En absoluto. La respuesta es precisamente la contraria. El primer conflicto entre las clases ha dado a los trabajadores una lección preciosa. Sus fuerzas aún están intactas. Además, sólo acaban de empezar a ser conscientes del poder de sus propias movilizaciones. La revolución sólo acaba de comenzar en Filipinas, como ocurre en Indonesia. Podemos trazar un paralelismo entre la insurrección indonesia de 1998 contra Suharto, y el movimiento “poder popular” de Filipinas en 2001. En ambos casos, la burguesía nacional consiguió mantenerse en el poder. Pero lo hizo con un coste elevado. Ha sufrido una importante reducción de sus márgenes de maniobra. La próxima vez que el movimiento de masas estalle, puede alcanzar tal intensidad y puede durar mucho más debido al aumento dramático de la insatisfacción entre la clase obrera.
Los marxistas siempre han descrito las siguientes condiciones previas para la revolución:
· La participación activa de las masas en la vida política y su voluntad de luchar por unas condiciones mejores. Esto ya ha comenzado en Filipinas, independientemente, del período de calma que se tome el movimiento.
· La radicalización de las clases medias más bajas y, especialmente, de los estudiantes que no ven futuro dentro del marco del status quo actual. Las capas de la pequeña clase media filipina son duramente golpeadas por la recesión y eso les obliga a cuestionarse el sistema actual.
· La sensación general de que el sistema capitalista actual no puede resolver ningún problema serio de los que sufren las masas o, peor aún, que les está llevando a un callejón sin salida de miseria e inestabilidad. El creciente movimiento de masas contra la guerra, junto con la revolución en América Latina, y pronto otra vez en Asia, afectará a toda la sociedad filipina.
· La aparición de divisiones en la parte alta de la sociedad, entre la propia clase dominante.
· La destitución de Estrada no resolvió el problema de la propia debilidad de la burguesía filipina. Esto provocará, como siempre ha ocurrido en el pasado, nuevas divisiones y oportunidades para que los trabajadores asesten más golpes.
Sin embargo, existe una condición más, necesaria para el éxito de la revolución socialista:
· La presencia del factor subjetivo: una tendencia marxista revolucionaria de cuadros con influencia entre la clase obrera. Esta condición es la más difícil de crear. Pero existen grandes posibilidades para que surja entre los trabajadores filipinos. Debido a la profunda crisis en la que han entrado la dirección de las organizaciones tradicionales de los trabajadores, estalinista y maoísta, ahora hay posibilidades para el desarrollo del verdadero marxismo. Las grandes tradiciones de la clase obrera filipina pondrán las bases para el desarrollo de una tendencia bolchevique fuerte y sana.

Las grandes tradiciones de la clase obrera filipina

La profunda crisis actual del capitalismo obligará a luchar a la mayoría de los filipinos. Unas cuantas cifras económicas nos ayudarán a clarificar la situación. Entre 2001 y 2002, las inversiones cayeron un 45 por ciento, de 2.340 millones a 1.280 millones de dólares. La destrucción de las fuerzas productivas que se está produciendo globalmente, ha provocado un enorme daño a la industria del país. Esto ha provocado que 5 millones de pobres urbanos vivan en Manila, un tercio del total del país. Las contradicciones dentro de la metrópolis aumentan diariamente a pasos agigantados: un tercio de la población filipina vive en una de las cuatro principales ciudades (Manila, Cebu, Davao y Baguio). Así que no debería extrañar que el escenario de la próxima revolución vuelva a ser una vez más Edsa. No veremos simplemente un “poder popular IV”, veremos mucho más.
La presencia de las tropas estadounidenses en el sur del archipiélago está provocando tensiones no sólo entre el estado capitalista y la minoría musulmana de Mindanao, también entre los títeres locales del imperialismo y la clase obrera filipina. El imperialismo, deliberadamente, está provocando acciones terroristas que puedan ser utilizadas como una excusa para intervenir e incrementar su presencia militar en esta región altamente estratégica. Pero los trabajadores lucharán con sus métodos de clase: huelgas y manifestaciones de masas. No debemos olvidar las lecciones de 1991, cuando las tropas estadounidenses fueron expulsadas del país. ¿Cuál fue el factor que obligó al congreso a negar el permiso al ejército estadounidense a tener bases en suelo filipino? Fue una oleada de movilizaciones de trabajadores rurales e industriales. Igual que en el pasado, los trabajadores verán que la presencia de las tropas imperialistas sólo traen miseria, crimen y prostitución.
En los próximos años existe la posibilidad real y concreta de explosiones de masas por parte de los trabajadores. Esto es verdad a pesar del bajo nivel de huelgas de 2002. ¿Qué hará la burguesía la próxima vez cuando los trabajadores se hayan cansado de las maniobras de la presidenta? La clase capitalista tendría que adoptar tácticas diferentes de las utilizadas durante Edsa II. Todo dependerá del nivel de organización y determinación de las masas oprimidas. No podemos descartar la posibilidad de que la burguesía utilice el truco de la Asamblea Constituyente. Esto se convertiría en una posibilidad si no encuentran a un político tradicional (o actor) que sea aceptable para la clase obrera. Esto puede ocurrir más tarde que pronto. Los revolucionarios filipinos tienen que estar preparados y tienen que discutir las experiencias internacionales de la clase obrera, empezando con las tácticas de los bolcheviques durante la revolución de 1917. Tanto Edsa II como Edsa III han demostrado que la paciencia de los trabajadores y jóvenes filipinos se están agotando.
Los movimientos de masas de 2001, dada la crisis internacional del capitalismo, deberían ser vistos como la primera etapa de un nuevo período revolucionario en Filipinas. La clase obrera organizada debe extraer muchas lecciones de esta experiencia. Por ejemplo, la mayoría de los trabajadores no organizados con los que hablamos en Manila, nos dijeron que el “poder del pueblo” es sólo una forma de enloquecer al pueblo común si resulta que al final todo es para llevar al poder a un nuevo presidente. Uno de estos trabajadores, un marinero que nunca antes había pertenecido a un sindicato, nos dijo que recuerda la vida del héroe de la clase obrera filipina, Andrés Bonifacio, uno de los dirigentes del Partido Katipunan en la década de 1890.
Cuando le preguntamos por las ideas y el programa de este dirigente obrero, el marinero respondió: “Su programa era la lucha, la lucha y la lucha. El otro héroe filipino, Aguinaldo, quería llegar a un acuerdo con los gobernantes españoles en interés de la clase media filipina, pero Bonifacio no aceptó esto y se mantuvo luchando con los trabajadores detrás de él”. Y después añadió: “A los trabajadores filipinos nos gusta vivir en paz y trabajar muy duro para mejorar la vida de nuestras familias. Nuestro problema es que los capitalistas y los políticos nos quitan todo lo que ganamos con nuestros sacrificios. También le hicieron esto a Bonifacio”.
El 30 de noviembre es el aniversario de la muerte de Bonifacio. Recibió un tiro por la espalda por encargo de ese hijo de la clase media, Aguinaldo, que desgraciadamente es considerado un héroe nacional. El año pasado en Manila, más de 12.000 personas se manifestaron el 30 de noviembre y otras 25.000 el 1º de Mayo. La gran mayoría de los participaron en estas manifestaciones eran trabajadores y compañeros que se habían ido del PCF y se consideraban internacionalistas y anti-estalinistas. En el pasado, el PCF solía recordar a Bonifacio desde un punto de vista nacionalista. Los tiempos han cambiado para mejor, y la clase obrera filipina no ha olvidado sus mejores tradiciones. El primer significado real detrás de esta tradición con Andrés Bonifacio, es que encarna la memoria de la independencia de clase que los trabajadores habían perdido durante tantas décadas bajo la dirección del PKF estalinista y el PCF maoísta. Esta tradición está llena de significado porque Bonifacio es el único revolucionario proletario verdadero en el panteón de héroes nacionales filipinos. ¡Por eso los trabajadores consideran el 30 de noviembre tan importante como el 1º de Mayo!

Las tareas a las que se enfrentan los socialistas filipinos

La prolongada guerra de guerrillas fracasó y no cumplió sus promesas de libertad para las masas oprimidas. La teoría de las dos etapas también ha fracasado. La política del gobierno de Macapagal revela, más que la de cualquiera de sus predecesores, la corrección de la teoría de la “revolución permanente” de Trotsky. Después de los acontecimientos de 2001, es evidente para la mayoría de los trabajadores de Filipinas que el imperialismo está conectado con mil lazos a la clase dominante filipina local. Esta camarilla corrupta no puede jugar ningún papel progresista. Trotsky explicó hace mucho tiempo que la edad dorada de la burguesía internacional había llegado a su fin a finales del siglo XIX. Esa fue la época de Bonifacio. A partir de ese momento la burguesía comenzó a jugar un papel abiertamente reaccionario en todas partes. Con esto llegó la traición a la clase obrera y la sumisión servil de la burguesía local ante el imperialismo. Sobre la base de la teoría de las dos etapas, y la idea de que existía una burguesía progresista, en los años sesenta, la dirección maoísta y estalinista permitió a que la burguesía filipina sobreviviera hasta ahora, a pesar de las magníficas luchas de la clase obrera.
Ahora, la caricatura burocrática estalinista del comunista ha perdido la atracción que en el pasado podía tener para la mayoría de trabajadores y estudiantes. La tarea de los socialistas verdaderos en Filipinas es recuperar las tradiciones revolucionarias y el programa del Partido Bolchevique y de los primeros años de la Internacional Comunista, antes de la degeneración burocrática de la Unión Soviética. La clase obrera filipina es mil veces más fuerte que lo era la clase obrera rusa en 1917, tanto en número como en organización. Es una clase obrera joven, sedienta de ideas internacionalistas y dispuesta a aprender de la experiencia internacional de la clase obrera.
Los trabajadores y estudiantes filipinos merecen una explicación de lo que realmente es el comunista y también lo que no es. La propaganda y la actividad práctica del PCF-BMP-Bayan, en el pasado presentaron una idea equivocada de la revolución socialista. Han dado una imagen equivocada del comunismo.
No es casualidad que dentro del PCF, algunos activistas fueran ejecutados por sus propios compañeros cuando les pillaron estudiando clásicos del marxismo como La historia de la revolución rusa o La revolución traicionada, ambos de Trotsky. Un gran número de trabajadores y jóvenes normales todavía tienen una imagen de los comunistas como locos que se dedican al crimen y a la inútil guerra de guerrillas en el campo, algo visto como muy distante de las necesidades reales de la gente común. La burguesía, constantemente, se aprovecha de estas ideas estalinistas distorsionadas para atacar las condiciones de la clase obrera, utilizando la “guerra contra el terrorismo” y asustando a la gente con la “amenaza roja”. Esto significa que, hoy en día, sean condiciones claves para el éxito de la revolución la paciencia y la claridad de ideas. Han demostrado, no sólo que están dispuestos a romper con las pasadas equivocaciones del estalinismo, sino también que disponen de un análisis claro de la situación actual en Filipinas y de la decadencia mundial del capitalismo. Una genuina dirección socialista debe invertir su energía en la formación política de sus cuadros. Tiene que dotarles de la mejor literatura marxista para que puedan comprender plenamente el método del marxismo. Deben leer a Marx, Engels, Lenin y Trotsky. Deben absorber la historia del movimiento. Debemos aconsejarles que lean las otras teóricas de nuestra tendencia, las obras que aparecen en la página web de In Defence of Marxism y también los escritos de Ted Grant de los años treinta y cuarenta.
Hoy, la primera tarea de los verdaderos revolucionarios es desarrollar cuadros obreros. Esto sólo se puede conseguir a través de la creación de una tendencia que promueva la discusión de estas ideas en las organizaciones obreras y de izquierdas existentes, sobre todo dentro de las organizaciones que se han escindido del PCF. Las tareas de esta tendencia serían la discusión teórica regular de las cuestiones que plantea la revolución filipina y mundial; organizar la propaganda entre los trabajadores para el programa de la democracia obrera, diferenciarse de la falsa “democracia” de cualquier gobierno burgués y la perspectiva reformista y burocrática del PCF-BMP-Bayan; la creación de vínculos lo más estrechos posibles con las luchas de los trabajadores de todo el mundo, y el movimiento marxista internacional. Estas son las tareas urgentes hoy en día en Filipinas.
Es necesario regresar y discutir el programa de la democracia obrera, como perfiló Lenin en su obra El estado y la revolución y que fue aplicado por los Bolcheviques en 1917. Esas mismas ideas son tan relevantes hoy como lo fueron entonces, y se ajustan perfectamente a las necesidades de la revolución filipina:
¡Ningún ejército permanente sino el pueblo armado!
¡Rotación de las tareas administrativas entre los trabajadores!
¡Ningún funcionario puede recibir un salario más alto que el salario medio de un trabajador cualificado!
¡Gobierno de los soviets: consejos de diputados obreros agrícolas e industriales elegidos en los centros de trabajo y sometidos a la revocación inmediata!
En las condiciones bárbaras a las que se enfrentaba Rusia a finales de la guerra civil, con la revolución derrotada o traicionada en la mayoría de los países avanzados de Europa, la generación revolucionaria de Octubre, y con ella la herencia de la democracia obrera, fue liquidada por la contrarrevolución política estalinista. Esto preparó el camino para privilegios burocráticos ilimitados. El verdadero programa del Bolchevismo se mantuvo vivo con Trotsky y la Oposición de Izquierdas en los días más negros de la reacción burocrática.
Aplicando este programa, las energías de los trabajadores y campesinos filipinos se podrían aprovechar, aglutinadas alrededor de un programa internacionalista, socialista y consciente. Si el proletariado es capaz de ponerse a la altura de su tarea histórica, y sólo puede conseguirlo a través de la creación de una tendencia marxista genuina que pueda formar rápidamente cuadros obreros, entonces, el próximo capítulo de la revolución filipina terminará, no con el aborto distorsionado y burocrático del estalinismo y el maoísmo, sino con una insurrección de masas consciente que lleve a cabo el programa de la democracia obrera y la revolución socialista mundial. Haciendo esto, los trabajadores filipinos podrían hacer un llamamiento internacional, primero a los trabajadores del Sudeste Asiático y el Pacífico, y sobre todo, a los trabajadores de Pakistán, Indonesia, Japón, China y Australia. Podrían animarles a que tomaran el poder en sus respectivos países, para unirse a los trabajadores y campesinos filipinos para crear una Federación Socialista Asiática, como primer paso hacia una Federación Socialista Mundial.
Confiamos plenamente en que la clase obrera hará buen uso de las lecciones que surgen de las luchas del pasado. El proletariado filipino ha demostrado su poder derrocando a dos presidentes (Marcos y Estrada) y retirando varias bases militares estadounidenses durante los últimos diecisiete años. Todas estas luchas, junto con la experiencia de más de un siglo de luchas obreras, representan una tradición valiosa, llena de lecciones para los revolucionarios de hoy que quieran aprender. Esta tradición viva es la principal fuente de la enorme confianza que tenemos en la clase obrera, los estudiantes y los pobres filipinos. El día en que una tendencia marxista verdadera comience a trabajar seriamente basándose en estas ideas, no habrá ninguna fuerza sobre la tierra capaz de impedir que el programa de la verdadera democracia obrera llegue a las masas. Lo primero que necesitan hacer los trabajadores filipinos es creer en su propia fuerza. Si los socialistas filipinos adoptan los métodos, las tácticas, el programa y las perspectivas correctas, si emprenden la tarea seria de ayudar a la clase obrera filipina a ser consciente de lo que es capaz y es posible, entonces, los días del latifundismo y el capitalismo estarán contados en este maravilloso y bonito archipiélago.

30 de diciembre de 2002