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Los sindicatos israelíes preparan una huelga general PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Fred Weston   
Miércoles 26 de Marzo de 2003 00:00
Cuando la atención del mundo se centra en la guerra en Iraq, otra guerra ha estallado en Israel: la guerra de clases. Cuando la atención del mundo se centra en la guerra en Iraq, otra guerra ha estallado en Israel: la guerra de clases.

Hace pocos días, el ministro de economía, Benjamín Netanhayu, anunció un recorte del gasto público valorado en 11.400 millones de shekels. El motivo es que el déficit público ha alcanzado unos niveles sin precedentes, un 6 % del PIB. Israel lleva dos años sufriendo una severa crisis económica. El desempleo (en el pasado casi desconocido) ha alcanzado el 15 por ciento. La burbuja tecnológica estalló hace dos años.

Al mismo tiempo, Sharon ha concentrado sus esfuerzos en aplastar al pueblo palestino. En la actualidad, planea construir un muro que aísle completamente Cisjordania. Al principio se presentó como una defensa para “mantener fuera a los terroristas”, pero ahora planea extenderlo al valle del Jordán. Esto significa construir una gran cárcel para el pueblo palestino. También aumentó el gasto en defensa y seguridad.

Sharon también está apoyando a los colonos y ha hecho grandes concesiones a los partidos sionistas de extrema derecha. Tuvo que hacerlo para calmar a los partidos que forman parte de su coalición de gobierno. Precisamente, la combinación de una crisis económica, que ha provocado una caída de los ingresos del estado, y el aumento del gasto de defensa, es lo que llevó a este enorme déficit presupuestario.

En lugar de reducir el gasto en defensa, Sharon quiere recortar el gasto social. Israel recibe una ayuda de EEUU superior a los 4.000 millones de dólares al año. Recientemente, EEUU prometió una ayuda valorada en 10.000 millones de dólares, pero este préstamo lleva letra pequeña. Netanyahu, ha explicado que este dinero llegará si Israel aplica un “plan económico coherente”. Eso significa que EEUU dará el dinero con la condición de que el gobierno Sharon reduzca el gasto social e introduzca nuevas medidas de privatización.

Esto revela claramente una cosa. Los aliados de EEUU en Israel no son los trabajadores israelíes normales. Su único aliado es la clase dominante israelí. Tienen los mismos intereses. Mientras que EEUU está en guerra con Iraq, obliga a Sharon (tampoco hace falta demasiada presión) para que inicie una guerra contra la clase obrera de Israel.

Pero toda acción tiene una reacción similar pero en sentido contrario. La principal federación sindical israelí: el Histradut, expresó su oposición a los planes del gobierno de eliminar miles de empleos del sector público. El gobierno también planea recortes salariales.

El 23 de marzo, el Histradut declaró lo que se conoce técnicamente como una “disputa laboral”. Una vez declarada, sus militantes votarán si quieren ir a la huelga o no. Están preparando una huelga general que afectará seriamente a las oficinas gubernamentales, al transporte y también a los servicios municipales. Muchas empresas privadas también se van a ver afectadas por esta huelga, lo que puede agravar aún más su economía.

Según el presidente del Histradut, Amir Peretz: “El Histradut no va ser la víctima del programa económico, luchará contra él. El único acuerdo posible es la supresión del plan, no vamos a perder esta batalla”.

Como dijimos en muchas ocasiones, la crisis del capitalismo va a afectar inevitablemente a los trabajadores israelíes, como a los trabajadores del resto del mundo. La clase dominante sionista ha conseguido mantener pisoteados a los trabajadores israelíes. Pero ¿qué puede ofrecer el capitalismo a los trabajadores? Ahora está claro. Les ofrece recortes sociales, lo que significa reducción de las pensiones, recortes educativos, en sanidad, etc., combinados con la privatización de los bienes públicos.

Esta es una receta acabada para el despertar de la lucha de clases en Israel, y esto es sólo el principio. Cuando los trabajadores de Israel ingresen a la acción entonces se clarificarán muchas cosas. Aprenderán a través de su amarga experiencia que su verdadero enemigo no es el pueblo palestino, sino su propio gobierno. Confiamos en que cuando los trabajadores israelíes ocupen el lugar que les corresponde, servirá para animar a los trabajadores de los cinco continentes.

26/3/2003