Iraq: ¿Qué hacer? Imprimir
Escrito por Alan Woods   
Domingo 06 de Abril de 2003 00:00
La situación actual y las tareas de los marxistas

En estos momentos, la guerra lo determina todo. Es el elemento más decisivo en la ecuación de la política mundial. Está rehaciendo el mapa de la diplomacia internacional y modificando profundamente los entresijos de las relaciones mundiales establecidas desde 1945. Sus reverberaciones se dejarán sentir durante décadas de aquí en adelante. La guerra de los imperialismos de EEUU y Gran Bretaña no fue un accidente. No fue como la aparición súbita de un rayo en un cielo azul y claro. Fluyó inexorablemeblemente de toda la situación. Es una expresión concentrada de la crisis del capitalismo a una escala mundial. Aquí el viejo dicho de Clausewitz se confirma de una manera muy llamativa: la guerra es sólo la continuación de la política por otros medios.

La situación actual y las tareas de los marxistas

En estos momentos, la guerra lo determina todo. Es el elemento más decisivo en la ecuación de la política mundial. Está rehaciendo el mapa de la diplomacia internacional y modificando profundamente los entresijos de las relaciones mundiales establecidas desde 1945. Sus reverberaciones se dejarán sentir durante décadas de aquí en adelante.

La guerra de los imperialismos de EEUU y Gran Bretaña no fue un accidente. No fue como la aparición súbita de un rayo en un cielo azul y claro. Fluyó inexorablemente de toda la situación. Es una expresión concentrada de la crisis del capitalismo a una escala mundial. Aquí el viejo dicho de Clausewitz se confirma de una manera muy llamativa: La guerra es sólo la continuación de la política por otros medios.

Para muchas personas esta guerra es una especie de locura colectiva que no se puede explicar. Es el producto de la locura de Bush, la estupidez de Blair, etcétera. Indudablemente, hay un elemento de verdad en esta opinión. El ala de derechas de la camarilla neo-conservadora de fundamentalistas religiosos que domina la Casa Blanca representa la dirigencia más limitada y obtusa que los Estados Unidos tuvieron jamás. Su conducta en esta guerra, a veces recuerda una especie de locura. En las palabras de Shakespeare: "puede ser locura, pero tiene su lógica".

Hegel señaló que la necesidad se expresa a través del accidente. La capacidad mental de Bush y Rumsfeld son un accidente histórico que puede explicar ésta o aquella peculiaridad de la conducta del imperialismo de EEUU, pero no su esencia interior. Las corrientes fundamentales de la política mundial están determinadas por procesos profundos que operan en la economía capitalista mundial, y en las configuraciones diplomáticas y militares que fluyen de ella.

La conducta y la capacidad individual de los líderes políticos y militares pueden afectar, y de hecho lo hacen, a los innumerables remolinos y corrientes encontradas que siempre acompañan cualquier tipo de turbulencias, dotándolas de un carácter extremadamente complicado. Esto es lo que hace tan difícil de predecir el resultado de las guerras y las crisis políticas y económicas con todo detalle. De la misma manera que es imposible para los científicos determinar con certeza el movimiento y la posición de las moléculas individuales en un gas o de las sub partículas atómicas. Pero el comportamiento del conjunto sí se puede prever con una certeza completa. Hay paralelos entre esto y los procesos que operan en la historia humana.

La guerra actual fue causada por un gran número de variables. Pero en esencia es un reflejo de algo más. Ese algo es el callejón sin salida en que se encuentra el sistema capitalista a escala mundial. Las causas fundamentales de este callejón sin salida están por una parte en la propiedad privada de los medios de la producción y por otra en el obstáculo al desarrollo de las fuerzas productivas impuesto por los límites estrechos de las fronteras nacionales.

El fenómeno de la globalización, que ya fue predicho por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, es sólo un reconocimiento de que el desarrollo de las fuerzas productivas entró en conflicto con la camisa de fuerza de las fronteras nacionales. Todos los países fueron obligados a tomar parte en el mercado mundial y están subordinados a la división internacional del trabajo y a los vaivenes del comercio mundial.

No hay ninguna duda de que la enorme intensificación de la división internacional del trabajo y la rápida extensión del comercio mundial actuó como un poderoso estimulante en el desarrollo del capitalismo durante todo un período histórico desde 1945. Se puede decir que fue esto lo que salvó al capitalismo. Durante todo un período permitió al capitalismo- parcial y temporalmente- superar las limitaciones de las fronteras nacionales. Durante todo este tiempo, el crecimiento del comercio mundial sobrepasaba continuamente el crecimiento de la producción.

Pero el desarrollo del comercio mundial, como Marx también explicó, no puede eliminar las contradicciones del capitalismo, sino que simplemente las reproduce a una escala muchísimo mayor. Más pronto o más tarde esto se manifiesta en una serie de crisis devastadoras, en las cuales los procesos se convierten en su opuesto. Todos los factores que empujaban hacia arriba la economía mundial ahora se combinan para producir una espiral descendente. Esto es precisamente lo que vemos ahora.

La crisis económica no fue causada por la guerra, aunque la guerra indudablemente la agravará y exacerbará. Mucho tiempo antes de que el primer tiro fuera disparado, la economía capitalista mundial ya estaba en crisis. Las convulsiones de los mercados accionarios en todo el mundo anunciaron el comienzo de la crisis, igual que un termómetro anuncia el comienzo de la fiebre. En sólo dos años, el valor de las empresas en las Bolsas se redujo a la mitad y la caída continúa.

Francia, Alemania y los EEUU

Hace algún tiempo, nosotros predijimos que los gobiernos francés y alemán cambiarían de posición en esta guerra. Esta era una predicción razonable, porque ellos siempre actuaron del mismo modo en el pasado. La burguesía francesa, que tiene sus propios intereses que defender, chocó frecuentemente con los norteamericanos, como en el caso de Kosovo. Ellos son rivales, especialmente en África y Oriente Medio, y los franceses tienen miedo (y con buenas razones) de que si los imperialistas norteamericanos toman el control de esta última zona y de sus riquezas petroleras, a ellos se les cerrarán las puertas. Eso es lo que dicta su actitud, nada que ver con el amor a la paz y la humanidad. Sin embargo, en el caso de Kosovo, los imperialistas franceses eventualmente cambiaron de opinión y aceptaron el liderazgo norteamericano. Esta vez no lo hicieron ¿Por qué?

La razón por la cual los franceses no cambiaron su postura esta vez es debido particularmente a la cruda y arrogante conducta de Bush y Rumsfeld. Éstos son rudos y arrogantes- representantes muy típicos de la clase a la que pertenecen. Creen que todos los problemas se pueden resolver por el uso de la fuerza. Es verdad que los norteamericanos poseen un tremendo poder militar y económico, pero no es verdad que esto sea suficiente, en sí y por sí mismo, para resolver todos los problemas. En un significativo corto espacio de tiempo, George Bush y sus amigos han conseguido destruir casi todas las instituciones internacionales creadas a partir de 1945. Ellos también han causado una profunda división entre Europa y Norteamérica y dentro de la propia Unión Europea.

Los ataques furiosos y sin precedentes contra Francia al otro lado del Atlántico, como resultado de su oposición a los planes del imperialismo de EEUU en Oriente Medio, puso a Chirac en una situación imposible en casa. En la medida que él se oponía a Norteamérica, su apoyo en Francia subía. Lo mismo fue verdad para Schröder en Alemania, quien se ha salvado a sí mismo, al menos temporalmente, por oponerse a una guerra que dolorosamente recuerda al pueblo alemán la época en la que fueron víctimas de agresivos bombardeos aéreos. Chirac por lo tanto se encontró a sí mismo en la situación de un hombre que pintó el piso y se quedó atrapado en una esquina. Él no podía retroceder sin socavar su propia posición.

La verdadera razón del conflicto entre EEUU y Francia se debe, sin embargo, a la existencia de profundos intereses encontrados a escala mundial. Francia tiene serios intereses en África y Oriente Medio, y estos intereses están siendo desafiados por Norteamérica. Los militares de EEUU han construido una base en Yibuti en el Cuerno de África, desde donde pueden controlar una serie de países, incluyendo Somalia, Sudán y Yemen. Los imperialistas franceses correctamente ven esta interferencia norteamericana en África como una amenaza para ellos.

En el contexto de una profundización de la crisis económica, hay una lucha feroz por los mercados, las materias primas y las esferas de influencia en todas partes, que no solamente dan origen a guerras constantes como el presente conflicto, sino que está abriendo profundas grietas entre Europa y Norteamérica, como se demuestra por los agudos conflictos en el acero, la agricultura y otras mercancías. Estos conflictos continuarán y se profundizarán, planteando una seria amenaza al comercio y a la futura estabilidad del orden económico capitalista mundial.

En este cínico juego del poder político internacional, las llamadas Naciones Unidas actúan como una cobertura conveniente para el imperialismo. Tony Blair tiene un grave problema en casa, donde la guerra nunca fue popular. El cambio en las encuestas de la opinión pública a favor de la guerra es engañoso. Es el resultado de la manipulación desvergonzada de la opinión pública en el tema de “tenemos que apoyar a nuestros muchachos”, y no durará mucho. En la medida que la lista de bajas entre las tropas británicas comience a aumentar (muchos de ellos muertos por los pilotos norteamericanos de gatillo fácil en los incidentes del llamado “fuego amigo”) y las escenas de civiles irakíes muertos y heridos llenen las pantallas de televisión, el ambiente cambiará bruscamente en la dirección opuesta.

El potencial para un futuro choque entre Londres y Washington por la conducta en la guerra existe, y sobre todo por los acuerdos de la post-guerra. Habiendo usado al ejército británico para hacer el trabajo sucio, el imperialismo EEUU arrojará a su ”aliado” a un costado como un trapo sucio. Los capitalistas británicos ni siquiera recibirán los contratos anticipados para reconstruir lo que los ejércitos norteamericano y británico se han encargado de destruir. Casi todo fue ya distribuido entre los amigos norteamericanos de Bush que tan generosamente contribuyeron a las arcas del Partido Republicano en el pasado y que ahora hacen cola para ser retribuidos.

Con el fin de engañar a la opinión pública británica en la creencia de que esta depredadora guerra iba realmente en interés del pueblo irakí para que fuera “liberado”, el Primer Ministro británico insiste en que la ONU debe tener mucho que decir en los acuerdos de la post-guerra. Esto vendría muy bien a los burgueses alemanes y franceses, porque les permitiría conservar algunos de sus intereses económicos en Irak. Pero esto no le viene nada bien a los imperialistas de EEUU.

Al menos, algunos murmullos conciliatorios están ahora emergiendo de París y Berlín. El “pacifista” Joschka Fischer dice que él quiere que el régimen irakí sea derrocado tan pronto como sea posible. El gobierno francés está indicando francamente a Londres y Washington que está realmente a favor de una victoria para las fuerzas de la Coalición- y cuanto más pronto mejor (todo en el nombre del humanitarismo, como vos comprenderás). Esto puede explicar un tanto las relaciones más amistosas entre Londres, París y Berlín en los últimos días.

Desafortunadamente, los problemas políticos de Blair no preocupan a Geroge W. Bush, que tiene que pensar en su propio futuro. Más aún, en la medida que el imperialismo EEUU está jugando el rol principal en el aplastamiento de Irak, no ve ninguna razón para hacer concesiones a las Naciones Unidas (es decir, a Francia, Alemania y Rusia) – excepto para pasarles (también a la ONU) una larga factura para que paguen los costos de la guerra y la carísima reconstrucción posterior. Pedirán que sean ellos quienes paguen, mientras que serán los bolsillos de las compañías de EEUU quienes se lleven los beneficios. Al final, los ladrones norteamericanos se lo quedarán todo para ellos. Así es como realmente están las cosas. Todo lo demás son palabras vacías.

Los progresos de la guerra

Al invadir Irak, los imperialistas británicos y norteamericanos cometieron un serio error de cálculo. Pensaban que su aplastante superioridad en poder de fuego y tecnología militar sería suficiente para conseguir una victoria rápida y relativamente indolora. Como Joshua delante de las murallas de Jericó, un simple toque de trompetas sería suficiente para conseguir que las murallas se desplomaran. Pero unos pocos días de combate fueron suficientes para reducir estas ilusiones a cenizas.

La tenaz resistencia del ejército y el pueblo irakí no es difícil de explicar. Ellos están combatiendo en una guerra de liberación nacional contra un invasor extranjero que quiere ocupar su tierra y saquear sus recursos. El carácter del régimen de Saddam Hussein ha pasado a tener una importancia secundaria (en cualquier caso, ese tema fue sólo una cínica excusa de los imperialistas para justificar la violación de la soberanía irakí ante la opinión pública mundial). Lo fundamental es que la población entera siente, correctamente, que está combatiendo en una guerra para salvar a su país de la dominación imperialista. Hasta los Shiítas del sur están combatiendo a los invasores.

Los marxistas no somos pacifistas. Nosotros no pensamos que todas las guerras son malas por la barbarie y crueldad que traen al pueblo inocente. La historia conoce todo tipo de guerras- tanto guerras injustas y reaccionarias como justas y progresivas. Un pueblo que no está preparado para defender su libertad con las armas en la mano no merece ser libre. Un esclavo que no está preparado para luchar contra su esclavitud, merece sus cadenas.

En las guerras de los esclavos contra sus amos nosotros estamos en todas partes y siempre del lado de los esclavos. En las guerras de las naciones débiles y explotadas contra los estados imperialistas poderosos que buscan ocuparlas y esclavizarlas, estamos del lado de las primeras contra las segundas. En la presente guerra nosotros estamos firmemente del lado del pueblo irakí, y contra los ladrones imperialistas.

Los imperialistas norteamericanos son muy poderosos pero un poco obtusos. Están demasiado confiados. Subestiman al enemigo- un error fatal en una guerra. Las declaraciones de Rumsfeld y otros al comienzo del conflicto no dejaban espacio para la duda. Realmente creían que sería una tarea fácil derrotar a los irakíes y entrar a Bagdad. Hinchados con la arrogancia de la fuerza, se permitieron engañarse con los falsos reportes de la oposición irakí, que les dijeron lo que ellos querían oir: toda la población está contra el régimen, se levantaría contra Saddam y daría la bienvenida a los norteamericanos como libertadores, etcétera. Ahora todas esas ilusiones colapsaron. Se han visto forzados a admitir que la guerra será más larga y sangrienta de lo que ellos habían anticipado.

Un pequeño detalle es suficiente para revelar la actitud de las masas irakíes hacia esta guerra. Se esperaba que un gran número de refugiados huiría de Irak a Jordania y se construyeron campamentos para ellos. Pero en lugar de un ejército de refugiados abandonando Irak lo que ha habido ha sido un flujo de irakíes y de otros países árabes para ingresar a Irak y combatir a los invasores. Algunos de ellos están entrenados en tácticas suicidas.

Este hecho provocó una hipócrita reacción en los medios masivos de comunicación occidentales. Los británicos y norteamericanos, así parece, sí tienen la justificación para bombardear y destruir alegremente las ciudades irakíes. Pero cuando un pueblo débil y pobre intenta defenderse con las únicas armas que posee, esto va ¡contra la Convención de Ginebra! Si no fuera tan trágico resultaría cómico.

El valor y la determinación del pueblo irakí contra el estado imperialista más poderoso está determinado por el hecho de que está combatiendo en una guerra justa para expulsar invasores extranjeros de su suelo. Este es un factor muy poderoso en el presente conflicto, un factor que los imperialistas norteamericanos ni sus marionetas en Londres comprenden en absoluto.

¿Es suficiente este factor en sí mismo para garantizar la victoria de Irak? La moral en una guerra es un factor muy importante, pero no el único. El pueblo irakí enfrenta los recursos económicos, tecnológicos y militares del más poderoso estado imperialista de la tierra. Más pronto o más tarde, esto último tiene que prevalecer. Es sólo una cuestión de tiempo. Pero la pregunta es: ¿Cuánto tiempo durará la carnicería, y cuan alto será el costo en sangre y dinero? Estas preguntas determinarán lo que ocurra, más allá de la cuestión de quien conseguirá vencer en el campo de batalla.

Sin embargo, el fin de la guerra no está aún a la vista e incluso puede haber sorpresas. Los problemas para los invasores se multiplicarán por mil cuando entren a Bagdad. Aquí su aplastante superioridad en el aire no tendrá ninguna utilidad. Los irakíes combatirán calle por calle, esquina a esquina y en los tejados. Cada casa será una trampa mortal potencial. Cada irakí será un enemigo potencial. Importantes pérdidas de vida serán inevitables y no serán de un único bando como ocurrió hasta ahora. De acuerdos a algunos cálculos, el conflicto podría empantanarse durante muchos meses y las pérdidas en vidas entre las fuerzas de la Coalición podrían ser más mil.

El movimiento anti-guerra

Más que en ninguna otra guerra de la que se tenga recuerdo, el resultado final no estará determinado por las bombas y misiles sino por la política y la psicología de las masas, no solamente en Irak sino también en Gran Bretaña y EEUU.

El movimiento de masas contra la guerra no tiene precedentes en la historia. En el pasado, al comienzo de una guerra, las clase obrera normalmente quedaba paralizada por el ambiente patriótico, y el ala revolucionaria se encontraba aislada. Al comienzo de la guerra del Vietnam no hubo una sola manifestación de protesta. Únicamente más tarde, cuando los sacos con los cuerpos de los soldados muertos comenzaban a amontonarse fue cuando se produjo una explosión de masas contra la guerra en EEUU.

En esta ocasión, se ha producido un movimiento de las masas sin precedentes que ha barrido todo el mundo. Millones de personas que nunca antes habían participado en manifestaciones se incorporaron al movimiento. Este movimiento tomó completamente a los imperialistas por sorpresa. Y todavía continúa.

La intensidad del movimiento de protesta naturalmente varía de una país a otro. En EEUU, donde todos los medios de comunicación se movilizaron para fortalecer la fiebre de la guerra entre la población, el ambiente mayoritario es favorable a la misma. Pero esto no va a durar. No hay entusiasmo por la guerra, en general, entre la población. En la medida que se dilate y se incrementen las bajas entre las fuerzas de EEUU y los civiles irakíes, el ambiente cambiará.

En Vietnam, los EEUU fueron derrotados en su propia casa. Hacia el final de la guerra había un ambiente de amotinamiento entre los soldados norteamericanos en Vietnam y un movimiento de masas anti-guerra con implicaciones revolucionarias. Eso fue lo que puso fin a la guerra.

En Gran Bretaña, el estallido de la guerra provocó un retraimiento parcial del movimiento anti-guerra. El gobierno y la prensa a sueldo apeló a la gente a “apoyar a nuestras tropas”. Esto ha afectado a parte de la opinión pública. Por otra parte, sectores del movimiento anti-guerra se desmoralizaron por el fracaso en impedir la guerra mediante las manifestaciones de masas y han caído en la inactividad. Sin embargo, nuevos elementos están entrando a escena, como se demuestra por las manifestaciones espontáneas de los estudiantes secundarios. El ambiente general permanece hostil a la guerra, y nuevos estallidos de protesta son inevitables.

En otros países, el movimiento anti-guerra se está incrementando en cantidad y en intensidad. En España, Grecia e Italia las manifestaciones de masas continúan y fueron acompañadas por huelgas generales parciales. En Oriente Medio, cada capital árabe ha sido escena de manifestaciones de masas muy combativas, que incluyeron violentos choques con la policía. Esto está colocando un signo de interrogación en el futuro de los regímenes pro-occidentales de Jordania, Egipto, Arabia saudita y Marruecos.

En toda Asia tuvieron lugar protestas de masas, especialmente en Pakistán, donde la dictadura de Musharraf, comprometida por sus relaciones con el imperialismo de EEUU, se ha visto seriamente debilitada. En Turquía, donde el 90% de la población se opone furiosamente a la guerra, el gobierno se vio forzado a cancelar el permiso al ejército norteamericano para usar su territorio como una base para la invasión de Irak.

Esta es la situación cuando la guerra está todavía en sus primeras etapas. Pero la fase más feroz todavía no ha comenzado. La fase final necesariamente se caracterizará por fortísimos combates en Bagdad y otras ciudades. El número de muertos será altísimo. Hasta la más mínima pretensión de que esta invasión tiene el objetivo de “liberar” al pueblo de Irak desaparecerá. Los sentimientos de rabia y disgusto contra esta guerra criminal crecerán y encontrarán una expresión combativa en todos los países.

La impotencia del pacifismo y el reformismo

La extraordinaria amplitud del movimiento contra la guerra, y el hecho de que la mayoría de los que participan no estén organizados y carezcan de experiencia política, significa que una cierta cantidad de confusión sea inevitable. Si añadimos el hecho de que la clase obrera en la mayoría de los países ha pasado por un largo período de inactividad e inercia, resulta también inevitable que en las primeras etapas sean elementos de clase media quienes se sitúen a la cabeza del movimiento.

El verdadero problema aquí es la falta de autoridad de las ideas del marxismo entre la nueva generación. El legado de décadas de estalinismo minó la influencia y el prestigio que el genuino marxismo disfrutó como resultado de la Revolución de Octubre. A ello tenemos que sumar los largos años de relativa prosperidad y de paz social que condujo a una suavización de las relaciones entre las clases en Europa y EEUU. Un período de aguda lucha de clases, que está ahora en el orden del día, será necesario para endurecer a la clase obrera y su vanguardia.

Mientras tanto, hay una fuerte influencia de ideas pequeñoburguesas, que desgraciadamente también penetraron en el movimiento obrero, especialmente en sus capas superiores. La clase obrera no vive en el vacío. Vive en proximidad muy cercana a las clases medias, cuyas perspectivas se caracterizan por su extrema inestabilidad. Los intelectuales de clase media, que de buena gana consintieron en “liderar” a las masas, han introducido todo tipo de ideas y prejuicios ajenos en el movimiento obrero. Los defensores de estas ideas imaginan que éstas representan “nuevas” formas de pensamiento que han relegado al “viejo” marxismo. En la práctica, esta gente simplemente repite las ideas prehistóricas de Proudhon, Bakunin y los “Socialistas Verdaderos” a quienes Marx y Engels ya respondieron hace 150 años.

Estas tendencias de clase media son tan heterogéneas como la clase de la que proceden. En sus capas superiores la pequeñaburguesía permanece ligada a la burguesía y el imperialismo. Esta tendencia está representada más claramente por el “Blairismo”. Pero las capas más bajas de la pequeñaburguesía están más cercanas a la clase obrera y sus ideas se tiñen de una coloración “socialista”. Sin embargo, su socialismo siempre está mezclado con ideología y prejuicios burgueses. Todas estas tendencias tienen una cosa en común: son orgánicamente incapaces de romper con el capitalismo y en ningún modo representan una amenaza para él.

Careciendo de cualquier comprensión o perspectiva, los pacifistas ruidosamente demandan que “tenemos que hacer algo” para “parar la guerra”. Tal demanda aparece eminentemente práctica e inmediata. Pero de hecho, es enteramente vacía. Quienes demandan de nosotros que debemos “hacer algo inmediatamente para parar la guerra” desconocen lo que es la guerra y no tienen la más mínima comprensión de cómo funciona nuestro sistema “democrático”. Aunque adoptan las poses más “radicales” e incluso “revolucionarias”, toda su psicología está impregnada de prejuicios reformistas y de una creencia supersticiosa en la democracia burguesa.

Los pacifistas y reformistas de clase media imaginan que los gobiernos son elegidos para llevar a la práctica “la voluntad del pueblo” y que escucharán a la opinión pública. Después de todo, en una democracia, ¡es la opinión de la mayoría quien decide! Estas personas realmente viven en un mundo de sueños. Están tan completamente engañados por la pantomima de la democracia burguesa formal que sus cerebros están confusos. Pero la guerra pronto arroja a un costado esas ilusiones engañosas y revela la cruda realidad de la dictadura de los bancos y las compañías gigantes, que toman todas las decisiones importantes sin la más mínima preocupación por los puntos de vista o los intereses de la mayoría. En nuestra llamada democracia occidental, a cualquiera le está permitido decir (más o menos)lo que piensa (aunque incluso este “derecho” está siendo ahora severamente restringido) en la medida que sean los bancos y los monopolios quienes realmente decidan lo que pasa. Esto es diez veces más verdad en tiempos de guerra.

La premisa no confesada de las “acciones directas” de pacifistas y reformistas es ésta: si hacemos suficiente ruido, “ellos” deben prestar atención y parar la guerra. Pero “ellos” no pueden ser tan fácilmente influenciables como para actuar contra sus intereses de clase, y menos todavía en un asunto tan importante como una guerra. La gente que así se expresa no puede comprender que la guerra es un negocio serio que no puede ser detenido por la “acción directa” ¡Esto no es un juego de chicos! Si los imperialistas fueron capaces de ignorar las manifestaciones de masas de millones de personas, difícilmente van a prestar atención a manifestaciones más chicas ahora que comenzó la guerra.

Debemos explicar pacientemente los hechos de la vida a aquéllos que estén dispuestos a escuchar. La guerra imperialista ha expuesto el verdadero estado de los asuntos en la sociedad: que detrás de la fachada formal de democracia burguesa descansa una brutal dictadura de los bancos y los grandes monopolios que son los verdaderos amos de la sociedad. No importa qué partido haya sido elegido para gobernar, el mismo pequeño puñado de gente super rica toma todas las decisiones importantes. Ellos deciden si millones de hombres y mujeres podrán trabajar o morirse de hambre, vivir o morir. Sus acciones están determinadas por su insaciable codicia por los beneficios. Y ellos tienen a su disposición toda la maquinaria del Estado: el ejército y la policía, la policía secreta (a la que prefieren denominar “servicios de seguridad”), la enorme burocracia que absorbe una cantidad impresionante de la riqueza creada por la clase obrera, los jueces y el personal de prisiones, la mayoría de los políticos y la prensa prostituida. Para estas personas, las opiniones de la mayoría no les trae el más mínimo cuidado. Y ellos son quienes deciden lo que pasa.

La “izquierda” y las Naciones Unidas

El problema con los reformistas de izquierdas es que nunca tienen realmente una posición independiente. Carecen de la ventaja de una clara perspectiva marxista y, por lo tanto, siempre tienden a vacilar. Muchos de ellos se oponen honestamente a la guerra, pero realmente no tienen una alternativa a la política de los reformistas de derechas. Incluso los mejores de ellos, como Tony Benn en Gran Bretaña- indudablemente un hombre honesto y valeroso- tienen ilusiones en la ONU.

La política exterior es solamente una continuación de la política doméstica. Los dirigentes obreros reformistas (incluyendo los reformistas de izquierdas) creen que es posible reconciliar los irreconciliables intereses de clase. Creen en la armonía del trabajo asalariado y el capital, y que el león descansará junto a la gacela. Imploran la colaboración de clases (“en base al interés nacional”) en casa ¿Cómo pueden entonces mantener una posición diferente sobre los asuntos internacionales?

De la misma manera que los reformistas creen fervientemente en la posibilidad de alcanzar la paz social por medio de su mediación entre las clases, que permitiría al sistema capitalista existir eternamente, pero sin el feo rostro de la explotación, así creen que el presente sistema mundial del imperialismo puede ser más aceptable por medio de la mediación internacional. De esta manera los imperialistas podrían ser persuadidos para que sean razonables y paren de saquear a pequeños y débiles países, para reducir sus beneficios a través de mecanismos inteligentes como la Tasa Tobin, que alimenten al hambriento y vistan al desnudo. Al león se le enseñará a comer lechugas en lugar de carne fresca. Y este gran milagro será llevado a la práctica a través de las Naciones Unidas, que ellos ven como la encarnación de un Gobierno Mundial, poniendo las bases para la paz y prosperidad del mundo ¡Y todo ello sin tocar un pelo de la cabeza del imperialismo mundial!

Antes del inicio de las hostilidades, las atenciones pacifistas estaban completamente absorbidas por “drama” que se estaba desenvolviendo en el Consejo de Seguridad de la ONU. Ellos creían, de verdad, que las “Naciones Unidas” podían garantizar la paz mundial ¡Fíjense bien! ¿Acaso no está escrito en la Carta de las Naciones Unidas? La ingenuidad de estos Amigos de las Naciones Unidas es un espectáculo verdaderamente extraordinario. Sin embargo, de qué manera los representantes de los gángsteres capitalistas del mundo podrían de alguna manera ser transformados en los campeones de la paz y el progreso es imposible de comprender. Si tal milagro se consiguiera, los intentos de los alquimistas por convertir el plomo en oro quedarían reducidos a un juego de chicos.

¡Ay! Pero al final, todo el jaleo y los trapicheos del Consejo de Seguridad no condujeron a nada. No impidieron y no pudieron impedir la guerra. Todo lo que consiguieron fue desviar la atención del mundo de la preparación y acumulación sistemáticas de tropas en el Golfo, y demostrar al mundo entero la futilidad e hipocresía de las Naciones (des)Unidas. Por supuesto, la guerra no sólo no se ha detenido sino que la misma ONU no ha tenido el valor de aprobar una resolución denunciándola como ilegal. En su lugar, hacen discursos hipócritas sobre “ayuda humanitaria”- después que los imperialistas británicos y norteamericanos han bombardeado y destruido las infraestructura de Irak hasta reducirla a la Edad de Piedra. Y así incluso, nuestros amigos pacifistas y reformistas continúan apelando a la ONU para “parar la guerra”.

En la medida que el “Movimiento de la Paz” se basó en una premisa falsa (nuestros gobiernos “democráticos” nos escucharán) se quebró y paralizó cuando dichos gobiernos no le prestaron la más mínima atención. Como resultado, muchos cayeron en un estado de pasividad. La impotencia del pacifismo fue expuesta completamente al comienzo de la guerra. Especialmente en Gran Bretaña, los Liberales sigilosamente se distanciaron de los opositores a la guerra y se reconciliaron con ella. Y muchos de aquellos “izquierdistas” que se habían opuesto a la guerra también se volvieron invisibles. Clare Short, después de haber realizado una sonora crítica a Blair y de amenazar con dimitir si Gran Bretaña iba a la guerra sin la bendición de la ONU, al final decidió que su carrera ministerial era lo primero.

Recientemente, otra pacifista de “izquierdas”, Mo Mowlam, escribió un artículo en el que explicaba que, aunque ella estaba contra la guerra, ésta había comenzado igual, y que lo que ahora se necesitaba era proseguirla más vigorosamente con el fin de que terminara lo más pronto posible. Estas personas son hombres y mujeres de principios, de ahí que su lema sea: “Correcto, si no te gustan mis principios, los cambiaré”.

Estos ejemplos revelan gráficamente las limitaciones del reformismo de izquierdas, que en último análisis siempre tiende a capitular ante el ala de derechas. Pero los izquierdistas, bajo la presión de la base, inevitablemente se moverán a una oposición abierta al ala de derechas en el futuro. Atraerán el apoyo de los trabajadores y jóvenes que se moverán hacia la izquierda. Nuestra actitud hacia ellos deberá ser de apoyo crítico: ante cualquier paso que den hacia delante y enfrenten al ala de derechas del movimiento obrero, los apoyaremos y urgiremos a que vayan más allá. Ante cualquier paso que den hacia atrás los haremos objeto de una crítica implacable. Esta es la mejor manera de estimular la formación de una oposición de izquierdas, mientras que la fertilizamos con las ideas del marxismo.

La confusión de los anarquistas

Entre la pequeña burguesía existe un ala izquierda. El ala de izquierda del liberalismo se denomina anarquismo. Son los que más ruidosamente demandan que “hay que hacer algo” para “parar la guerra”. Y en la medida que los gobiernos no quieren escuchar al movimiento de masas, debemos aplicar tácticas que los fuercen a escuchar. Estas tácticas son de todos los colores y tamaños, desde vómitos colectivos (¡para mostrar nuestro disgusto!) hasta incendiar autos en las salas de exposiciones de la marca Ford (¡un serio golpe contra el imperialismo norteamericano!). Y en la medida que la ingenuidad humana es infinita, existen mil y una posibilidades de otras formas posibles de este tipo de “acción directa”.

En el ala de “izquierdas” de la pequeña burguesía vemos un desconcertante surtido de ideas y tendencias, desde los pretenciosos galimatías pseudo-intelectuales de la escuela de Toni Negri, al confuso radicalismo pequeñoburgués de grupos como Attac y otros que se esfuerzan en combinar elementos del anarquismo con la marca confusa del reformismo. En los países subdesarrollados tenemos la venenosa influencia de las llamadas ONG’s, que son esencialmente agencias del imperialismo diseñadas para comprar y corromper a antiguos izquierdistas y desviar el movimiento de masas de los trabajadores y campesinos hacia “seguros” proyectos reformistas que no representan una amenaza para el capitalismo y el imperialismo.

Todas estas tendencias son, por supuesto, hostiles al marxismo. No juegan ningún rol progresivo, sino que solamente sirven para confundir al movimiento. Su odio hacia el marxismo no es accidental. Una cabeza confusa siempre odia a una persona con ideas claras. Pero la actual situación demanda ideas claras y formulaciones precisas. La confusión y la vacilación , incluso cuando está acompañada de la “acción directa”, no añade nada a un programa. Quienes introducen la confusión en el movimiento juegan un rol reaccionario, impidiendo al movimiento que se desarrolla hacia la izquierda entre los trabajadores y la juventud sacar todas las conclusiones necesarias y la adopción de una consistente posición revolucionaria.

No comprenden que la única manera de impedir la guerra es acabando con al capitalismo. Esto es un reflejo de toda su perspectiva del mundo, que es fundamentalmente conservadora y anti-revolucionaria. Detrás de la demanda por “soluciones inmediatas” y “hacer algo práctico contra la guerra” descansa la idea de que podemos alcanzar nuestros objetivos básicos sin abolir el capitalismo. Esta es una idea bastante adecuada al espíritu del más cobarde reformismo. Es por esto que todas estas personas evitan la cuestión de el Estado, como el Diablo evita el agua bendita. Una ruptura revolucionaria con el capitalismo no entra en sus perspectivas en absoluto. La naturaleza de clases de la sociedad y de la guerra es un libro cerrado para ellos.

Los marxistas nos oponemos implacablemente a esta guerra criminal. Pero nuestra oposición está dictada por consideraciones revolucionarias. Surge de un punto de vista de clase y está basada en la convicción de que el capitalismo es la causa fundamental de las guerras en la época presente y que, consecuentemente, la lucha contra la guerra es únicamente una frase vacía a menos que se la vincule a la lucha contra el imperialismo y el capitalismo a una escala mundial.

Nuestras consignas y tácticas están determinadas en última instancia por nuestros objetivos generales. Debemos tomar en cuenta constantemente el contenido de clase de la guerra y sus causas fundamentales, sin lo cual una verdadera lucha contra la guerra es imposible. No debemos desviarnos por las presiones del ambiente de la pequeñaburguesía pacifista y anarquista que predomina en el movimiento “por la Paz”, y que creen que la guerra es una especie de locura o error humano que puede ser impedida mediante esta táctica o aquélla.

A pesar de la apariencia superficial de radicalismo, este tipo de “acción directa” no sirve para hacer avanzar el movimiento anti-guerra ni un centímetro. Por el contrario, tiene un efecto negativo, dando a los medios masivos de comunicación la excusa para presentar el movimiento anti-guerra como un revuelto de anarquistas locos, vándalos y elementos antisociales. Estas tácticas no expresan la fortaleza del movimiento, sino su debilidad e impotencia. No suponen un nuevo avance después de las manifestaciones de masas que ya hemos visto, sino un gran paso atrás.

¡Contra el terrorismo individual!

Incluso más negativo sería la aparición de actos de terrorismo individual. Esta es, lamentablemente, una posibilidad diferente. Las escenas diarias de caos y violencia en Irak, la masacre de niños y mujeres por las tropas imperialistas, está produciendo una rabia e indignación comprensible en capas muy amplias de la juventud en los diferentes países. Esto puede fácilmente dar pie al surgimiento de un deseo de venganza que se puede expresar en una cierta etapa en actos terroristas. El incendio de autos de residentes norteamericanos en Italia es una advertencia.

Sobre esta cuestión debemos expresarnos con la más absoluta claridad: los actos de terrorismo individual son extremadamente dañinos para el movimiento anti-guerra. Éstos no detendrán la guerra sino que solamente suministrarán al Estado la excusa conveniente para reprimir más duramente el movimiento anti-guerra e introducir más leyes anti-democráticas que en el futuro serán usadas contra la clase trabajadora y el movimiento obrero.

Es nuestro deber elemental iniciar, apoyar y estimular todas y cada una de las protestas contra el imperialismo. Naturalmente apoyaremos las formas más combativas de protestas de masas, pero no las proezas de un puñado de “héroes” que intentan sustituir a las masas. No estamos interesados en acciones o proezas “simbólicas”. Estamos interesados en combatir al verdadero enemigo, no sus símbolos y espejismos. Nuestro objetivo es implicar en cada etapa a las masas, y tendremos éxito solamente cuando el movimiento adquiera el más amplio carácter de masas. Las acciones que separan y repelen a las masas deben ser fuertemente desestimuladas. El lugar para las proezas y los juegos es el circo no el movimiento anti-guerra, que es un asunto serio y debe ser tratado de manera seria.

La responsabilidad de la existencia de un ambiente ultra-izquierdista, anarquista e incluso terrorista entre sectores de la juventud recae enteramente en los llamados dirigentes obreros que desacreditaron al movimiento obrero por capitular ante el capitalismo y el imperialismo. Más aún, es responsabilidad de aquellos “izquierdistas” que fracasaron en suministrar una conducción seria al movimiento anti-guerra, y que son incapaces de ofrecer a la juventud una perspectiva genuinamente combativa y socialista. Como Lenin señaló, el ultraizquierdismo es el precio que el movimiento tiene que pagar por culpa del oportunismo.

Debemos ser siempre flexibles sobre cuestiones de táctica. Es bastante natural que, en ausencia de una partido marxista revolucionario de masas, muchos jóvenes se inclinen al ultraizquierdismo y al anarquismo. No deberíamos alejarnos de estos jóvenes sino establecer contacto con ellos, participar en la lucha común con ellos e intentar elevar su nivel de comprensión de la verdadera naturaleza de la guerra y la manera correcta de luchar contra ella. En un momento dado, seremos capaces de separar los mejores elementos de los aventureros y payasos pequeñoburgueses. Pero la primera regla es implicarse.

Para resumir, apoyaremos cada acción de masas que haga avanzar al movimiento hacia adelante, pero no apoyaremos los actos que tiendan a desorientar, dividir y confundir al movimiento. Apoyaremos las iniciativas combativas de la juventud que impliquen acciones de masas para bloquear rutas, puertos o aeropuertos en protesta contra la guerra. También explicaremos a los activistas que tales acciones , por sí mismas, no detendrán la guerra, pero juegan un rol positivo en movilizar a la juventud en la protesta anti-guerra y en educarles en la verdadera naturaleza del Estado como órgano represivo del poder.

Un buen ejemplo de esto es la campaña de los "Ship-spotters" en Bélgica, organizada por los marxistas belgas (del periódico Vonk). Ellos estuvieron movilizando a la juventud alrededor del tema del transporte militar hacia el Golfo desde Bélgica, en particular a través del Puerto de Amberes. Una demanda central de su campaña fue que los sindicatos debían organizar el bloqueo del transporte de los equipos militares destinados a la guerra de Irak, y ahora está comenzando a tener un eco entre los trabajadores. Los pilotos marítimos del puerto de Amberes y su sindicato ya han decidido bloquear los barcos de EEUU que transporten armamento para el Golfo. Esta es una verdadera acción concreta que puede en estos momentos tener un efecto en el progreso de la guerra, y es un ejemplo de cómo se puede elevar el nivel de comprensión y las tareas que se necesitan llevar a cabo por medio de la intervención sistemática de los marxistas en el movimiento antiguerra.

Nosotros llamamos a bloquear (boicotear) todos los cargamentos y equipos militares que se envíen hacia el Golfo. No hay que permitir que se usen los puertos, trenes y camiones para los esfuerzos de la guerra. Los sindicatos de los trabajadores portuarios, de los ferroviarios, de los camioneros deben llamar a la aplicación de un boicot sistemático contra estos cargamentos y transportes. Ya hemos tenido indicaciones (en Gran Bretaña, Austria, Italia, Bélgica y otros países) de que los trabajadores están preparados para aplicar estos métodos. Lo que se necesita es una dirección por parte de las conducciones sindicales para generalizar y hacer oficiales tales acciones.

Esta es la mejor manera de evitar el desarrollo de peligrosas tendencias entre capas desesperadas de la juventud. Si éstas fueran capaces de ver que es posible movilizar al movimiento obrero comprenderán la inutilidad de cualquier tipo de acción que tienda a la llamada “acción directa” individual. De aquí que debamos oponernos implacablemente a cualquier tendencia que vaya en la dirección del terrorismo individual, que solamente puede socavar y destruir el movimiento. Esto plantea un serio peligro, especialmente en la medida que, sin la más mínima duda, las fuerzas de seguridad del Estado habrán infiltrado sus agentes en el movimiento anti-guerra con el objetivo de fabricar provocaciones. Éstos se mezclarán con los provocadores y los idiotas ultraizquierdistas que sistemáticamente intentan activar confrontaciones con la policía. El propósito de esto es dar a la policía una excusa para golpear duramente y arrestar a la gente, mientras que al mismo tiempo desacreditan al movimiento de masas. Los actos terroristas, en los que los agentes del Estado están frecuentemente implicados, pueden jugar solamente un rol reaccionario y contraproducente.

Los marxistas rusos siempre desplegaron una lucha implacable contra los defensores del terrorismo individual, a quienes correctamente definieron como “liberales con una bomba”. La característica común de todas estas tendencias pequeñoburguesas es su completa falta de confianza en las masas. Esto es tan justo como verdadero en la medida que los terroristas actúan a espaldas de las masas, mientras que siempre pretenden hablar en su nombre, lo mismo que los parlamentarios liberales que se consideran a sí mismos como “hombres del pueblo” aunque el rol del pueblo se reduzca a introducir una papeleta con sus nombres en una urna cada cuatro o cinco años.

Por el contrario, los marxistas toman parte activa en el movimiento del proletariado. La tarea de la emancipación de la clase obrera es una tarea de los trabajadores mismos. No necesitamos la ayuda de “salvadores” y “héroes”, vengan de los liberales o de su variedad terrorista.

Qué es lo que defendemos

Nuestro objetivo es estimular aquellas acciones de masas que tengan un genuino contenido anti-imperialista, y hacer todo lo que esté en nuestras manos para dar una dirección anticapitalista al movimiento antiguerra. Esto significa vincularlo firmemente con el movimiento de los trabajadores organizados, y especialmente con los sindicatos, los delegados sindicales en las empresas, y también con los partidos de masas de la clase obrera. La mejor manera de suministrar al movimiento antiguerra un cuchillo cortante es asegurar que las manifestaciones se vinculen con las huelgas de la clase obrera contra la guerra. ¡Esto sí que golpeará a los capitalistas donde más les duele!

Nuestra política y consignas están determinadas en primer lugar por nuestra actitud hacia la guerra. Esta es una monstruosa guerra imperialista contra un país pobre y débil de Oriente Medio. Sus objetivos están dictados por la codicia saqueadora de los imperialistas, y en el deseo del imperialismo EEUU de demostrar su inmenso poder. Sus objetivos son aplastar Irak como un primer paso en su campaña de dominar todo el Oriente Medio y apropiarse de su vasta riqueza petrolífera. En ultimo análisis, es una guerra por la dominación de todo el mundo.

Está claro que todo trabajador consciente y toda persona honesta y progresiva deben participar activamente en la lucha contra el imperialismo EEUU- la fuerza más contrarrevolucionaria del planeta. Debemos oponernos a la guerra contra el pueblo irakí con todas nuestras fuerzas. Pero debemos hacerlo de manera que, tomando en cuenta el nivel específico de conciencia de las masas de los trabajadores y la juventud en nuestro propio país, nos esforcemos por elevar el nivel de conciencia que demanda la historia.

Debemos apoyar la justa lucha del pueblo irakí en su guerra de liberación nacional. Exigimos la inmediata retirada de todas las tropas extranjeras del suelo irak ¡Que sea el pueblo irakí quien determine su propio futuro sin ninguna interferencia exterior!

¿De qué modo podemos ayudar al pueblo irakí? Ciertos ultraizquierdistas, que han leído unas cuantas líneas de Lenin y no comprendieron una sola palabra, proponen consignas que suenan muy radicales pero que, miradas más de cerca, no revelan sino un contenido vacío. Así recordamos, en la pasada guerra de Afganistán, la demanda de uno de tales grupos por “un frente único militar” con los Talibanes. Estaban tan encantados por haber descubierto una consigna tan maravillosa que se asemejaban a un niño con zapatos nuevos. No se daban cuenta de que esta consigna estaba completamente vacía de contenido real y fue meramente un ejercicio de demagogia.

Un frente único, en el sentido que le dio Lenin, es siempre un frente único para la acción. Pero entonces deberíamos preguntar a los que propusieron esa consigna: ¿en qué consistía precisamente ese ”frente único militar”? ¿Cuántas armas enviaron ellos a Kabul? ¿En cuántas batallas participaron? ¿Cuántos de sus seguidores participaron como voluntarios en los combates junto a sus “aliados” Talibanes? Ninguna respuesta se nos suministró. Esto es lógico, en la medida que la consigna del llamado frente único militar no tenía significancia militar alguna. La palabra “militar” fue solamente añadida para cubrir el hecho de que ellos abogaban por la defensa del reaccionario régimen de los Talibanes, en la errónea creencia de que esta era la política del defensismo revolucionario de Lenin. De cualquier modo, la consigna sonaba bastante revolucionaria.

Esta clase de radicalismo terminológico no tiene nada en común con la política y el método de Lenin y Trotsky. La manera correcta de apoyar al pueblo irakí no es jugando con palabras sino poniendo en la práctica una consistente política anti-imperialista de tal manera que pueda encontrar un eco entre los trabajadores de EEUU y Gran Bretaña para conseguir que se opongan a la guerra y fuercen la retirada de las tropas. Esto requiere un movimiento de masas en casa de tal intensidad que los imperialistas norteamericanos y británicos- y sus aliados españoles, italianos y australianos- se vean obligados a cambiar sus planes.

La auténtica democracia significa socialismo

La clase obrera debe combatir contra la guerra y el imperialismo, pero debe hacerlo bajo su propia bandera, y con su propio programa, consignas y política. Podemos entrar en acciones conjuntas con los sectores más combativos de la pequeñaburguesía, pero la primera condición para la acción unida es: ¡no mezclar las banderas y los programas! ¡Marchar separados y golpear juntos!
Bajo ninguna circunstancia podemos acordar con abandonar nuestro programa socialista sobre la base de que eso pueda atemorizar a las clases medias. Si alguien se siente aterrorizado con la idea de que la guerra, el imperialismo y los grandes monopolios se encuentran inextricablemente unidos entonces esta persona no servirá de gran utilidad, e inevitablemente desertará y traicionará el movimiento anti-guerra cuando las cosas comiencen a ponerse un poco calientes- si es que no lo ha hecho ya. Tales amigos serán los menos confiables y los más inestables aliados. Si debemos colaborar con ellos, deberíamos siempre asegurarnos de mantener un ojo en el enemigo, mientras que mantenemos el otro firmemente fijado sobre nuestro “aliado”, que nos puede dejar en la estacada en cualquier momento.

Lo que se necesita es poner por delante un programa transicional de demandas que sea capaz de encontrar un eco en los oídos de los trabajadores de los países imperialistas. Para conseguir esto, las frases ultraizquierdistas no serán suficientes. Es necesario tomar en cuenta el verdadero nivel de conciencia. Debemos comenzar por defender las conquistas sociales, económicas y políticas de la clase obrera, porque quienquiera que no sea capaz de defender el terreno ya conquistado nunca será capaz de dirigir a la clase obrera a la conquistas final del poder.

Los marxistas no somos indiferentes ante la democracia, y combatimos hasta las últimas consecuencias por defender todos los derechos democráticos que ahora están amenazados por los imperialistas. Los que más gritan ruidosamente a favor de la democracia son siempre los primeros en introducir leyes reaccionarias que restringen los derechos democráticos de la población en tiempos de guerra con la excusa de la situación de “emergencia nacional”. Los trabajadores deben luchar contra cualquier intento de limitar o abolir los derechos democráticos. ¡Por el derecho de huelga y manifestación! ¡Ninguna restricción a la libertad de expresión! ¡No a la persecución de aquellos periodistas valerosos que se atreven a desafiar la censura militar y a contar la verdad sobre esta guerra criminal!

Mientras que conducen una implacable lucha contra la guerra, los marxistas de aquellos países que enviaron soldados a la guerra deberían intentar poner de su lado a los soldados y sus familias. La naturaleza injusta y reaccionaria de esta guerra quedará cada vez más clara para ellos también. Ya se dio el caso de tres soldados británicos que rehusaron combatir y fueron devueltos a Gran Bretaña para ser sometidos a un consejo de guerra. Habrá más casos como éste. Los reaccionarios los acusarán de traicionar el “apoyo a nuestros muchachos” . Nuestra respuesta debe ser que la mejor manera de apoyar a nuestros muchachos es traerlos de vuelta a casa.

La actual guerra y la amenaza de la crisis económica mundial tienen serias implicaciones para los trabajadores de todos los países. La clase capitalista intentará usar la guerra para llevar a cabo todo tipo de nuevos recortes y ataques a las condiciones de vida de la clase obrera y de la clase media. Nuestra posición es la de rechazar tajantemente estos ataques ¡Los trabajadores y sus familias no tienen por qué soportar el costo de esta guerra! ¡Que la paguen los ricos!

Mientras los políticos se lamentan de que no hay dinero para hospitales, escuelas, pensiones y vivienda, están muy ocupados llenando sus bolsillos a costa del pueblo. Para los patronos, la guerra es una época excelente para enriquecerse. Las grandes compañías de armamento están haciendo fabulosos negocios con la guerra, con el dinero que debería ser usado para las necesidades básicas de la población.

Nosotros demandamos la confiscación de los beneficios de los grandes fabricantes de armas, y la nacionalización de las industrias de armamento ¡Pongamos fin al saqueo de la nación a manos de un puñado de ricachones chupasangres! Y no solamente de los fabricantes de armas. Incluso antes de que el primer tiro fuera disparado se anunció que se concedieron 800 millones de dólares a las grandes empresas constructoras norteamericanas para la reconstrucción del Irak de post-guerra. ¡Enormes beneficios hacen por igual el grupo de capitalistas que destruye los edificios y el otro grupo de capitalistas que los reconstruirá! Es por este sucio negociado que miles de irakíes y cientos de soldados norteamericanos y británicos están sacrificando sus vidas.

Pero ya que hemos llegado a este punto, demandemos también la nacionalización de los bancos y las grandes corporaciones cuya codicia rapaz es la causa y la raíz de todas las guerras. Ellos predican el patriotismo y el “interés nacional” mientras que al mismo tiempo cierran las fábricas como si fueran cajas de fósforos y lanzan a miles de personas fuera del trabajo, para aumentar sus márgenes de beneficios. Lo que se necesita es un armonioso plan socialista de producción, basado en la nacionalización de los bancos y los grandes monopolios bajo el control y la gestión democráticas de los trabajadores.

La consigna de la huelga general

Ya explicamos nuestra actitud hacia esta consigna. La huelga general es una consigna muy importante. Pero es necesario comprender que puede haber diferentes tipos de huelga general. Una huelga general indefinida plantea la cuestión del poder. Lanza un desafío a la cara de la clase dominante. La cuestión que se plantea abiertamente es: ¿Quién es el amo de la casa: ustedes o nosotros? La huelga general indefinida por lo tanto representa un asunto extremadamente importante en la lucha de clases.

Usualmente termina en la más grande de las victorias o en la más terrible de las derrotas. Aunque representa un acto revolucionario, la huelga general en sí y por sí misma no puede resolver la cuestión del poder. Para eso es necesaria la transferencia del poder a la clase obrera. Una huelga general puede crear las condiciones necesarias para la toma del poder, pero si esto no ocurre, la huelga general conducirá a una severa derrota.

No hay nada mágico en una huelga general indefinida, como los anarcosindicalistas solían imaginar. En sí y por sí misma no resuelve nada. Si los trabajadores no toman el poder, entonces los patronos simplemente esperan hasta que la huelga general se extinga por agotamiento. Ellos siempre está preparados para aguantar, pero los trabajadores y sus familias no pueden hacerlo. Al final, los patronos se tomarán su venganza por el pánico que sufrieron. La situación de los trabajadores sería incluso peor que antes.

Es por lo tanto una irresponsabilidad jugar con la consigna de la huelga general. Únicamente debería ser usada cuando las condiciones hayan madurado para permitirnos plantear la cuestión del poder. En cambio, es necesario usar una consigna diferente. La consigna apropiada en el momento actual es por una huelga general de 24 horas. Esto sería un paso adelante mayor de lo que se ha alcanzado hasta ahora. En algunos países se han producido paros de 10 ó 15 minutos, convocados por los dirigentes sindicales sometidos a la presión de abajo. En Grecia hubo ya dos huelgas generales de más de 4 horas, y en algunos sectores de la clase obrera la huelga fue de todo el día. Esto demuestra el potencial que existe para un accionar más combativo.
Los marxistas en los sindicatos levantarán esta consigna e intentarán popularizarla en los lugares de trabajo. Es necesario desarrollar una campaña de agitación y propaganda en los sindicatos a favor de una huelga general de 24 horas. Estos debe estar vinculado a la propuesta de una día de acción a nivel nacional e, incluso, internacional contra la guerra. Esto sería bastante posible y representaría un paso adelante para el movimiento. La huelga general de 24 horas debe ser acompañada por otras formas de acción: manifestaciones en la calle y mítines de masas para denunciar la guerra.

Debemos, no obstante, mantenernos en guardia contra el empleo demagógico de las consignas. Es necesario considerar no solamente lo que se dice, sino también quién lo dice y con qué propósito. Ocurre con frecuencia que los burócratas sindicales proponen algún tipo de acción “en toda Europa”, que suena muy radical, pero que, de hecho, es sólo una desviación porque no hacen nada en absoluto para organizarla. Los sindicatos griegos habían convocado una acción de este tipo. Esto refleja dos cosas. Una es la enorme presión desde abajo donde hay un gran descontento con lo que está ocurriendo en Irak. Pero existe también una contradicción aquí. Los dirigentes sindicales están preparados para convocar huelgas generales y manifestaciones contra la guerra, pero no hacen nada en los asuntos que afectan a los trabajadores griegos en temas tales como pensiones, derechos laborales, etc. De aquí que su campaña contra la guerra (aunque tiene una gran aceptación y muestra el potencial para el accionar antiguerra de la clase obrera que hay que apoyar y desarrollar) es al mismo tiempo una covertura para ocultar su debilidad en otros temas. Lo que deberían hacer es combinar demandas propias de los trabajadores griegos junto con demandas contra la guerra.

Hemos visto muchas veces este tipo de cosas. El principal sindicato italiano, la CGIL, tiene una larga historia, por ejemplo, en la convocatoria de huelgas generales de unas pocas horas o incluso de minutos. Después de un tiempo, esto puede convertirse en una rutina. Tiene poco o ningún efecto sobre el gobierno y los empresarios y únicamente sirve para soltar el vapor de la presión social. Si los dirigentes proponen este tipo de acciones, naturalmente haremos todo lo posible para que sea un éxito y darle el carácter más combativo posible. Si los burócratas no tienen la voluntad para organizarla, entonces la organización de la huelga debería ser arrancada de sus manos. En general, en todos los países, la mayoría de los dirigentes sindicales han demostrado una incapacidad para organizar huelgas de una manera seria. Cada trabajador sabe que el éxito de cualquier huelga solo está garantizado mediante la activa participación de las bases. El movimiento debe ser organizado desde abajo.

Como una manera de generalizar el movimiento, debemos proponer la idea de crear “comités de acción”, o “comités de lucha”, que incluyan a trabajadores, jóvenes, desocupados, mujeres e inmigrantes. Las huelgas no deben ser pasivas sino activas, se deben acompañar con manifestaciones de masas de protesta y mítines en los lugares de trabajo.

Debemos hacer un esfuerzo para politizar el movimiento y ampliarlo para incluir demandas que vayan más allá de la paz. La situación ha ido mucho más lejos que esa propia demanda. La gente se preguntará: ¿Qué sentido tiene pedir por la paz ahora? ¿No comenzó ya la guerra? Esta es una pregunta concreta que requiere una respuesta concreta. Los pacifistas no tienen contestación a esto. Pero existe una respuesta muy simple. En la medida que el gobierno de derechas de Berlusconi no va a escuchar la voz del pueblo italiano, debemos exigir que se marche Berlusconi. El hecho es que el gobierno de Berlusconi ya está muy debilitado después de todo un período de movilizaciones masivas de la clase obrera y por lo tanto podría caer fácilmente ¡Abajo el gobierno! ¡exigimos elecciones ya! ¡ El PDS y el PRC deben tomar el poder y llevar a cabo un programa anti-imperialista y anti-capitalista!

Tal programa obtendría una respuesta entusiasta en las masas. Pero la CGIL, el PDS y el PRC no lo plantean. No vinculan el movimiento anti-guerra a la perspectiva de un cambio de régimen, y por loo tanto lo condenan a la impotencia. ¿Pero cómo podemos conseguir nuestras demandas mientras este gobierno reaccionario de los ricos se mantenga en el poder?

En lugar de plantear las consignas que son realmente necesarias, y que realmente podrían empujar el movimiento hacia adelante, la consigna que plantea la dirección del PRC es la de una huelga general europea, que ellos saben muy bien que es difícil, si no imposible de organizar. Es necesario enfrentar los hechos. Organizar una huelga general en un país no es un asunto fácil. Llamar a una huelga general internacional es aún más difícil. Las condiciones son diferentes en cada país, y no es posible activar y desactivar a la clase obrera, como se abre o cierra el agua de una canilla. Esta no es una concepción revolucionaria, sino burocrática. Si la huelga general europea fracasa en su materialización, los dirigentes del PRC se frotarán las manos y dirán a sus bases: “¡Ya vieron! Preparamos la lucha más combativa posible, pero los trabajadores de Europa no respondieron. ¿Qué podemos hacer más? Todo es en vano, así que es mejor no hacer nada más”.

Por supuesto, deberíamos apoyar incluso las iniciativas más pequeñas que realmente ayuden a impulsar hacia adelante el movimiento de masas. Pero es necesario distinguir entre las consignas que realmente lo hacen y la demagogia vacía que solamente confunde a los trabajadores y la juventud. Ciertamente podemos plantear el llamado a una huelga general europea con el fin de agitar por un programa auténticamente combativo. Pero depositar las mínimas ilusiones en la buena voluntad de la burocracia sindical para que haga esto sería un error ¿Podemos usar el hecho de que este llamado lo hacemos para iniciar una discusión en el movimiento sindical sobre qué es lo que hay que hacer? La respuesta a esta cuestión, sin embargo, será un poco diferente en cada país. En el caso de Italia, la necesidad más apremiante no es por una huelga general europea, sino por una de 24 horas, junto con manifestaciones y mítines de masas en cada ciudad, localidad y pueblo demandando la inmediata dimisión del gobierno y nuevas elecciones.

¡Luchar por la transformación de las organizaciones obreras!

En el caso de España y Australia, el programa sería el mismo: huelgas y manifestaciones de masas para exigir elecciones inmediatas, expulsar a los gobiernos burgueses y luchar por un gobierno de los partidos obreros que apliquen una genuina política socialista. Pero aquí vemos el mismo problema: la conducción oficial del movimiento no quiere dar una dirección. En todas partes es lo mismo. Aquellos que deberían dirigir a los trabajadores y la juventud están sujetando sus pies.

En España, donde el sindicato socialista UGT, para honor suyo, ha convocado una huelga general, Comisiones Obreras (CCOO) desgraciadamente rehusó colaborar. Tan degenerados están estos llamados líderes que prefieren la división del movimiento sindical a combatir a los patronos y su gobierno. De hecho, argumentaron que no deberían apoyar la huelga ¡porque dañaría sus excelentes relaciones con los empresarios! ¿Es posible imaginar una traición mayor que ésta?

Afortunadamente, las bases de Comisiones Obreras no aceptaron esta desgraciada capitulación. Muchas federaciones y gremios importantes de CCOO se han rebelado contra la dirección. Es bastante posible que para cuando estas líneas hayan sido publicadas, la dirección se haya visto obligada a cambiar de línea. Pero esto no es suficiente. Es hora de empezar una lucha seria y organizada para echar a aquellos dirigentes sindicales que no están preparados para representar los puntos de vista de los militantes de base. Muchos de ellos han establecido una cómoda relación con los patronos y el Estado. Deben ser removidos de sus cargos y reemplazados por luchadores de clase honestos que no tengan ningún interés salvo el de luchar por la clase obrera.

¡Exigimos la democratización de los sindicatos! ¡Derecho de elección y revocabilidad de todos los dirigentes sindicales!¡ Que ningún empleado del sindicato reciba un salario superior al de los trabajadores a quienes representa! ¡Que se abran todos los libros de contabilidad para la inspección de los miembros del sindicato! ¡Abajo la colaboración de clases! ¡ Por un movimiento sindical combativo! ¡Que los sindicatos vuelvan a ser organizaciones de combate de la clase!

La misma situación existe en las organizaciones políticas de masas de la clase obrera. Bajo la presión del capitalismo en el ultimo período, cada vez giraron más a la derecha. Los dirigentes de los Partidos Comunistas ya no hablan de Comunismo. Los dirigentes de los Partidos Socialistas ya no hablan de Socialismo. Han aceptado el sistema capitalista y quieren funcionar dentro de él. Pero esto no es posible. En condiciones de crisis capitalista, cuando estos partidos lleguen al poder tendrán que enfrentar una brutal alternativa: o representan los intereses de la gente que los eligió y arrancan el poder económico de las manos de los banqueros, terratenientes y capitalistas, o traicionan a los trabajadores y las clases medias y se convierten en las herramientas de los grandes capitalistas en casa y del imperialismo en el exterior. No existen “terceras vías”.

La experiencia de Gran Bretaña no es una excepción. Blair es solamente una expresión particularmente cruda de la tendencia general de los partidos reformistas de masas que se convirtieron en los administradores del Capital. Esto no es nuevo. Pero bajo condiciones de crisis capitalista, los Socialdemócratas no pueden siquiera dar lo que ellos dieron en el pasado. En lugar de reformas ellos están llevando a cabo contra-reformas. La crisis del capitalismo también significa la crisis del reformismo.

La crisis actual está preparando el terreno para una explosión de la lucha de clases en todas partes. Habrá una aguda polarización entre las clases. Más pronto o más tarde esto se debe reflejar al interior de las organizaciones de masas- no solamente en los sindicatos sino también en los partidos reformistas de masas. En una cierta etapa veremos la formación de alas de izquierda de masas, de reformistas de izquierda o incluso de carácter centrista (es decir, una tendencia que oscila entre el reformismo de izquierda y el marxismo). El ala marxista debe participar en la oposición de izquierda como sus elementos más radicales y consistentes. Únicamente de esta manera podemos ganar el oído de los trabajadores y jóvenes que se estén moviendo hacia la izquierda.

En Gran Bretaña podemos ver ya el esbozo de este proceso en los comienzos de una transformación de los sindicatos. En una conferencia sindical tras otra las antiguas direcciones reformistas de derechas están siendo reemplazadas por los candidatos de izquierda. Y lo que ocurre en los sindicatos hoy se repetirá mañana en el Partido Laborista. Los días de Blair están contados. La oposición a esta dirección dentro del partido no desapareció, y emergerá con fuerza redoblada en el próximo período. Al final, el ala Blairista será vomitada fuera del partido. La escena estará preparada para el establecimiento de un ala izquierda en el Partido Laborista, en la que la tendencia marxista ganará terreno rápidamente.

Procesos similares se desenvolverán en todas partes, con mayor o menor velocidad. La marcha de los acontecimientos se está acelerando. La guerra misma, a pesar de su carácter monstruosamente reaccionario y bárbaro (o, precisamente, a causa de ello) está despertando a millones de personas a la vida política. Las masas no aprenden de los libros sino de la experiencia, y especialmente de los grandes acontecimientos. Y la guerra siempre fue el acontecimiento más cataclísmico. Pero las masas no pueden sacar inmediatamente conclusiones revolucionarias. Invariablemente buscarán la línea de menor resistencia. Serán atraídas por las grandes organizaciones con nombres bien conocidos. Esa es la explicación de por qué siempre en primer lugar buscan expresarse a través de las organizaciones tradicionales de masas que existen. Solamente un ciego no podría ver esto.

¡Construyamos la tendencia marxista internacional!

En 1938 León Trotsky declaró que la crisis de la humanidad se puede reducir a la crisis de la dirección del proletariado. Hoy estas palabras son un mil por ciento más verdad que cuando fueron escritas. Trotsky creía que de la 2ª Guerra Mundial saldría una crisis revolucionaria que conduciría a la destrucción de los viejos partidos socialdemócratas y estalinistas. No quedaría piedra sobre piedra de ellos, predijo, y la Cuarta Internacional emergería como la fuerza revolucionaria decisiva en todo el planeta.

La predicción de Trotsky fue falsificada por la historia. El sistema capitalista emergió fortalecido de la 2ª Guerra Mundial, igual que el Estalinismo. Durante todo un período histórico las fuerzas del genuino marxismo permanecieron aisladas. Pero ahora todo un nuevo período histórico se abre antes nosotros. El colapso del estalinismo demostró no ser el fin de la historia sino solamente el preludio de un drama histórico mayor- la crisis mundial del capitalismo. Ahora estamos siendo testigos del primer acto de este drama.

Trotsky se refería a la burguesía diciendo que “se deslizaba hacia el desastre por un tobogán con los ojos cerrados”. ¡Cuán actuales son estas palabras ahora! La estupidez de George W. Bush y su camarilla no es un accidente. La burguesía hace tiempo que dejó de jugar ningún rol progresivo. No son capaces de desarrollar las fuerzas productivas como lo hacían en el pasado. Su sistema condena a todo el planeta al desempleo, el hambre y las guerras sin fin. Bloquean el progreso humano en todos los campos ¿Cómo puede una clase así producir pensadores o estadistas de talento? Lenin dijo: un hombre al borde de un precipicio no razona.

Bush y su camarilla son los representantes de una clase dominante decadente y de un orden social agonizante. No comprenden nada, y se precipitan de un error a otro. Al actuar así, involuntariamente están encendiendo los fuegos de la revolución en todas partes y desatando las fuerzas que los derribarán. De ahí que hasta los reaccionarios conspiran para destruir el sistema que están intentando preservar. Ellos no pueden ayudarse a sí mismos.

Todas las condiciones objetivas están madurando para el derrocamiento revolucionario del capitalismo y la llegada al poder de la clase obrera. Una sola victoria en un país importante transformaría toda la situación a escala mundial de manera mucho más dramática que los diez días que conmovieron al mundo en Noviembre de 1917. Lo que falta es el factor subjetivo: el partido revolucionario y la dirección. La tarea más apremiante es por lo tanto unir las fuerzas revolucionarias a una escala mundial sobre las bases de un genuino programa marxista y leninista.

Este programa es el programa de la tendencia marxista internacional, cuyas ideas se expresan cada día en la web de “En defensa del marxismo” (www.marxist.com). Nuestra tarea es construir la tendencia marxista en cada país tan rápidamente como sea posible. Con tu ayuda tendremos éxito. ¡Este no el momento de permanecer apartado de la lucha! La marea de la historia está fluyendo fuertemente. Está fluyendo en la dirección de la revolución socialista. Todo lo que está vivo y vibrante en la sociedad se moverá en esta dirección ¡Es la hora de unir las fuerzas que están luchando por el futuro socialista de la humanidad!

Londres, 3 de abril del 2003.