¿Cómo avanzar en la lucha contra el capitalismo? Imprimir
Escrito por Rob Lyon (In Defence of Marxism)   
Martes 03 de Febrero de 2004 00:00
Haití celebró el 200º aniversario de su independencia el 1 de enero de 2004. Como dijo el pasado mes el embajador de EEUU en Haití, la independencia de Haití es "un acontecimiento que continúa resonando hoy como un símbolo de victoria sobre la opresión". No cabe duda de que es así. El embajador continuó diciendo que "es lamentable observar el deplorable estado de los derechos humanos en Haití". Lo que el buen embajador no mencionó fue el papel que el gobierno estadounidense, en particular su embajad embajada, ha jugado en el desarrollo de este deplorable estado de los derechos humanos en Haití.

HAITÍ


Haití celebró el 200º aniversario de su independencia el 1 de enero de 2004. Como dijo el pasado mes el embajador de EEUU en Haití, la independencia de Haití es "un acontecimiento que continúa resonando hoy como un símbolo de victoria sobre la opresión". No cabe duda de que es así. El embajador continuó diciendo que "es lamentable observar el deplorable estado de los derechos humanos en Haití". Lo que el buen embajador no mencionó fue el papel que el gobierno estadounidense, en particular su embajada, ha jugado en el desarrollo de este deplorable estado de los derechos humanos en Haití.

Imperialismo

La historia de Haití es la de una lucha larga y prolongada contra el imperialismo. A fines del siglo XVII la isla fue dividida en dos colonias: Saint Domingue, que ahora es Haití, en el oeste, que era una colonia francesa, y Santo Domingo en el este, lo que ahora es la República Dominicana, que en aquella época era una colonia española.
Saint Domingue se convirtió en una colonia muy lucrativa durante los siglos XVII y XVIII. La población nativa fue diezmada durante la conquista europea del siglo XVII y Saint Domingue llegó a ser muy rentable gracias a las plantaciones y al tráfico de esclavos. En 1790 esclavos huidos y negros liberados formaron una gran organización y comenzaron a presentar resistencia a sus amos coloniales. Heroicamente, bajo la dirección de héroes como Toussaint L"Overture, estos revolucionarios derrotaron a los ejércitos coloniales de Francia, España y Gran Bretaña, y así el 1 de enero de 1804, Haití se convirtió en la primera nación negra independiente y en el primer país del hemisferio occidental que abolió la esclavitud.
Obviamente los estados imperialistas europeos y EEUU vieron a este nuevo país como una amenaza directa a su sistema, además les preocupaba la posible reacción de los esclavos en sus propios países y en otras colonias ante ese país negro independiente. Por eso intentaron hacer todo lo posible para debilitar a la pequeña nación isleña.
Francia envió tropas en 1825 y exigió 125 millones de francos en compensación por la "propiedad perdida". Haití no podía presentar una verdadera resistencia y finalmente tuvo que pagar, en realidad no pudo pagar de inmediato y se vio inundado de deudas. El presidente de EEUU, Thomas Jefferson, impuso sanciones que seguirían vigentes hasta 1862. Durante todo lo que quedó del siglo XIX Haití fue un estado sitiado y durante ese siglo sufrió repetidamente la invasión de potencias europeas.

El dominio creciente de EEUU

Con el siglo XX, en especial después de la guerra de 1898 entre EEUU y España, EEUU se convertiría en el poder imperialista dominante en América Latina y el Caribe. Aunque Haití formalmente era un país independiente, en realidad era un satélite de EEUU. La burguesía de Haití había entrado demasiado tarde en la escena histórica y fue incapaz de desarrollar el país siguiendo líneas burguesas clásicas, no pudiendo competir con las principales potencias imperialistas, es decir, Gran Bretaña, Francia y EEUU.
El imperialismo estadounidense se dio cuenta de que su dominio en América Latina era crucial para su estrategia de dominación mundial de los mercados y el comercio. EEUU invadió la isla en 1915 y gobernó el país a través de una brutal dictadura militar durante diecinueve años. EEUU ayudó al mantenimiento en el poder de un régimen títere y controló implacablemente los recursos de Haití tal como hizo con Cuba. Los campesinos haitianos fueron utilizados como mano de obra forzosa para construir caminos desde las plantaciones y refinerías azucareras hasta los puertos.
En 1934 la oposición haitiana a la ocupación estadounidense se convirtió en un movimiento de masas y EEUU tuvo que retirar sus fuerzas militares, aunque dejó tras ellas una gran cantidad de civiles haitianos entrenados por el ejército estadounidense, permitiendo así que las empresas estadounidenses dominaran despiadadamente el país.

La guerra fría

En 1957 Francois "Papa Doc" Duvalier llegó al poder con un programa populista basado en una retórica de poder negro. Clamando contra la clase gobernante, en su mayoría con un color de piel más claro, consiguió establecer una despiadada dictadura militar. Como presidente, igual que Batista en Cuba, protegió los intereses del imperialismo estadounidense y consiguió mantener bajo control a la población local utilizando tácticas terroristas. Duvalier incluso creó los "Tonton Macoutes", una mezcolanza de individuos que formaban un órgano de policía secreta que en realidad funcionaba como una pandilla pro-fascista de matones civiles, utilizada para intimidar y asesinar a los oponentes políticos. Duvalier demostraba claramente la naturaleza corrupta de la naciente burguesía de los países coloniales y ex coloniales. La burguesía en estos países dependía por completo de las inversiones y de los sobornos de las potencias imperialistas, era incapaz de resolver las tareas básicas de las revoluciones burguesa y nacional que en aquella época estallaron en todo el mundo colonial.
Duvalier demostró ser un aliado útil de EEUU. Defendió los intereses de las empresas estadounidenses y después de la Revolución Cubana, se convirtió en un sólido "anticomunista" y aliado contra Castro. Después de que EEUU perdiera sus intereses en Cuba, el azúcar y otros recursos de Haití adquirieron aún más importancia en la región.
Los haitianos no consiguieron nada provechoso en todo este proceso. Los salarios continuaron siendo extremadamente bajos para conseguir atraer a las empresas e inversiones estadounidenses, además negaron la entrada en EEUU a los haitianos, especialmente a aquellos que huían de la persecución política y de la violencia estatal. En realidad EEUU aplicó una política de repatriación forzosa de los refugiados haitianos, lo que para ellos constituía prácticamente una sentencia de muerte.
Al llegar los años ochenta se había desarrollado un movimiento de masas conocido como "Lavalas" (que en criollo haitiano significa ola o inundación). En esta época estaba en el poder el hijo de Duvalier: Jean-Claude "Baby Doc" Duvalier. Éste tuvo que huir en 1986, fue recogido por un avión militar estadounidense que lo llevó a Francia (quizá EEUU continuaba imponiendo su política de no permitir que refugiados políticos de Haití entraran al país).
En 1990 un sacerdote influenciado por la "teología de la liberación", Jean-Bertrand Aristide, fue elegido presidente tras una victoria abrumadora basada en un programa de reformas sociales importantes. Aunque al ganar ya no era clérigo, era muy popular entre la población por sus discursos políticos desde el púlpito y sus relaciones "especiales", que supuestamente era una línea directa de comunicación tanto con Dios como con "su" pueblo. Durante un tiempo Aristide consiguió tener un éxito moderado. Combatió narcotráfico, hasta el punto de disminuir el tráfico de drogas en las calles, logró controlar el saqueo del erario público y la corrupción en general, además de conseguir reducir en un 20% la burocrair la burocracia estatal heredada de la dictadura. Puede que no haya sido un genuino programa socialista, pero fue suficiente para provocar un golpe de estado sólo siete meses después de su llegada al poder.
Poco después del golpe aproximadamente 38.000 haitianos pidieron asilo en EEUU. Este país incluso endureció su antigua política de inmigración con los haitianos, permitiendo que menos del 5% de estos buscadores de asilo ingresaran en el país.

Cambio de la política exterior estadounidense

Cuando Bill Clinton llegó a la presidencia de EEUU, se había producido un marcado cambio en la política exterior de las potencias imperialistas. Durante la Guerra Fría los poderes occidentales aceptaban cualquier aliado disponible, pero generalmente les era más fácil controlar a los países y a sus gobernantes si había una dictadura militar. Pero a fines de los años ochenta esa posición se había convertido en algo insostenible. Muchos antiguos aliados, como Sadam Husein o Manuel Noriega, empezaron a pensar por cuenta propia. Comenzaron a causar problemas a las potencias occidentales y provocaron una sangría financiera. Debido a las revoluciones en Europa del Este y al aparente triunfo de la "democracia", además de las ilusiones que la población tanto en casa como en el extranjero tenía al respecto, junto con el hecho de que muchos antiguos aliados dictadores del imperialismo como Suharto finalmente fueron derrocados, EEUU y sus socios ya no podían permitirse continuar apoyando y reforzando a dictaduras brutales. Como resultado durante un tiempo pareció que EEUU se orientaba hacia una posición de apoyo a "democracias" frágiles, que les darían el respiro y el barniz necesario para llevar cabo una política más útil y poder continuar con sus aventuras imperialistas.
Por este motivo la administración Clinton lanzó en 1994 la "Operación Restaurar la Democracia", que en realidad era otra invasión estadounidense de Haití. Nos dijeron que se trataba de una intervención "humanitaria" para restablecer la democracia. Pero EEUU se hallaba en una posición incómoda. Siempre había sido hostil a Aristide y aunque era realmente la única persona con la que podían contar, también sabían que no podían contar necesariamente con él para siempre. Así que mientras enviaban públicamente a sus tropas para restaurar la presidencia de Aristide, la CIA apoyaba al mismo tiempo a las bandas paramilitares que habían sido utilizadas contra la población durante los años posteriores al golpe.
Durante la ocupación de EEUU se reprimió a las organizaciones obreras y campesinas, financiaron y ayudaron a los antiguos cabecillas del golpe y a los miembros del antiguo régimen de Duvalier.
EEUU restituyó a Aristide en el poder con la condición de que abandonara su retórica, las reformas propuestas y que se alineara con los intereses de EEUU, aceptando además las políticas y condiciones del FMI y Banco Mundial.
Aristide, al tratarse de un reformista, por supuesto aceptó las débiles condiciones del acuerdo, vendiendo Haití, los obreros y campesinos ("su" pueblo) a los intereses del imperialismo estadounidense. Aristide terminó los dos años que le restaban de mandato y se fue, esta era la primera transferencia pacífica de poder en la historia Haití. En una historia de doscientos años, veintiún dirigentes de Haití fueron derrocados y sólo ocho completaron su mandato.

La oposición

En el año 2000, para gran horror del imperialismo estadounidense, Aristide se presentó nuevamente a las elecciones presidenciales con un programa que incluía clínicas rurales, campañas de alfabetización, más obras públicas y reforma agraria. El pueblo de Haití vio en Aristide y su gobierno un camino para salir de la aplastante pobreza del país, Haití es el país más pobre del hemisferio occidental. Los haitianos tienen una esperanza de vida de sólo 53 años y es el país no africano con mayor proporción de infectados por VIH/SIDA. Se calcula que un 80% del país vive bajo el umbral de pobreza. Debido a estas condiciones y a sus promesas de resolver algunos de estos problemas, volvió a ganar las elecciones con una victoria arrolladora. El gobierno de EEUU se puso radicalmente en contra, llegando a imponer un embargo económico, sobre todo porque los sucesores escogidos por EEUU habían caído derrotados por los "Fanmi Lavalas" de Aristide. Este último reaccionó con críticas al "neoliberalismo" y a la política de EEUU lo que le granjeó muchos enemigos en Washington.
Aristide no ha hecho gran cosa para cumplir su programa. En realidad hizo todo lo contrario. Viaja con sus propios matones armados y propugna zonas de exportación con bajos salarios y ausencia de sindicatos, a lo largo de la frontera con la República Dominicana. Son centros de trabajo en condiciones de extrema explotación para los haitianos.
Bajo la administración Bush volvemos a ver un giro en la política exterior estadounidense. Ante las crecientes contradicciones de la economía mundial y la consecuente lucha feroz por los mercados entre las potencias imperialistas, el imperialismo estadounidense no acepta ceder su liderazgo a ningún país del mundo, por no hablar de su propio patio trasero. Desesperado EEUU hará cualquier cosa para frenar a estos países y a sus dirigentes, ya sea mediante una acción militar abierta como en los casos de Afganistán e Iraq, o con operaciones clandestinas dirigidas a provocar golpes de estado, como en el caso de Venezuela y ahora Haití.
Desde que subió al poder en 2000 Aristide se ha enfrentado a una oposición muy agresiva que ahora ha culminado en varias huelgas, manifestaciones y enfrentamientos callejeros. Desde septiembre de 2003 han muerto 47 personas y más de 100 han resultado heridas en enfrentamientos entre la oposición y los partidarios del gobierno. La oposición se concentra en la Asociación de Industrias de Haití (ADIH), la Cámara de Comercio e Industria de Haití (CCIH), así como en Convergencia Democrática, financiada por EEUU. Estas organizaciones convocaron una huelga general y manifestaciones contra el gobierno el 3 y 4 de diciembre de 2003. En medio de una situación en la que se pueden ver algunas similitudes con Venezuela, la oposición esperaba que miles de personas secundarían la huelga y se manifestarían por todo el país. En realidad, la huelga general fue un fracaso total porque sólo algunas grandes tiendas, gasolineras y bancos cerraron sus puertas. La contramanifestación fue aproximadamente el doble de la que se celebró con la convocatoria de huelga general.
Estos acontecimientos han encontrado poco reflejo en los medios occidentales. Lo único que dicen es que se está formando una especie de movimiento "democrático" para expulsar a un odiado dictador. Pero sucede mucho más de lo que a los voceros del imperialismo les gusta informar. Por ejemplo Washington ha cambiado la ubicación de tropas y otorgado una masiva ayuda militar a la República Dominicana. Esto es correctamente interpretado en Haití como la preparación de una nueva intervención militar de EEUU. No es seguro que esto vaya a suceder pero dependiendo de como se desarrollen los acontecimientos, el imperialismo estadounidense puede que considere necesaria una invasión.
Los medios de comunicación pretenden que el gobierno está reprimiendo violentamente a la oposición (lo que es verdad), pero es una información parcial. Los propietarios de los comercios que formaban parte de la oposición atacaron a aquellos que no cerraron sus negocios durante la huelga general a principios de diciembre. El Partido Nacional Popular, un agrupamiento "radical" de izquierda que anteriormente había adoptado una posición bastante crítica respecto a Aristide, ha salido en su defensa y advierte a los haitianos contra la "coalición de Tonton macoute-burguesa", agregando que "una serie de organizaciones se han involucrado con políticos Macoute y soldados dominicanos para provocar pequeños incidentes y que Bush tenga una excusa para enviar a los marines estadounidenses a humillar al pueblo haitiano. Es un gran complot de antiguos oficiales del ejército haitiano mezclados con macoutes y políticos oportunistas de la Convergencia (Democrática), con el apoyo de ciertos medios reaccionarios, para poder regresar al poder". (Citado en Haiti Progres, Nº 39, 11-17 de diciembre) Como demuestran estas citas la llamada Convergencia Democrática no parece ser tan democrática.
Durante la campaña de la oposición ha habido ataques de comandos armados contra medios de comunicación y comisarías, que parecen provenir de la República Dominicana. El gobierno también ha atacado recientemente a medios de comunicación de la oposición. Han aumentado los secuestros y los asesinatos políticos por ambas partes. El gobierno se vio oligado a iniciar controles más estrictos de las manifestaciones. La policía ha atacado bases de la guerrilla y comandos antigubernamentales. La situación se está descontrolando rápidamente, es lo que busca EEUU y así tener una excusa para invadir el país o iniciar un golpe.

Tácticas alborotadoras

Con el aumento de los precios del petróleo durante los últimos años, junto con una caída general del valor de la divisa haitiana, hemos presenciado las tácticas clásicas para crear problemas. El año pasado hubo una huelga de transportistas, combinada con un cierre de escuelas, bancos y grandes empresas. Varios sindicatos reaccionarios como el CTH, el COH y el SOS transporte, pidieron a la oposición y a la burguesía que "mostraran su solidaridad con el movimiento sindical haitiano cerrando sus empresas comerciales, industriales y de servicios". Sólo un sindicato de transportistas, la Federación de Transportistas Públicos Haitianos (FTHP) no apoyó la convocatoria de huelga de principios del año pasado. Prefirieron reunirse con el ministro de comercio y acordar precios fijos para varias rutas de transporte. Junto a estas tácticas, EEUU no deja de mencionar que Haití es un importante punto de reunión de los contrabandistas de drogas colombianos y los medios de comunicación occidentales llaman constantemente a Aristide "el Mugabe del Caribe", con esto intentan preparar a la población para otra invasión militar.
Recientemente han aparecido nuevos sindicatos combativos e independientes. En uno de estos casos, los trabajadores de una plantación de naranjos propiedad de la compañía de licores francesa, Marnier-Lapostolle, lucharon con éxito para conseguir mejores salarios y condiciones laborales. Este es el comienzo de una nueva dirección en la lucha de clases de los trabajadores haitianos y muestra el camino a seguir. Otro grupo semejante es Batay Ouvriye, que ha comenzado a organizar sindicatos independientes. Las masas haitianas no deben confiar en ninguna de las dos caras de la burguesía, ni en Aristide ni en la oposición. El primer movimiento sindical haitiano se desarrolló en los años cuarenta y cincuenta, pero fue aplastado por el reinado de la familia Duvalier. La clase trabajadora en Haití y sus organizaciones se han visto diezmadas no sólo por la dictadura, también por las sanciones impuestas por los imperialistas amparados en la cobertura de la ONU. Según el Centro Internacional por los Derechos Sindicales sólo existen aproximadamente 100.000 puestos de trabajo regulares, remunerados, en un país con ocho millones de habitantes.
Los precios del combustible se han duplicado en los últimos ocho años en el país más pobre del hemisferio occidental, esta situación si que es dramática. Durante los últimos años el gobierno haitiano prácticamente ha vaciado el tesoro público subvencionando los precios del combustible. Llegó un momento en que el tesoro público sólo disponía de 50 millones de dólares. Los distribuidores de combustible y las compañías proveedoras de gas, han estado acaparando gasolina y desarrollando el mercado negro, provocando el consiguiente caos. La Asociación Nacional de Distribuidores de Productos de Petróleo culpaba al gobierno, mientras que ellos acaparaban combustible. Esta organización, formada por multinacionales como Shell y Exxon, ha ganado millones vendiendo gasolina en Haití y quieren que las cosas continúen de la misma forma. El aumento de los precios del combustible ha provocado la subida del precio de los alimentos. El gobierno se encuentra en una situación bastante difícil.
El gobierno haitiano necesita desesperadamente ayuda externa e inversiones. En realidad han concedido al país 500 millones de dólares, pero para cobrarlos el gobierno debe eliminar los subsidios al combustible. Si el gobierno hace esto habrá una explosión de masas porque la mayoría de la población no está en condiciones de pagar el precio del combustible. El gobierno también debe declarar una moratoria para los cerca de 5 millones de dólares mensuales que debe pagar en concepto de deuda a EEUU.
Un 40% de la población haitiana tiene menos de 18 años. Los estudiantes se han visto muy afectados por la crisis. Por esa razón están a la vanguardia del movimiento de masas que se ha intensificado después de la disolución del parlamento. Los medios de comunicación citaron a un estudiante que dijo: "no tenemos futuro, no tenemos miedo."
La salida a la situación de Haití no está clara. Aristide podría ser derrocado por la oposición y/o EEUU podría invadir el país, o bien podría continuar en el poder durante un tiempo. Actualmente EEUU está apoyando la idea de una conferencia de obispos con la idea de suspender el parlamento y sustituirlo por un pequeño comité que represente a todas las partes del conflicto. Esto podría ser una salida y dar a EEUU, y a sus intereses, un punto de apoyo en el poder estatal. La crisis parece estar llegando a su punto culminante. En cualquiera de los casos, en líneas burguesas o reformistas no habrá una solución a los problemas que enfrenta la isla. El ejemplo de los recientes acontecimientos en Venezuela podría ser de ayuda para mostrar un camino adelante, aunque sea por poco tiempo. Como en Venezuela, las manifestaciones y huelgas de la oposición exigiendo un retorno a la "democracia" representan en realidad a las fuerzas del imperialismo y la dictadura, y en ambos casos se han enfrentado con manifestaciones aún mayores de los seguidores del gobierno y los trabajadores. Pero lo que hace falta es una organización independiente de masas de los trabajadores que sea capaz de mostrar verdaderamente el camino hacia adelante, impulsando una genuina revolución socialista. Los trabajadores y campesinos de Haití no pueden confiar o basarse ni en el gobierno ni en la oposición, sino sólo en sí mismos.
La lucha de los trabajadores, campesinos y estudiantes pobres de Haití está justificada, pero deben tener cuidado con no ilusionarse con la llamada "oposición democrática" o la "Convergencia Democrática", que sólo los hará regresar a una dictadura aún más brutal, como la de Duvalier, y que en realidad estaría dirigida por los mismos odiados personajes que ya fueran derrocados por los haitianos. Los haitianos no tienen ya ilusiones con Aristide que ha perdido su atractivo como reformista populista y que ahora se ha convertido en un corrupto dictador. Los trabajadores y campesinos de Haití sólo pueden confiar en ellos mismos para solucionar los problemas a los que se enfrentan. Deben avanzar y tomar el poder, plantear un programa socialista que comience con la nacionalización bajo control de los trabajadores de todas las principales industrias y centros de producción, como único medio para sacar al país de su aplastante pobreza y miseria, vinculándose con una federación voluntaria de estados socialistas del Caribe y América Latina. Ese es el único camino.

23 de enero de 2004