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Salvador Allende y el golpe militar del 11 de Septiembre PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Armando González   
Martes 15 de Septiembre de 2015 01:42
Salvador-Allende2-e1347450174296El 11 de septiembre se cumplieron 42 años del golpe contrarrevolucionario orquestado por la CIA y dirigido por las fuerzas militares chilenas en contra de la determinación del pueblo por avanzar al socialismo. Un duro golpe en contra del gobierno de Unidad Popular que concluyó con la caída del gobierno de Salvador Allende, el ascenso de Augusto Pinochet y la dictadura militar, la eliminación de las conquistas populares, el asesinato y desaparición de miles de obreros y campesinos, la expansión del desempleo y el hambre de las masas, la entrega de la industria y el campo a los grandes monopolios y la sumisión del pueblo a los mandatos de Estados Unidos. 
 
Salvador Allende fue el candidato presidencial de la Unidad Popular, la alianza entre el partido Socialista y el Partido Comunista Chilenos, en tres ocasiones: 1958, 1964 y 1970. En las elecciones de 1958 fue derrotado por el candidato de derecha, Jorge Alessandri quien llevó una política de austeridad que cayó sobre los hombros del proletariado, lo cual provocó una radicalización del movimiento obrero que se vio traducida en el incremento de huelgas durante su período de mandato. En 1964 Allende enfrentó en las elecciones al candidato de la Democracia Cristiana, Eduardo Frei Montalva, fiel defensor de los intereses de la oligarquía, quien finalmente logró ascender al poder gracias al apoyo en las urnas de la pequeña burguesía y el campesinado rico; sin embargo, el gobierno de Frei no pudo llevar la reforma agraria hasta sus últimas consecuencias, además fue incapaz de cumplir sus promesas de nacionalización de la banca y las principales empresas que se encontraban en manos de inversionistas extranjeros, sobre todo, de Estados Unidos.
 
Finalmente, en 1970 la coalición de Unidad Popular (UP), a la cual se sumaron algunos partidos pequeño burgueses (MAPU, API, SDS y Partido Radical), logró derrotar a los candidatos de los dos partidos de la derecha: el Partido Nacional de Alessandri y Democracia Cristiana (DC) de Tomic. Pese a haber obtenido el triunfo en las elecciones presidenciales, Unidad Popular no logró obtener la mayoría absoluta de los votos, dicha situación fue utilizada por Democracia Cristiana para imponer condiciones al gobierno de Salvador Allende. En lugar de movilizar a las masas de trabajadores que estaban hartas de la política de DC para defender el programa de UP y el gobierno democráticamente electo, los dirigentes estalinistas optaron por aceptar las reglas impuestas por la derecha, entre ellas, la prohibición de milicias populares al margen del ejército formal, lo cual dejó a la clase trabajadora desarmada ante el aparato represivo de la burguesía.
 
La alianza de la Unidad Popular se debatió, desde su creación hasta sus años en el gobierno, entre el carácter socialista y el carácter democrático-burgués de la revolución chilena. Es cierto que Allende creía firmemente en que la transformación socialista de la sociedad era posible a partir del parlamentarismo burgués, no obstante, los principales dirigentes estalinistas del Partido Comunista y del Partido Socialista ni siquiera contemplaban la lucha por el socialismo como una prioridad. Sin embargo, las masas no se mantuvieron pasivas y desde el inicio del gobierno de UP comenzaron a movilizarse para exigir el cumplimiento del programa de campaña: reforma agraria, apoyos económicos, incrementos salariales y de pensiones y nacionalización de la industria textil, del cobre, carbón, minas, etc. La respuesta de la oligarquía del campo y de la industria fue comenzar a agruparse para resistir los avances del gobierno popular, comenzaron a abandonar los latifundios y desmantelar las fábricas al tiempo que formaban pequeños grupos armados y contrataban matones a su servicio.
 
Bajo la amenaza de la reacción de los grandes latifundistas, los pequeños campesinos pobres comenzaron a organizarse en torno a los Consejos Campesinos, mediante esta herramienta de lucha buscaban enfrentar a las bandas fascistas de “Patria y Libertad”, quienes sembraban el terror en el campo y la ciudad sin recibir escarmiento Calguno. En los Consejos campesinos no existía una línea política homogénea, de hecho existía una lucha permanente entre los partidarios de DC y de UP por la dirección de los mismos, ante esta situación, la respuesta de los dirigentes de UP fue: ¡Abandonar a los Consejos Campesinos! dejándolos en manos de la nefasta política democristiana. Nuevamente el gobierno de Unidad Popular le dio la espalda a las masas para enfrentar a la contrarrevolución.  
 
Pese a todo, el gobierno popular dio grandes pasos en el reparto agrario, además, varias empresas, textiles, mineras y del cobre, fueron nacionalizadas. Allende contaba con gran apoyo entre los trabajadores y los campesinos y la clase dominante estaba desmoralizada y desconfiaba acerca de sus próximos pasos, las condiciones para dar un golpe definitivo estaban dadas. Sin embargo, el gobierno de UP no solamente fue incapaz de aplastar a la burguesía, además invitaron a militares, a representantes de Democracia Cristiana y del Partido Nacional a formar parte del gobierno so pretexto de alcanzar acuerdos para implementar su política. Obviamente la participación de la derecha en el poder fue un freno para el avance del programa de Allende.
 
La respuesta de la burguesía fue el boicot a la economía, para lo cual contó con el incondicional apoyo del imperialismo estadounidense. Como ha sucedido históricamente cada vez que algún país latinoamericano se organiza en contra de la clase dominante (Cuba desde los 60s y Venezuela en la actualidad, entre otros), la respuesta de Estados Unidos ha sido la intervención y el sabotaje de los gobiernos democráticamente electos. El gobierno de Washington eliminó de tajo toda la ayuda económica e inició un boicot al cobre chileno. Para la oligarquía norteamericana la libertad y la democracia significan sumisión y explotación de las economías atrasadas a sus intereses, que los países latinoamericanos permitan la explotación de sus recursos naturales y mano de obra a un bajo costo, que la política local obedezca sus mandatos y que la democracia se quede en los salones de discusión; todo aquel gobierno o individuo que luche en contra del saqueo y la opresión puede ser catalogado como terrorista, dictador o tirano.
 
Ante las medidas populares tomadas por el gobierno, la inflación y el boicot de la economía, se comenzó a formar entre la casta militar la idea de asestar un golpe de estado en contra del gobierno de UP, golpe que finalmente es puesto en marcha en Septiembre de 1973. Pese a que las masas estaban dispuestas a luchar hasta las últimas consecuencias por la defensa del gobierno popular, Salvador Allende llamó a los obreros a regresar a las fábricas y abandonar las armas, de tal manera, el Golpe Militar de Augusto Pinochet fue llevado a cabo prácticamente sin romper un solo vidrio. Muchos dirigentes de UP justificaron su falta de agallas diciendo que al evadir el enfrentamiento con el ejército evitaron un baño de sangre, una guerra civil, desafortunadamente, el resultado de la dictadura militar fue todo lo contrario: asesinato de activistas, y desaparición de obreros y campesinos combativos por miles.
 
El fracaso de la revolución chilena y la caída del gobierno de Unidad Popular demostró una vez más que para dirigir a la clase obrera hacia el triunfo, hacia la toma del poder y la dictadura del proletariado, no es suficiente llegar al gobierno por medio de la democracia burguesa. Para conquistar el poder y consolidar al estado obrero es necesario contar con un programa revolucionario firmemente cimentado en las ideas del auténtico marxismo, con una dirección revolucionaria que sea contundente en los momentos decisivos de la lucha, que combata al viejo aparato burgués y que extermine la propiedad privada y los privilegios de las minorías acaudaladas, tal y como lo hicieron los Bolcheviques en la revolución Rusa de 1917. 
 
El capitalismo no puede ser reformado, tiene que ser derrocado, eliminado y desterrado al basurero de la historia y la reacción debe ser derrotada con el apoyo del movimiento de masas, utilizar la democracia burguesa para acabar con el capitalismo es como pedirle a un soldado que se suicide con su propio fusil. Para evitar un nuevo 11 de septiembre en Chile y en cualquier otra parte del mundo es necesario contar con el partido revolucionario que esté dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias por la lucha de emancipación de la clase trabajadora. 
 
"Sabemos que la socialdemocracia se considera el doctor democrático del capitalismo. Nosotros, los comunistas, somos sus enterradores revolucionarios” (León Trotsky).
 

Fecha: 

11 de septiembre de 2015