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Las enigmáticas estructuras megalíticas de Göbekli Tepe, las más antiguas del mundo PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por David García Colín   
Lunes 25 de Marzo de 2013 21:50

 Las increíbles estructuras arquitectónicas de Göbekli-Tepe, al sudeste de Turquía, son las construcciones megalíticas más antiguas conocidas hasta ahora. Se trata de pilares de piedra caliza –que podrían llegar hasta 200- de hasta 5,5 metros de altura y hasta 400 toneladas de peso, organizados en forma de T y circunscritos por otros pilares en unos 20 círculos. Su antigüedad se remonta hasta hace más de 11 mil años. No se sabe a ciencia cierta si se trata de un templo, un cementerio, un observatorio o un centro habitacional; aunque la interpretación más usual es que se trata de un centro ceremonial.

Su descubrimiento reciente (se empezó a excavar en 1994 pero no fue sino a inicios de este siglo que se descubrieron las magnitudes del hallazgo) ha significado un acontecimiento de gran relevancia arqueológica porque no se creía que las sociedades del neolítico temprano –más cazadoras recolectoras que agricultoras- fueran capaces de crear este tipo de estructuras tan sofisticadas, que requieren de una población numerosa y coordinada. Evidentemente todo tipo de hipótesis se han presentado para tratar de explicar esta impresionante construcción. La teoría de Marx, nos parece, puede arrojar mucha luz al respecto.

Haciendo a un lado las estupideces esotéricas sobre alguna influencia extraterrestre o de que se trata del Edén Bíblico, desde el mundo académico se han lanzado afirmaciones aventuradas, por decir lo menos: el director original de la excavación Klaus Schmidt, por ejemplo, afirmó que Göbeki demuestra que el verdadero motor del sedentarismo fue la religión, habría que revolucionar totalmente nuestras ideas sobre el origen de la civilización pues Göbekli-Tepe precede a la construcción de las pirámides de Egipto unos 7 mil años; un profesor de la Universidad de Harvard, Ofer Ben-Yosef, llegó a afirmar que no le sorprendería que se encontraran evidencias de esclavitud en la que, suponen algunos, fue una sociedad eminentemente cazadora recolectora.

Estas hipótesis nos plantean más preguntas que respuestas: si la construcción de las grandes pirámides de Giza fue posible sin mano de obra esclava ¿porqué las relativamente modesta estructuras de Turquía habrían de necesitar la esclavitud? Parece que algunos profesores están urgidos de demostrar que la explotación del hombre por el hombre es eterna. Las comparaciones exageradas entre Göbeki y las pirámides de Egipto, por otra parte, están tan descontextualizadas como equiparar como iguales al cigoto con el recién nacido. Göbekli Tepe–cuya extensión es de unos 90,000 metros cuadrados- no tiene las dimensiones de ninguna ciudad antigua -por ejemplo la Uruk de Mesopotamia, una de las primeras ciudades, tenía una extensión de unos 4,5 kilómetros cuadrados- ni presenta evidencias de cantidad y densidad poblacional equivalente al de las primeras civilizaciones –es decir grandes ciudades, miles de habitantes, gran densidad poblacional, gran estratificación social y existencia del Estado-. Por otra parte, con respecto a la tesis idealista de Schmidt, los animales y figuras esculpidos en relieve, los cuerpos humanos estilizados con taparrabo que miran hacia adentro de los círculos, como presidiendo alguna ceremonia, las figuras de mujeres, parecen expresar una sociedad cuyo mundo espiritual está determinado por lo que se conoce como pensamiento mágico, animismo o totemismo: la creencia de que la naturaleza está viva y dotada de un espíritu con el que está emparentada la tribu o aldea, al que la comunidad puede acudir por medio de rituales colectivos precedidos por chamanes. Las sociedades que viven en bandas y aldeas presentan variaciones concretas sobre el mismo tema. La interpretación de Göbekli como centro ceremonial es sostenida por el profesor Schmidt, probablemente esté en lo cierto, pero cabe preguntarse ¿porqué la efusión mágico-religiosa de otros pueblos prehistóricos no se manifestó en la construcción de estructuras megalíticas parecidas a las de Göbekli? Si el motor del sedentarismo y el megalitismo es la religión ¿porque los espirituales Kun San del Kalahari no han construido nada parecido? La hipótesis de Schmidt nos describe quizá correctamente el mundo espiritual de los constructores de Göbekli pero no explica cómo y porqué se construyó, se supone esto era lo que se quería explicar. La respuesta no puede estar, entonces, en las creencias chamánicas, en sí mismas, sino en las condiciones y relaciones materiales, tanto técnicas como ambientales, que les permitieron construir dichas estructuras y que explican, inclusive, su mundo espiritual. Exploremos algunas hipótesis basadas en lo que conocemos de la forma de vida y producción de las sociedades que viven en bandas y aldeas a la luz de la metodología marxista de interpretación.

Para comprender estas estructuras megalíticas en su contexto hay que señalar que se ubican en la zona cultural y geográfica –conocida como el creciente fértil- donde hace unos 12 mil años se domesticó por primera vez a los antecesores de nuestro trigo moderno; de hecho estudios genéticos ubican a los ancestros silvestres de este cereal a unos 30 kilómetros de Göbekli. Lo que estos descubrimientos nos obligan a considerar, más que comparaciones sin pies ni cabeza, es la rapidez con la que la revolución neolítica transformó radicalmente la estructura social para posibilitar un grado de coordinación social nunca antes presenciado. Nos obligan a considerar que el surgimiento de cierta estratificación social y sus manifestaciones culturales aparecieron casi al mismo tiempo que la domesticación de los primeros cereales, el cambio revolucionario más radical hasta ese momento.

Existen alrededor del mundo estructuras megalíticas con sorprendentes parecidos a Göbekli, en Inglaterra (Stonehenge) y el norte de Europa. Los centros circulares de madera de los Cherokees también son extraordinariamente parecidos. Las sociedades que en otras partes y contextos han construido este tipo de estructuras parecen estar organizadas en jefaturas: sociedades en las que diversas bandas y aldeas se alían, bajo la dirección de un jefe, para la redistribución de sus excedentes –posibilitados por la agricultura y domesticación de animales-, redistribución en la que el jefe de la tribu funge como organizador de la producción y promotor de la concentración del tributo o despensa común; este excedente se concentra en lugares especiales –en ocasiones en estructuras circulares como las de Göbekli- y se consume en grandes banquetes y fiestas ritualizadas. Los rituales expresan lazos de parentesco simbolizados con tótems y animales ancestrales. Los jefes suelen gozar de ciertos privilegios pero estos carecen de estabilidad, aún no se consolidan en reyes –mucho menos existen esclavos-, el papel de los jefes es más de gran redistribuidor y donador, en el marco de una producción comunal, que el de concentrador de riqueza. La alianza entre las aldeas que participan en la producción de excedentes –mismos que se concentran como despensa común- suele estar acompañada de la construcción de otro tipo de obras públicas que son consideradas simbólicamente y socialmente relevantes: centros ceremoniales, tumbas colectivas, tótems de madera y roca, observatorios lunares o solares. El excedente de producción y el crecimiento de la población permiten una mejor organización de trabajo, así como la concentración y coordinación de cientos de individuos para la construcción de estructuras megalíticas. Las jefaturas redistributivas son la base de las futuras civilizaciones tributarias como la mesopotámica, egipcia o inca, pero aún no se identifican con éstas. Así podemos explicar, en términos generales, manifestaciones culturales aparentemente enigmáticas que van desde la Líneas de Nasca y las Cabezas Olmecas hasta los Gigantes de Pascua.

Göbekli, con todo y su precocidad única hasta ahora, no es un emplazamiento aislado en la zona del creciente fértil; los yacimientos cercanos de Nevali Cöri, que se encuentran anegados debajo de una presa, son muy parecidos y casi contemporáneos. La bíblica Ciudad de Jerico –en realidad un poblado neolítico- es apenas unos cientos de años más reciente que Göbeki por lo que para entender a ésta la existencia de una sociedad de jefatura parece ser lo más coherente.

Se había afirmado que no se habían encontrado evidencias contundentes de agricultura en Göbekli –apenas se ha escavado un pequeño porcentaje del yacimiento- pero recientemente se han hallado pequeños molinos y hoces de sílex por lo que evidencias de agricultura empiezan a aparecer, podemos predecir que seguirán apareciendo; es claro que en los tiempos de su construcción en el creciente fértil ya se habían domesticado algunos cereales, su datación se remonta hasta hace unos 12 mil años. Quizá la abundancia de animales salvajes tallados en las piedras (leones, toros, jabalíes, gacelas, asnos, reptiles, arácnidos, insectos y pájaros) prueba que combinaban la caza y recolección con una temprana agricultura; las figuras geométricas talladas en las rocas –normalmente asociadas a sociedades agrarias- quizá sean evidencia de la existencia temprana de la agricultura. Es interesante señalar, adicionalmente, que se observa en los relieves a mujeres –famosas "Venus primitivas"-, lo que muestra, como hemos señalado en otros artículos, la alta consideración que solía tener la mujer en las sociedades prehistóricas.

No puede ser casualidad que, como hemos señalado, a unos 30 kilómetros de Göblekli se ubique lo que parece ser el foco inicial de domesticación de trigo, cientos de años más antiguo que Göbekli. Así la construcción de estas estructuras no debería ser un misterio imposible de descifrar: durante el mesolítico –periodo donde la caza y recolección se focalizó en los antecesores de las primeras plantas y animales domesticados- algunos poblados se volvieron sedentarios con el fin de permanecer cerca de los granos y animales silvestres y almacenar lo recolectado; posteriormente la neolitización posibilito la creación de un excedente de producción que permitió el crecimiento de la población, la realización de ceremonias redistributivas, la alianza entre aldeas y la organización de obras públicas destinadas a fines socialmente relevantes.

Aun suponiendo que los constructores de Göbekli no conocieran la agricultura –hipótesis que, parece, quedará cada vez más desmentida- hay que considerar que existen ejemplos de sociedades cazadoras recolectoras –por ejemplo los Kwakiult de Vancouver- que, en virtud de condiciones ecológicas privilegiadas, de lo que cazan y recolectan, pueden acumular ciertos excedentes y mostrar manifestaciones sociales y culturales (como cierta estratificación social, sedentarismo) que son más comunes en sociedades claramente neolíticas (que conocen la agricultura y ganadería). Además se sabe que ya durante el mesolítico, todavía cuando los poblados eran cazadores recolectores, existieron poblados permanentes –por ejemplo los natufienses de Oriente Medio-, parece ser que la variedad de fauna representada en los megalitos de Göbekli es evidencia de que hace unos 11 mil años el nicho ecológico de esa región era mucho más benigno, quizá esto coadyuvaba a la concentración de excedentes y al sedentarismo; es posible suponer que su construcción obedeció a una combinación de un entorno natural favorable y los comienzos de la domesticación.

Por otra parte el profesor E. B. Banning de la Universidad de Toronto ofrece otra interpretación posible: las estructuras no son un centro ceremonial, como sostiene Schmidt, sino un complejo de viviendas comunales equivalentes a las de las tribus norteamericanas con sus impresionantes postes y tótems. No sabemos si esta interpretación es correcta pero por lo menos parece sensata al tratar de ubicarla en un contexto y periodo determinado y concreto. Incluso -más allá de sus hipótesis de raigambre idealista- Klaus Schmidt considera el emplazamiento como una manifestación del periodo transicional a una sociedad agrícola, además de un centro ceremonial de culto a los ancestros simbolizados por los animales tallados. Así pues en la neolitización está la clave.

Conforme avancen las excavaciones se irán aclarando las lagunas y las dudas, creemos que la interpretación que hemos ofrecido tenderá a ser confirmada. El descubrimiento de estas tempranas estructuras megalíticas demuestra que la revolución neolítica desencadenó un cambio brusco y repentino –posibilitado por la concentración de excedentes- que en un periodo extraordinariamente corto originó fenómenos nunca antes vistos: las primeras muestras de arquitectura, escultura; las primeras evidencias de cierta estratificación y complejidad social. Desde nuestro punto de vista todo lo anterior refuerza la visión marxista de la historia que señala la importancia del desarrollo de las fuerzas productivas en el desarrollo histórico y en la transformación de las relaciones sociales, muestra que en las historia las transformaciones sociales, las revoluciones son bruscas y repentinas, que el desarrollo histórico está lleno de grandes quiebres históricos. La revolución neolítica fue una de las revoluciones más radicales de la historia.