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Territorios y biodiversidad concesionados al gran capital. Sobre cuando todas las criaturas y las plantas en la Tierra se conviertan en propiedad PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Fernando Del Moral   
Viernes 16 de Noviembre de 2018 00:01

capital contra biodiversidad

"Es intolerable que se haya convertido en propiedad, a todas las criaturas, a los peces en el agua, a los pájaros en el aire y a las plantas en la Tierra, pues también toda criatura debe ser libre".Thoman Münzer (1524) Sermón ante los príncipes

"El dinero es el valor general de todas las cosas, constituido en sí mismo; ha despojado por los tanto, de su valor peculiar al mundo entero, tanto al mundo de los hombres como a la naturaleza".Karl Marx (1843) Sobre la cuestión judía

El capitalismo y su dinámica de especulación financiera y concentración parecen estar a punto de superarse -siempre con mayor obscenidad - y  en este caso, ir mucho más lejos y tomar a la diversidad biológica y el recurso genético como un bien más del mercado. A nivel planetario, la Tierra, está incursionando en un período de extinción masiva de especies biológicas. Esta sexta extinción desde el surgimiento de la vida en el planeta-posterior a la formación de las primeras moléculas orgánicas, una suerte de complejo pre-vida- tendría relación directa con la aparición y la radiación del hombre (como sostiene en parte la comunidad científica internacional, habiendo acuñado el concepto del Antropoceno en lo denominativo y descriptivo para la presente era terrestre). Sin embargo, la extinción masiva se encuentra mucho más relacionada con el desarrollo de los medios de producción, y con esto el devenir del capitalismo como modelo político, económico y social con  la consiguiente dispersión global del sistema.

Aunque el advenimiento del capitalismo provocara el desarrollo de las fuerzas de producción y representó un salto cualitativo para la humanidad en desarrollo científico-tecnológico y en mejoras en la calidad de vida de amplias capas de la sociedad; en contraste ha significado también la apropiación privada de los recursos naturales, y con esto ha establecido el monopolio de la producción y distribución de alimentos.  La competitividad del libre mercado, ha provocado sobreproducción de bienes y mayor concentración de los recursos, lo cual ha arrastrado a buena parte de la población humana mundial a condiciones de vida de extrema precariedad y está sometiendo a la biodiversidad a una presión sin precedentes en pos de una necesidad cada vez más marcada de materias primas.

En este marco actual de crisis de extinción masiva de las especies y de ecosistemas afectados por el desarrollo de grandes emprendimientos extractivos de materias primas, es que se ha generado una encendida controversia en la comunidad científica internacional. El organismo internacional para la gestión de la biodiversidad, es la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES, por sus siglas en inglés), y se encuentra envuelta en una serie de intrigas entre al menos dos facciones, acerca de la discusión sobre la valoración económica o la valoración holística –incluyendo aspectos de apreciación ecológica, social y cultural- de las especies. El IPBES ha sido constituido dos décadas después (2012), de que los presidentes de los países capitalistas más desarrollados firmaran la Convención de la ONU sobre la Diversidad Biológica en la célebre Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, Brasil, en 1992. Desde su establecimiento, el IPBES ha tenido una composición mayor de científicos de países desarrollados, y las decisiones se han tomado en este marco de mirada países capitalistas desarrollados, a expensas de las opiniones científicas y de la situación política, económica y social de los países capitalistas emergentes. Un contexto de inequidad y desigualdad, que no escapa a la mirada hegemónica del hemisferio norte impuesta mediante la globalización.

La evaluación del IPBES de la situación actual sobre la pérdida acelerada de plantas y animales en el planeta, corre el serio riesgo de perder legitimidad e influencia política global ante un debate fundacional: ¿cómo se valoriza la diversidad de la Tierra? La lógica mercantilista del mercado, ha encontrado en algunos referentes científicos sus representantes. Sin embargo, ¿qué sucedería ante esta lógica con muchas especies qué no impactarían positivamente en la economía de las sociedades humanas? ¿Puede la biodiversidad ponderarse solo en función de una mirada económica? El cientificismo capitalista llama a tener  sobretodo presente el paradigma económico, pues sostienen que caso contrario sería difícil influenciar a los gobiernos de los diversos países sino se valoriza económicamente la existencia o la extinción de ciertas especies y su impacto en las actividades humanas (p.e., las abejas y su efecto polinizador como beneficio de las actividades agropecuarias o los servicios de los ecosistemas para el desarrollo humano). En este punto es donde la desconfianza se materializa, dado que esta postura mercantilista mucho más defendida por los países más desarrollados, podría debilitar los acuerdos internacionales sobre la regulación de organismos genéticamente modificados o concentrar el conocimiento sobre los beneficios de la biodiversidad en detrimento de los países menos desarrollados, dado el fuerte lobby de mercado y agro-negocios que opera en los primeros. Estas preocupaciones persisten, es por esto que otro segmento de la comunidad científica dentro de IPBES ha comenzado a proponer otro paradigma para la conservación de la biodiversidad; una evaluación que no se base en una lógica de mercado y bien de capital. Sino romper con esa hegemonía y analizar su valor desde un sentido humanista, social, que involucre también el valor cultural, y el arraigo de diversos pueblos con la biota, entre estos los pueblos indígenas. Diría K. Marx con toda razón, “el dinero ha despojado al mundo entero de su peculiar valor, tanto al hombre como a la naturaleza”. 

La búsqueda de consenso parece difícil de alcanzar entre los evaluadores del IPBES, sin embargo está previsto que se publique un informe histórico que la comunidad científica espera que acelere la decisión política a nivel internacional para abordar orgánicamente la alarmante pérdida de diversidad biológica.

La biodiversidad se convierte en propiedad

 La aceleración en la crisis de pérdida de biodiversidad y del acervo genético de numerosas especies, parece haber desatado hacia el interior de los Estados una puja de intereses entre la investigación y la conservación independiente, y el interés corporativo que ejerce presión para constituir una nueva legalidad respecto a la biota. 

El Congreso Nacional de la Argentina, se dispondría a tratar el anteproyecto de Ley de Presupuestos Mínimos para la Preservación y Conservación de la Diversidad Biológica y el Uso Sostenible de sus Componentes. Fundado en el Protocolo de Nagoya (Japón, 2010), celebrado éste, en el marco del Convenio sobre la Diversidad Biológica-entre 157 países firmantes que ratificaron al mismo, entre estos la Argentina-. El ante proyecto de ley como el Protocolo de Nagoya equiparan a la investigación científica con la investigación con fines comerciales. Esta forma de legalidad tan restrictiva para la investigación científica independiente, si podría generar la aparición de nuevas estructuras corporativas con poder de lobby que puedan sortear la burocracia estatal. Y erigirse en los únicos  estamentos facultados para investigar y gestionar todo lo referente a la biodiversidad. Estos modelos de gestores de biodiversidad y especulación financiera, ya se han puesto en marcha en algunos países. Es un modelo que se desarrolla en forma de aseguradoras privadas para la conservación de las especies o ecosistemas con algún grado de amenaza o interés de conservación. Esta  forma legal es muy controversial, pues de esta manera las mismas aseguradoras tienen acceso al manejo exclusivo de los recursos genéticos de las especies. Los teóricos capitalistas como James Mandel, Josh Donland entre otros autores, han sido los ideólogos de este modelo que no solo afectaría la seguridad alimentaria de los pueblos, el acervo cultural arraigado al patrimonio natural; sino que sería el génesis mediante concesión de convertir a  la biodiversidad en propiedad privada.  

El derecho a la alimentación y el acceso al agua, la salud, el acceso a los beneficios de un ambiente saludable y el desarrollo humano en si dependen de la diversidad biológica. En los albores de una extinción masiva de especies, el capitalismo va camino a usurparla y convertir sus bienes y servicios en propiedad, inclusive decidiendo según valoración del mercado el derecho o no a la existencia de numerosas especies. Es tarea de la sociedad civil, de trabajadores, campesinos y estudiantes, resistir al establecimiento de esta nueva legalidad. La investigación y la conservación de la biodiversidad no deben pendular en un complejo de decisiones focalizadas ni en tecnócratas ni en corporaciones. La democracia directa y la participación activa en la toma de decisiones de los trabajadores de la ciudad, el campo y las comunidades indígenas, podrá asegurar el desarrollo sustentable en un marco de respeto y fuerte arraigo hacia la naturaleza.  No permitiendo así, que los recursos bióticos, genéticos y el bienestar humano más intrínseco dependan de la lógica del capital.