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Crisis ecológica y desastres naturales: Argentina a trasmano de la vanguardia biocéntrica PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Fernando Del Moral   
Martes 14 de Abril de 2015 22:20

revolucionverdeCapitalismo y conservación: un combo de especulación financiera

Teóricos liberales como James Mandel, Josh Donland y otros, sostienen radicalmente, lo que el capitalismo y la libertad de mercado le han inferido subyacentemente hasta naturalizarlo a la sociedad civil en las últimas décadas, y esto es, que la conservación del ambiente y la biodiversidad deben ser provechosas económicamente para las corporaciones financieras (e.g., realización de safaris, extractivismo maderero, uso de recursos genéticos, cacería deportiva, turismo étnico, entre otros) de forma tal, que el mercado asegure su uso sostenible –si es económicamente redituable- y protección –en el mejor de los casos-.

O caso contrario, si es el Estado quien esté interesado en la protección ambiental, que asegure la conservación ecosistémica y de la biodiversidad mediante el pago a aseguradoras privadas encargadas de velar por especies o ecosistemas con algún grado de amenaza de extinción. La conservación entonces, tendría un coste alto aunado al freno del desarrollo neoliberal, que si éste costo no es suplido de alguna forma, nada justificaría la protección contra cambios en el uso del suelo, o la remoción de la biodiversidad, dejando éstos tópicos librados de las presiones del mercado y la especulación financiera sobre los territorios. El avance del desarrollo neoliberal y el extractivismo sobre los recursos naturales en países capitalistas emergentes, es una dinámica que no se interrumpe, vorazmente progresa, y el Estado, ya no solo es funcional a ésta penetración corporativista sino que es medularmente vital y grávido para que este proceso no se detenga. Y si cabe un ejemplo, aquí pues, tenemos la crisis ecológica y el agravamiento de los desastres naturales en la Argentina.

Desastres naturales en la Argentina ¿Procesos estocásticos?

Las controversias sobre el cambio climático y el factor humano desde la Revolución Industrial como motor de este proceso están a la orden del día. Está la corriente científica que naturaliza éste proceso basándose en la historia geológica de la Tierra, y tiende sobre el impacto humano en el Planeta una mirada álgidamente minimalista. En la antinomia, el foco está dado en lo que han representado los disturbios ecológicos causados por el hombre-y la sobreproducción capitalista con la presión cada vez mayor sobre la biósfera en pos de materias primas- y su consiguiente consecuencia en el clima. A debida cuenta que masas boscosas o áreas desérticas, mediante el transporte por acción de los vientos, de partículas mineralizadas-fertilizantes- desde éstas últimas, hacia bosques y ríos, conforman un complejo que regula el clima (i.e., las masas boscosas actúan como “esponjas” concentrando vapor de agua en suspensión que se convierte en lluvia, e irrigan napas y diversas fuentes de agua, asimismo dan sostén y permeabilidad al suelo, entre otros procesos-. Ante la primera postura, que a veces intenta naturalizar demasiado el fenómeno climático o inclusive sesgarlo como procesos estocásticos-esto es, procesos eventuales o productos del azar-, hay una certidumbre manifiesta en que el clima está cambiando, y en que a nivel regional, los cambios en la cobertura del suelo y la pérdida de la biodiversidad no pueden verse como un mito cientificista.
En ésta línea, Argentina y el Paraguay se encuentran ante una crisis ecológica de magnitud, con las tasas de deforestación más altas del mundo (superando aún las tasas de las selvas del sudeste asiático), las provincias del norte argentino que concentran el 80 % de la masa boscosa del país se establecen como las mayormente impactadas por el avance de la frontera pecuaria producto del accionar de las transnacionales de los agro-negocios (desde ganadería extensiva a la plantación de monocultivos de algodón, soja y maíz transgénicos). Unidades ecosistémicas afectadas como el Chaco o las selvas de Yungas (en el noroeste argentino), tienen aproximadamente el 50 % de la diversidad biológica reportada para el país- y existe consenso científico sobre la alta probabilidad aún, de la existencia de especies no conocidas por la ciencia en estos ecosistemas, o de otras, que se desconocía su presencia en Argentina, como es el caso del recientemente confirmado oso andino en Salta y Jujuy-.

En tanto, en el sur del país, más de 34.000 hectáreas de bosques andinos-patagónicos fueron consumidas en un incendio sin precedentes históricos en la provincia de Chubut. El avance de las llamas afectó vastas áreas de bosques primarios y maduros (esto es, bosques prístinos y bosques de leñosas en los cuáles alguna vez, se hizo extractivismo maderero pero alcanzaron nuevamente su estructura florística final). Los incendios, cuyo origen se presume intencional responden otra vez, a la concentración de la tierra por parte de las oligarquías provinciales y a la especulación financiera e inmobiliaria, en áreas de alto valor biológico por sus endemismos (especies que son exclusivas de un ecosistema dado, a nivel global) pero sobretodo por su valor paisajístico para las clases acomodadas y el subsiguiente establecimiento de complejos habitacionales e infraestructura exclusiva.

Los impactos a nivel social de la deforestación no son mucho más alentadores, en el norte del país la dinámica de colonización territorial (que no ha menguado desde la Conquista europea), adquiere aristas inadmisibles en este momento político, dado que no se ha detenido con un Gobierno Nacional de matices progresistas, el genocidio de numerosas etnias originarias que se viene gestando desde la campaña de colonización del Gran Chaco y área de influencia (entre finales del 1800 y principios del 1900) y se acentuó durante el auge neoliberal de la década del 90 en el siglo XX. Continúa intensamente, entrado el siglo XXI. Etnias Qom, Avá-guaraníes, Mbyá-guaraníes, Chané, Wichi, Weenhayek, Kollas en el norte, entre otras también de la austral Patagonia, están en los albores de su absorción total por parte de esta dinámica de agro-negocios y colonización, y la desaparición sistémica de sus cosmovisiones, su forma tradicional de vida y su integridad como grupo étnico; en un país, cuya dirigencia burguesa se jacta de su ascendencia inmigrante europea desconociendo el gran caudal de sangre mestiza y aborigen de la población argentina. A decir de la Escuela de Antropología de la Universidad Nacional de Salta, este genocidio silencioso, esta puja por los territorios, el auge de la deforestación extensiva y la expulsión de su territorio ancestral de diversos grupos étnicos debiera considerarse un crimen de lesa humanidad.

Hacia el centro y el litoral argentino, donde el ordenamiento territorial y la conservación de los bosques nativos semiáridos (chaco y espinal) tampoco se han cumplido (violando la Ley de Bosques promulgada en 2007), las tormentas e inundaciones de marzo del 2015 han dejado un saldo de más de 3.000 evacuados. La creciente de los ríos afectó infraestructura vial, acueductos, tendido eléctrico y viviendas particulares. La provincia de Córdoba se vio particularmente afectada por ésta emergencia hídrica, con diques colmatados y niveles pluviométricos (medición de precipitaciones) que superaron ampliamente sus índices históricos. Salta, Tucumán, Catamarca, Santiago del Estero, San Luis, Santa Fé y Entre Ríos fueron otras provincias que también se vieron afectadas por las inundaciones y el colapso de infraestructuras civiles como así también la suspensión de los servicios públicos, la evacuación y pérdida de vidas humanas y de animales domésticos.

La vanguardia biocéntrica: una acentuación desde el socialismo

¿Cómo podría solucionarse entonces, ésta problemática? Aunque el cambio climático es innegable, y el planteamiento de mayores obras de infraestructura hídrica para contener los altos niveles pluviométricos se ha barajado como solución en el mediano plazo. El problema gravita en que la remoción de la cobertura vegetal, induce también a la desregulación del clima a nivel regional, a la pérdida de la capacidad de carga de las cuencas hídricas (esto es, que merma la capacidad de contención hídrica de los ríos) y a que finalmente se acrecienten los procesos de desertificación e impermeabilización del suelo, agravando así, la emergencia climática. Lo cierto es que en el largo plazo, la restauración de los bosques y el ecosistema como un todo, con la reintroducción de fauna silvestre que disperse semillas de leñosas formando parte intrínseca de la dinámica forestal, debiera ser tenida en cuenta como una solución efectiva para que éste sistema no pierda su funcionalidad ecológica de captación y regulación del ciclo del agua. Una mirada hacia los beneficios de la conservación y la restauración, haciendo hincapié en la naturaleza como sujeto de derecho desde una visión biocéntrica, como lo ha hecho la administración del presidente Evo Morales en el Estado Plurinacional de Bolivia, sin dudas es un camino vanguardista en la coyuntura política actual. No obstante estos cambios para que sean ciertos, debieran darse dentro del socialismo y no, en la estructura capitalista. Es en el socialismo por su basamento en un entendimiento científico de la naturaleza (fundado en la filosofía de la dialéctica) y de la dinámica de las masas; donde las discusiones sobre la tenencia y el manejo del territorio pueden ser superadas, y la conservación de la biodiversidad llegase a ser efectiva e irrigue beneficios ambientales para el colectivo social en conjunto.