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La ecología y el medio ambiente bajo el dominio capitalista PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Santiago Elisio   
Martes 12 de Agosto de 2008 09:10
Cuando en un conflicto se ponen en juego los intereses de los capitalistas y el medio ambiente, como en el conflicto por las retenciones a la exportación, donde la sojizacion amenaza con la devastación de suelos y bosques, las grandes campañas mediáticas impulsadas por los medios burgueses ignoran, además de otras problemáticas (como la redistribución de la riqueza) las problemáticas ambientales en beneficio de los intereses de los más poderosos.

El papel secundario que tienen los reclamos fundados sobre una base científica y comprobable como lo es la ecología, es función de la magnitud de los intereses que se abarquen en la problemática, más allá de la gravedad de esta. Una vez mas lo inmediato supera a lo necesario, como en los conflictos sociales la ¨caridad¨ capitalista, en general, "compra" más que una planificación basada en la reestructuración social de bases igualitarias, y progresistas, como la planteada por la teoría marxista. La sustentabilidad económica está por sobre la sustentabilidad ecológica, la acumulación de capital sobre el bienestar del pueblo.

Ya es costumbre escuchar los comentarios desalentadores sobre el cambio climático, las irregularidades percibidas increíblemente por todos, teniendo en cuenta que los cambios observados deberían ser fruto de miles de años, en un normal desarrollo de la evolución planetaria. Como si fuera una película, observamos el desarrollo de esta cinta, sin actitud ninguna al respecto, ocupados en el principal desafío que nos impone el sistema, mantenernos vivos. No existe espacio ni tiempo para una discusión popular, con fines de cambio, de tan tremendo futuro. Tratar el tema en profundidad sacaría a flote las grandes contradicciones que plantea el sistema.

La existencia de organizaciones internacionales que luchan por cuidar nuestro planeta no logra ahondar en la profundidad del problema, una solución superficial no lograría frenar el gran monstruo de la devastación impulsado por la anarquía económica capitalista. Cuando en un conflicto se ponen en juego los intereses de los capitalistas y el medio ambiente, como en el conflicto por las retenciones a la exportación, donde la sojizacion amenaza con la devastación de suelos y bosques, las grandes campañas mediáticas impulsadas por los medios burgueses ignoran, además de otras problemáticas (como la redistribución de la riqueza) las problemáticas ambientales en beneficio de los intereses de los más poderosos. La actitud de las organizaciones ecologistas es de poco compromiso e imparcialidad. Cuando el conflicto tiene eco popular, y los intereses en juego son grandes,  ubicarse en un bando u otro implica una rotulación política que puede estar lejos de los intereses de estas agrupaciones. Un ejemplo claro es la casi nula participación de grupos ecologistas, como Greenpeace, en el conflicto entre el gobierno y el campo, la inconexión de estas agrupaciones con otros campos de lucha como la política, lo que conlleva un aislamiento y una acentuación del segundo plano que tiene la ecología en cualquier emprendimiento o conflicto capitalista.

Como el principal eslabón de la economía capitalista, la producción industrial (mal planificada)  inutiliza vastos territorios, contamina las aguas de los ríos y arroyos e influye directamente en la salud de los habitantes aledaños, los sectores pobres y desocupados de la sociedad, quienes siempre sufren las consecuencias. La actividad fabril es solo un ejemplo de contaminación. La minería, la utilización de fertilizantes herbicidas y plaguicidas en la producción agraria, los cereales transgénicos, el monocultivo, y la preocupante deforestación para llevar a cabo estas actividades, donde las madereras acechan motivando los desmontes (con las conocidas consecuencias que sufren los habitantes de los bosques y selvas, casualmente pequeños campesinos y comunidades aborígenes), son otros de los más comunes.

Las leyes de control de poluciones ambientales, como las leyes que deberían asegurar una sustentabilidad ecológica de las diversas actividades de producción, son sólo un simple esqueleto legal con una muy leve aplicación real (más acentuado en  América del Sur, Central, y África). No existe el control. El estado, como sabemos, es solo un "títere" que representa los intereses de las grandes empresas, muchas de ellas implicadas en actividades de alta contaminación, y peligrosidad, y a la vez es el encargado de controlar la legalidad de estas.

Ninguno de estos inconvenientes que contribuyen al cambio climático, a la decadencia del planeta y de todo lo que sobre él gire, logrará replantear la conciencia de los responsables. Los efímeros días de bienestar capitalista actúan como una burbuja, su aire es el más puro y su agua la más potable. Ahora bien, ¿la solución es exigir cumplimiento y creación de leyes ecológicas que mejoren la calidad ambiental, como estamos acostumbrados a escuchar por innumerables campañas? Con un criterio táctico seria un inicio,  pero debería ser sólo transitorio, es totalmente necesaria una política que profundice y arranque de raíz el problema.

Los capitales privados, dueños de los medios de producción se ven imposibilitados, por su conciencia capitalista, para poder desarrollar un plan ecológicamente sustentable. Un ejemplo concreto de la incapacidad del sistema gira alrededor del negocio del petróleo, los avances tecnológicos para la sustitución de combustibles fósiles por combustibles que no dañen el medio ambiente están a la orden del día, la energía a hidrogeno, solar, eólica, fuión nuclear, etc. que brindan la posibilidad de sustituir los combustibles fósiles, cuya combustión es la principal fuente de dióxido de carbono a la atmósfera, las petroleras aplastan cualquier iniciativa de reemplazo para mantener el precio del petróleo y así mantener sus gigantescas ganancias.

La lucha por la emancipación de la clase obrera, partiendo de la expropiación de los medios de producción privados, y su nacionalización bajo control obrero, debe, por esencia, modificar a beneficio de la mayoría, las metodologías de producción. Esta modificación se desarrollará consecuentemente con el avance de las fuerzas de producción, la tecnología y la conciencia popular por sobre el tope capitalista. El pueblo gobernará para el pueblo, por lo tanto todas las actividades que dañen y disminuyan la calidad de vida de este, serán modificadas para su bienestar.