Inicio Corriente Marxista Internacional A 100 números de Revolución: Balance de la CMI en Argentina

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A 100 números de Revolución: Balance de la CMI en Argentina PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Periódico Revolución   
Lunes 08 de Octubre de 2018 14:21

15anosDeLaCMI

 Nos encontramos con el camarada David Rey, de la Sección Española Lucha de Clases e integrante del grupo fundador en 2002 de la Corriente Socialista Militante Argentina, Sección de la Corriente Marxista Internacional.

Hola David, ¿cómo estás?
 
1- Contanos porque fue la decisión de la Internacional de abrir el trabajo en Argentina.
  
La CMI siempre ha considerado Argentina como un país clave para la revolución socialista latinoamericana. Existen pocos lugares en el mundo, como Argentina, donde la clase obrera haya tenido un nivel tan alto de organización y un protagonismo tan indiscutible en las vicisitudes históricas de su país. Al mismo tiempo, los avatares históricos de Argentina siempre han tenido una importante proyección en América Latina. 
Nosotros llegamos a contar con un pequeño grupo de militantes en Argentina a fines de los años 80 del siglo pasado, pero en la dureza de los años 90, el grupo colapsó y terminó disolviéndose. Sin embargo, pese a no haber contado con una presencia directa en el país en los años previos al Argentinazo de 2001-2002, siempre prestamos mucha atención a los acontecimientos en Argentina, tratándolos de manera regular en la prensa y en la web de nuestra organización internacional, con un lógico énfasis mayor en nuestras secciones hispanohablantes. 
Aún recuerdo el enorme interés con que recibimos el surgimiento del movimiento piquetero, las puebladas de Mosconi y Tartagal, y las imponentes huelgas generales contra De la Rúa. Podíamos ya intuir el desarrollo de acontecimientos revolucionarios por venir en las elecciones de octubre de 2001 con el extraordinario comportamiento del voto bronca y el avance de la izquierda, que mostraban un nivel elevadísimo de hartazgo popular. Sobre todo, la introducción del corralito y de nuevas medidas de ajuste a comienzos de diciembre de 2001, nos hacían ver la inevitabilidad del estallido popular que tuvo lugar semanas más tarde. 
Desde fines de diciembre y en todo el mes de enero de 2002 producimos una gran cantidad de artículos sobre la situación en Argentina y las posibilidades revolucionarias que se abrían en la nueva etapa. A despecho de algunas corrientes de izquierda en el país, calificamos los acontecimientos de revolucionarios y que por tanto se abría un período de duración indeterminada que podría situar a la izquierda marxista en condiciones de ponerse a la cabeza de la capa más avanzada del movimiento obrero y de la juventud en una primera etapa, para en un fase posterior poder ganar para el programa del socialismo a los sectores decisivos de la clase trabajadora.
Lo más interesante de nuestra actividad propagandística en esas semanas trepidantes fue el impacto que varios de nuestros análisis y posiciones, difundidos a través de internet, tuvieron en un gran número de activistas y militantes de la izquierda argentina. Quisiera destacar en particular, un par de artículos de nuestro camarada Alan Woods sobre la consigna de la Asamblea Constituyente “Libre y Soberana” lanzada entonces por todas las corrientes relevantes de la izquierda argentina (como PO, MST y PTS), y con la que discrepábamos. Recibimos decenas de mensajes, opiniones y comentarios, casi todos favorables a nuestras tesis, por parte de activistas de izquierda, militantes y no militantes, y hasta de dirigentes de pequeños grupos de izquierda.
Luego, ya presentes en Argentina meses más tarde, pudimos darnos cuenta del impacto que tuvo también el libro de Alan Woods y Ted Grant, Razón y Revolución, una crítica marxista a la ciencia moderna, que incluía una exposición razonada de filosofía marxista. Decenas de activistas y dirigentes de izquierda lo conocían, bien por haberlo leído o por referencias, y en todos los casos recibimos críticas muy favorables.
Así pues, fue la apertura de un proceso revolucionario en Argentina tras las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, más el establecimiento de contactos directos con una veintena de activistas a través de nuestros materiales publicados sobre la crisis revolucionaria en Argentina, lo que nos decidió a dar el paso de iniciar un trabajo político directo en el país. 
 
 2- Entonces era un momento propicio para la construcción de un poderoso Partido Revolucionario en argentina.
  
Si no para la construcción de un poderoso partido revolucionario en el corto plazo, dada la debilidad de partida en que se encontraba la izquierda marxista revolucionaria, sí al menos para que ésta se agrupara en un frente único genuino, sobre la base de un programa común acordado, lo que era relativamente fácil entonces ya que no existían grandes diferencias entre los partidos y grupos más relevantes. Eso hubiera provocado un enorme entusiasmo y confianza entre las decenas de miles de luchadores que recién habían despertado a la actividad política y que no veían ninguna diferencia entre un corriente y otra, y también entre las camadas de militantes más veteranas, y que se desesperaban por las peleas sectarias entre un grupo y otro. Otro efecto importante que hubiera tenido la constitución de tal frente único al comienzo del 2002 era haber emitido una señal poderosa de madurez y seriedad revolucionaria hacia las capas muy amplias de trabajadores que estaban en proceso de ruptura con el peronismo pero que seguían viendo con desconfianza a una izquierda que en el período precedente se había caracterizado por el sectarismo y la autoproclamación. Con tácticas y políticas correctas, siguiendo paso a paso la evolución política del país y el proceso de toma de conciencia de los trabajadores, tal frente de izquierda habría tenido un futuro muy promisorio y podría haberse convertido en muy poco tiempo en un polo revolucionario y en una referencia incuestionable en el proceso abierto con el Argentinazo.
 
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3- Y la izquierda en el país, ¿qué papel jugó?
  
Yo tengo un gran respeto por la historia militante de la izquierda argentina y por los miles de militantes y luchadores que en todo momento han estado al frente de la pelea y de las luchas, sufriendo siempre los primeros golpes de la represión. Y este sigue siendo el caso actualmente. Pero, lamentablemente, tengo que decir que en nuestra opinión, casi todo lo que se podía hacer mal se hizo mal en el período que va desde el 20 de diciembre de 2001 hasta finales del 2003, cuando finalmente la clase dominante pudo retomar, si bien precariamente, el control de la situación.
Y esto va para todas las corrientes políticas e ideológicas que se reclaman de la izquierda, desde las de carácter reformista hasta las revolucionarias.
Por ejemplo, el grupo que primero tuvo la oportunidad de construir una fuerte organización de masas, a comienzos del 2002, cuando el peronismo como organización estaba completamente desacreditado, por no hablar del radicalismo, y cuando lo que luego fue conocido como kirchnerismo ni siquiera estaba insinuado en el horizonte, fue Luis Zamora y su grupo Autodeterminación y Libertad. Zamora era el único diputado del Congreso que podía caminar libremente por la calle sin el peligro de ser escrachado, e incluso golpeado. Su autoridad era enorme. Organizaba actos con centenares de personas allá donde se lo proponía. Hubo miles que se acercaron a su movimiento, pero a la hora de la verdad Zamora no tuvo el valor ni la voluntad para crear esa organización de masas que, aun en líneas reformistas de izquierda, podía haber disputado al peronismo en aquel momento el liderazgo ante las masas. Dejó pasar el tiempo y que el movimiento se agotara por sí mismo. Aun recuerdo la frustración que provocó su boicot a la elección presidencial en mayo de 2002, lo que hizo que cientos de miles le dieran la espalda, al no ver ninguna utilidad política en su persona.
La segunda gran frustración la protagonizó, en paralelo, el ala izquierda del Argentinazo, la izquierda marxista o revolucionaria. Recuerdo igualmente muy bien la enorme frustración que provocó el fracaso de un frente electoral entre lo que entonces era Izquierda Unida (el frente electoral del PCA y el MST) y el PO. Por su parte, el PTS, como Zamora, llamó al boicot. Dado que no había la posibilidad inmediata de voltear al régimen por la inexistencia de una alternativa revolucionaria con influencia de masas, para lo que se necesitaba acumular fuerzas y ganar un apoyo decisivo en la clase obrera, lo correcto era participar en esas elecciones con un programa revolucionario y bajo la forma de un frente amplio de izquierdas. Al final, no tuvimos ni el programa revolucionario ni el frente de izquierda, lo que fue capitalizado por aquéllos que en aquel momento, y de palabra, se postulaban como la oposición al FMI y a las viejas políticas de ajuste, y que tenían un acceso mayor a la población por su aparato de apoyo mediático y estatal, como  Kirchner o Carrió.
Más allá del frente electoral, la izquierda fue incapaz de actuar con políticas de frente único genuinas en ningún campo: piquetero, sindical, fábricas ocupadas, estudiantil, barrial, etc. Se combatían a muerte entre ellas, potenciando esa imagen lamentable de sectarismo, autoproclamación y falta de seriedad revolucionaria. En muchas de las asambleas populares que surgieron en los barrios de las grandes ciudades, en particular en Buenos Aires, los vecinos votaban abiertamente por expulsar a grupos de izquierda por sus intentos de aparatear las asambleas y su incapacidad para encontrar un lenguaje comprensible para la gente común. 
Es cierto que las corrientes principales intentaron políticas de frente a través de la Asamblea Nacional de Trabajadores, la ANT, pero se ésta limitaba a convocar marchas piqueteras cada varias semanas como cuestión de rutina, sin ningún intento de vincularse a los sindicatos y a los trabajadores en activo, reproduciendo en sus asambleas las mismas guerras cainitas que en el resto de los demás frentes de masas.
Por último, la CTA de De Gennaro también jugó un papel funesto. Durante años habían amagado con formar un Partido de los Trabajadores, siguiendo la estela de Brasil, lo cual hubiera sido una buena cosa. La CTA era una organización de masas y hubiera sido el primer gran desafío al aparato peronista y a los jefes de la CGT comprometidos con éste. Pero, como Zamora, De Gennaro ni en esos años ni posteriormente, tuvo jamás el valor ni la voluntad de comprometerse en la organización política de la clase. En realidad, los dirigentes de la CTA, como Zamora, carecían de una alternativa a la grave crisis capitalista y menos aún de cualquier perspectiva socialista. Tenían pánico a que un movimiento político de masas les empujara por sendas inciertas y a un enfrentamiento frontal contra la clase dominante que no estaban dispuestos a afrontar.
Podemos decir entonces  que el kirchnerismo emergió, en cierto sentido, por la falta de una alternativa política seria, y no por sus méritos. 
  
4- Retomando el concepto vertido por León Trotsky y de los demás maestros del marxismo revolucionario ¿qué papel juega el internacionalismo proletario en nuestra construcción y cuál fue el papel de la prensa?
  
Prácticamente desde sus inicios el movimiento obrero nació como movimiento internacional. Fueron Marx y Engels quienes, ya en 1848 proclamaron que “los obreros no tienen patria” y “Proletarios de todos los países, únanse”. El socialismo, como sistema, es internacional o es una quimera. En socialismo “nacional” es una aberración que, como en el caso del estalinismo, conduce a la burocratización, al totalitarismo y a su derrumbe inevitable ante la presión del imperialismo. 
Pero el internacionalismo no es sólo la expresión de la forma futura que adquirirá la sociedad humana, si tenemos éxito, como esperamos, en las luchas actuales y futuras de la clase obrera mundial. Tampoco es meramente un mecanismo de solidaridad con las luchas contra la opresión capitalista e imperialista. Sólo una comprensión de los procesos políticos y económicos de carácter global puede permitirnos tener un conocimiento más exacto de la situación en cada uno de nuestros países, ya que el capitalismo ha creado de hecho un sistema único mundial de relaciones económicas, políticas, culturales, diplomáticas, etc. Más aún, la clase obrera de cada país aprende de las experiencias de los trabajadores de otros países, sobre todo de los grandes acontecimientos revolucionarios que han tenido lugar y que seguirán desarrollándose. 
Por último, la revoluciones no respetan fronteras. Sabemos que un triunfo revolucionario en un solo país, puede ser el inicio de un proceso revolucionario a escala regional, y más allá.
La prensa jugó un papel central en nuestra construcción acá. Una vez formado un núcleo viable, la principal tarea que nos propusimos fue sacar nuestra propia prensa, El Militante, cuyo primer número apareció a comienzos del 2003, aunque ya desde septiembre de 2002 habíamos empezado a publicar una página web. 
La prensa es el organizador colectivo. Traslada la política de la corriente hacia capas más amplias del movimiento, que previamente ha sido discutida y aprobada en las células, congresos, asambleas, etc. Obliga a seguir y debatir la situación nacional e internacional que tiene su reflejo en artículos concretos, permite exponer el programa, requiere de un mecanismo de distribución y financiación; y esto en las condiciones actuales se extiende a otras formas de transmisión de información como las páginas webs, canales de transmisión de información en Telegram, Facebook, Twitter, etc.
 
 5- Al frustrarse la salida revolucionaria de 2001 ¿qué actitud asumió la Corriente Socialista Militante?
 
 La Corriente Socialista Militante asumió en aquellos años la política del frente único de la izquierda. Fue el eje de nuestra agitación en todo momento. Lamentablemente, éramos un grupo muy pequeño y nuestra agitación alrededor de este punto resultó estéril. Aparte del sectarismo inherente a los grupos de izquierda más relevantes, había un elemento de aparato muy presente en esa política, que era utilizar las elecciones para financiarse a través del dinero del Estado. Esa es la verdad. Una vez cerrada esta vía, pusimos el énfasis en la organización de masas que tenía la capacidad y el aparato para dotar de un instrumento político a la clase obrera, al margen del aparato peronista, como era la CTA. Entendíamos que, aun siendo una organización reformista confusa pero con raíces en la clase, si daba ese paso sería una conquista enorme, al poner en movimiento un engranaje que diera a la clase una perspectiva política más allá de la lucha económica. Las consideraciones moralistas de las sectas de izquierda del tipo que “la CTA son reformistas”, etc. nos eran indiferentes. Ellas habían fracasado en ofrecer una salida política viable a la clase. Habían frustrado a miles de activistas honestos, que las miraban con desprecio. Como decía Marx, un paso real adelante del movimiento vale más que cien programas correctos. Pensábamos que una corriente marxista al interior de una organización de masas, podría encontrar un eco para acercar y ganar a las capas más avanzadas, en el proceso de construir un partido revolucionario de la clase. Lamentablemente, como ya expliqué, la CTA pese a que tuvo todo a su favor para dar ese paso, renunció a ello, pese al éxito que tuvo en promover lo que se llamó la Constituyente Social en 2008-2010. Lo mismo podría decir de Proyecto Sur de Pino Solanas por esa misma época, que contó con la participación de un sector de la CTA; pero el egocentrismo de Pino, su sectarismo hacia la base del kirchnerismo, que entonces contaba con el apoyo de la mayoría de la clase obrera, más sus coqueteos con Carrió y cía terminaron por liquidar el proyecto.                    
Ante el auge del kirchnerismo tras la muerte de Néstor Kirchner, estimamos hipotéticamente que, en el fragor de la crisis capitalistas de 2011-2013, podrían expresarse divisiones de clase en su interior con alas de izquierda y derecha, como ocurrió en el peronismo clásico de los 70, y la posibilidad de que una corriente de izquierda emergente rompiera y empalmara con una ofensiva de la clase, pero eso tampoco sucedió. 
Ahora, la rueda ha dado una vuelta completa. La izquierda ha sacado algunas lecciones, sobre todo tras la ley kirchnerista de las PASO que obligó a varias corrientes a establecer el FIT en 2013 como única manera de superar el umbral necesario para participar en la disputa electoral. Es triste que fuera la amenaza de proscripción electoral lo que obligara a PO, PTS e IS a establecer el FIT y no un reconocimiento honesto de sus errores sectarios pasados y el interés de la clase obrera y de la juventud combativa. Pero nunca es tarde, si la dicha es buena. La actual crisis en desarrollo, que anticipa un estallido como el de 2001 o superior, los pondrá a prueba una vez más y deseo de todo corazón que hayan sacado todas las conclusiones correctas del pasado, sobre todo una comprensión correcta del frente único hacia todas las corrientes del movimiento obrero y popular contra el enemigo común y un programa socialista claro y auténtico– única manera de poder emerger como una fuerza decisiva que esté en condiciones de ofrecer una alternativa socialista revolucionaria a la clase trabajadora argentina.
 
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6- Volviendo al presente. Ante la crisis estructural del sistema capitalista que tuvo su punto de inflexión en 2008 que desató turbulencias en casi todo el mundo, ¿qué balance a diez años de la misma y cuáles son las tareas? 
  
Creo que, como bien decís, la crisis de 2008 fue un punto de inflexión. El sistema capitalista global no ha vuelto a recuperar el equilibrio ni la solidez económica del pasado. Lo que vemos es un empeoramiento dramático de las condiciones laborales y de vida de la clase trabajadora y de las familias obreras, en todos los continentes y países sin excepción. El dominio económico por parte de un puñado de multinacionales, bancos y súper-ricos en cada país es incompatible con el enorme desarrollo adquirido por las fuerzas productivas, la tecnología y las necesidades sociales crecientes; es irracional hace depender el avance de la sociedad de la generación sin límite de ganancias para un grupo reducido de la sociedad. La propiedad privada de la oligarquía económica es incompatible con el desarrollo y el bienestar de la humanidad. Se necesita la propiedad colectiva de los medios de producción y su planificación racional en interés del ser humano, sin fronteras nacionales que nos dividan y enfrenten, con la plena participación, control y gestión democrática de la sociedad a todos los niveles. Eso es lo que significa, precisamente, el socialismo. 
Las guerras se suceden en un rincón tras otro del planeta, alimentadas por los intereses imperialistas. Vemos la barbarie de millones de personas huyendo de sus países, como parias, en todos los continentes, buscando un futuro para ellas y sus hijos, y a las que se cierran las fronteras al costo de sus propias vidas como vemos en Europa. Y si esto fuera poco, tenemos la amenaza gravísima del cambio climático y sus efectos imposibles de pronosticar, no para dentro de 40 ó 50 años, sino para los próximos 5 ó 10. 
Sin duda, la tarea a la que se enfrenta la humanidad y la clase obrera mundial es a la elección entre socialismo o barbarie, y los marxistas deben ocupar el lugar principal – por su mayor comprensión y conocimiento del devenir histórico y del capitalismo – de explicar, enseñar, instruir y agitar incansablemente dentro de la clase, poniendo una nota de urgencia en la necesidad de transformar revolucionariamente la sociedad para inaugurar una etapa completamente diferentes y auténticamente humana en la historia de nuestra especie y del planeta.
  
7- Querés agregar algo mas.
 
 Sólo decir que tengo plena confianza en la capacidad de la clase obrera argentina, de sus activistas y luchadores, de estar a la altura de la tarea en esta lucha, y también en el futuro promisorio de la Corriente Socialista Militante en vuestro país. Es fundamental el fortalecimiento de una corriente marxista como la vuestra que ha demostrado en cada etapa, a lo largo de estos más de 15 años, su capacidad de marcar el programa y las consignas más adecuadas para impulsar la lucha por el socialismo hacia adelante. Os deseo mucha suerte en vuestro trabajo.