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George Soros: El gran especulador PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Hugo Lilli   
Martes 03 de Junio de 2008 00:00
Algunos ingenuos lo llaman “epistemólogo”, otros menos cándidos lo llaman “rey de los fondos buitres”, y los más moderados lo llaman “megaespeculador”. Sea lo que fuere, lo que no se puede negar es que este traficante de divisas no sólo actúa más allá de la ley, sino más allá de las incómodas soberanías nacionales, ya que compra todo lo que esté a su alcance y en el país que le plazca sin que nada ni nadie sea un estorbo para sus oscuros intereses.

Aporte de un lector

Lo que pareciera ser el título de un taquillero filme, en realidad retrata de cuerpo entero al narcolegalizador de 75 años de edad George Soros, estadounidense por adopción pero que en rigor nació en Budapest en el seno de una familia judeohúngara en la época de los regímenes comunistas de la Europa del este.
Cuando joven viajó a Inglaterra para estudiar en la London School of Economics donde conoció al desquiciado filósofo aristotélico Karl Popper quien le proporcionó una brutal visión del mundo basada en el ultraliberal concepto de las “sociedades abiertas” en donde el vale-todo era y es moneda corriente. A finales de la década del 50 se dedicó a la banca y viajó a EEUU donde se especializó en “fondos de protección”, una inversión de alto riesgo capaz de producir inmensas ganancias con las bajadas y subidas de los títulos bancarios jugando con su valor futuro.
Fue así como el joven Gyuri (como lo llamaban en su Hungría natal), se fue forjando una enorme fortuna basada fundamentalmente en apuestas financieras de altísimo nivel. Pero con tanta riqueza (malhabida) era de esperarse que este simpático especulador no se quedara quieto y fuera por más. De hecho, en la década del 90 fue investigado por sus maniobras espurias en contra de las monedas y los mercados de valores de Asia, lo cual provocó un verdadero saqueo monetario debilitando aquellas divisas seriamente.
En aquella época también fue denunciado en los propios EEUU (DEA mediante), por aportar millones de dólares a favor de campañas para la legalización de los estupefacientes, y en Inglaterra fue demandado judicialmente por boicotear la libra esterlina impidiendo que ésta se mantuviera dentro del sistema monetario europeo, lo que hizo que Gran Bretaña no se adhiriera al euro.
Además de provocar vendavales financieros en muchos mercados emergentes, Soros ha invertido parte de su dinero en la adquisición de extensos bienes raíces en varios países de Sudamérica, es accionista en varias sucursales iberoamericanas del Banco británico-español BBV, controla el Banco Ganadero de Colombia y el Banco Pactual de Brasil, es accionista de las principales compañías mineras que explotan yacimientos auríferos en Ecuador y Perú, etc.
Pero no todo es voracidad económica inescrupulosa en la personalidad de este gracioso financista, sino que también ha dedicado parte de sus riquezas a tareas de filantropía. Donó 100 millones de dólares para promocionar la investigación científica postsoviética, 50 millones para ayudar a la ciudad de Sarajevo sitiada por las tropas serbias, 13 millones en ayuda humanitaria a Bielorrusia y varios millones más para ONG´s encargadas de proyectos educativos y sanitarios en varias partes de orbe.
Como correlato de las andanzas de este extraño pero astuto señor, merece la pena destacar su participación activa en varios grupos supranacionales de poder como el Consejo de Relaciones Exteriores de EEUU, el Foro Económico Mundial, la Comisión Trilateral (EEUU-Europa-Japón) y el Bilderberg Group, además de ser el cofundador de los turbios fondos de inversión Quantum Fund, Soros Fund y Dolphin Fund.
Algunos ingenuos lo llaman “epistemólogo”, otros menos cándidos lo llaman “rey de los fondos buitres”, y los más moderados lo llaman “megaespeculador”. Sea lo que fuere, lo que no se puede negar es que este traficante de divisas no sólo actúa más allá de la ley, sino más allá de las incómodas soberanías nacionales, ya que compra todo lo que esté a su alcance y en el país que le plazca sin que nada ni nadie sea un estorbo para sus oscuros intereses.

Hugo N. Lilli-Córdoba
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