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Perspectivas mundiales. Borrador para la discusión PDF Imprimir E-Mail
escrito por El Militante   
viernes, 14 de marzo de 2008

Publicamos un documento extenso sobre la situación internacional y las tareas de los marxistas, aprobado por la dirección de la Corriente Marxista Internacional (CMI) el mes de enero pasado. Comenzando por un análisis detallado de la economíua mundial, el documento se adentra en el análisis y las perspectivas de las principales zonas del mundo: EEUU, Europa, Asia, Medio Oriente, Latinoamérica. Este documento es un borrador y se encuentra en la fase de discusión en el conjunto de la CMI, que aprobará el documento final en su congreso mundial a fines del mes de julio


La economía mundial

“La economía decide, pero sólo en última instancia. Los procesos político-psicológicos que tienen lugar en el seno del proletariado alemán, y que seguramente tienen una lógica propia, adquieren ahora una significación más directa”. (León Trotsky. Los cinco primeros años de la Internacional Comunista. Introducción a la edición de 1924).

Las perspectivas económicas son de gran importancia pero no deben aislarse de la situación general del capitalismo mundial. Los marxistas no somos deterministas económicos sino materialistas dialécticos. Una perspectiva científica siempre debe tener en cuenta todas las partes de la ecuación. Un análisis dialéctico se ocupa de la acción, la reacción y la interacción de todos los factores, tanto económicos como super-estructurales (políticos, militares, diplomáticos, etc.,).

Las crisis económicas juegan un papel importante, como vimos en Asia, Rusia y Argentina en la crisis de 1997-2001, que tuvo repercusiones políticas y sociales serias. Pero en la situación actual del capitalismo mundial, donde se acumulan contradicciones a todos los niveles, cualquier empujón externo puede tener profundas consecuencias, independientemente de si su origen está en la economía mundial o en otros factores.

El ciclo económico es importante, pero no agota la cuestión de la conciencia de clase y las perspectivas revolucionarias. También influyen aspectos políticos. Por ejemplo, los efectos de la inestabilidad en Oriente Medio, las invasiones de Afganistán e Iraq, han tenido un gran impacto político en Italia y España. Igualmente, en EEUU existe una crisis política seria debido a la guerra en Iraq. Al otro lado del mundo, Pakistán está totalmente desestabilizado debido a los acontecimientos de Afganistán.

La caída del gobierno Aznar en España fue un giro repentino y radical en la situación que está arraigado en la crisis mundial del capitalismo, pero no está directamente relacionado con la economía. En el período que vivimos los giros repentinos de este tipo tienen su origen en la situación general. Este hecho es igualmente aplicable a la economía que, en última instancia, continua siendo el factor determinante de la historia mundial.

El factor más decisivo de nuestra época es el aplastante dominio de la economía mundial, pronosticado por Marx hace mucho tiempo y que ahora es una realidad. Ninguna nación, no importa lo poderosa que sea, puede resistir el impulso magnético intenso de la economía mundial. Ni la URSS ni China –los dos países con economías subcontinentales poderosas − pudieron resistirse a esta fuerza, mucho menos aún los estados pigmeos de Europa.

La caída de la Unión Soviética y la subsiguiente incorporación de casi dos mil millones de personas de India, China y la antigua Unión Soviética a la economía mundial, fue un impulso poderoso para el comercio mundial y actuó como un balón de oxígeno para el capitalismo. La intensificación de la división internacional del trabajo, la apertura de nuevos mercados y terrenos de inversión, proporcionaron la oportunidad de conseguir grandes beneficios.

Sin embargo, nada de esto significa que el capitalismo haya conseguido superar sus contradicciones fundamentales. Simplemente, se han reproducido a una escala mucho mayor que en cualquier otro momento de la historia. Los economistas burgueses, que actúan de una manera empírica, una vez más cayeron en la ilusión de que el ciclo económico había desaparecido y que las crisis eran cosas del pasado, era el llamado Nuevo Paradigma Económico.

Ahora ya nadie habla de eso. La crisis de Internet del 2000 pinchó la burbuja y aunque se recuperaron durante unos cuantos años, ahora hablan con nerviosismo sobre la perspectiva de una ralentización de la economía mundial o incluso una recesión en 2008. La vieja confianza y la “exuberancia irracional” han desaparecido y ha sido sustituida por un intenso sentimiento de ansiedad.

Turbulencia económica

Todo ciclo económico comienza con un boom y termina en una recesión. Es imposible, no obstante, ser preciso sobre el ritmo del ciclo. Están presentes todos los ingredientes para una caída, en particular en la importante economía norteamericana. El estallido de la burbuja tecnológica en 2000 condujo a una recesión, pero que ésta fue relativamente suave. Pero no hay garantías de que la siguiente sea igual, en economía el pasado no es una guía para el futuro. La crisis actual en los mercados monetarios ha despertado la perspectiva de una recesión en la economía general. El dólar, a pesar de todo, continúa siendo la “moneda de reserva” mundial. Una caída mayor de su valor podría desestabilizar la economía global.

Durante los últimos cinco años la economía mundial creció a un promedio de casi el 5 por ciento anual, muy cerca del ritmo más rápido conseguido antes en la historia. En los países capitalistas desarrollados este crecimiento sólo fue moderado, un 2,8 por ciento anual. Las economías “emergentes” son las que han desnivelado la situación con cifras de crecimiento del 7,8 por ciento anual. China ha crecido un 11 por ciento e India un 9 por ciento. Este fenómeno es nuevo, pero las perspectivas para la economía mundial aún dependen de lo que suceda en los países capitalistas desarrollados, particularmente en EEUU.

Aunque las cifras de crecimiento del 5 por ciento anual son parecidas a las conseguidas durante el boom de la posguerra de 1948-1973, estamos en una época nueva y menos optimista para el capitalismo. Además, hay claras indicaciones de que estos niveles de crecimiento no podrán mantenerse. La crisis del verano (boreal) de 2007, que comenzó en el mercado estadounidense de las hipotecas de alto riesgo subprime, y que se extendió rápidamente a otros países, fue un aviso de que el boom en EEUU está llegando a su final. El caos en los mercados mundiales en el verano de 2007 fue una manifestación de la turbulencia general, que es la característica más destacada de la época actual.

La razón de que la Reserva Federal norteamericana (el Banco Central) decidiera reducir los tipos de interés después de la crisis del verano de 2007 fue evitar el “contagio”, es decir, impedir que la crisis en el sector de las subprime se extendiera al resto de la economía y hundiera EEUU en una recesión a gran escala. Demostró que la burguesía ve el riesgo de una recesión sombría y es este temor lo que está detrás del nerviosismo actual en los mercados monetarios.

El sector financiero y la economía real

El boom en EEUU ha sido en gran medida un boom del consumo, alimentado por el crédito. Como explica Marx, el crédito es una forma de expandir el marcado más allá de sus límites naturales. Pero este proceso tiene sus límites que fueron alcanzados ahora. Si los capitalistas no pueden encontrar mercados para sus mercancías la plusvalía no puede realizarse, y por lo tanto la consecución de ganancias, y entonces se producirá una crisis de sobreproducción.

La crisis financiera del verano de 2007 representó un punto de inflexión. Podría significar que se alcanzó el punto crítico a partir del cual la economía mundial comenzará a entrar en una recesión. Esa es una posibilidad. Pero las leyes que rigen el comportamiento de los mercados monetarios no son las mismas que las que gobiernan el ciclo capitalista. Una crisis bursátil podría ser la chispa que inicie una crisis general, como ocurrió en 1929. Pero si el proceso subyacente aún es una curva ascendente, esa crisis puede servir para extraer capital ficticio del sistema y preparar el camino para un nuevo período (más largo o más corto) de crecimiento económico, como ocurrió en 1987.

La caída de los precios inmobiliarios deprimirá el gasto de los norteamericanos mucho más que la crisis bursátil de 2001. El efecto inmediato de la crisis de las subprime ha sido una caída de los precios inmobiliarios y el endurecimiento de las condiciones del crédito. En consecuencia, las familias ya no pueden pedir más dinero prestado sobre la base del aumento de los precios de sus viviendas para sostener sus gastos. El índice de confianza del consumidor cayó por tercer mes consecutivo en octubre, alcanzando su nivel más bajo en dos años.

Una de las principales fuerzas motrices del boom en EEUU fue el boom de la construcción. Esto estaba relacionado con el aumento de los precios de las viviendas. Pero el mercado inmobiliario ahora está en declive. Los expertos decían que los precios inmobiliarios nunca podría caer en EEUU, pero han caído un 5 por ciento los últimos doce meses. La inversión residencial ha colapsado, la avalancha de viviendas sin vender significa que los precios caerán aún mucho más.

Este hecho afectará a la economía norteamericana de varias maneras. La caída de la demanda producida por la sobreproducción en el sector inmobiliario está provocando una caída de la industria de la construcción. Esta desaceleración tendrá repercusiones en los sectores industriales (acero, cemento, etc.,). Por otro lado, tendrá un efecto negativo sobre el crédito y el consumo, reduciendo la demanda, que también tendrá un efecto sobre la producción.

Si el gasto de los estadounidenses cae profundamente, como ocurrirá, arrastrará consigo a la economía. El consumo en EEUU ha sido la locomotora del crecimiento desde la recesión de 2001-2002. Este crecimiento no se ha basado en un aumento de los ingresos, porque los ingresos de los trabajadores en EEUU llevan décadas estancados. Se basó en el “efecto riqueza” de los consumidores que pedían dinero prestado basándose en el aumento de los precios de sus viviendas. Este aumento de los precios inmobiliarios fue, por supuesto, una burbuja. Esta burbuja ahora ha estallado.

La suba del precio del petróleo (a pesar de las fluctuaciones episódicas de los precios del crudo) reducirá aún más el poder adquisitivo. Esas son las razones objetivas para que la “confianza del consumidor” haya caído bruscamente. Si la gente tiene menos dinero, el crédito se limita, los precios suben y tienen miedo a perder su empleo, es natural que no salgan corriendo a las tiendas para comprar cosas. No va a tardar demasiado tiempo en agotarse el boom del consumo en EEUU. Y si no hay mercado donde vender las mercancías, tarde o temprano esta situación afectará a las ganancias de las empresas, provocando una caída de la inversión productiva.

Capital ficticio

Las crisis financieras y las contracciones del crédito no son la causa de la crisis económica, sino su efecto. Sin embargo, dialécticamente, la causa se convierte en efecto y el efecto en causa. El ciclo capitalista de boom-recesión tiene causas más profundas. Mientras los capitalistas consiguen beneficios de la extracción de plusvalía, reina la “confianza” y la “seguridad”, el crédito es poco estricto y fácil de conseguir. Pero cuando el ciclo está llegando a sus límites y hay síntomas de que los buenos tiempos se terminaron, entonces se evapora la “confianza”.

Marx menciona en El Capital que hay dos tipos de crisis financieras en el capitalismo. Hay pánicos financieros que son un reflejo directo de la crisis en la economía real y sirven para empeorar la crisis. Después están las crisis financieras desencadenadas, aparentemente, por factores accidentales que pueden tener repercusiones en la economía. Aún no está claro qué efecto tendrá la actual crisis crediticia sobre la “economía real”. Está claro que la economía norteamericana, y con ella el mundo, se desliza hacia una recesión.

Las crisis financieras no causan las depresiones, que son la consecuencia de la anarquía de la producción capitalista. Pero sí pueden exacerbar la crisis al inyectar enormes cantidades de capital ficticio en el sistema durante el período de auge económico. Esto ocurrió en el período previo al “gran crash” de 1929 y está ocurriendo ahora a una escala incluso mayor.

El aumento del costo del crédito no sólo afecta a los consumidores y a los propietarios de viviendas, también reduce la tasa de beneficios de los capitalistas. En una etapa determinada puede afectar a la inversión, sobre todo si se combina con el aumento de los precios de materias primas como el petróleo.

La Fed (Reserva Federal de EEUU, el Banco Central) contribuyó poderosamente a las burbujas de EEUU y su adicción a la deuda. Al mantener los tipos demasiado bajos durante demasiado tiempo, alimentó el boom crediticio y preparó el camino para la crisis actual. Durante la mayor parte del período de 2002 hasta principios de 2006, los tipos “reales” en realidad fueron negativos, ya que la inflación era superior a la tasa de interés. La gente era castigada por no endeudarse. Greenspan dice ahora: “La raza humana nunca ha encontrado una forma de enfrentarse a las burbujas”. Admite que la locura posterior de las subprime le tomó por sorpresa. Y eso es verdad para la mayoría de los economistas y la burguesía en general.

Los niveles de especulación y capital ficticio inyectados en la economía durante el último período son como un veneno que debe ser extraído. Pero al intentarlo pueden fácilmente pinchar la burbuja y derrumbarlo todo. En este punto los acreedores comienzan a exigir el pago de la deuda y ya no están dispuestos a prestar dinero. Exigen un tipo de interés más elevado. Esto reduce la tasa de beneficio y también la demanda. Lo que fue efecto se convierte en causa, arrastrando a todo el ciclo hacia una espiral descendente incontrolable.

En el pico del boom, pueden darse crisis de los mercados que sirven para extraer grandes cantidades de capital ficticio que se ha inyectado al sistema durante el período de auge. A este proceso se lo denomina “corrección” y se supone que tiene los mismos efectos beneficiosos que se pensaba que tenía la sangría (eliminar el exceso de sangre de un paciente) en la Edad Media. Pero como sabemos, la pérdida de demasiada sangre puede tener consecuencias desastrosas.

Y eso es lo que temen tanto la burguesía británica como la norteamericana. Por eso la Fed y ahora (de mala gana) el Banco de Inglaterra están inyectado más inflación a la economía, reduciendo los tipos de interés y estimulando el crédito. Con ello puede que pospongan un poco más el día fatídico, pero sólo a costa de conseguir más tarde un colapso más brusco y profundo.

La inflación en el mercado bursátil ya era asombrosa antes de la crisis de las subprime. La capitalización bursátil de todas las bolsas norteamericanas pasó de 5,3 billones de dólares a finales de 1994, a 17,7 billones de dólares a finales de 1999, y a 35 billones de dólares a finales de 2006, generando un aumento geométrico de la relación precio-ganancia. Este proceso no fue el resultado de una expansión de la actividad productiva, sino que fue debido a un aumento masivo del capital ficticio: más dólares persiguiendo el mismo número de valores.

El resultado de las repetidas reducciones de tipos de interés es un país que vive más allá de sus posibilidades (los banqueros lo denominan riesgo moral). De ser el mayor acreedor del mundo, EEUU se ha transformado en el mayor deudor mundial, con un pasivo externo neto de 3 billones de dólares. La tasa de ahorro ha caído por debajo de cero por primera vez desde la Gran Depresión. EEUU tiene ahora un déficit por cuenta corriente equivalente, año tras año, al 6,5 por ciento del PIB, y aún así, la Fed mira con complacencia cómo los compradores de EEUU van alegremente a comprar y acumulan deudas cada vez mayores. Como resultado de este proceso, Asia y particularmente China han acumulado enormes reservas de moneda a costa de EEUU.

La reciente crisis ha revelado hasta qué punto los grandes bancos norteamericanos están implicados en la especulación. En particular era ingrata la práctica de comprar y vender deuda. Durante el reciente boom, los bancos y las entidades financieras se mostraron dispuestas a ofrecer créditos e hipotecas a muchas personas que no reunían las condiciones. Mientras los tipos de interés estaban bajos (durante un tiempo incluso negativos) esta situación parecía un buen trato. Muchos trabajadores pobres, sobre esta base, cayeron en la tentación de comprar casas. Por otra parte, los bancos vendían paquetes de esta deuda a otros bancos que estaban entusiasmados por comprarlos.

“Finanzas estructuradas” es el término que ellos utilizan para un sistema supuestamente diseñado para distribuir el capital de forma más eficiente, permitiendo así que otros participantes en el mercado cumplan el papel que antes estaba reservado exclusivamente para los bancos. En la práctica, es una gigantesca estafa. Los préstamos hipotecarios inseguros y otros pasivos se han transformado por arte de magia en activos a través de la denominada securitización. Se trataba del equivalente técnico a los antiguos alquimistas que pretendían transformar el plomo en oro. Este sistema se basa en inversores que proporcionan la financiación para los préstamos hipotecarios que inundan el mercado y que se venden como “obligaciones de deuda colateralizadas”, o CDO.

Esto significa que la burguesía compraba y vendía deuda. Han conseguido enormes fortunas gracias a esta gran estafa. Fue muy bonito mientras duró. Pero todo llega a su fin. El pánico en los mercados del crédito norteamericano empezó en mayo de 2007 cuando el banco Bear Stearns anunció grandes pérdidas en dos de sus fondos de alto riesgo. Permitieron que uno de los dos fondos colapsara y el banco rescató al otro. En agosto de 2007 las ventas de nuevas CDO cayeron un 73 por ciento.

Los economistas dicen que la crisis de los préstamos de alto riesgo en EEUU fue la causa. Pero, como explicó Hegel hace mucho tiempo, la necesidad se expresa a través del accidente. Si no hubieran sido las subprime hubiese sido otra cosa. Las subprime en EEUU eran el eslabón débil de la cadena. Como admite Greenspan: “Si lo hubiéramos atajado en el pasado y no hubiésemos permitido la calentura global, habría sido diferente, pero habría ocurrido de una u otra manera”.

Parasitismo

En su juventud, la burguesía, movida por la codicia de beneficio y su insaciable sed de plusvalía (el trabajo no pagado a la clase obrera), desarrolló las fuerzas productivas. Pero en el período de su decadencia senil no juega en absoluto ningún papel progresista. Marx explicó que el verdadero ideal de la burguesía era hacer dinero del dinero, sin tener ninguna necesidad de recurrir al penoso proceso de la producción. La burguesía ahora está infectada con una enfermedad de la que no conoce cura.

En el pasado, el capitalismo jugó un papel relativamente progresista en el desarrollo de las fuerzas productivas y, de este modo, creó la base material para una nueva sociedad: el socialismo. Pero hoy ya no ocurre eso. Con la excepción de China (y algunas otras economías asiáticas), la burguesía no está desarrollando las fuerzas productivas. Este es un síntoma de la enfermedad terminal del capitalismo.

Ahora están cerca de realizar el viejo sueño de hacer dinero del dinero. En Gran Bretaña, EEUU y en muchos otros países se ha producido un declive pronunciado de la manufactura y un gran aumento del sector parasitario financiero y de servicios. Las llamadas empresas de capital privado ahora están inmersas en una orgía especulativa de adquisiciones que no implican ninguna actividad productiva sino más bien cierres, despidos y achicar las industrias en la búsqueda del beneficio.

Las sumas gastadas en los compras por apalancamiento son enormes. Con 32.600 millones de dólares en efectivo y la transferencia de 15.900 millones de dólares en deuda, Bell Canada Enterprises (BCE), propietaria de la mayor empresa de telefonía de Canadá, acordó la adquisición del fondo de pensiones Ontario y dos empresas estadounidenses de capital privado. De completarse este negocio, la adquisición no sería sólo la más grande de la historia de Canadá, sino también la mayor compra por apalancamiento de cualquier otro país del mundo. Hace palidecer la noticia en Gran Bretaña de que una empresa de capital privado podría comprar Virgin Media, un grupo de televisión por pago, internet y telefonía, por unos simples 11.000 millones de dólares.

Todo el sistema bancario está ahora hasta el cuello de fraudes y estafas de todo tipo. Siempre ha sido así. En un boom, cuando la producción está a pleno rendimiento y se puede hacer mucho dinero se produce una frenética lucha por el crédito. El exceso de dinero y de crédito en esa etapa del ciclo económico juega un papel positivo al lubricar el sistema y proporcionar la liquidez necesaria.

Siempre existe en esto un elemento de especulación, como explica Marx. Cuando todo el mundo está haciendo dinero, nadie se preocupa en mirar de cerca de donde procede ese dinero, ni siquiera si es dinero real o no. El economista inglés Gilbart ya en 1834 escribía: “Todo lo que da facilidades al comercio facilita la especulación. El comercio y la especulación en algunos casos son estrechos aliados, así que es imposible decir en qué momento preciso acaba el comercio y comienza la especulación”.

En los tiempos de Marx se calculaba que posiblemente “nueve décimas partes de todos los depósitos en el Reino Unido podrían no existir más allá de los libros de cuentas de los bancos donde están contabilizados". (The Currency Theory Reviewed. pp. 62-63).

En este alegre carnaval de ganancias, todo el mundo está demasiado intoxicado con el espectro del enriquecimiento como para preocuparse por la letra pequeña. "Come, bebe y sé feliz, ¡mañana estaremos muertos!" Ese es el lema de la burguesía en un período de boom. Sin embargo, cuando el boom pierde fuelle, estos procedimientos fraudulentos y corruptelas quedan al descubierto. En el futuro son inevitables más fracasos bancarios.

La única diferencia entre el período actual y el pasado es la escala de la orgía de engaño y especulación. En el período reciente, se inyectaron enormes cantidades de capital ficticio al sistema a través del boom bursátil, la burbuja inmobiliaria y la extensión ilimitada del crédito y la deuda, hasta alcanzar niveles inauditos. Simplemente es un reflejo de la decadencia senil del capitalismo.

La bancarrota de la economía burguesa

Bajo el capitalismo las crisis son inevitables. Si se acepta el capitalismo entonces deben aceptarse las leyes del capitalismo, es decir, admitir los booms y las recesiones (ahora conocidas en los círculos educados como “correcciones”). Los reformistas y los keynesianos que defienden la manipulación del sistema para “allanar el ciclo” mediante la intervención del Estado, la financiación del déficit, la inversión estatal para el relanzamiento económico de determinados sectores y otras medidas similares, pueden tener éxito y lograr posponer durante un tiempo la recesión, pero sólo a costa de preparar una crisis aún más seria en el futuro.

Los economistas burgueses son incapaces de comprender las crisis, que son un resultado ineludible del capitalismo Están perplejos y no son capaces de explicar lo que está ocurriendo. Todas sus predicciones han fracasado, este hecho no es nuevo. En 1929, días después del crack bursátil, la Harvard Economic Society aseguró a sus suscriptores: “Una depresión severa está fuera de toda probabilidad”. En un informe de marzo de 2001, el 95 por ciento de los economistas norteamericanos decían que no habría recesión, incluso aunque la recesión ya había comenzado.

La opinión general de los economistas burgueses es que los bancos centrales y los gobiernos pueden manipular la economía y así evitar las recesiones. La mayoría de ellos aceptan que es imposible una repetición del crack de 1929 y la Gran Depresión. Asumen que como en los últimos veinte años aproximadamente sólo hubo dos recesiones y ambas fueron relativamente suaves, entonces finalmente han conseguido encontrar una receta mágica para evitar recesiones como las del pasado. Esta idea está totalmente equivocada. En realidad, todo ciclo económico tiene sus propias peculiaridades. Habría que buscar factores específicos del desarrollo capitalista en tiempo y lugar. La suavidad de las recesiones recientes no es un indicador de una nueva era para el capitalismo.

La crisis del banco Northern Rock de Gran Bretaña demostró precisamente que todos los instrumentos para resolver una crisis y evitar el pánico son inútiles. En el momento de la verdad, la gente se deja llevar por el instinto de rebaño. Se mueven en masa como un rebaño de ñus asustados en una estampida ante el simple olor de un león. Muchos comentaristas han hablado con desprecio de esta conducta “irracional”. Si fuera irracional entonces manifiesta la misma irracionalidad que el alma de la economía capitalista de mercado.

El gobierno y el Banco de Inglaterra fueron incapaces de evitar una crisis bancaria importante o calmar los nervios de los depositantes e inversores. Al final, sólo consiguieron evitar un colapso total con la promesa de fondos ilimitados a los banqueros pagados de los bolsillos de los contribuyentes. Consiguieron detener temporalmente la caída, pero sólo a costa de preparar el camino para caídas aún más bruscas en el futuro.

Para la burguesía, las crisis (y la economía en general) siempre se explican en términos subjetivos. De la misma manera que se asume que todos los consumidores disponen de un conocimiento universal de las mercancías, por tanto, todas las crisis están causadas bien por decisiones equivocadas de los gobiernos o bacos centrales o, como en la última versión del ex-presidente de la Reserva Federal de EEUU, Alan Greenspan, la naturaleza humana:

“La naturaleza humana se mueve de la euforia al temor”, nos dice él. “Es este sentido del miedo lo que no consiguen tener en cuenta los economistas modernos cuando hacen predicciones” y añade: “La vieja costumbre de los ciclos de boom-y-recesión no ha muerto en estos años recientes, simplemente ha estado inactiva”.

Hoy, la burguesía intenta consolarse con predicciones optimistas. Nos recuerdan a uno de los encantamientos de un chamán primitivo que intenta hacer que llueva cantando constantemente (el gobernador de Arizona lo hizo recientemente). Funcionan con la suposición de que los booms y las recesiones son provocados por factores psicológicos subjetivos (“confianza”) de los consumidores e inversores. En realidad, el ciclo boom-recesión capitalista está determinado por factores objetivos que son externos al control de los gobiernos y banqueros centrales.

La “confianza” de los inversores se basa en consideraciones materiales muy reales. Mientras la economía norteamericana avanzaba, incluso aunque los cimientos no fueran sólidos, la burguesía de otros países estaba dispuesta a invertir en ella. No prestaban atención a los niveles colosales de deuda y los grandes déficits, incluido el déficit por cuenta corriente de aproximadamente 800.000 millones de dólares anuales. EEUU necesita conseguir al menos 70.000 millones de dólares cada mes para cubrir este déficit.

La mayoría de los economistas no prevén una recesión en EEUU, pero los datos sugieren que EEUU probablemente se encamina hacia una. La tasa anual de crecimiento del PIB norteamericano fue 3,9 por ciento en el tercer trimestre de 2007. Pero hay síntomas de que la economía podría frenarse en 2008, con un hundimiento de la producción y el empleo. La mayoría de los comentaristas están de acuerdo en que la economía norteamericana crecerá al menos un 2 por ciento el próximo año. Esta previsión no tiene en cuenta los efectos del pánico hipotecario subprime. Greenspan, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y otros han sugerido que hay un cincuenta por ciento de posibilidades de que la economía norteamericana entre en recesión el próximo año.

En lugar de subir los tipos de interés para combatir la inflación, la Reserva Federal ha dado a los mercados financieros lo que ellos querían: reducción de los tipos de los fondos federales. Este acto, irresponsable desde el punto de vista capitalista, estuvo dictado por el temor a los efectos sociales y políticos de una recesión. Claramente juzgaron que existía un riesgo de recesión que justificaba dinero más barato.

Para complacer a Wall Street, los banqueros centrales han subestimado los peligros de la inflación, aunque ya hay muchos síntomas alarmantes. La inflación aumenta, un dato que no está reflejado de modo adecuado en las estadísticas gubernamentales. En 2000, cuando Bush llegó al cargo, el oro estaba a 273 dólares la onza, el petróleo a 22 dólares el barril y el euro valía 0,87 dólares. En la actualidad, el oro supera los 700 dólares la onza, el petróleo supera los 80 dólares barril y el euro está casi a 1,50 dólares (Nota de EM: Estas cifras corresponden a fines del 2007, cuando fue redactado este documento. Desde entonces, el precio del petróleo superó los 100 dólares y el de la onza de oro los 1.000). Algunos economistas hablan ya de 125 dólares el barril de petróleo para la próxima primavera (boreal). La reciente reducción de tipos de interés echará más combustible al fuego.

Las cifras de inflación básica podrían estar subestimando las presiones sobre los precios, en particular debido a la caída del dólar y los precios récord del petróleo. Con sus accionar, la Fed ha confirmado la creencia de los mercados financieros de que las expectativas de los inversores son las que determinan las decisiones de los bancos centrales: si Wall Street pide una reducción de tipos, la Fed lo hará.

Durante los últimos quince años la inflación ha estado relativamente estable. Este hecho fue consecuencia de una combinación de la globalización con la entrada de una fuerza laboral formada por millones de trabajadores mal pagos en China, India y Rusia que ejercen una presión descendente sobre los salarios y los precios. A los capitalistas y los economistas les tiene sin cuidado esto. En consecuencia, los bancos centrales han permitido una política monetaria excesivamente relajada y acumularon problemas para el futuro en forma de una burbuja crediticia incluso mayor.

En el futuro se verán las consecuencias de estos actos. Veremos una crisis global de sobreproducción agravada por una contracción brusca del crédito y el colapso de los precios inmobiliarios y bursátiles. Todos los factores que impulsaron el mercado se combinarán para provocar su caída.

Las consecuencias para la economía mundial

David Walker, interventor general de EEUU, ha establecido paralelos entre la crisis a la que se enfrenta EEUU y el final del Imperio Romano. Ha avisado de la existencia de “similitudes sorprendentes” entre la situación actual de EEUU y los factores que llevaron a la caída de Roma, incluido “el declive de los valores morales y la cortesía política en casa, un exceso de confianza, un ejército desbordado en tierras extranjeras y una irresponsabilidad fiscal por parte del gobierno central”. Esto nos dice mucho sobre la psicología actual de los estrategas del Capital. Una recesión en EEUU tendrá consecuencias muy serias para el resto del mundo.

Los economistas burgueses intentan argumentar que las economías de Europa y Japón, que crecieron bastante en el tercer trimestre de 2006, sacarán al mundo de la recesión. Pero muchos economistas predicen que este crecimiento no se podrá sostener. Incluso si se mantiene algún grado de crecimiento, no será suficiente para compensar una recesión en el mercado norteamericano. La caída del dólar afectará tanto a las exportaciones de Europa como de Japón, hará que sus monedas y sus mercancías sean menos competitivas. Además, en Europa la crisis del sector inmobiliario es un reflejo de la de EEUU, con resultados similares. Algunos bancos europeos están afectados por la crisis de las subprime de EEUU.

Esta es la otra cara de la globalización. El argumento de que el resto del mundo puede mantenerse al margen de una recesión en EEUU es extremadamente pueril y contradice todo lo que los economistas dijeron en el pasado sobre la globalización. Eso se pudo ver de manera clara en la crisis de 1997, comenzó en Asia y se extendió rápidamente a Turquía, Polonia, Hungría, Rusia, Brasil y Argentina. Lo mismo puede ocurrir en cualquier momento.

Frente al indicio claro de una recesión inminente en EEUU, los economistas ponen todas sus esperanzas en las economías emergentes. Es irónico en extremo. Hace una década, el pensamiento de que toda la economía mundial dependería mucho de estos países propensos a las crisis habría aterrorizado a los norteamericanos y a los europeos. Ahora miran a China y al resto de Asia en busca de salvación. Este hecho es una expresión gráfica del callejón sin salida del capitalismo y la creciente desesperación de la burguesía a escala mundial.

Perspectivas para Asia

Las perspectivas para la economía mundial dependen de que continúe el fuerte crecimiento en Asia. Los comentaristas esperan el agotamiento del crecimiento económico procedente de la demanda de los consumidores norteamericanos, y saben que se apagará el próximo año.

Sobre la superficie puede parecer que hay motivos para este optimismo. Las economías asiáticas se recuperaron de la crisis de 1997-2000 y ahora su tasa de crecimiento anual ha subido hasta aproximadamente el 7 por ciento. En 2007 contribuyeron a no menos de la mitad del crecimiento del PIB del planeta, medido en tipos de cambio de mercado, tres veces más que EEUU. Sin embargo, al depender de los “mercados emergentes” los capitalistas se apoyan sobre un junco roto. Estas economías dependen demasiado de las exportaciones y del crecimiento del comercio mundial. La mayoría dependen del mercado estadounidense que ha estado succionando sus exportaciones a un ritmo vertiginoso. Por eso EEUU está viviendo más allá de sus posibilidades. Pero esa fase ya ha pasado.

El crecimiento relativo de la importancia de estos países en el mercado mundial no es tanto una expresión de su fuerza (excepto China) como de la debilidad de EEUU. La importancia de EEUU como motor del crecimiento global ha descendido. Desde 2000 su parte de las importaciones mundiales ha pasado del 19 al 14 por ciento. Las economías emergentes no crecerán lo suficiente rápido como para compensar toda la caída de la producción de EEUU. La mayoría de ellas se desacelerarán en el próximo período, una recesión en EEUU reduciría las exportaciones de las economías emergentes.

Es verdad que la demanda interna en las economías emergentes ha aumentado. En la primera mitad de 2007 el aumento del consumo (en términos de dólares reales) en China e India añadió más al crecimiento del PIB global que el de EEUU.

También es verdad que la economía japonesa está recuperándose. Los grandes manufactureros japoneses ahora dicen que tienen una capacidad productiva insuficiente por primera vez desde 1991 y planean aumentar el gasto de capital un 17 por ciento hasta marzo.

Aunque EEUU sólo absorbe el 23 por ciento de las exportaciones de Japón, inferior respecto a casi el 40 por ciento de finales de los años ochenta, este dato subestima la exposición al riesgo de Japón. Las empresas japonesas (como las de Corea del Sur y Taiwán) envían muchos componentes a China para el ensamblaje de mercancías, que son después exportadas a EEUU como productos acabados. Además, si se hunde la economía norteamericana arrastrando con ella al dólar todavía más abajo, esta circunstancia reduciría más las exportaciones asiáticas. Igualmente, Japón tiene una enorme deuda pública y por lo tanto no está en situación de “recurrir al gasto para salir de una crisis” mediante la financiación del déficit. Taiwán, donde la demanda interna es débil, también tiene dificultades debido a un enorme déficit presupuestario.

Por lo tanto, no hay motivos serios para creer que las economías asiáticas puedan “desconectarse” de una desaceleración norteamericana. Aunque las exportaciones de China a EEUU han caído del 34 por ciento del total de sus exportaciones en 1999, al 25 por ciento actual (ajustando las reexportaciones que se hacen a través de Hong Kong), una caída brusca de la demanda en EEUU tendría serias consecuencias en China.

Un crecimiento más lento en EEUU afectará a China, India y Japón y aún más duramente a las pequeñas economías asiáticas, como Singapur, Taiwán y Hong Kong, que dependen más de la demanda extranjera. Pero toda Asia está interrelacionada y el crack de 1997 demostró que una vez comienza la crisis, ésta saltará de un país a otro.

Hace algo más de diez años, el 2 de julio de 1997, el banco central de Tailandia hizo fluctuar su moneda, el baht, después de no haber conseguido proteger la moneda de un ataque especulativo. Este movimiento desencadenó un colapso financiero y económico que rápidamente se extendió a otras economías de la región, provocando una caída precipitada de los tasas de crecimiento del PIB, la bancarrota de empresas que estaban sobreexpuestas a los riesgos de las divisas y, por último, la necesidad, en los países más afectados, de los préstamos costosos y políticamente humillantes del FMI. Esa situación precipitó la crisis financiera asiática de 1997-1998. Ahora se congratulan por haber salido de esa crisis, pero puede fácilmente repetirse a una escala incluso mayor.

China

La economía china ha estado rugiendo a un once por ciento anual, aunque recientemente se ha desacelerado a “sólo” el diez por ciento. A diferencia de EEUU, que ha experimentado un boom del consumo basado en la deuda, China ha tenido un desarrollo colosal de las fuerzas productivas. Como marxistas, damos la bienvenida a este proceso porque sirve para desarrollar y fortalecer al poderoso proletariado chino.

China superó a EEUU en 2004 como exportador de productos de alta tecnología. Se calculaba que en 2015 China tendría más científicos e ingenieros que el esto del mundo junto. Para 2020, si se mantuviera la tendencia actual, gastaría más en investigación y desarrollo que la UE. Ya es el mayor mercado de circuitos integrados del mundo. Estos entran en la producción de ordenadores portátiles, teléfonos, heladeras, acondicionadores de aire, computadoras, etc.,

La burguesía mundial consiguió unos beneficios considerables con su participación en China, que ocupó la posición que Rusia pretendía haber jugado después del colapso del estalinismo. Invirtieron masivamente en nuevas plantas y maquinaria, de este modo crearon una industria moderna y poderosa en China, donde las ventajas de una mano de obra barata y abundante, junto con la última tecnología importada de EEUU, Europa y Japón, han creado una formidable capacidad productiva. Este proceso tiene grandes implicaciones para la economía mundial, como es el lanzamiento de satélites chinos, que tiene significado tanto económico como militar.

El problema es que todas estas fábricas modernas en Guandong y Shanghái producen, inevitablemente, una masa de mercancías, televisiones, computadoras, reproductores de DVD, teléfonos celulares, microchips, y ahora automóviles, que deben encontrar un mercado. Es verdad que la extracción de plusvalía se produce en el centro de trabajo, pero que los capitalistas puedan materializar la plusvalía extraída del trabajo de los trabajadores depende de su capacidad para vender las mercancías que producen.

Es verdad que el mercado interno chino se ha extendido considerablemente en los últimos años. Pero China aún depende mucho de los mercados mundiales y sobre todo del norteamericano, una contracción brusca de la demanda en EEUU afectará duramente a la economía china. Esto tendrá consecuencias severas en lugares como Taiwán, Corea y el resto de Asia, que exporta productos a China donde cuesta más barato su ensamblaje y después los reexportan a EEUU y Europa.

China se ha beneficiado enormemente de su participación en los mercados mundiales, pero también ha provocado nuevas contradicciones y ha importado problemas como la inflación que anteriormente no existía. La inflación ahora está aproximadamente en el 6,5 por ciento, una cifra muy elevada para China. Ha habido huelgas para protestar por los bajos salarios. Recientemente, un aumento de los precios del combustible desencadenó una revuelta. El gobierno, alarmado, dio órdenes a las empresas petroleras estatales para que pusieran más combustible en el mercado pero, en palabras de The Economist, las empresas son “esclavas del mercado”.

A largo plazo, China será una potencia económica que igualará a EEUU, pero predecir que eso es algo inminente es una equivocación. Los economistas burgueses cometieron el mismo error con relación a Japón durante los años ochenta, utilizaron el mismo método equivocado de extrapolar al futuro las tendencias pasadas. La economía japonesa colapsó y estuvo en recesión durante más de diez años y ha conseguido salir con muchos esfuerzos. Lo mismo puede ocurrir a China.

La fuerza de China es desigual. Tiene muchas debilidades. Las fundiciones de hierro y acero chinas sólo pueden satisfacer un pequeño porcentaje de la demanda. La mayoría de la población aún vive en condiciones de extrema pobreza en las zonas rurales y tienen un poder adquisitivo muy pequeño. En las ciudades hay al menos 150 millones de desempleados. The Economist hace poco señalaba: “China es un lugar donde se producen productos electrónicos pero no añade mucho valor”.

Tomemos un ejemplo. El iPod de Apple de 30 gigabytes es fabricado en China por una empresa taiwanesa. Tiene no menos de 424 piezas y cuesta 224 dólares (en 2005). De estas 424 piezas, 300 cuestan un céntimo o menos. Pero el módulo gráfico que cuesta 30 dólares se fabricaba en Japón. El trabajo chino que ensambla este producto añade sólo 3,70 dólares a su valor. En lo que se refiere al mercado interno, está restringido debido a los bajos niveles de vida de la gran mayoría de la población, sólo aproximadamente el 15 por ciento de los productos electrónicos y de tecnología de la información fabricados en China se venden en el mercado interno.

La industria china produce enormes cantidades de mercancías cada año. Pero al final la contradicción sigue ahí: hay que vender las mercancías. Una recesión en el importante mercado de EEUU afectará a las exportaciones chinas, no sólo a las exportaciones directas a EEUU, sino también a las exportaciones e importaciones del resto de Asia. En realidad, las economías asiáticas como China cada vez son más dependientes del mercado de exportación norteamericano.

El economista Stephen Roach calcula que desde 1980 la parte de la exportación en el crecimiento económico chino ha pasado del 20 al 45 por ciento. En el mismo período, la parte del consumo interno en el crecimiento ha pasado del 67 a menos del 50 por ciento actual. La economía china podría mantener una tasa de crecimiento del 8 por ciento sin el estímulo de las exportaciones a EEUU, pero no serviría para que actuara como el motor del crecimiento económico mundial. EEUU sigue siendo una parte decisiva en este aspecto.

El declive del dólar

En el pico de un boom se espera ver un aumento de la producción y el empleo, aumento de los beneficios y los salarios, también subas de los precios. El boom actual se ha caracterizado por salarios estancados, beneficios récord y una baja inflación relativa. Esta situación se ha debido principalmente a los efectos de la globalización, con un enorme número de trabajadores mal pagos que han entrado en los mercados laborales a nivel mundial y también con la producción de mercancías a precios muy bajos que entran en los mercados mundiales, ya sea directamente como mercancías o indirectamente como partes componentes (de automóviles, televisiones, computadoras, etc.,).

Esta intensificación de la participación en el comercio mundial ha impulsado la producción, abierto nuevos mercados y proporcionado terrenos de inversión nuevos y rentables. También ha ejercido una presión descendente sobre los salarios y los precios, manteniendo la inflación más baja de lo que se podía esperar en esta etapa del ciclo. Esto, a su vez, ha permitido a los banqueros mantener un bajo nivel de tipos de interés, impulsado de este mundo un boom del crédito. También ha producido la mayor burbuja especulativa de la historia: el boom inmobiliario en EEUU y Europa, que se ha extendido a los demás continentes. Este es un elemento de inestabilidad colosal.

Este proceso ha llegado a sus límites. Los precios han comenzado a subir, en particular los precios del petróleo, que han subido principalmente debido a la fuerte demanda de China y otras economías emergentes. Han absorbido cuatro quintas partes del aumento total del consumo de petróleo en los últimos cinco años. En las pasadas recesiones en EEUU el precio del petróleo normalmente bajaba. En esta ocasión podría subir, lo que reducirá más la demanda en EEUU y Europa. La economía mundial se enfrentará a una combinación de inflación y desaceleración económica, es decir, estanflación, que es como normalmente se lo denomina.

La burguesía norteamericana intentó salir de la crisis permitiendo que el dólar cayera. En teoría un dólar débil impulsará las exportaciones y permitirá que la economía norteamericana se levante a costa de sus rivales. Pero las exportaciones ahora sólo suponen un 12 por ciento del PIB estadounidense. Es una proporción demasiado pequeña para compensar el debilitamiento del consumo, que supone el 70 por ciento del PIB. La reducción de tipos de interés como mucho servirá de paliativo temporal. No recuperarán el mercado inmobiliario. El carnaval se ha terminado. Los bancos, después de quemarse los dedos, están endureciendo las condiciones del crédito y el inventario inmobiliario es el mayor desde que se registran estas estadísticas. La caída de los precios inmobiliarios afectará al consumo, provocando una contracción de la demanda. El efecto real de la reducción de los tipos de interés será un aumento de la inflación.

El dólar ha continuado bajando hasta alcanzar el valor de 1,50 dólares por euro. De no ser por las ingentes adquisiciones de dólares por parte de los bancos centrales de Asia éste habría caído aún más. Pero este apoyo no se puede mantener de manera indefinida. La economía norteamericana está enferma y es totalmente inestable. Si cualquier otro país mostrara el mismo nivel de deuda privada, pública y empresarial, o tuviera un déficit por cuenta corriente similar, el Banco Mundial y el FMI habrían llamado a la puerta exigiendo recortes y austeridad. Como estos organismos del capitalismo internacional están controlados por Washington esto no ocurrirá. Pero tarde o temprano, la “mano invisible del mercado” se vengará del despilfarrador capitalismo norteamericano.

En realidad, la caída del dólar representa el mayor impago de la historia. Es un gigantesco fraude que ya ha evaporado más valor de los activos estadounidenses en manos extranjeras que cualquier otro mercado emergente haya hecho jamás. Cuando los inversores internacionales sean conscientes de la realidad del debilitamiento del poder económico de EEUU, entonces se preguntarán por qué aún mantienen en dólares la parte del león de su riqueza.

China y otros ya están alejándose de la moneda norteamericana. Países asiáticos y de Oriente Medio que tienen monedas vinculadas al dólar se enfrentan ahora al aumento de la inflación, pero la caída de los tipos de interés estadounidenses hacen más difícil ajustar su propia política monetaria. Finalmente, tendrán que dejar que sus monedas se revalúen frente al debilitado dólar. Eso significa que comprarán cada vez menos dólares.

La economía norteamericana está desafiando las leyes de la gravedad. Es tan inestable que es impensable que la situación actual pueda durar mucho. Finalmente, los extranjeros empezarán a preocuparse de si los dólares y bonos que tienen no valdrán ni el papel en el que están escritos. ¿Por qué van a querer prestar dinero a tipos bajos en una moneda cuyo valor baja, cuando pueden tener estos mismos fondos y prestarlos a tipos más elevados en una moneda que aumenta de valor?

¿Desaceleración o recesión?

Incluso en el escenario más optimista para el capitalismo, el crecimiento de la economía mundial se desacelerará. En el peor de los casos, nos enfrentaremos a una crisis global. Las economías emergentes, especialmente en Asia, tienen enormes reservas en divisas, nada menos que tres cuartas partes del total mundial. Esto se debe principalmente al gran déficit norteamericano. En la actualidad, China y otros países asiáticos tienen grandes reservas de dólares y bonos estadounidenses. No tienen ningún interés en provocar un colapso económico en EEUU y los norteamericanos se aprovechan de esta situación. Pero hay un límite para todo. Tarde o temprano, la naturaleza inestable de la economía norteamericana provocará un debilitamiento internacional del dólar. Los tipos de interés más bajos no atraerán dinero a los mercados, sino que minarán aún más al dólar.

Al reducir los tipos de interés, la Reserva Federal está entrando en un terreno muy peligroso. El resto del mundo no está dispuesto a financiar eternamente la tendencia de EEUU a consumir más de lo que produce. Ya existen síntomas de esta situación. Paradójicamente, parece que los primeros en sufrir el pánico son los saudíes, los principales aliados de Washington en el mundo árabe, que tienen grandes inversiones en EEUU. Arabia Saudí se ha negado a reducir los tipos de interés al unísono con la Reserva Federal por primera vez. Es una señal de que el rico reino petrolero del Golfo está preparándose para romper la paridad con el dólar. Este movimiento tiene riesgos de provocar una estampida de dólares por todo Oriente Medio.

Por su parte, el gobierno chino ha comenzado una campaña concertada de amenazas económicas contra EEUU, insinuando que podría liquidar la gran cantidad de bonos del tesoro norteamericano que posee si Washington impone sanciones comerciales para obligar a la revaluación del yuan. Henry Paulson, el Secretario del Tesoro estadounidense, dijo que cualquier sanción socavaría la autoridad norteamericana y “podría desencadenar un ciclo global de legislación proteccionista”. Estos hechos indican los verdaderos peligros a los que se enfrenta ahora EEUU y toda la economía mundial. Lo que convirtió realmente la recesión de 1929 en una Gran Depresión que duró diez años, hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, fue el proteccionismo, las guerras comerciales y las devaluaciones competitivas que minaron el comercio mundial.

La caída del dólar ejerce presión sobre la Unión Europea (UE), que ha visto como empeora su posición competitiva, no sólo frente a EEUU sino también frente a China y otros países asiáticos cuyas monedas están unidas al dólar y, por lo tanto, están bajando. Esta circunstancia ha provocado alaridos de protesta por parte de los capitalistas europeos que amenazan con represalias contra China a menos que revalúe el yuan. Todos estos hechos son un anticipo de tendencias proteccionistas más serias que inevitablemente cobrarán fuerza con el inicio de la recesión.

Son inevitables sacudidas futuras

A los economistas les gusta presentar el debilitamiento del dólar como una “corrección” necesaria. Dicen lo mismo sobre la caída de los precios inmobiliarios, la crisis del banco Northern Rock en Gran Bretaña, etc., Presentan todo como “correcciones” que tarde o temprano se arreglarán. En realidad, son síntomas, como los síntomas de una enfermedad subyacente o los temblores que preceden a un terremoto.

Podría decirse lo mismo sobre un terremoto: también se puede presentar como una “corrección” necesaria, que simplemente reajusta la corteza terrestre. Finalmente, todo vuelve a la normalidad y la vida continúa como antes. Pero este análisis reconfortante no tiene en cuenta la terrible estela de daños provocada por el terremoto: pueblos que desaparecen, árboles arrancados, cosechas destruidas, miles de muertos y heridos. Además, la vida normal no se recupera tan fácilmente después de un terremoto. Algunos pueden ser tan devastadores y dejar tal reguero de destrucción que los efectos se sientan durante años.

La crisis no se ha evitado. Sólo es el principio. A partir de ahora, después de años de inflación baja, tipos de interés bajos y crédito fácil, veremos la restricción del crédito y la suba de tipos de interés. Ambas cosas tendrán consecuencias. Por un lado, la escasez y ansiedad de crédito reducirá la demanda al mermar el poder adquisitivo de los consumidores, tanto en Europa como en EEUU. Por otro lado, junto con el inevitable aumento de la inflación (hace poco los precios del petróleo alcanzaron un nuevo récord), afectará negativamente a los beneficios de los capitalistas, lo que llevará a una reducción de la producción, y eventualmente a una recesión.

En primer lugar, una caída de los beneficios de los bancos provocaría una reducción de empleos en el sector financiero que afectaría a los precios de la propiedad. Esta situación crearía una nueva contracción de la demanda, desempleo y bancarrotas en la industria de la construcción. A su vez, afectará a la demanda del acero, cemento, ladrillos y otras mercancías, lo que conduciría a una nueva desaceleración en la industria. El vertiginoso aumento de los precios de las acciones e inmobiliarios está preparando el camino para una caída igualmente profunda en el futuro. Habrá recuperaciones, pérdidas, bancarrotas e impagos, a pesar de las acciones de la Fed.

Los bancos de inversión esperan que esos recortes de los tipos de interés consigan que el mercado suba de nuevo. Pero una reducción de tipos no resuelve los problemas fundamentales. No elimina la insolvencia en los propietarios de viviendas, los prestamistas de hipotecas, los fondos de alto riesgo y los bancos. Lejos de resolver el problema al final lo empeorará.

El mercado norteamericano está ya inundado de liquidez como resultado de las travesuras de Alan Greenspan, que provocaron la actual burbuja inmobiliaria, el mayor boom especulativo de la historia. Al reducir el costo del préstamo, la Fed sólo está creando una nueva expansión del crédito y el endeudamiento a todos los niveles. Prolongará y exacerbará las burbujas inmobiliaria y crediticia.

Ya en EEUU más de un millón de viviendas están en peligro de ser desahuciadas. Millones de pobres norteamericanos se encuentran sin hogar, mientras que otros millones luchan por pagar las hipotecas de unas casas que ya no valen tanto como pagaron por ellas. Un escritor pronosticaba recientemente el surgimiento de una subclase de esclavos hipotecarios en EEUU.

El trabajador norteamericano ahora produce una media de un 30 por ciento más que hace diez años, los salarios, en cambio, llevan estancados estos últimos seis años. Los aumentos de precios significan una reducción de los salarios reales. Lo mismo se aplica a los pensionistas y otros con ingresos fijos. Incluso sin una recesión, la población norteamericana sufrirá una erosión de su nivel de vida. Muchos estadounidenses pobres ya están luchando para poder satisfacer sus necesidades de vida básicas. Ahora millones estarán amenazados con la pérdida de sus empleos y viviendas. Esto eventualmente, provocará un aumento de las huelgas y los conflictos de clase en EEUU no visto desde los años treinta.

La crisis internacional que comenzó con la crisis de los mercados monetarios asiáticos en 1997 provocó una oleada de turbulencia que se extendió por todo el mundo. No se limitó a la economía sino que tuvo consecuencias políticas profundas en lugares como Rusia y, en particular, América Latina. Las réplicas de esta crisis causaron el colapso de la economía argentina en 2001, que tuvo consecuencias revolucionarias. Lo mismo puede ocurrir de nuevo.

Incluso sin una recesión, lo mejor que pueden esperar los capitalistas es un período de crecimiento más lento que creará nuevas tensiones políticas y sociales. El boom actual no tiene nada en común con el auge económico de 1948-1973. Aquel se caracterizó (al menos en los países capitalistas desarrollados de Europa Occidental, EEUU y Japón) por el pleno empleo, aumento de los niveles de vida, reformas y una disminución de la lucha de clases. Ahora no es así.

Presión sobre los trabajadores

Este boom ha sido a expensas de la clase obrera. Las empresas se han beneficiado de una expansión en la oferta laboral global, impulsada por la integración de India y China en la economía global, y eso ha sido un tapón sobre las reivindicaciones salariales. En todas partes los salarios se han mantenido bajos y los beneficios han subido a costa de los salarios.

Finalmente, sin embargo, en ese escenario también sufrirá la demanda. Los consumidores han conseguido financiar su estilo de vida gracias al préstamo. Pero esto es pan para hoy y hambre para mañana. Al final, llevará a una crisis global de sobreproducción. La debilidad relativa del consumo está haciendo que los inversores se trasladen hacia mercancías como los metales que antes solían estar consideradas “pasadas de moda”.

El boom se basó en la intensificación de la explotación, los recortes y los ataques a los derechos de los trabajadores. En todas partes vemos el mismo fenómeno. Las altas tasas de crecimiento y aumento de los beneficios no se han expresado en aumento de los niveles de vida y en reformas, sino en una presión constante y despiadada sobre los trabajadores y el saqueo sistemático del mundo subdesarrollado. La desigualdad ha alcanzado unos niveles sin precedentes en el período reciente. El 2 por ciento más rico de los adultos en el mundo poseen más de la mitad de toda la riqueza familiar, según un nuevo estudio realizado por un instituto de investigación de las Naciones Unidas.

El informe, del Instituto Mundial para la Investigación y Desarrollo Económico de la Universidad de la ONU, señala que la mitad más pobre de la población mundial posee apenas el 1 por ciento de la riqueza global. Estos datos son una confirmación contundente de lo que Marx escribió en El Capital: “La acumulación de riqueza en un polo es, por tanto, al mismo tiempo acumulación de la miseria, agonía del trabajo duro, esclavitud, ignorancia, brutalidad, degradación moral, en el polo opuesto”.

Los ricos son más ricos y los pobres son más pobres. Las grandiosas promesas de hacer de la pobreza historia han demostrado ser una consigna vacía. Según las cifras de la ONU, 1.800 millones de personas viven en la pobreza. De éstas, ocho millones mueren cada año porque no tienen suficiente dinero para vivir. Millones de niños mueren cada año por enfermedades curables, como la diarrea, provocadas por la ausencia de agua potable.

En América Latina en el último período se han conseguido altas tasas de crecimiento. Esta situación ha provocado un enorme aumento de los beneficios y a una riqueza obscena a un lado, mientras que en el otro extremo de la sociedad se ha producido un aumento de la pobreza, la explotación y la desesperación, como pronosticó Marx. El hombre más rico del mundo no es el norteamericano Bill Gates sino el mexicano Carlos Slim. En todo el mundo vemos la misma desigualdad extrema y la polarización entre las clases. En América Latina esta situación está provocando explosiones revolucionarias. Pero América Latina sólo demuestra el futuro del resto del mundo como si se tratara de un espejo. Eso es lo principal a tener en mente.

En el próximo período no puede descartarse una recesión profunda. Todas las condiciones para ello están madurando a escala mundial. Este proceso podría tener el efecto inmediato de paralizar a la clase, en condiciones de desempleo de masas las huelgas económicas tienen poco sentido. Los empresarios sólo cerrarían las fábricas. Sin embargo, esto puede llevar a una oleada de ocupaciones de fábrica. Esto ya ha ocurrido no sólo en América Latina, sino también en Canadá, incluso antes de una recesión.

Sobre todo, una recesión tendrá el efecto de transformar la psicología de las masas. Los trabajadores comenzarán a sacar conclusiones revolucionarias y este proceso encontrará una expresión en el plano político y dentro de las organizaciones de masas de la clase.

La economía no es una ciencia exacta y no es posible que sea exacta en la cuestión del ritmo. Todo lo que podemos hacer es explicar las tendencias fundamentales, armar y preparar a los cuadros del marxismo. Lo principal es tener en la mente que en toda la situación están implícitos los giros repentinos y las crisis. En cualquier momento puede estallar una crisis en cualquier parte del globo sin avisar, como un rayo que cae sobre un cielo azul y despejado. Lo importante es que estemos preparados, que seamos capaces de explicar estos acontecimientos a los trabajadores y jóvenes avanzados, que aprovechemos cada una de las oportunidades que se nos presenten para construir la tendencia marxista.

Nuestro propósito es analizar la crisis general del capitalismo para intervenir. Y para intervenir necesitamos fuerzas. Debemos construir estas fuerzas. En el pasado, a menudo éramos simples espectadores; por ejemplo, durante el período de Allende en Chile teníamos un análisis absolutamente correcto pero sólo éramos espectadores, no participantes activos en los acontecimientos. Hoy en Pakistán somos una fuerza. En Venezuela tenemos una fuerza creciente que ha construido puntos de apoyo importantes. En México tenemos un grupo extraordinario que está interviniendo eficazmente en el movimiento de masas. Esto afecta a toda la naturaleza de nuestras discusiones.

Europa

El proceso de la Unión Europea hacia la integración se ha detenido ahora. Este hecho se pudo ver en la cumbre de la UE en 2007, que se suponía debían llegar a un acuerdo sobre una nueva Constitución Europea pero que sólo sirvió para descubrir las profundas divisiones existentes entre las diferentes burguesías europeas. Dos años después de que los votantes franceses y holandeses la rechazaran, los primeros ministros y presidentes del continente han recuperado grandes partes del viejo texto y los han unido a un nuevo “tratado reformado”.

Una unión ampliada de 27 países no puede esperarse que funcione sobre las reglas diseñadas para un bloque de 15 países. La propuesta de remodelar el sistema de votación se encontró con la resistencia de los polacos. Esto obligó a los demás a aceptar el mantenimiento del sistema actual de votación hasta 2014, con otro período de transición de tres años después de esa fecha. Al final de ese período la UE podría, si así lo quiere, regresar al viejo sistema. En otras palabras, todo se ha aplazado para dentro de una década o así.

La tendencia hacia una mayor integración, que parecía imparable, se basaba en el crecimiento económico. Pero éste se ha detenido. El Banco Central Europeo subió los tipos de interés al 4 por ciento en junio de 2007, el mayor aumento trimestral desde diciembre de 2005. La burguesía europea está preocupada por la inflación y esta última suba de tipos es poco probable que sea la última. El crecimiento que se espera en 2008 es de aproximadamente el dos por ciento.

En estas condiciones, la tendencia hacia la integración se ha detenido y podría volverse en su contraria en el próximo período, cuando las contradicciones entre los estados nacionales reaparezcan. Es poco probable que la UE se desintegre. Los capitalistas europeos deben mantenerse de alguna manera unidos frente a la creciente competencia de EEUU y China. Pero todos los sueños de crear un super-Estados capaces de desafiar a EEUU están en ruinas.

El crecimiento ha sido débil en la mayoría de las economías de la zona euro. El crecimiento del PIB de un 0,6 por ciento en el primer trimestre de 2007 fue recibido como una tremenda conquista. Ahora incluso este resultado está más allá de sus capacidades. La caída del dólar está haciendo que el euro alcance niveles récord y perjudique a las exportaciones europeas. 

La moneda china, vinculada al dólar, también cae frente al euro. Esta circunstancia está provocando aullidos de dolor desde Bruselas y amenazas de represalias contra China y EEUU. Es la primera advertencia de las tendencias proteccionistas que inevitablemente cobrarán impulso en el próximo período ya sea con una desaceleración o con una recesión.

 En cualquier caso, el crecimiento económico del último período no resolvió nada y simplemente provocó la indignación de los trabajadores que cada vez comprenden más que no son recompensados en proporción a los esfuerzos que a ellos les exigen los empresarios rapaces. Está preparado el escenario para un aumento de la lucha de clases en un país tras otro. En algunos sentidos una continuación de este boom débil sería el mejor escenario. Una recesión no necesariamente es una receta para la lucha de clases y el crecimiento económico en las condiciones modernas ciertamente no es una receta para la paz de clases, como vimos en las huelgas de masas en Francia.

En Francia, la victoria de Sarkozy fue seguida inmediatamente por una explosión de las huelgas en un sector tras otro de los trabajadores. El desempleo ha estado oscilando aproximadamente en el diez por ciento, pero el nivel entre los jóvenes con menos de 25 años es de aproximadamente el 20 por ciento, y para los jóvenes de origen norteafricano está en el 40-50 por ciento. Esa fue la principal razón para el estallido de los barrios deprimidos, banlieus, hace dos años. Recientemente, ha habido nuevos síntomas del malestar que existe entre los jóvenes desempleados, sobre todo de origen norteafricano.

Ha habido grandes movimientos de estudiantes contra las contrarreformas educativas de Sarkozy. Este hecho demuestra la acumulación de descontento bajo la superficie durante décadas. Esto es lo que llevó a Mayo de 1968 y lo mismo puede ocurrir de nuevo. En Alemania, la mayor economía de Europa y que antes actuaba como su locomotora, el desempleo ha estado alto durante todo este período. Ha habido grandes huelgas en los ferrocarriles y otros sectores, y un fermento político reflejado en el aumento en las encuestas del apoyo partido al Partido de la Izquierda (Linke) que ahora está en el 20 por ciento.

En Italia hubo una manifestación de medio millón de personas en Roma contra los cambios de la ley de pensiones, y en la pequeña Dinamarca una manifestación aún mayor (proporcionalmente) de 100.000 personas contra los recortes. Estas son pruebas de que los trabajadores no aceptarán fácilmente la destrucción de sus conquistas pasadas. Italia ahora es el enfermo de Europa. En el pasado la burguesía italiana salía de la crisis devaluando la lira y aumentando el déficit presupuestario. Ahora las dos válvulas de seguridad están cerradas. La entrada de Italia en el euro prohíbe tener grandes déficits presupuestarios y excluye las devaluaciones. Los capitalistas italianos por tanto no tienen otra alternativa que un enfrentamiento directo con la clase obrera. Quieren arrebatar todas las concesiones de los últimos cincuenta años. Es una receta acabada para un período de lucha de clases tormentosa.

En Grecia, sólo tres meses después de la reelección del gobierno de derecha de Nueva Democracia, la mayoría de la población griega participó en un gran movimiento contra los ataques de los empresarios al sistema de seguridad social. La huelga general de 24 horas el 12 de diciembre de 2007 fue convocada por el GSEE (sindicato de trabajadores de cuello azul y blanco) y el ADEDY (trabajadores del sector público) los dos mayores sindicatos, que representan a aproximadamente a 2,5 millones de trabajadores griegos. En la movilización también participaron los abogados, periodistas, comerciantes, propietarios de pequeñas empresas e ingenieros. Todos los principales medios de transporte (metro, autobús, barco, aeropuertos) quedaron totalmente paralizados durante todo el día, excepto el metro que pudo funcionar durante unas cuantas horas para transportar a los manifestantes a los mítines.

En todas las industrias importantes del país, en las grandes empresas del estado, en todos los principales centro de trabajo, la participación en la huelga general fue del 80 al 100 por cien. En muchos centros de trabajo (como tiendas, empresas de servicios, oficinas) donde el número de trabajadores es pequeño y donde no existe un sindicato activo, la participación oficial, como se podía esperar, no fue tan grande. Sin embargo, muchos trabajadores de estas pequeñas empresas se negaron a ir al trabajo utilizando como excusa que no había medio de transporte o que tenían "problemas de salud". En realidad lo que ocurrió es que la mayoría de ellos participó en la huelga.

Hubo 64 manifestaciones en diferentes partes del país. Por supuesto, los mítines más importantes se celebraron en Atenas. El mayor fue el organizado por el GSEE y el ADEDY con la participación de 50-60.000 trabajadores. El otro mitin grande, convocado por el PAME, el sindicato del KKE (Partido Comunista de Grecia), contó con la participación de 20-25.000 personas. En estas manifestaciones el ambiente era muy combativo.

Han pasado tres meses desde las elecciones y el gobierno de Karamanlis está en una situación muy difícil. Ya antes de la huelga general las encuestas revelaban que el 70 por ciento de la población griega no estaba de acuerdo con la política del gobierno sobre seguridad social, el 58 por ciento no estaba de acuerdo con la política económica del gobierno de ND ni tampoco con la del PASOK, incluso el 25 por ciento de los votantes de ND (que votaron a este partido hace sólo tres meses) no estaban de acuerdo con la política económica del gobierno.

El plan original del gobierno, sólo después de ser reelegido, era atacar inmediatamente a la clase obrera. Pero el gobierno tiene una mayoría muy escasa en el parlamento de sólo dos parlamentarios y puede que no consiga mantenerse en el poder. Aquí, una vez más, vemos la debilidad de la burguesía y las dificultades que tiene para aplicar la política de recortes.

En España existe una polarización cada vez más profunda a derecha e izquierda, a pesar del período de rápido crecimiento económico. La derecha (PP) y la Iglesia están utilizando un lenguaje no escuchado desde los años treinta, en víspera de la guerra civil. Por supuesto, esa no es la perspectiva inmediata para España o para cualquier otro país europeo. Pero en el próximo período eso cambiará. Al final, la burguesía llegará a la conclusión de que hay demasiadas huelgas, demasiadas manifestaciones, demasiada "anarquía" y que se debe restaurar el Orden.

Los gobiernos reformistas siempre preparan el camino para gobiernos aún más de derecha. En determinado momento puede producirse un movimiento en dirección hacia el bonapartismo en Europa que, a su vez, llevará a una mayor polarización e intensificación de la lucha de clases. La democracia burguesa no es algo fijo en todo momento. Lo que hemos visto en América Latina se puede reproducir en Europa, no sólo el ascenso revolucionario sino también las tendencias contrarrevolucionarias.

Sin embargo, esa es la música del futuro. A diferencia de los años treinta, las contradicciones en la sociedad no se pueden resolver rápidamente mediante un movimiento hacia la revolución o la contrarrevolución. La correlación de fuerzas de clases es enormemente favorable a la clase obrera y la base de masas para la reacción que existía en los años treinta en el campesinado y la pequeña burguesía ha desaparecido. Los grupos fascistas en la mayoría de los países son pequeños y, aunque cada vez son más ruidosos y violentos, no pueden jugar el papel de aquéllos. Este hecho se puede ver en los estudiantes que en su gran mayoría tienen una perspectiva de izquierda, mientras que antes de 1945 se inclinaban hacia el fascismo.

La clase dominante, por tanto, no puede moverse hacia la reacción en el futuro inmediato. Pero la clase obrera no puede tomar el poder porque sus organizaciones tradicionales de masas se han transformado en obstáculos poderosos en el camino hacia la revolución socialista. El actual equilibrio inestable entre las clases puede continuar durante un período de años con alzas y bajas. Pero la crisis del capitalismo se dejará sentir y ya lo está haciendo. Las masas aprenderán de la experiencia y en determinada etapa se moverá para tomar el poder como hizo en los años setenta.

Oriente Medio y Asia

Iraq

En Iraq, a pesar de la presencia de un gran número de tropas armadas con las armas de destrucción más modernas, los norteamericanos han perdido la guerra. Este hecho ha provocado una crisis de régimen. La clase dominante no confía en Bush. Como ocurrió con Nixon, fue fácil ponerlo en el puesto pero es bastante más difícil deshacerse de él. El Grupo de Estudios Iraquíes encabezado por James Baker, un representante de confianza de la clase dominante, dio un consejo bastante sensato desde la perspectiva de la burguesía norteamericana. Dijeron: "Hemos perdido, salgamos lo más rápidamente posible, lleguemos a un acuerdo con Siria e Irán, dejémosles el caos".

En su lugar, George Bush ha enviado más tropas y amenaza a Irán. Su consigna es: "Un último empujón y ganaremos". Es como los generales de la Primera Guerra Mundial que siempre ordenaban a sus soldados avanzar por última vez. Esta nueva "oleada" estadounidense supone el envío de 21.000 soldados más. En total hay 31.000 en Bagdad, más otros 160.000 en el resto del país. Es la cantidad de soldados más elevada desde finales de 2005.

Después de haber tomado Bagdad, los norteamericanos esperaban controlar el llamado Cinturón Suní que rodea la capital, en particular las ciudades cercanas, principalmente suníes, Mahmudiya, Latifiya y Yusufiya. Pero no ha solucionado nada. Fuera de Bagdad, las guerrillas ahora se han trasladado a otras zonas. Ahora se reconoce que unos 2,2 millones de iraquíes de una población total de 27 millones han huido del país, además la ONU calcula que hay otros 2 millones de desplazados internos.

Tarde o temprano los norteamericanos tendrán que abandonar Iraq. Están intentando unir un Estado que puedan controlar cuando ellos se vayan. Pero el Estado, en última instancia, son cuerpos de hombres armados. La policía iraquí está formada por unos 188.000 hombres entrenados por los norteamericanos, pero a mediados de 2007 ya habían perdido nada menos que 32.000 hombres, muertos (8.000-10.000), heridos (un número similar), desertado (más de 5.000) y otras razones. Se dice que el ejército fuerte de 137.000 es mejor y, obviamente, menos sectario pero es inútil frente a los insurgentes.

Las cosas no van mejor en el frente político. Los estadounidenses exigen que los iraquíes construyan un gobierno nacional con base amplia, Estado, policía, etc., Pero el gobierno de unidad nacional no es tal cosa. Es un grupo de fracciones, cada una de ellas intenta agarrar una parte del botín. Hay una guerra civil sectaria y sangrienta en Iraq. El gobierno y los norteamericanos no pueden resolver nada. El imperialismo estadounidense es el responsable de esta pesadilla. Avivaron las llamas del conflicto sectario cuando se basaron en los kurdos y los chiíes frente a Sadám Hussein, que tenía su base en los suníes. Ahora la situación está fuera de control.

El general Petraeus admitió con franqueza que el envío de más tropas sería inútil a menos que el margen de respiro que su ejército está intentado crear sea aprovechado por el gobierno encabezado por los chiíes para implicar a un mayor número de suníes. Los jefes del general Petraeus en Washington saben que si el títere Maliki (primer ministro iraquí) no es capaz de hacerlo mejor, el envío de más tropas de EEUU, y el aumento de la pérdida de vidas norteamericanas que ya es importante, está condenado al fracaso.

Hasta hace poco, se confortaban con la idea de que el Kurdistán estaba relativamente tranquilo. "El norte va bien" solían decir. Pero el peor derramamiento de sangre y violencia se producirá en el norte. El Kurdistán está formado por una mezcla étnica, la cuestión nacional no puede resolverse bajo el capitalismo, ya sea en Iraq o en cualquier otra parte. Ahora el conflicto está entre suníes, chiíes, kurdos, turcos y otros grupos.

Turquía mira amenazadoramente a Iraq. Ankara nunca aceptará un Kurdistán independiente en sus fronteras. El Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) ha reiniciado su guerra de guerrillas dentro de Turquía y tiene bases dentro del Iraq kurdo. El parlamento de Ankara ha aprobado una resolución que les permitiría intervenir militarmente en Iraq. El ejército turco intentará aplastarlos. Ya están acumulando fuerzas en la frontera, sólo buscan la excusa para intervenir. Ya han realizado incursiones. Si Iraq comienza a romperse en líneas nacionales, los turcos ocuparán la zona que rodea Mosul y Kirkuk, siempre han codiciado su riqueza petrolera. Este hecho provocará nuevos conflictos e inestabilidad.

Crisis en los EEUU

Los imperialistas no van a la guerra por diversión, sino por el saqueo, los mercados y las esferas de influencia. Pero no están sacando dinero de Iraq, les está costando una cantidad de dinero colosal, al menos dos mil millones de dólares semanales, miles de muertos y heridos. Iraq tiene las terceras mayores reservas de petróleo del mundo pero son poco útiles mientras el crudo permanezca en su mayor parte debajo de la superficie. La infraestructura petrolera está en unas condiciones críticas tras 17 años de guerra y sanciones. La producción sigue por debajo del (deprimido) pico  previo a la guerra, 2,5 millones de barriles diarios.

El ejército es pesimista sobre las perspectivas y cada vez lo expresa más abiertamente. El general Petraeus ha advertido que las "operaciones de contrainsurgencia pueden durar nueve o diez años". Pero no tienen nueve o diez años. La opinión pública en EEUU ahora está arrolladoramente en contra de la guerra, incluso muchos republicanos ya han tenido suficiente.

Hagan lo que hagan los norteamericanos estará mal. Si siguen allí sólo tendrán más bajas y no resolverán nada. En gran medida, debido al resultado de Iraq, la popularidad de Bush ha colapsado. La lista de estadounidenses muertos y heridos crece y un número desproporcionado de las víctimas en Iraq son de familias pobres latinas o negras.

En el fondo es una cuestión de clase. Si la ocupación continúa podría provocar movimientos en EEUU similares al movimiento de masas contra la guerra de Vietnam hace cuarenta años. Puede incluso provocar una crisis de régimen con implicaciones revolucionarias. La combinación de recesión económica, con la consiguiente caída de los niveles de vida, desempleo y desahucios, junto a la guerra es un cóctel explosivo.

  Pero si se van será peor. Dejarán detrás una situación caótica que incluso podría llevar a la ruptura de Iraq en sus partes constituyentes. Este hecho sentaría la base para más inestabilidad, guerras regionales y terrorismo, es decir, precisamente lo contrario de lo que pretendían.

En el otoño de 2007, mientras Bush aún golpeaba el tambor de la guerra contra Irán, aparecieron unas sorprendentes revelaciones en la prensa relacionadas con Irán, el "Estado canalla" preferido del presidente. Fuentes anónimas revelaron que la inteligencia norteamericana había establecido hace algún tiempo que Irán no tenía posibilidad inmediata de adquirir un potencial militar nuclear. Era exactamente lo contrario de lo que Bush ha estado diciendo estos últimos meses. En realidad, ha estado diciendo que era necesario emprender acciones inmediatas contra Irán porque en cualquier momento podría adquirir armas nucleares.

¿Cómo reaccionó Bush? ¿Corrigió la propaganda engañosa sobre el imaginario arsenal nuclear de Irán? ¿Anunció inmediatamente el abandono de cualquier plan de ataque militar a Irán? No, no lo hizo. Repitió las mismas viejas tonterías y redobló sus amenazas contra Irán. Y el gobierno israelí se unió afirmando que su propio servicio de inteligencia contradecía los informes de Washington. Evidentemente, los halcones en Israel están entusiasmados con la perspectiva de dar a Irán una lección sangrienta y no quieren que nadie les estropee su divertimento.

¿Quién estaba detrás de estas revelaciones? Quienquiera que fuera, era alguien de alto nivel con acceso privilegiado a información de inteligencia muy sensible. Parece muy probable que un sector del establishment haya decidido impedir una nueva aventura militar en Oriente Medio liberando una información que desenmascara toda la propaganda de la Administración Bush sobre este tema, como ocurrió con las viejas mentiras sobre las "armas de destrucción masiva" de Iraq.

Este incidente demuestra la existencia de una creciente división dentro de la clase dominante norteamericana. Hay una consciencia cada vez mayor de que la política exterior de la administración Bush está teniendo consecuencias negativas para el imperialismo estadounidense y a un sector de la clase dominante le gustaría poner un freno, o incluso sacarlo de en medio. Implícito en esta situación está la crisis del propio régimen.

Parece lo más probable que las próximas elecciones serán ganadas por los demócratas. Pero ¿qué pueden hacer ellos? Les quedará la herencia de la guerra, el terrorismo y la crisis económica. No tardarán mucho tiempo en desacreditarse, preparando así el terreno para una radicalización seria de la política norteamericana.

Inestabilidad regional

La guerra de Iraq ya ha tenido consecuencias imprevistas para la camarilla dominante de Washington cuando inició su aventura iraquí. George W. Bush y Condoleezza Rice sinceramente desean la paz en Oriente Medio, la paz bajo el control norteamericano. El problema es que los dos objetivos son mutuamente excluyentes, se puede tener paz o se puede tener dominio estadounidense, pero no se puede tener ambas cosas.

El imperialismo norteamericano intenta fortalecer su control de la región como una parte clave de su política general para el dominio mundial. La criminal invasión de Iraq pretendía, entre otras cosas, establecer una cabeza de playa norteamericana fiable y firme en Oriente Medio. No ha conseguido este objetivo sino que sólo ha logrado provocar una oleada de inestabilidad por toda la región.

Al eliminar el ejército iraquí, la única fuerza que podía actuar como contrapeso a Irán, Washington alteró la correlación estratégica de fuerzas en toda la región. Benefició a Irán, que ha extendido su influencia en la población chií de Iraq y en la región. Esta circunstancia amenaza directamente los intereses de Arabia Saudí y de los Estados del Golfo, donde las monarquías reaccionarias pro-norteamericanas están sentadas sobre enormes reservas de petróleo.

Como un elefante en una tienda de porcelana, el imperialismo norteamericano ha enloquecido toda la región, destruido totalmente los elementos de estabilidad que antes existían. Ahora, rodeado por pedazos de vajillas rotas y con miedo a romper otros platos más valiosos, el presidente George Bush convocó una conferencia con la esperanza de pegar los pedazos rotos.

La monarquía saudí, uno de los principales aliados del imperialismo norteamericano en la región, podría ser derrocada en cualquier momento y cualquiera que sea el régimen que la sustituya no será amigo de Washington. Por lo tanto, la Casa de Saud ha estado suplicando a Washington que la ayude en dos frentes: intensificando la presión diplomática, económica y militar sobre Teherán, y negociando alguna especie de acuerdo de paz que, esperan, resolvería la cuestión palestina y aliviaría algo de la presión que sufre Arabia Saudí.

En Washington estarían encantados de solucionar el problema palestino, pero hay varios problemas que tienen una naturaleza muy espinosa. El problema principal es Israel, que ahora es el único aliado de confianza que tiene Washington en la región. El imperialismo norteamericano no tiene mucha influencia con la clase dominante israelí en la situación actual. En estas condiciones, EEUU propone pero es la clase dominante israelí quien dispone.

Siria y Líbano

Los estadounidenses pensaban que eran inteligentes cuando diseñaron el derrocamiento del régimen pro-sirio en Líbano. Pero todo lo que consiguieron hacer fue hundir al país en el caos y la guerra, creando las condiciones para el resurgimiento del enfrentamiento civil. Ahora Líbano está en un punto muerto en la elección de su presidente. Con retraso, algunas personas en Washington se han dado cuenta de que el papel de Siria es crucial. Es posible que la decisión de invitar a Damasco para que enviara un representante a la conferencia de Annapolis sea un reconocimiento de este hecho.

La decisión siria de enviar a su viceministro de exteriores, un rango inferior a un negociador completo pero mayor a  una mera presencia testimonial, a cambio de una simple discusión simbólica en Annapolis sobre la paz siria-israelí, parecía indicar que Siria desea llegar a algún acuerdo con Washington. Si es posible o no es otra cuestión a debatir.

Los norteamericanos necesitan a Siria para evitar que Líbano explote en una guerra civil abierta. Pero George Bush es demasiado estúpido y miope para comprender las realidades de la diplomacia mundial. No ha ofrecido a Siria ninguna concesión para garantizar su apoyo, en su lugar dio a Damasco un golpe de nudillos con su discurso. Hizo una referencia innecesaria a la necesidad que tenía el Líbano de tener unas elecciones "libres de la interferencia e intimidación externas". Es un chiste si se tiene en cuenta la flagrante interferencia de EEUU en toda la región. Pero los sirios no ven la parte divertida de esta situación.

La cuestión palestina

La cuestión palestina es el centro de la crisis de Oriente Medio. Los norteamericanos saben que es un factor importante en la turbulencia que hay en Oriente Medio. Esta última región es clave para la política exterior norteamericana, tanto por razones económicas como estratégicas. Durante décadas, la cuestión palestina ha sido como una úlcera enconada que está envenenando las relaciones entre los Estados y provocando el riesgo de nuevos conflictos, terrorismo, inestabilidad y guerras.

Después del colapso de la Unión Soviética, los imperialistas norteamericanos deseaban aumentar su influencia en los países árabe y estaban dispuestos, hasta cierto punto, a poner presión sobre Israel. Por tanto, presionaron a Israel para que hiciera concesiones a los palestinos. Este hecho llevó a las conversaciones de Camp David, y a los acuerdos de Madrid y Oslo que establecieron un territorio palestino truncado. Fue una caricatura patética que de ninguna manera satisfizo las aspiraciones nacionales de los palestinos. No contentó a nadie.

El resultado fue más violencia, terrorismo, enfrentamiento y rencor, con una división abierta en las filas de los palestinos, con Hamás haciéndose con el control de Gaza, aumentando así el caos, la inestabilidad y los elementos de guerra civil. La crisis en Gaza es una guerra civil entre Hamás y la OLP dirigida por Abbas.

La retirada de Israel de Gaza fue un movimiento táctico destinado a fortalecer su dominio en Cisjordania. Vemos el cinismo de los imperialistas (no sólo de los norteamericanos sino también de la UE) cuando inmediatamente suspendieron los fondos para el gobierno de Hamás que, digan lo que quieran, pero fue elegido democráticamente.  Tan pronto como sucedió el enfrentamiento entre Abbas y Hamás, ellos reanudaron los fondos para Cisjordania y su títere Abbas. Quieren utilizar a una de las partes para dividir a los palestinos y de esta manera garantizar que la lucha palestina por una verdadera patria sea abortada.

La clase dominante israelí observa con bastante satisfacción cómo luchan ente sí los palestinos y, de vez en cuando, envía tanques o aprieta los tornillos económicos, sólo para demostrar quién es el jefe. La situación es una pesadilla para las masas palestinas que no ven una salida. La táctica de Hamás no resuelve nada sino que sólo refuerza la posici&oac