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Movimiento Intersindical Clasista (M.I.C.) PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Demian Marcos   
Domingo 12 de Marzo de 2006 00:00
El nuevo activismo que se foguea en las luchas, en seccionales, comisiones internas y sindicatos que se van recuperando, el cúmulo de conflictos que posibilita el acercamiento entre activistas que salen a pelear y buscan una instancia que unifique, coordine y fortalezca este incipiente proceso, la mayor confianza en sí mismos de los trabajadores, son la base que hace surgir al M.I.C. y en dónde este movimiento tiene que trabajar.

Intervenir en la lucha de clases para avanzar

El año pasado fue testigo de impresionantes luchas obreras, triplicando el número de paros y conflictos salariales del 2004. El carácter que prevaleció en estas luchas, que englobaron a casi todos los sectores de nuestra clase, fue netamente ofensivo. La recuperación de la economía, animó a los asalariados a reclamar por lo perdido y arrancar nuevas conquistas. Las cuantiosas ganancias patronales, el superávit fiscal del gobierno, y la inflación erosionando el salario obrero son un estimulo para la lucha.
El nuevo activismo que se foguea en las luchas, en seccionales, comisiones internas y sindicatos que se van recuperando, el cúmulo de conflictos que posibilita el acercamiento entre activistas que salen a pelear y buscan una instancia que unifique, coordine y fortalezca este incipiente proceso, la mayor confianza en sí mismos de los trabajadores, son la base que hace surgir al M.I.C. y en dónde este movimiento tiene que trabajar.
La heroica lucha de los obreros petroleros de Las Heras vuelve a poner sobre el tapete que las luchas salariales seguirán.

Nuestras tareas

Ante las negociaciones paritarias que ya emprenden varios sectores, se sabe que el gobierno busca un "pacto entre caballeros" con la patronal y la dirigencia sindical ofreciendo un tope máximo del 20% de aumento salarial. Pero el sector más inteligente de la CGT, el moyanismo, aunque estaría gustoso de tener una paz social en las empresas para engrillar el proceso subterráneo que se da en las bases obreras, y que tiende -embrionariamente- a desarrollar direcciones más combativas, sabe que de todas maneras necesita mínimamente aparecer a la "ofensiva", para recomponer su imagen ante los trabajadores. De ahí el anuncio de Moyano de que pediría una máximo del 35% de aumento. En ultima instancia, estas vicisitudes por arriba reflejan el pavor a que la lucha salarial se les desborde por abajo.
Por eso creemos que a pesar de las diferencias y ambigüedades que dentro del M.I.C. pudieran manifestarse, hay que apoyarse en lo positivo para avanzar. Creemos necesario que en las luchas donde estén presentes compañeros que participan en este espacio, lo hagan bajo la bandera del M.I.C. para posicionarse de cara al activismo, como una alternativa y un organismo que aspira a desarrollar el clasismo en el seno del movimiento obrero. En este sentido, la Mesa Nacional debería elaborar un comunicado público al movimiento obrero dando a conocer su existencia y llamando al activismo, a todo trabajador honesto y antiburocrático, a sumarse a sus filas, y apoyar públicamente las luchas obreras que se vayan desarrollando a lo largo y ancho del país.
Hay muchas tareas por delante, por ejemplo fijar una política del movimiento hacia el Congreso Nacional de la CTA; intentar trabajar por sectores (docentes, estatales, etc.) y por zonas o regionales, así como definir una regularidad de los plenarios nacionales del movimiento. Las pocas experiencias recientes de este tipo de organismos obreros, sumado a las diferentes tradiciones, políticas y prácticas de sus componentes, hacen que la articulación del movimiento sea dificultosa, lenta. Pero la situación objetiva de nuestra clase es la mejor en décadas para avanzar unificadamente.


VII Congreso Nacional de la CTA
Impulsemos un sindicalismo democrático, clasista y antiburocrático
Autor : El Militante
Fecha : ( 28-Marzo-2006 )
Categoria : Movimiento obrero

En pocos días sesionará el VII Congreso Nacional de delegados de la Central de Trabajadores Argentinos. Este importante evento para los trabajadores, agremiados o no dentro de la central, tiene gran relevancia en la actual coyuntura. La creciente ola de reclamos laborales expone a la herramienta sindical como medio de organización de las más amplias capas explotadas para luchar por conquistas no sólo económicas. La propia experiencia demuestra a los trabajadores la necesidad de dar un paso más allá de la lucha reivindicativa.
La pulverización de los magros aumentos salariales mediante la inflación, las condiciones de superexplotación, el desempleo, el hambre, la falta de salud y educación y cada uno de los derechos que vienen arrasando tanto la burguesía nacional como los grupos imperialistas, muestran claramente la necesidad de ir a la raíz de los problemas de los trabajadores. Por ello, la sola lucha económica -que resulta importantísima- se muestra insuficiente y es en el terreno político donde también hay que dar pelea: cómo queremos que sea Argentina y Latinoamérica, cómo pensamos que es posible hacerlo.

La falta de un análisis de clase

La CTA nació en contraposición a la burocracia de la CGT, defendiendo su autonomía respecto de los partidos políticos, las patronales y el Estado. También atendió a sectores ignorados por la vieja central, creando organizaciones de la juventud, mujeres, y desocupados. Sin embargo debemos señalar algunas limitaciones y contradicciones. Como por ejemplo el sobredimensionamiento de las consecuencias de algunos cambios en los procesos de producción.
La luchas de los trabajadores en los últimos meses desmienten que “la ofensiva del capital ha transformado a la empresa en un espacio hostil para la organización del trabajo... Los trabajadores somos una franca minoría en la fuerza de trabajo... el territorio es el espacio natural a ocupar y liberar para una nueva unidad política.”
El debilitamiento de los trabajadores ocupados -relativo en números- fue más que nada en el plano subjetivo, hoy vemos cómo, ante la mínima recuperación económica, es la clase obrera, organizada a través de sus sindicatos o comisiones internas combativas, el sector más dinámico en las luchas sociales. De este error de análisis se puede llegar al descuido de la labor en los lugares de trabajo e incluso a cuestionar el rol protagónico de la clase trabajadora en el necesario proceso de recomposición social.

Fracaso del sindicalismo reformista

A lo largo de varios años de confusión política, desconfianza en la fuerza de las masas, adaptación a los cargos y posibilidades de negociación por arriba, algunos dirigentes han adoptado prácticas sindicales perjudiciales para los trabajadores. Las consecuencias las vemos, por ejemplo, en los conflictos de estatales y docentes donde la inexistencia de planes de lucha, la dispersión, falta de coordinación y unificación nacional, han llevado al desgaste y a la no consecución de los reclamos: salarios dignos, pase a planta permanente de los precarios, blanqueo de sumas en negro, defensa de la salud y la educación pública, etc. Recordemos que son precisamente los sectores afiliados a la CTA (estatales, docentes, judiciales) los más perjudicados por la política de superávit fiscal, contención del “gasto” público y ahogo presupuestario, implementada para superar la crisis de 2001 y continuar con el pago de la deuda externa, y que no se prevén aumentos de salarios ni de jubilaciones.
También son notorias las violaciones a la democracia sindical y los obstáculos que impiden la participación masiva. Debemos transformar las organizaciones sindicales construyendo desde las bases, democratizando los espacios, con delegados revocables y respetando la proporcionalidad en la representación.
Desde la CTA deberíamos plantearnos además una política para atraernos a la base de la CGT, proponiéndole un frente único en las luchas, particularmente en los sectores donde ambas centrales tienen presencia gremial (en estatales: con UPCN y los distintos sindicatos por ministerio, en salud, en aeronáuticos, etc). Evitaríamos así el aislamiento de los sectores más concientes y combativos del resto de los compañeros de trabajo.
Proponemos que se apruebe en el VII Congreso un programa de lucha que contemple salarios acordes a la canasta familiar (hoy por encima de los $1.800), ajustables por inflación, reducción de la jornada laboral a 6 hs., reparto de las horas de trabajo, jubilación con el 82% móvil, incorporación a convenios de los trabajadores en negro, pasantes y precarios, subsidios por desempleo igual al salario mínimo y el desprocesamiento de los miles de luchadores sindicales y sociales perseguidos por el estado.
Y también por la recuperación de los principales recursos naturales (gas, petróleo, agua, minerales, latifundios, fuentes de energía) y de los servicios y empresas públicas privatizadas y subsidiadas (ferrocarriles, viales, etc.). El apoyo a las empresas recuperadas por los trabajadores y el impulso a las expropiaciones de las empresas vaciadas o que despidan trabajadores. Todos estos recursos y empresas deben ser nacionalizados sin indemnización y puestos en funcionamiento bajo control de los trabajadores. Para esto es necesario recuperar el control de la banca, hoy en manos extranjeras y oligárquicas.

La CTA debe dar la lucha política

Las mencionadas limitaciones políticas de los dirigentes de la Central han llevado a la violación del principio de independencia política de los trabajadores en distintas oportunidades, con el apoyo a frentes y alianzas policlasistas: el Frepaso, la Alianza, al ARI, etc.
Esto pareció cambiar en diciembre de 2002 cuando en el VI Congreso Nacional se caracterizó la orfandad de representación política de los intereses de los trabajadores y el pueblo en general, y se dejó planteado -con el voto de 10.000 delegados- el objetivo de crear el Movimiento Político Social y Cultural (MPS) “con capacidad de gobernar el destino de nuestro país desde los intereses de la clase trabajadora, amplio, de unidad antiimperialista y de encuentro de todo el pueblo trabajador”.
Se hablaba de enfrentar, con el MPS, los intentos de reconstitución del régimen político y económico al que se caracterizaba como de “ajuste permanente”. Se sostenía que lo “que está en crisis es el conjunto de las instituciones sociales, sindicales, partidarias, empresariales y culturales que han definido a la Argentina desde la dictadura militar en adelante”. Había entonces que enfrentar los intentos de reconstitución de ese régimen con una herramienta de clase que instaure otro orden social, igualitario. Para eso era necesario construir una herramienta política que permita avanzar a la clase obrera y los sectores populares en su lucha contra la explotación capitalista.
Pero desde los lugares de mayor responsabilidad se fue demorando la implementación del MPS. Las dilaciones fueron aprovechadas por los dirigentes más acomodaticios, siempre a la espera de un cargo en la estructura estatal. En consecuencia, en estos últimos meses ha surgido una corriente kirchnerista que llega al extremo de violar la autonomía de la CTA con la asunción de D’Elía como Secretario de Estado. Nadie debe negarnos a ningún integrante de la Central la posibilidad de militar en una organización política. Pero un dirigente no puede mantener su cargo en la Central mientras se integra al estado capitalista que explota, reprime y persigue a los luchadores. Más de 4 mil procesados, decenas de presos y la represión de luchas como la de Las Heras, nos muestran el verdadero carácter de este estado que los trabajadores necesitamos reemplazar.
Si se viola este pilar de la independencia de la Central respecto al estado, ¿cuál es la diferencia en este campo con las prácticas de la dirección de la CGT? Además este sector kirchnerista también aplaudió el pago de la deuda al FMI, cuyo desconocimiento es uno de los principios de la CTA desde su nacimiento. Esta maniobra de cooptación por parte del gobierno amenaza la misma existencia de la CTA, tensando los enfrentamientos internos. Por otra parte la CTA nunca fue reconocida legalmente por el gobierno pese a esta cercanía de muchos dirigentes con el kirchnerismo, que por otra parte privilegia a la CGT moyanista como interlocutora.
Sin embargo, de cara al VII Congreso, desde la dirección nacional y en algunos congresos provinciales parece retomarse la idea de impulsar el MPS como expresión política de los intereses de clase de los trabajadores. ¿Volverá a ser expropiado hacia líneas de conciliación con el empresariado y su estado explotador?.
Aunque se ha perdido mucho tiempo, sería necesario que este congreso aborde este problema y comience a definir qué política llevaría adelante el MPS, cómo propiciaría el desarrollo de Argentina y la integración latinoamericana. Y también cómo estaría conformado, nosotros creemos que debe ser masivo, permitiendo la participación de las distintas expresiones de los trabajadores, con un funcionamiento democrático y con libertad de tendencias en su interior.
El II Congreso de la provincia de Buenos Aires (de fines del 2005) afirma correctamente en su documento político que a través de la acción de los trabajadores se puede terminar con la pobreza y generar políticas sociales que resuelvan los problemas de salud, educación, justicia y vivienda: “ya no alcanza con el reclamo reivindicativo”. De ahí se desprende la necesidad de la intervención decisiva de los trabajadores en las medidas importantes, lo que implica avanzar hacia un gobierno de los trabajadores. Es importante entonces trabajar en la creación de una herramienta para implementarlo. Los delegados bonaerenses consideran que es imprescindible que la “CTA continúe asumiendo su rol de herramienta privilegiada de la clase trabajadora en la historia por su independencia económica, política y social.” Y coincidimos en que “nuestra clase trabajadora organizada es el núcleo fundamental en la construcción de una sociedad que sea la contra cara de esta sociedad capitalista y dependiente que hoy nos somete.”

Articular una oposición clasista

Uno de los aspectos más relevantes del 2005 ha sido la posibilidad de poner en pie el Movimiento Intersindical Clasista que intenta articular a la oposición clasista de la CTA y la CGT. Consideramos imprescindible que los sindicatos y seccionales opositores, comisiones internas, cuerpo de delegados, activistas y sectores descontentos con las direcciones, luchadores y trabajadores antiburocráticos, se sumen a este desafío de luchar por la unidad de la clase trabajadora y en defensa de la democracia obrera. Superaríamos entonces la histórica dispersión de la oposición clasista que nos impide aparecer como una opción de dirección ante la mayoría de los trabajadores.
En momentos de gran crecimiento de las luchas obreras para recuperar derechos y niveles de vida perdidos, en una situación de extrema desigualdad, con altísimos niveles de desocupación y pobreza, creemos que no puede ser más favorable la oportunidad para generar un espacio unitario de nucleamiento de los sectores más combativos y concientes de la clase. En este sentido es importantísimo el paso dado con la conformacion del MIC. Su extensión y consolidación como corriente opositora unitaria en ambas centrales será clave para la recuperación de las organizaciones tradicionales de los trabajadores y con miras al paso de la organización política de los trabajadores.
El VII Congreso de la CTA nos da una importante oportunidad de aparecer ante los ojos de miles de trabajadores como una oposición democrática, antiburocrática y clasista. Es un gran desafío pero también una gran oportunidad para que el Movimiento Intersindical Clasista comienze a dar los primeros saltos de calidad y cantidad.