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Organizar una Corriente Sindical clasista y democrática en la CGT y la CTA PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por El Militante   
Martes 06 de Diciembre de 2005 00:00
Desde la Corriente Socialista El Militante creemos que la situación objetiva de la lucha de clases, signada por la amplitud y cantidad de los conflictos, su extensión por sectores, el malestar de los trabajadores por la pérdida del poder adquisitivoy las largas jornadas de trabajo, el descrédito de las direcciones sindicales, crean un terreno propicio para el desarrollo, articulación y extensión de una Corriente Sindical de oposición.

Una necesidad impostergable

a lucha de los trabajadores por aumentos de salarios y mejoras en las condiciones laborales no se detiene. No la pararon ni las elecciones, ni los cambios de ministros, ni la cantidad de Convenios firmados por las direcciones sindicales para limitar su alcance.
En la mayoría de los casos, el aumento de los salarios conseguidos fue gracias a una lucha a brazo partido, y en otros a la necesidad de la burocracia, gobierno y patronales de adelantarse soltando algunas migajas.
Este vasto y creciente movimiento de lucha se manifiesta con diferentes ritmos y dinámicas. Dentro de este proceso intervienen trabajadores en blanco, estatales, privados, “en negro”, terciarizados, etc. O sea, que recorre y electriza a todas las capas que componen la clase trabajadora. Y no es casualidad que se dé esta situación cuando las patronales aumentan sus ganancias un 50% más cada año mientras que el 70% de la clase trabajadora, 9.5 millones de asalariados, gana menos de $800, cuando la Canasta Familiar supera los $1.800. Y cuando la mitad de los trabajadores argentinos gana... ¡¡menos de $550 al mes!! Con una inflación superior al 12% los ingresos de los trabajadores se reducen aún más, teniendo en cuenta que los alimentos aumentaron un ¡¡130%!! en los últimos 4 años.
Esta “gimnasia” reivindicativa, más allá de los reclamos, tiene el efecto de imprimir una nueva dinámica que expresa el nuevo espíritu de lucha y organización de los trabajadores, recuperando espacios de democracia obrera dentro de la estructura sindical, como el armado de listas opositoras a la burocracia o la proliferación de asambleas de base para decidir el curso de las luchas, propiciando un gran movimiento subterráneo de oposición que engloba a todo el activismo combativo que empezó a foguearse en este proceso.
Este es el verdadero trasfondo social donde la discusión sobre la necesidad de la Corriente Sindical se transforma en estratégica para los activistas y dirigentes combativos dentro del movimiento obrero, acicateadas por las luchas del Subte, Telefónicos, Garrahan, docentes, estatales, etc.

Encuentro del 6-7 agosto, un paso adelante pero insuficiente

Indudablemente, el Encuentro Nacional de Trabajadores de agosto significó un paso adelante. La declaración de 14 puntos acordada contenía la defensa de un modelo sindical democrático al servicio del interés general de la clase trabajadora con mecanismos asamblearios de base, bajo el objetivo de impulsar y coordinar las luchas que vienen llevando adelante para conseguir condiciones de vida dignas, y el compromiso de promover agrupaciones unitarias que disputen las organizaciones de la clase obrera a la burocracia. Además, la declaración hacía referencia explícita a la unidad de la clase obrera, contra la discriminación, por el internacionalismo, la solidaridad y el antiimperialismo.
Sin embargo, a pesar de los buenos deseos de todos los participantes no se avanzó en el plano organizativo con la constitución formal y el lanzamiento público de la Corriente Sindical (o Intersindical, como también se la denomina) con un nombre definido y con un plan de trabajo por sectores y zonas como era el deseo de gran parte de los compañeros presentes en los debates.
Había compañeros que planteaban que las condiciones para crear una Corriente sindical clasista y democrática en las fabricas y empresas, todavía no estaban dadas. Estos compañeros apuntaban a la creación de un organismo conformado principalmente por los sindicatos, seccionales, comisiones internas y cuerpos de delegados que han sido recuperados de las manos de la burocracia (los que, honestamente, debemos reconocer que son todavía muy pocos), como una forma de coordinar y rodear de solidaridad las luchas y conflictos de este segmento reducido de sectores, y de intercambiar experiencias. La falencia de esto último es que no apuntalaba ningún mecanismo para atraer y desarrollar aquellos sectores de la clase donde el activismo obrero todavía no está insertado (que son la mayoría), o en aquéllos donde el proceso no está tan avanzado o se carece de las fuerzas para recuperar los instrumentos sindicales. En la práctica, fue este tipo de funcionamiento el que se dio en estos meses.
Después del Encuentro de agosto tanto el funcionamiento orgánico del espacio como las tareas acordadas no pudieron ser llevadas a cabo satisfactoriamente. En un conflicto tan importante como fue el del Garrahan no se actuó colectivamente y bajo la misma bandera, cada integrante del espacio actuó por su cuenta. Tampoco el resto de las campañas de agitación programadas en el Encuentro de Agosto pudieron ser llevadas a la práctica.
No podemos justificar esta situación diciendo que los trabajadores no están luchando o que aceptan mansamente el ajuste que significa la inflación que devora el salario obrero. Todo lo contrario. Como afirma el propio texto de convocatoria del presente Encuentro, durante estos meses los integrantes del espacio participaron en muchas luchas, pero a título individual, sin que los trabajadores afectados o quienes las veían desde afuera, supieran de la existencia de nuestro movimiento.
De esta manera, estamos desaprovechando el potencial latente del activismo obrero que tiene expectativas en la construcción de un espacio de lucha para organizarse y multiplicar sus fuerzas.
Esto no tiene nada de alarmante por ahora, dada la heterogeneidad de las posiciones político-sindicales y de las diferentes experiencias encarnadas por compañeros de los más diversos sectores de la clase que convivimos en este espacio, pero a condición de que, de ahora en más, demos pasos efectivos y reales hacia adelante en el desarrollo y extensión de la Corriente Sindical.

Corriente Sindical, Corriente político-sindical, Movimiento intersindical, y clasismo

También la definición del nombre reveló diferencias en lo que se proponía construir. Es importante señalar que hay compañeros prefieren hablar de “corriente político-sindical” y no de “Corriente Sindical”. Ahora, la Mesa Promotora del espacio que se conformó en la reunión de agosto, propone para la Corriente Sindical el nombre de Movimiento Intersindical Clasista. Otros compañeros cuestionaron si convendría utilizar o no la denominación “clasista” para la construcción del espacio.
En cuanto a esto último, es verdad que el propio desarrollo de la sociedad y de la clase obrera desgasta las palabras y su contenido. Pero creemos que el “clasismo”, con todas las matizaciones que se le puedan adjudicar, es una tradición que es necesario reanudar en el seno del movimiento obrero. Independientemente de que la Corriente se denomine “clasista” o no, su práctica diaria y cotidiana debería estar signada por la defensa incondicional de los derechos inmediatos e históricos de la clase trabajadora y mantenga su independencia política y organizativa respecto de toda estructura patronal y gubernamental, que señale que no existen intereses comunes a obreros y patrones, y que la clase obrera debe perseguir el objetivo histórico de su emancipación social mediante la apropiación colectiva y democrática de los medios de producción en interés de la propia clase trabajadora. En este sentido, la experiencia del clasismo, su crítica colectiva en el seno de la corriente, ayudará a forjar la nueva camada de activistas obreros. Lo importante no son las etiquetas sino el programa de la Corriente y su práctica diaria, eso es lo que definirá el carácter clasista o no del espacio que empezamos a construir.
El término “corriente político-sindical” puede prestarse a confusiones. Para nosotros, la lucha política y sindical no están separadas por una Muralla China, porque toda acción sindical que tienda a hacer valer los intereses generales de la clase obrera y luchar por reivindicaciones que trascienden una empresa o sector tiene indudablemente un contenido político: las luchas para derogar las leyes de reforma laboral reaccionarias o para instituir una ley a favor de la jornada laboral de 6 horas; el exigir la liberación de los presos sociales, o el no pago de la deuda externa, etc., todas ellas tienen un indudable contenido político.
Entonces, no hay diferencias entre nosotros y resultaría irrelevante un nombre u otro. Ahora bien, si lo que estos compañeros entienden por “corriente político-sindical” es una especie de partido-sindicato, entonces no estamos de acuerdo.
Hay diferencias entre un partido y un sindicato. Los sindicatos agrupan a obreros de diferentes ideologías y concepciones políticas, y a trabajadores indiferentes políticamente. Es un gran frente único de la clase obrera por sus luchas económicas.
Acordamos con la necesidad de la lucha política y de que la clase obrera argentina debe tener su propio partido de clase, socialista y de masas, pero de forma paralela a la construcción de la Corriente Sindical, no suplantando uno a la otra.
Lo mismo opinamos sobre la denominación de Movimiento Intersindical. Lo que importa es el contenido, no la forma. Estamos de acuerdo con este nombre, siempre que queden claros el carácter y la organicidad que queramos darle al espacio. Por supuesto, el Movimiento o la Corriente, debe ser amplio y debe integrar a todos los trabajadores, seccionales de gremios, y cuerpos de delegados que acepten su programa y su declaración de principios, y estén dispuestos a trabajar para desarrollarlo. Pero debemos advertir de los peligros o deficiencias que se pueden correr de una interpretación equivocada del término “Movimiento”.
Uno de los peligros puede ser que sus integrantes no se consideren obligados a ningún tipo de disciplina interior frente a las decisiones democráticamente tomadas en cada ámbito de representación del Movimiento: Plenario Nacional, regional, local o por sector. Nosotros consideramos que las decisiones tomadas en estos ámbitos deben ser aceptadas y cumplidas por todos los que integran el espacio y no justificarse en que cada seccional, cuerpo de delegados o agrupación que adhiera al Movimiento decida individualmente si acepta o no las decisiones acordadas democráticamente.
Otro de los peligros que pueden surgir es que con la excusa de que el espacio debe ser amplio, la forma organizativa que adquiera el Movimiento sea amorfa y sin mecanismos claros para la toma de decisiones a nivel nacional, regional, local o por sector. Nos parece que el método más acertado sería tomar las decisiones, y resolver las diferencias o disputas que hubiera, después de una discusión amplia y democrática, mediante el sistema de votación, y no recurriendo a los falsos métodos del “consenso” o de los “acuerdos de cúpulas”. Son poco democráticos y pueden paralizar al Movimiento en su actividad práctica cuando este tipo de “acuerdos” no sea posible o fracasen.. En ese sentido, deberíamos avanzar en el establecimiento de reglas y métodos claros en los próximos plenarios y reuniones (a nivel nacional, regional, local o por sector) con delegados electos por zona, sindicato, cuerpo de delegados, agrupaciones, etc. Proponemos que este Encuentro o que la Mesa directiva que surja del mismo, elija una comisión de Organización que elabore una propuesta concreta sobre este punto.

La necesidad de una Corriente Sindical, clasista y democrática

Desde la Corriente Socialista El Militante creemos que la situación objetiva de la lucha de clases, signada por la amplitud y cantidad de los conflictos, su extensión por sectores, el malestar de los trabajadores por la pérdida del poder adquisitivo y las largas jornadas de trabajo, el descrédito de las direcciones sindicales, crean un terreno propicio para el desarrollo, articulación y extensión de una Corriente Sindical de oposición.
Por lo tanto creemos que hay que avanzar en la constitución de esta Corriente Sindical para llevar este debate al seno de la clase trabajadora, aumentando nuestros puntos de apoyo en los sindicatos y empresas para estar en las mejores condiciones de presentarnos como una alternativa frente a las actuales direcciones burocráticas de los sindicatos.
Una Corriente Sindical debe tener como fin aglutinar en un frente único a todos los activistas sindicales combativos y luchadores para desarrollar esta tarea, compartiendo experiencias y extendiendo su influencia.
Creemos que es insuficiente reducir el enorme potencial de una Corriente Sindical a la conformación de un simple organismo “coordinador”, circunscribiendo su esfera de actuación únicamente a las empresas, sectores o sindicatos donde hoy tenemos presencia, pero que no articula mecanismos para su extensión y desarrollo allá donde no estamos presentes. Desde ya: la coordinación entre los sectores que efectivamente hoy pueden coordinar luchas y campañas en el seno del movimiento obrero es un paso adelante, pero esto no se opone a una Corriente Sindical que aspire a organizar y fortalecer a los trabajadores, como espacio que apunta a ir a la clase y no esperar que ella venga a nosotros.
El objetivo del sindicalismo combativo, y de la Corriente Sindical, debería ser trabajar dentro de las organizaciones sindicales de masas existentes, la CGT y la CTA, para tomar posiciones en las mismas y arrebatar a la burocracia el control de los sindicatos. El conjunto de la clase obrera organizada en la Argentina lo está en y alrededor de las centrales obreras, y marginarnos de intervenir dentro de estas organizaciones simplemente significaría renunciar a enfrentar a la burocracia sindical y conquistar la dirección del movimiento obrero.
La Corriente Sindical debería estar abierta a la participación de cualquier trabajador o grupo de trabajadores en cada empresa o sindicato, y no solamente a los componentes de los cuerpos de delegados o dirigentes gremiales combativos reconocidos, debiendo aspirar a tener una composición de masas a escala nacional, con miles de adherentes.
Hasta ahora, allá donde el activismo obrero combativo dirigió o intervino en las luchas lo hizo en su propio nombre: como delegados o miembros de las comisiones internas del Subte, Garrahan, ferroviarios zona oeste del Gran Bs. As, ATE zona sur, Amsafe Rosario, Sutebas, etc. Por lo tanto, creemos que sería un enorme paso adelante que, de ahora en más, participáramos en las luchas bajo la bandera de la Corriente Sindical (o del Movimiento Intersindical), para que cualquier trabajador entienda que el sindicalismo combativo, democrático y antiburocrático no es patrimonio de tal o cual dirigente sindical combativo y honrado, o cuerpo de delegados particular, sino que obedece a una determinada concepción de la lucha sindical y de los intereses de los trabajadores, que se plasma en una herramienta organizativa como es la Corriente Sindical.
Hay un elemento que esta emergiendo en el proceso de luchas salariales que el activismo obrero tiene que considerar para diseñar una política correcta hacia las bases obreras. Sectores de la burocracia sindical, entendiendo la bronca acumulada de los trabajadores por los bajos salarios y las golosas ganancias patronales, se ven obligados a cambiar los discursos conciliadores de antaño, disfrazarlos en defensa de los salarios y críticas a la patronal, y dando un paso en la lucha organizando medidas de fuerza. Antes fue el Smata, ahora Sanidad, Construcción, Alimentación, Camioneros, etc.
Pensar que la burocracia sindical traicionará siempre, en todo tiempo y en todas las condiciones, es de una ingenuidad increíble. Obviamente las intenciones de la burocracia son recuperar oxigeno después de años de descrédito, recrearse una base en los gremios limitando y encauzando las luchas para que no se les escapen de las manos y estar en una mejor situación para encarar nuevos acuerdos y pactos con el gobierno y la patronal.
Debemos participar en estas luchas, hombro con hombro con el resto de los trabajadores, explicando pacientemente las limitaciones de las direcciones burocráticas, planteando la necesidad de asambleas de base para garantizar un control democrático de la lucha, extender el conflicto a otros sectores en lucha, y no bajar los reclamos.
En estas experiencias de luchas los trabajadores pondrán a prueba a las direcciones sindicales. La Corriente Sindical tendría un papel enorme que jugar, anticipándose a los hechos y mostrándose como una herramienta útil a la clase trabajadora, demostrando en la práctica la superioridad de sus ideas y métodos.
Los activistas obreros de la Corriente Socialista El Militante, participamos junto con otros activistas obreros y agrupaciones de distinta procedencia en el espacio Encuentro Sindical de Base-El Mortero, compartiendo, en líneas generales, esta concepción de lo que debería ser la Corriente Sindical, y que está abierto a cualquier activista dentro del Movimiento.

Qué programa

Para ayudar al éxito y desarrollo de la Corriente Sindical es fundamental dotarse de un pliego de reclamos amplio que contenga las demandas fundamentales de los trabajadores, desde las más pequeñas, hasta las más generales. Desde nuestro punto de vista, debería contemplar, al menos, las siguientes:
-Ningún pacto social UIA-CGT para frenar la lucha por el salario y el empleo digno.
-Salario promedio equivalente a la canasta familiar de $1.800.
-Reparto del trabajo sin afectar el salario, para así acabar con la desocupación. Por el cumplimiento efectivo e inmediato de la jornada laboral máxima de 8 hs y su reducción progresiva a 6 hs.
-No al empleo precario. Efectivización inmediata de los trabajadores contratados y "en negro" bajo convenio.
-No a la discriminación de la mujer trabajadora. A igual trabajo, igual salario.
-Escala móvil precios-salarios. Indexación de los salarios con los precios cada 3 meses.
-Subsidio de $500, como mínimo, para todos los desocupados mayores de 16 años, y sin derecho a prestación.
-Jubilación a los 60 años con el 100% del salario.
-Por un plan de obras públicas que atienda las necesidades de vivienda e infraestructura y así dar trabajo a los desocupados.
-Reestatización sin compensación de todas las empresas privatizadas, bajo control obrero.
-Estatización sin compensación, y bajo control de los trabajadores, de todas las empresas que cierren o despidan trabajadores.
-Desconocimiento de la Deuda externa.
-Nacionalización y estatización de la Banca, monopolios, multinacionales y latifundios bajo el control de los trabajadores y sin compensación, para así planificar los recursos productivos en beneficio de la mayoría de la sociedad.
-Desprocesamiento y liberación de todos los luchadores populares encausados o presos.

Además, debemos defender un programa de democracia sindical que contemple, entre otras, las siguientes medidas:

-Elección y revocabilidad inmediata de cualquier dirigente o cargo sindical por las bases.
-Que ningún dirigente o cargo sindical perciba un sueldo superior al salario medio de un obrero calificado.
-Que se abran los libros de contabilidad de cada sindicato a los afiliados.
-Congresos anuales con delegados democráticamente elegidos por los afiliados.

Este documento, que contiene nuestras propuestas sobre las tareas y desafíos que enfrentan los activistas obreros combativos y de izquierda, es un modesto aporte que hacemos al conjunto del movimiento. Es nuestra intención abrir un diálogo con cualquier trabajador o joven luchador interesado en abordar las tareas que tenemos por delante. En ese sentido, estaríamos muy agradecidos si nos hicieran llegar sus comentarios sobre el presente material.