Una alternativa socialista a la crisis de la Universidad (1ª parte) Imprimir
Escrito por El Militante   
Viernes 04 de Mayo de 2007 00:00
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Este documento es un aporte al debate sobre la Universidad que todos queremos. Es nuestra intención abrir una discusión y un diálogo con todos aquellos que estén comprometidos con la lucha por una Universidad pública, gratuita, laica y científica alservicio de los trabajadores y demás sectores populares. En ese sentido, estaríamos muy agradecidos si nos hicieran llegar sus comentarios, opiniones, propuestas y críticas sobre el contenido del presente documento. Para ello, pueden escribirnos a: Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla . Si estás interesado en adquirirlo escribinos o contactá a cualquier compañero de El Militante.

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“Pero el conocimiento no se desarrolla entre las cuatro paredes de un laboratorio o una sala de conferencia. De ningún modo. Ha sido una función de la sociedad humana que reflejaba su estructura.” León Trotsky

I. Introducción

Las Universidades, públicas y privadas, viven una crisis profunda que recorre el mundo entero y que es expresión concreta de la crisis generalizada que atraviesa el sistema capitalista. Esta crisis es el producto de la contradicción entre el Capital y el Trabajo; es decir, entre la explotación y el enriquecimiento ilimitado de una minoría parásita que ostenta la propiedad del Capital y una mayoría oprimida que se ve obligada a buscar sus fuentes de vida en el Trabajo al servicio de ese Capital. Por lo tanto nadie, en una Universidad, está exento del debate capital-trabajo, nadie está al margen de la lucha de clases y sus consecuencias.
Estudiantes, docentes, administrativos… todos, de un modo u otro dependemos de nuestro Trabajo y aunque algunos estudiantes gozan el privilegio de ser subsidiados por sus padres, incluso su desempeño en las aulas es un Trabajo, no asalariado, pero un trabajo que merece respeto y dignidad como el de todos. Y como tal respeto y dignidad padece calamidades y parasitismos de todo tipo. En eso tenemos también puntos de coincidencia y razones comunes para luchar unidos.
Lo que nos une es el Trabajo, sus problemas y las luchas. No todas las Universidades son iguales ni por sus definiciones ni por sus funciones. Todas deberían dedicarse íntegramente a la investigación, a la docencia, a la divulgación y a la solución científica de los problemas que aquejan a la humanidad, en lo individual y en lo colectivo. Todas deberían forjar científicos con convicciones éticas intransigentes capaces de poner sus conocimientos al servicio de la sociedad en la que viven, poner todo su compromiso y esfuerzo para superar los atrasos y lastres que nos aquejan… es decir la pobreza, las enfermedades, la corrupción, el crimen, la desigualdad y la usurpación de los conocimientos científicos para beneficio comercial de unos cuantos. ¿Qué Universidad necesitamos?... una que no tenga excusas para intervenir en la resolución de los problemas colectivos.
No todas las Universidades son iguales y eso implica muchas cosas, entre otras, desigualdad de convicciones, de intereses, de prácticas y (acaso por todo eso) de libertad de acceso. Para estudiar (o trabajar) en algunas Universidades hay que pagar fortunas inalcanzables para la mayoría. Algunas ofrecen “becas”, totales o parciales, sin ofrecer igualdad de condiciones para el desarrollo intelectual y social. Hay universidades a las que no se puede entrar porque la burguesía ha ideado mecanismos de filtro, tan abrumadores como absurdos e injustos. Violan impunemente el derecho a la educación e ignoran las necesidades mundiales que en materia educativa tenemos todos.

¿Qué es una Universidad?

“La técnica no puede estar enfrentada a la cultura, ya que constituye su principal instrumento. Sin técnica no existe cultura. El desarrollo de la técnica impulsa la cultura. Y la ciencia o la cultura general levantadas sobre la base de la técnica, constituyen, a su vez, una potente ayuda para el desarrollo posterior de la técnica. Nos encontramos ante una interacción dialéctica”. L. Trotsky.

La idea dominante actual sobre lo que debe ser una Universidad está condicionada por la propia crisis del capitalismo y su inestabilidad. Se trata de una agonía sobre la cual la propia burguesía no encuentra salidas en términos positivos para la mayoría de la población. Las investigaciones científicas se venden al mejor postor y ese postor es cada vez más monopólico y cerrado. Consume menos saber porque está íntimamente determinado por la ganancia y no desarrolla lo que la sociedad necesita en su conjunto y de esta manera se trueca en oscurantista. Consume más tecnología -saber aplicado a la producción- pero ambos (saber y tecnología) encorsetados en la propiedad privada volviéndose contra los trabajadores. Las universidades públicas privatizan cada día sus servicios y sus bienes. Se vuelven caras, burocráticas, ineficientes y desactualizadas. Muchos de los que estudian en ellas tienen por horizonte laboral trabajar para esa universidad y casi exclusivamente como trabajo sin sueldo.
No hay científicos ni intelectuales inmunes, aunque muchos se asuman como indiferentes o den por superado todo vínculo con la realidad que los rodea, lo que realmente ocurre es que son portadores de prejuicios comunes al servicio de convicciones políticas más reaccionarias. No existe la “objetividad” ni la “neutralidad” de pensamiento. En muchas Universidades nos tropezamos con pautas que debemos aceptar si se desea ser aceptado en la “comunidad científica” y eso no excluye una buena dosis de parálisis del pensamiento.
Las Universidades deben tener como objetivo la producción de investigaciones científicas, la enseñanza y la divulgación cultural. Abiertas, democráticas, universales y dinámicas. No un “ideal formativo” parcelado y abstracto, de espalda a la sociedad; sí un desarrollo científico comprometido con la transformación social. Sin embargo, el modelo de Universidad dominante insiste en la existencia de investigadores científicos y docentes limitados a un tipo de saber mercenario que sólo sirve al sector poderoso que puede financiar el desarrollo de una ciencia negociable botín de monopolios. Esa idea de “Ciencia”, que suele reinar en infinidad de claustros académicos, aplica el método científico como hecho incuestionable, ciegamente, dogmáticamente, ajeno u opuesto a la dialéctica y a la historia. Se lo presenta como obra de la “objetividad” del avestruz que mete la cabeza en un agujero para creerse liberada de la influencia de la realidad política, económica e ideológica vigente. Esas Universidades promueven su auto prestigio con la falsedad de que sus “conocimientos” sí son verdaderos, indiscutibles y de avanzada. Es esa su táctica para ganar “clientes”, patrocinadores y privatizarse pronto.
Debemos comprender porqué el mundo está como está. Ayudarnos con todos los conocimientos científicos a nuestro alcance, aprovechar el trabajo de muchos universitarios honestos que con su esfuerzo y experiencia han aportado herramientas de análisis y de transformación científica de la realidad.
Una corriente incipiente, nada nueva, recorre las Universidades de todo el mundo. Es una corriente que incluye a profesores, trabajadores no docentes, investigadores y alumnos. Es una corriente que rema esquivando sanciones, despidos, amonestaciones y descalificaciones impuestas por los patrones casi por el “simple hecho” de no ser complaciente, obediente ni indiferente ante las mil y una barbaridades reinantes en muchos “claustros académicos” públicos y privados. Denuncian la aberración de un mundo con Ciencia y Tecnología avanzadas que no sólo no sirven para resolver el hambre de millones de seres humanos sino que la incrementan por ponerse al servicio del Capitalismo. Cada vez son más los universitarios que luchan por liberar a la Ciencia de toda esclavitud al servicio de los monopolios. “A través de su propia experiencia, muchos científicos llegarán a la conclusión de que la única manera de salir del impasse social, económico y cultural es mediante una sociedad basada en la planificación racional, en la cual la ciencia y la tecnología se pongan a disposición de la humanidad, y no de los beneficios privados” (1). A ellos va dedicado este trabajo.

Una mirada histórica

“Mientras la ciencia en su conjunto se mantuvo como una “criada de la teología” solo subrepticiamente podía producir resultados valiosos. Este fue el caso en la Edad Media. Como quedó señalado, fue durante el régimen burgués cuando las ciencias naturales disfrutaron de la posibilidad de un amplio desarrollo. Pero la ciencia social se mantuvo como criada del capitalismo” León Trotsky

La universidad, como espacio institucional, nace junto con el capitalismo de las entrañas mismas del mundo feudal. La universidad, como parte de los instrumentos de dominación del capital, contiene en su seno una profunda contradicción que, lejos de enmudecerla o aniquilarla, le ha permitido desarrollarse de una manera dinámica. La contradicción de la Universidad se repite, se inicia como herramienta capaz de servir a sus fundadores y sostenedores (la iglesia o el capitalismo) y luego se vuelve contra ellos. Creada para celebrar y difundir el pensamiento del poder, termina desencadenando el poder del pensamiento crítico, concebida como instrumento de dominación intelectual, se convierte en parte misma de la lucha de clases. En consecuencia debe visualizarse a la universidad como un escenario de lucha por la producción y apropiación de conocimientos; y como tal, la universidad se encuentra atravesada por los proyectos políticos, económicos y sociales que circulan al interior de la sociedad y de las clases.
La burguesía, que en su etapa naciente poseyó una fuerza revolucionaria extraordinaria, entendió las virtudes de unir cuanta fuerza de conocimientos estuviera a su alcance, para ponerlas al servicio de su desarrollo como sistema económico hegemónico con principios y valores de clase indispensables para el control de la totalidad de la vida social. Esas asociaciones fueron el embrión de las Universidades. Coloquios, encuentros, claustros, simposia… El Capitalismo naciente comprendió la necesidad de las Universidades como motores propulsores que muy pronto comenzaron a generar estudiantes, profesores e instituciones capaces de proveer la sistematización de conocimientos especializados tomados de las ramas más diversas de la producción, incluida claro, la especialidad en generar plusvalía.
Las Universidades nunca fueron inmunes al pensamiento dominante de su época. Las Universidades Medievales enseñaban, por ejemplo, Teología, Derecho, Medicina y Filosofía donde se identificaba, como fuente única o principal de conocimiento y saber a Dios, en su solución católica. En los estertores de la Edad Media, se ensayó un modelo de Universidad que alcanzó a ser un logro significativo para un tiempo impregnado de divinidad y reinos extraterrestres pero que sucumbió con el advenimiento de los Estados Nacionales. A partir del siglo XV la Universidad experimentó transformaciones políticas y en su manera de tratar el conocimiento marcadas por las condiciones sociales y económicas que más tarde dieron por terminada la etapa histórica conocida como Edad Media. “Así, la sociedad medieval, encorsetada por el cristianismo, recogió muchos elementos de la filosofía clásica, pero subordinándolos a las necesidades del régimen feudal y convirtiéndolos en escolástica, esa “criada de la teología”. De manera similar, la sociedad burguesa recibió el cristianismo como parte de la herencia de la Edad Media, pero lo sometió a la Reforma... o a la Contrarreforma. Durante la época burguesa el cristianismo fue barrido en la medida en que lo necesitaba la investigación científica, por lo menos dentro de los límites que requería el desarrollo de las fuerzas productivas” (L. Trotsky).
Para las Universidades modernas el ideario político cristiano resultaba insostenible, incompatible. Había que darle impulso a una nueva concepción de sociedad y a una forma diferente de organizarla y de ahí la trascendencia política de muchas asociaciones de pensadores, dentro y fuera de los espacios universitarios, que aunque se ofrecían como “centros del saber”, “puro” o “neutro”… intervenían políticamente, dentro y fuera de sus labores académicas, para incidir en las polémicas decisivas de su época. El nacimiento del Estado Nacional y la Reforma al mismo tiempo que impulsó cambios a las instituciones universitarias comenzó a producir conocimientos nuevos de los que bebió coyunturalmente bajo modalidades y matices diversos. Lo que una vez pareció estanco inamovible con conocimientos inmutables, comienza a sacudirse bajo el reloj histórico. Nada sería como antes. Fue una primera derrota contra el control hegemónico viejo del conocimiento.
La Revolución francesa dio el golpe de muerte a la universidad medieval. El 5 de septiembre de 1793 se suprimen por Ley todas las universidades para ser reorganizadas con especialidades a la manera de la Escuela Politécnica de París o la Universidad Imperial. Se trata de un modelo estatal que al servicio del Estado, forma, entre otras cosas, cuadros dirigentes. Ese interés facilitó la inversión de presupuestos mayores y muy pronto en las Universidades europeas se revitalizó la enseñanza superior bajo un ideario burgués entonces vital y optimista, que veía en la producción científica un aliado esencial. Se suprime toda forma tradicional y se organiza un modelo científico relacionado al Estado centralista y burocrático. Entran en esa dinámica Universidades como la de Oxford y Cambridge, también, más tarde, se funda la Universidad de Berlín, en 1810, que inicia la nueva era de la Universidad Germánica, como prototipo de la universidad europea.
Nació, más tarde, la idea de la “Educación Liberal” que trató de separar los derroteros de la enseñanza de los mantos burocráticos de los estados porque hacia falta forjar conciencias no sólo encargadas de fortalecer al Estado sino también a los negocios. Así la Universidad vuelve sus ojos hacia una Ciencia con “libertad de comprensión” que hacia 1800 ya entendía la necesidad de acabar con cierto ambiente de relajación heredado del siglo XVIII, y al que le urgía apretar tuercas en la enseñanza de la religión, la lengua, la cultura clásica, las matemáticas y las ciencias físicas. Comenzaron las tendencias hacia la especialización profesional. Los cotos de especialistas. En oposición e esto surgió la tendencia de “Educación Liberal”, como un programa educativo que piensa en un conjunto de conocimientos y con disciplina intelectual, con independencia de su actividad profesional concreta o de su especialización.

“Los sabios liberales -que ya no existen- han pintado por regla general el conjunto de la historia de la Humanidad como una serie lineal y continua de progreso. Era falso. La marcha del progreso no es rectilínea, es una curva rota y zigzagueante. La cultura tan pronto progresa como declina. Hubo cultura en el Asia antigua, hubo cultura en la antigüedad, en Grecia y en Roma, luego la cultura europea comenzó a desarrollarse y ahora la cultura americana nace en el rascacielos. ¿Qué hemos retenido de las culturas del pasado? ¿Qué se ha acumulado como producto del progreso histórico? Procedimientos técnicos, métodos de investigación. El pensamiento científico y técnico avanza no sin interrupción y caídas.” (L. Trotsky)

II. Reseña histórica de la Universidad en Argentina

La enseñanza terciaria se inauguró en el actual territorio argentino en 1607 cuando los jesuitas fundaron en Córdoba el Colegio Máximo, dedicado a dotar a la diócesis de sacerdotes “aptos” para el culto. Sobre la base del Colegio Máximo, nació en 1623 la Universidad de Córdoba que estuvo impedida de conceder grados hasta 1664. El sistema pedagógico estaba ajustado a las “Ratio Studiorum”, según la cual el maestro leía en voz alta las lecciones y los alumnos las repetían, también en voz alta, hasta memorizarlas. El contenido de la lectura no podía ser discutido ni alterado por razonamiento alguno. El Rey Carlos III de España, expulsa a los jesuitas y la Universidad cordobesa queda en manos de los franciscanos. Los docentes eran nombrados por el Virrey, los graduados debían jurar obediencia al Rey, a sus ministros y a sus leyes, al Rector y a la constitución de la universidad. Esa instrucción propagó el oscurantismo, las supersticiones teológicas y la negación del conocimiento (2).
En 1800 la Universidad de Córdoba seguía expresando la ausencia de desarrollo industrial en el Virreinato del Río de la Plata. Mientras tanto, en la Universidad de Charcas (hoy Sucre, Bolivia) germinaban las ideas independentistas y de allí saldrían varios de los líderes de Mayo.
Ya en 1801, en Buenos Aires se inauguraba el primer curso de la Escuela de Medicina. La Asamblea General Constituyente en 1813 crea la Facultad de Medicina y Cirugía de Buenos Aires –que jamás llegó a funcionar- y se transforma en el Instituto Médico Militar con el objetivo de proveer médicos y cirujanos a los ejércitos que luchaban por la Independencia.
Las ideas libertarias que la revolución había traído cumplieron su papel en materia educacional: los jóvenes se inclinaban en su mayoría por el estudio de las matemáticas y cada vez menos la filosofía y teología.
El ciclo colonial de la universidad argentina puede darse por concluido en 1815, cuando el deán Gregorio Funes, Rector de la Universidad de Córdoba, elaboró un nuevo plan de estudios que rompía con la escolástica y la doctrina de Aristóteles, si bien Funes se cuidó de adherir a las nuevas corrientes emanadas de la Revolución Francesa. La Universidad de Buenos Aires fue creada el 12 de agosto de 1821. Allí se enseñaba: físico matemática, economía, política, dibujo, química general, geometría descriptiva, cálculo, mecánica de fluidos y sólidos, física experimental y astronomía.
La vida universitaria argentina tuvo que enfrentarse contra el avasallamiento del poder político: 1824 el gobernador Bustos suprime la autonomía universitaria y dispone que la universidad quedará bajo directa inspección del gobernador; 1831 el gobernador Reinafé quita al claustro universitario la atribución de nombrar sus propias autoridades. El Rector se convertirá en empleado de la administración; 1835: Rosas incorpora a la fórmula de juramento de los egresados el compromiso de “ser constantemente adicto y fiel a la causa nacional de la Federación” y que no dejará de “sostenerla y defenderla en todos los medios y circunstancias, por cuantos medios estén a su alcance”; 1838: se retira el respaldo financiero a la universidad a causa de la agresión militar y bloqueo francés; 1852: Vicente López deroga el decreto rosista sobre los gastos de la enseñanza.
Pero también tenemos que señalar las otras tendencias presentes dentro de la universidad argentina: el Proyecto de Ley Orgánica de Instrucción Pública elaborada en 1871 por Juan María Gutiérrez, rector de la Universidad de Buenos Aires en 1861. El debate quedó abierto. Por un lado el rector J. M. Gutiérrez defensor de la Universidad Libre (3) y por el otro el ministro Antonio Malaver defensor de la Universidad del Estado.
Los intentos privatistas en la Universidad datan de 1873; en la convención constituyente de la provincia de Buenos Aires no se impidió el establecimiento de universidades privadas, pero, a propuesta de J. M. Gutiérrez, se hizo una distinción entre título científico y título profesional: este último era el único que habilitaba para ejercer la profesión y sólo podía ser otorgado por el Estado (4).
El país de terratenientes que se consolidaba en 1880 fue el que generó la Ley Universitaria de 1885 –Ley Avellaneda-, esa norma legal reordenó los modos de funcionamiento de las universidades de Buenos Aires y Córdoba, -las únicas en el país- y rigió la vida universitaria hasta 1947.
En materia de gobierno universitario la Ley transformaba a la asamblea en máxima autoridad, ese organismo estaba conformado únicamente por los Decanos de las distintas Facultades y era presidido por el Rector. El segundo escalón de aquella jerarquía era el Consejo Superior, compuesto por el Rector, los Decanos de las Facultades y dos delegados de cada Facultad, las cuales estaban gobernadas por Consejos integrados sólo por profesores titulares. Todas las decisiones del Consejo Superior debían ser aprobadas por el Ministerio de Instrucción Pública.
Los profesores titulares de cátedras estaban obligados a poseer título universitario expedido por alguna Universidad Nacional y haber recibido ese grado por lo menos seis años antes. El nombramiento de profesores era atribución del Poder Ejecutivo, que los designaba de una terna propuesta por la Facultad respectiva y aprobada previamente por el Rector. Esa era la Universidad contra la cual se alzó la furia de la Reforma en 1918.

La significación de la Reforma universitaria de 1918

La Reforma Universitaria en la Argentina del ’18 marcó un momento de inflexión en la vida de la Universidad. Hasta aquellos años predominaba la enseñanza oscurantista clerical, de la misma manera que los Consejos Académicos eran vitalicios; esto significó la perpetuación de las distintas camarillas en el poder. La investigación era nula y los métodos pedagógicos primitivos.
Fueron los estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba quienes iniciaron el movimiento reformador que más tarde se extendió por todo el país, y pocos años después a gran parte de América Latina. Los estudiantes cordobeses proclamaron el "Manifiesto de Córdoba", cuyos postulados básicos eran:

1. El cogobierno de profesores y estudiantes.
2. La autonomía política, docente y administrativa de la universidad.
3. La elección de los dirigentes de la universidad por asambleas de profesores, estudiantes y egresados.
4. El fortalecimiento de la función social de la universidad.
5. La gratuidad de la enseñanza y ayuda social a los estudiantes.
6. La elección de profesores por medio de concursos públicos y la supresión de su autoridad incuestionable.
7. La renovación periódica de los nombramientos a los profesores.
8. La asistencia libre a clases.
9. La libertad de cátedra.
10. La inclusión de estudios humanísticos y de problemas sociales en los planes de estudio de las carreras profesionales.


Los cambios que generó la reforma fueron muy significativos, y sus pilares esenciales vienen siendo avasallados hasta la fecha.
La Reforma reflejó la emergencia social y el protagonismo creciente de la incipiente burguesía industrial y de la pequeña burguesía urbana, cuyos intereses entraban en contradicción con la vieja oligarquía terrateniente y su control absoluto sobre la vida política y social del país. Esto ya se manifestó dos años antes (en 1916) cuando la oligarquía terrateniente tuvo que consentir la promulgación del sufragio universal masculino y la llegada al poder del gobierno “plebeyo” de Irigoyen.
Los cambios más significativos que introdujo la Reforma de 1918 fueron: la modernización de la enseñanza y los planes de estudio, arrinconando el modo de enseñanza dogmática, clerical, autoritaria y conservadora; la participación de los estudiantes en el gobierno universitario (cogobierno), si bien con una presencia minoritaria en el mismo; la Autonomía Universitaria; el ingreso irrestricto; el acceso a los cargos docentes por concurso público y por un período establecido; y el reconocimiento de los centros de estudiantes elegidos democráticamente. Fue, en medio de las movilizaciones estudiantiles de aquellos años que se fundaron la Federación Universitaria Argentina (FUA) y la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA).
Además de la introducción del cogobierno estudiantil, la innovación más destacada de la Reforma fue la implantación de la Autonomía, que daba a las universidades plena potestad normativa para dictar sus propios estatutos y reglamentos, para organizar sus estudios (aprobar planes y programas, crear carreras), para disponer y administrar sus bienes y rentas, y para organizar sus servicios, nombrar y remover a su personal docente y administrativo.
La Reforma representó un grito histórico que con el correr del tiempo fue transformada y manipulada hasta convertirse en lo que es hoy, puesta al servicio de las distintas expresiones de la Universidad de los partidos de la burguesía y de la conciliación de clases en sus diferentes variantes (UCR, PJ, Centroizquierda).

La Universidad después del golpe de La Libertadora

Para la clase dominante, la universidad pública nunca fue un fin en sí mismo sino el medio para satisfacer las necesidades económicas, científicas y de administración del sistema capitalista. De ahí que, particularmente a partir de los años 50, decidiera tomar bajo su control directo una parte de los estudios superiores para sus propios objetivos, poniendo fin al monopolio que el Estado ejercía en los mismos. Así, tras el derrocamiento de Perón, el Ministerio de Educación ya intentó promulgar en 1955, un decreto, el Nº 6.043, sobre reorganización universitaria que en su art. 28 decía: “La iniciativa privada puede crear universidades libres que estarán capacitadas para expedir diplomas y títulos habilitantes, siempre que se sometan a las reglamentaciones que se dictarán oportunamente”.
En marzo de 1958 tuvieron lugar elecciones nacionales (con la proscripción del peronismo y los partidos de izquierda-PC) que colocaron en la presidencia a Frondizi, quien ya había designado una comisión para elaborar un proyecto sobre funcionamiento de universidades privadas. El 19 de septiembre, la FUA convocó una manifestación imponente en defensa de la Educación pública, laica, estatal y gratuita. Se concentraron en el Congreso más de 250.000 personas. Adhirieron casi todos los partidos políticos, varias universidades extranjeras y medio centenar de sindicatos. El 26 de septiembre, la Cámara de Diputados, por 109 a 52 votos, dispuso derogar el artículo 28 del Decreto 6043/55. Todo el reformismo cantó loas a la “victoria” obtenida y a las bondades del Parlamento. Esa misma noche, la Cámara de Senadores votó en bloque que el art. 28 quedara reemplazado por una serie de normas breves que autorizaban el funcionamiento de las universidades privadas, que no podían recibir dinero del Estado, y debían someterse a ciertos controles administrativos. En cuanto a la habilitación profesional sería otorgada por el Estado Nacional sin que se indicara qué organismo público tendría a su cargo dicha función.
En junio de 1966, Onganía da el golpe de Estado y un mes más tarde interviene las Universidades. Las camarillas profesorales cordobesas no presentaban resistencia alguna a la bota que había ingresado a la Universidad, salvo un pequeño núcleo encabezado por el Decano de Arquitectura. Los estudiantes, ya en septiembre, habían comenzado a convocar tempranas huelgas, corridas, sentadas. La represión descargaba allí la misma brutalidad que en la Noche de los Bastones Largos.
El 7 de septiembre de 1966 asesinan por la espalda a Santiago Pampillón. Ante esta primera víctima, la respuesta estudiantil multiplicó su violencia. En muchos casos la policía fue desbordada y obligada a replegarse y en ocasiones incluso a huir en desbandada ante la lluvia de piedras. 40 manzanas del Barrio Clínicas en Córdoba fueron tomadas por los estudiantes.

La Universidad y el movimiento obrero

Desde fines de los años 50, vemos iniciarse una confluencia de las luchas de los estudiantes universitarios con las del movimiento obrero, con una influencia recíproca entre las mismas. Cuando en 1968 la central obrera se partió en dos: CGT con Vandor a la cabeza y la CGT de los Argentinos con Ongaro, también la FUA se dividía: FUA–Córdoba dirigida por Franja Morada, bajo influencia decisiva de Alfonsín, y FUA–La Plata conducida por el Partido Comunista.
El 13 de mayo de 1969, un decreto del Ministerio de Economía, Krieger Vasena, derogó una conquista obrera impuesta en 1934: el sábado inglés. El SMATA Córdoba convocó a asamblea el día 15, la policía reprimió abiertamente y los trabajadores respondieron en las calles. El 16 en repudio a la represión SMATA paró, se adhirieron UTA y UOM. Ese mismo día se manifestaron los estudiantes correntinos por reivindicaciones propias y uno de ellos, Cabral, fue asesinado por la policía. La muerte de Cabral produjo reacciones en Rosario, donde se organizaron manifestaciones. El 17 fue asesinado Bello y el 18 el joven L. Blanco. El 19, en Córdoba una marcha del silencio también fue reprimida abiertamente. El 23 tiene lugar otra refriega con la policía. La CGT de los Argentinos, y también la dirigida por Vandor (cuyos puentes con Onganía se habían roto), decidieron parar el 30; pero el 27 Ongaro fue detenido al llegar a Córdoba y todo se precipitó. El 29, a propuesta de Tosco, comenzaba la huelga activa con abandono de los lugares de trabajo a las 11 de la mañana. Se eligió un Comité de Huelga integrado por varios sindicatos y delegados de base. La unidad obrero-estudiantil se ponía en práctica en las calles. Rosario, Tucumán, Mendoza, Chubut, el Cordón Industrial santafesino repitieron una y otra vez los acontecimientos de Córdoba y poco a poco esa lucha comenzó a crear coordinadoras, asambleas populares, comités de huelgas, interfabriles.
El 17 de noviembre de 1972 llega a la Argentina, Juan Domingo Perón. Para marzo de 1973 se estaba convocando a elecciones nuevamente. El 1º de octubre, el Ministro de Educación, Jorge Taiana, pidió la renuncia del Rector de la UBA, Rodolfo Puiggrós. En el segundo semestre de ese año se hicieron elecciones en todos los centro de estudiantes del país, en ella se consolidó el bloque del MNR (Socialistas Populares) con Franja Morada, triunfante en casi todas las Universidades, mientras la Juventud Universitaria Peronista (JUP) arrasaba en Capital Federal.
El 21 de noviembre de 1973 surgió públicamente la “Triple A”, que se cebó no solamente contra activistas obreros antiburocráticos sino también contra los activistas estudiantiles revolucionarios y socialistas.
A la par que el tercer gobierno de Perón iniciaba una represión brutal y selectiva contra el activismo obrero no controlado por la burocracia sindical de la CGT, también se extendía esa represión al ámbito universitario. En marzo de 1974 se aprobó la Ley Universitaria que permitía separar docentes por razones ideológicas; se imponía la mayoría absoluta del claustro docente en el gobierno de las casas de estudio y se sometía a las Universidades a la autoridad del Poder Ejecutivo. En otras palabras: desde el punto de vista jurídico se intentaba volver a la Universidad brutal anterior a 1918.
El 14 de agosto de 1974, después de la muerte de Perón, Isabel decidió los primeros cambios en su equipo ministerial. A cargo de Educación quedó Oscar Ivanissevich, quien desde el primer día comenzó a descargar sus dardos contra la UBA; nombró Rector de la misma a Alberto Ottalagano, quien en un discurso en el sindicato de la construcción, la UOCRA, a poco de asumir dijo que: el “nacional justicialismo” se sustentaba en tres columnas básicas “la columna de la fe, la columna de nuestra santa madre, la iglesia católica, la columna armada, la que no puede escribir su historia contra otra pluma que no sea la espada ni otra tinta que no sea la sangre.” Ese era el curso del gobierno de Isabel-López Rega.

La dictadura militar (1976-1983)

Del ’76 al ’83 se abre un período de exterminio físico e ideológico. La dictadura, diseñada en los despachos de las grandes empresas y en los centros de decisión del imperialismo, tuvo como objetivo aplastar la situación revolucionaria iniciada con el Cordobazo en 1969, que amenazaba el poder económico y político de la burguesía argentina y el imperialismo, con la colaboración de los dirigentes de la UCR y de la derecha peronista, en el aparato del PJ y en la dirección de la CGT.
El desmantelamiento intelectual que provocó la dictadura puede ser comparable al económico y político. La Dictadura Militar produjo miles de víctimas en el campo sindical, de la educación, la ciencia y la cultura. Esto dejó una herida en la Universidad que nunca pudo cicatrizar. Se llegó al punto de proscribir estudios universitarios como los de Sociología, y en los planes de estudio de Exactas se eliminó la Teoría de Conjuntos. Se derogó el ingreso irrestricto y se introdujo el arancelamiento. Se organizaron quemas públicas de libros “subversivos”, al mejor estilo de la Inquisición española o de las tropas de asalto nazis en Alemania durante los años 30.
Es notable resaltar la gran cantidad de estudiantes que fueron inmolados por la reacción burguesa-militar. Según la CONADEP (5), entre las víctimas que aún permanecen en condición de desaparecidas y las que fueron posteriormente liberadas habiendo pasado por centros clandestinos de detención, se encuentran:

Obreros: 30.2%
Estudiantes: 21.0%
Empleados: 17.9%
Profesionales: 10.7%
Docentes: 5.7%
Autónomos y varios: 5%
Amas de casa: 3.8%
Conscriptos y personal subalterno de las Fuerzas de Seguridad: 2.5%
Periodistas: 1.6%
Actores, artistas, etc.: 1.3%
Religiosos: 0.3%


La Universidad tras la caída de la dictadura militar

La década del ’80 (6) en nuestro país expresó la necesidad de vientos democráticos. La feroz dictadura militar de los ’70 había ahogado a las Altas Casas de Estudio en claustros sombríos, en otra vuelta de tuerca al oscurantismo, donde estaba a la orden del día la persecución de estudiantes y docentes. Los aspectos más brutales del sistema capitalista tuvieron su expresión en el brazo armado de la burguesía: la dictadura militar que ensangrentaba la educación con personas desaparecidas de los diferentes claustros. Entre el año 1982 y 1984 tuvieron lugar enormes movilizaciones enarbolando las consignas de democracia en el ingreso y en la vida universitaria. La lucha por el ingreso irrestricto fue la necesidad de miles de jóvenes, y se expresó en lucha contra la propia dictadura.
En este marco no debemos olvidar el papel del radicalismo y su brazo universitario, la Franja Morada, que se encargaron de minar y destruir los aspectos más progresivos de la universidad de masas expresada en el ingreso irrestricto y en la demanda de mayor democracia en la vida de los claustros. A través de sus propias filas de estudiantes e intelectuales ligados al gobierno de Alfonsín salieron las bases limitacionistas y programáticas para la destrucción de la universidad pública, gratuita, laica y cogobernada. Así podemos entender el estado actual de la vida universitaria.
El Congreso Pedagógico de la democracia de los ’80, ya ubicaba a la universidad en los lineamientos generales para el proceso privatizador y mercantilista de la educación, que se combinaba con una universidad limitacionista con relación a su ingreso. Comenzamos a ver en la UBA restricciones a través del CBC (Ciclo Básico Común) o la experiencia piloto en la Universidad Nacional de Rosario donde se implementó el Primer Año Común en la Facultad de Humanidades y Artes. Los resultados fueron más que obvios en todos los casos ya que al segundo año sólo ingresaba un 60% del estudiantado.
El Congreso Pedagógico también favoreció a los intelectuales y estudiantes ligados al alfonsinismo al crear una fuerza estudiantil y docente en la Universidad afín a estos, que por la vía del clientelismo político repartía cargos y prebendas a diestra y siniestra.
Pero la experiencia enseña que el papel jugado por la Franja Morada y los sectores funcionales a ésta fue fundamental para la década del ’90. El radicalismo, como fuerza política y su agrupación estudiantil, crearon las condiciones materiales y subjetivas para la aplicación de la Ley de Educación Superior y su sanción en el ’95.
El vaciamiento de consignas como Autonomía Universitaria fue de tal magnitud que facilitó la tarea a los personeros universitarios del menemismo.
En manos del radicalismo -debemos recordar que se ubicaban junto a los amarillos del Partido Socialista Popular (hoy PS) como los genuinos herederos de la reforma del ’18- la bandera de Autonomía Universitaria expresaba el taparrabos de la verdadera política de estos hipócritas, liquidar la universidad pública y encausarla a las pautas fijadas por los organismos internacionales, llámese Banco Mundial, FMI, o FOMEC.
Por esta vía las banderas del Reformismo del ’18 fueron ensuciadas y pisoteadas por morados y “Socialistas” Populares.
Esta breve reseña fáctica de la historia de la vida universitaria en Argentina nos muestra que la educación está íntimamente atravesada por intereses de clases opuestos, tanto en la universidad colonial como en la capitalista. Destacamos a lo largo de esta historia el papel dinámico de los estudiantes que junto a la clase obrera lucharon, codo a codo, en momentos claves de nuestra historia, tanto contra el oscurantismo clerical como contra la represión de la dictadura y contra la privatización de la educación en períodos de democracia parlamentaria burguesa. Blanco sobre negro se expresa la lucha entre la burguesía y la clase obrera, la primera pugna por la mercantilización de la educación, la segunda por la restitución de la autonomía universitaria hacia el camino del socialismo.

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1. Alan Woods y Ted Grant: Razón y Revolución www.engels.org

2. “El objetivo de esas prohibiciones era impedir la entrada de ideas peligrosas para la doctrina y la autoridad real. Justamente esto fue lo que fundamentó la oposición a la creación de una universidad en Buenos Aires, pues esta ciudad, por su constante contacto con el exterior debido a las actividades de su puerto, era proclive a las influencias externas; Córdoba por su mediterraneidad, vivía alejada de ese peligro.” Castello, Antonio E. “De la universidad jesuítica a la universidad liberal” en Todo es Historia Nº 47. 1979

3. La Universidad se gobierna a sí misma, dicta sus reglamentos, establece sus programas, elige profesores, impone derechos o retribuciones equitativas de los concurrentes a sus aulas. La Universidad elige a sus catedráticos y los depone. Autorizará en cualquiera de sus Facultades el “profesorado libre”. Cualquier individuo capaz y digno de enseñar una materia podrá abrir cátedra en ella Quedan abolidos en adelante en la provincia de Buenos Aires los grados de Doctor, Bachiller y Licenciado en todas las Facultades y Ciencias” Citado por García Costa, Víctor. “La Universidad” La historia popular, vida y milagros de nuestro pueblo Nº 98. Centro Editor de América Latina. Bs. As. 1972

4. “Desde 1918 la Reforma Universitaria propuso democratizar las casas de alta cultura mediante su autonomía, gobierno tripartito, asistencia y docencia libre, régimen de concursos, periodicidad de la cátedra, publicidad de actos, extensión y orientación social universitaria, etc. Aún en los momentos de mayor represión, los reformistas tuvieron bien claro este principio: en la universidad oficial o fuera de ella, lo importante es producir, trabajar, crear. Los títulos habilitantes son cuestión secundaria: una función que corresponde siempre a la universidad pública.” Sanguinetti, H. “Córdoba hace 50 año: la reforma y un reformista” en Todo es Historia Nº 12. abril 1968.

5. CONADEP. Nunca Más. 3ra. Ed. EUDEBA.Bs. As..1984

6. “Vivimos en un período de profundo cambio histórico. Después de cuatro décadas de crecimiento económico sin precedentes, la economía de mercado está alcanzando sus límites. En su amanecer, el capitalismo, a pesar de sus crímenes bárbaros, revolucionó las fuerzas productivas estableciendo así las bases para un nuevo sistema de sociedad. La Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa marcaron un cambio decisivo en el papel histórico del capitalismo. Pasó de un ser medio de desarrollo de las fuerzas productivas a un freno gigantesco del desarrollo económico y social. El período de auge en Occidente entre 1948-1973 parecía prometer un nuevo amanecer. Incluso así, sólo se beneficiaron un puñado de países capitalistas desarrollados. Para los dos tercios de la humanidad, que viven en el Tercer Mundo, el panorama era un cuadro de desempleo masivo, pobreza, guerras y explotación sin precedentes. Este período del capitalismo finalizó con la llamada “crisis del petróleo” de 1973-74. Desde entonces, no han conseguido volver al nivel de crecimiento y empleo que habían logrado en el período de posguerra”. Alan Woods. “Razón y Revolución” (Pág. 31, 2ª Edición. Ed. Fundación Federico Engels)


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