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Frenemos el desalojo de IMPA. Por la defensa del control y la gestión obrera PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por María Pompei   
Miércoles 23 de Abril de 2008 00:00
Los trabajadores del IMPA están haciendo frente al desalojo, para lo cual es fundamental el apoyo y la presencia de toda la comunidad. No permitamos que la usura inmobiliaria siga lucrando con nuestros puestos de trabajo. No permitamos que destruyanuna empresa que nos pertenece y es un bastión de nuestra lucha. El pasado 8 de abril el juez Víctor Hugo Vitale, del Juzgado en lo Comercial Nº 4, ordenó el desalojo de la cooperativa IMPA (Industrias Metalúrgicas y Plásticas Argentina), una de las principales empresas recuperadas del país. La fábrica es el referente más importante en la recuperación de empresas por parte de los trabajadores, y fue un precedente del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas. Fue en 1998 cuando los trabajadores decidieron gestionar la empresa, haciéndose cargo de una deuda de cinco millones de pesos contraída por sus antiguos dueños. Hoy, habiendo cancelado más del 80 por ciento del pasivo, dos de los acreedores pidieron la quiebra. El juzgado no dio tiempo a un acuerdo, y el martes 15 de abril, a las 22 horas, cuando sólo se encontraban allí cuatro trabajadores, dos carros de infantería fueron enviados para desalojar por la fuerza el predio de Pringles y Querandíes, en el ahora cotizado barrio de Almagro.
La cooperativa es la segunda empresa de aluminio del país y emplea a 90 trabajadores. Durante algunos años, tras ser recuperada, funcionó allí un importante centro cultural que alojó decenas de talleres, obras de teatro, conciertos y exposiciones, y todos los talleres para la tercera edad del hospital Durand, protegiendo de ese modo la franja vespertina, en la que la producción paraba, y dando a los vecinos la posibilidad de vincularse con el proyecto. Funcionó allí uno de los más de veinte bachilleratos populares que se han conformado en los últimos años, fruto de la labor conjunta de docentes y estudiantes, que dieron a la comunidad la posibilidad de iniciar o completar sus estudios, desde una perspectiva que defiende los intereses propios de los trabajadores.
Con el paso de los años, los gobiernos de la Nación y de la Ciudad se sintieron molestos con un proyecto que no era obsecuente con su política, e intentaron quebrar la cooperativa ofreciendo el retiro e indemnización, y clausurando así esta fuente de trabajo, ejemplar para la lucha de los trabajadores. A nadie se le oculta que detrás del desalojo se ocultan oscuros intereses inmobiliarios.
El centro cultural y los bachilleratos fueron desalojados de la fábrica, pero a pesar de las presiones de la deuda, los trabajadores siguieron produciendo. Hoy están haciendo frente al desalojo, para lo cual es fundamental el apoyo y la presencia de toda la comunidad. No permitamos que la usura inmobiliaria siga lucrando con nuestros puestos de trabajo. No permitamos que destruyan una empresa que nos pertenece y es un bastión de nuestra lucha.

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