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¿Es la burguesía rural mediana una clase progresista? PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Anibal Montoya   
Martes 09 de Diciembre de 2008 13:52

El "conflicto agrario" abrió un debate importante dentro de la izquierda sobre la inclusión o no de la mediana burguesía rural dentro de lo que se llama el "campo popular", una de cuyas figuras más emblemáticas es Alfredo De Angeli. Para algunos compañeros esta "burguesía media rural" debe ser un eje vertebrador del desarrollo económico y social de nuestro país. Nos proponemos demostrar que esta posición es utópica y falsa, porque está formulada no sobre lo que realmente es esta "burguesía rural mediana" sino sobre lo que a estos compañeros les gustaría que fuese.

El "conflicto agrario" abrió un debate importante dentro de la izquierda sobre la inclusión o no de la mediana burguesía rural dentro de lo que se llama el "campo popular", una de cuyas figuras más emblemáticas es Alfredo De Angeli. Para algunos compañeros (inclusive de la CTA y Proyecto Sur), esta "burguesía media rural" debe ser un eje vertebrador del desarrollo económico y social de nuestro país.

Nos proponemos demostrar que, más allá de los buenos deseos e intenciones que guían a estos compañeros, su posición es utópica y falsa, porque está formulada no sobre lo que realmente es esta "burguesía rural mediana" sino sobre lo que a estos compañeros les gustaría que fuese.

Medianos propietarios y grandes propietarios

El error parte de considerar que la burguesía rural mediana opera de manera independiente a los grandes propietarios, y que sus intereses se oponen decisivamente. La realidad es, y el conflicto del campo lo puso de relieve, que los propietarios medianos (por tales estimamos a quienes poseen desde varias decenas de hectáreas hasta varios cientos) tienen muchos puntos de contacto, intereses y negocios comunes con los grandes propietarios, con los "pools" de siembra y con las agroexportadoras, producto de la división del trabajo operada en el agro argentino en las últimas décadas. Esto explica la "unión de hierro" de las patronales agropecuarias (Federación Agraria, CRA, Coninagro y Sociedad Rural). El frente unido de la Federación Agraria (representante de esta nueva capa de medianos propietarios enriquecidos) con los grandes capitalistas del campo y el sector agroexportador no fue una "confusión", un "malentendido" o "un error inexplicable" de los dirigentes de la FA, sino que está fundado en sólidos intereses de clase comunes. (Para profundizar en este punto, leer: ¿Hay una pata “progresista” en el conflicto del campo? 18 de mayo 2008)

¿Un desarrollo capitalista independiente y nacional?

La mediana burguesía rural del tipo de De Angeli no puede jugar el papel que, en su momento, jugó el campesinado independiente en los Estados Unidos y otros países en el siglo XIX, como motor de un desarrollo capitalista nacional avanzado.

El grueso de la producción  agropecuaria argentina no va al mercado interno sino al exterior. Los grandes y medianos propietarios del campo no destinaron las fabulosas ganancias que acumularon estos años a la producción industrial sino al parasitismo, a la compra de inmuebles y automóviles lujosos, etc. Este enriquecimiento se produjo en paralelo a un aumento descomunal de los precios de los alimentos (como consecuencia del aumento general del precio internacional de las materias primas en los últimos años) que empobreció a millones de familias obreras.

En su momento, el numeroso campesinado independiente en los Estados Unidos jugó un papel progresista en desarrollar las fuerzas productivas del joven y dinámico capitalismo norteamericano al demandar productos industriales de las ciudades y revolucionar el transporte ferroviario para el traslado de pasajeros, ganado y productos agrícolas. Pero el capitalismo fundado en los pequeños y medianos propietarios pasó a mejor vida hace muchísimo tiempo. La vida económica, en todos los países sin excepción, está dominada por los grandes pulpos financieros e industriales nacionales, y las multinacionales imperialistas. En Argentina, el 80% de la producción agropecuaria la concentran el 20% de los propietarios. Sólo 7 grandes empresas exportan los granos y refinan aceite. Una sola multinacional, Monsanto, monopoliza la producción de semillas y agroquímicos. El crédito está concentrado en apenas 8 bancos. No hay posibilidad de un desarrollo capitalista, sea o no "independiente", al margen de esta gran burguesía.

Además ¿qué mercado interior representan 300.000 propietarios rurales en Argentina? Es un mercado muy pequeño para traccionar decisivamente la industria nacional. El gran mercado interno argentino lo constituyen las familias obreras, los millones que viven en y alrededor de los grandes centros urbanos que malvivimos con sueldos bajos y trabajos precarios.

Una clase políticamente reaccionaria

Igualmente, es erróneo depositar ilusiones políticas en la burguesía mediana rural. Como toda clase propietaria es mezquina, conservadora y reaccionaria. Pero mientras que la pequeña burguesía, pese a sus vacilaciones, suele colocarse a veces cerca de la clase trabajadora, la mediana burguesía rural generalmente está más cerca de los grandes propietarios rurales, los terratenientes, debido a sus intereses económicos y a su psicología de clase.

No nos impresiona que De Angeli votara, como él dice, por Pino Solanas en las elecciones presidenciales de octubre del 2007. El avión privado que lo transportaba para visitar los piquetes rurales durante el llamado "conflicto del campo" se lo puso a su disposición, y se lo pagaba, un gran terrateniente bonaerense de la organización agraria reaccionaria CARBAP. Esto nos dice mucho más sobre los vínculos de clase que existen entre estos medianos propietarios enriquecidos y los grandes terratenientes del país. En cualquier caso, ahora De Angeli dice que admira a Carrió, a Macri y a Duhalde. Pedirle coherencia y estabilidad política a la pequeña y mediana burguesía es pedirle peras al olmo. Quienes ayer pintaban con los colores más progresistas a De Angeli tuvieron que guardar ahora un silencio comprometedor cuando éste se posicionó junto a la derecha en contra de la estatización del sistema jubilatorio privado.

¿Quién dirige, el campo o la ciudad?

En Argentina, la producción agropecuaria apenas supera el 5% del Producto Bruto Interno (PBI), mientras que la industria manufacturera representa el 17%. Como se ve, la producción agropecuaria representa una parte muy pequeña del valor de la producción total porque el proceso de valorización de las mercancías se da, fundamentalmente, a través del trabajo asalariado en los centros industriales, usinas, y plantas de transformación, no sólo en la industria manufacturera sino también en la industria extractiva (minería y similares), la Construcción, el transporte y las telecomunicaciones, y en muchos rubros del heterogéneo sector Servicios.

En la economía capitalista moderna la agricultura cae progresivamente en la órbita de la industria hasta constituir una parte periférica de la misma. El secreto del "boom" sojero y de otros cultivos, no está en la tierra sino en la industria, en los centros tecnológicos, en el transporte y en los bancos, por medio de la maquinaria moderna, la modificación genética de las semillas, el estudio científico del aprovechamiento del suelo, el ferrocarril, las flotas de camiones y barcos, los plaguicidas, los abonos e insumos industriales, y el crédito. No es "el campo" quien le da de comer a la ciudad y a la industria, como afirman los arrogantes e ignorantes propietarios rurales del tipo De Angeli, sino justamente al revés: son la industria y las ciudades quienes alimentan el desarrollo del "campo".

Por lo tanto, la condición para tener un desarrollo agropecuario avanzado pasa por tener un aparato industrial y tecnológico desarrollado en las ciudades. Por eso no hay que buscar el elemento social dirigente del progreso de la sociedad en el ámbito rural, sino en los centros urbanos.

¿Qué clase puede dirigir el proceso de transformación social?

Descartada la pequeña burguesía, que no juega ningún papel político independiente, y también la gran burguesía, nuestra enemiga de clase directa y corresponsable del declive y del saqueo del país junto al capital imperialista, sólo nos quedan como fuerza social emancipadora los trabajadores asalariados, que son quienes sostienen todo el andamiaje industrial, administrativo, de transporte y de comunicación de la sociedad, y carecen del interés mezquino por la ganancia y la propiedad individual de las clases poseedoras.

La aspiración de los socialistas revolucionarios no es potenciar la pequeña y mediana propiedad, sino concentrar las fuerzas productivas (la tierra, los bancos, los monopolios y las redes de comercialización) mediante su nacionalización bajo control obrero, para planificar los recursos del modo más efectivo posible, de manera armónica, sustentable y democrática en interés de la mayoría; es decir, en interés de la sociedad.

Pero tampoco proponemos expropiar a los pequeños propietarios, ni siquiera a los medianos, siempre que éstos no atenten violentamente contra la volunatd de la mayoría. Sería suficiente con expropiar a los grandes terratenientes porque ellos, el 20% de los propietarios, poseen el 80% de la tierra y la producción. Con eso bastaría para transformar radicalmente la fisonomía del agro de nuestro país y satisfacer las necesidades alimentarias y agroindustriales de la sociedad.

Y sería la experiencia, la elevación general del nivel de vida, y la superioridad de la economía socialista, lo que crearía las condiciones para una integración gradual y voluntaria del pequeño y mediano propietario rural en la producción común, socialista.