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El fin de la historia y el último hombre, como “filosofía probada” irrigada hacia el neocolonialismo PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Fernando Del Moral   
Lunes 12 de Junio de 2017 01:21

Macri y Urtubey

La Argentina como país, pero en particular el norte argentino, han sido a lo largo de sus últimos 50 años de historia muy permeables a las políticas hegemónicas y entristas del imperialismo norteamericano. Esto se ha dado en un primer lugar con políticas fuertemente impuestas a base de terrorismo de Estado, como lo hiciera la administración Nixon y el ideólogo Kissinger ante el riesgo que representaba para los intereses norteamericanos, la avanzada de políticas reformistas de izquierda o socialistas en la región durante la década del 70. Como segunda oleada de imposiciones, vino el adoctrinamiento y el establecimiento de las escuelas de gobernanza y negocios de Harvard que han formado desde ministros de economía a gobernadores y presidentes luego colocados mediante elecciones democráticas –y con fuertes lobbys mediante- en los diferentes países.

El último hombre: Macri-Urtubey

Francis Fukuyama, el renombrado cientista norteamericano-japonés del liberalismo, se ha reconvertido últimamente en una forzosa voz válida para el entramado de democracias liberales y satélites en Sudamérica del gobierno de Estados Unidos. Todo esto, luego de que la injerencia norteamericana hubo fraccionado y erosionado a los países de izquierda reformistas, con Venezuela y el chavismo con su arraigado liderazgo y la Unión de Naciones Sudamericanas empoderadas regionalmente desde lo social y económico durante los quince años anteriores al 2016. Fukuyama y el liberalismo que blande, intentan coercitivamente mostrar que como método científico probado es la democracia liberal con un Estado mínimo, y una seguridad jurídica que asegure rentabilidad al gran capital el único camino político-social posible. Supondrían con esto, Fukuyama como otros ideólogos capitalistas, que la experiencia de Sudamérica ha verificado lo que con su libro célebre: “El fin de la historia” había demostrado, que ante la caída de la URSS-delimitamos aquí, no como paradigma del comunismo, sino producto del degeneramiento estalinista- , solo las democracias liberales, y la libre empresa se constituían como una opción de paradigmas posibles y estables para el naciente nuevo mundo. La historia había finalizado, y ante el último hombre, se constituían nuevas sociedades. Sociedades libres de toda ideología, sociedades basadas en la cultura y la ciencia. Y en política, era el liberalismo la probada ciencia ante la luz de la historia. Pero es también este liberalismo, oxigenado con algunos nuevos matices filosóficos, nada menos que el mismo capitalismo a ultranza con una concentración de territorios y riquezas mucho más acentuada desde que Marx escribiera El Capital.

Esta filosofía probada de liberalismo, intenta nuevamente re-significar la nefasta década del desfinanciamiento estatal y las privatizaciones de los 90. Pero esta re-significación solo es posible, contando con la manipulación histórica de lo que han significado los reformismos de izquierda en la región y de la demonización y mentiras permanentes de los medios de comunicación corporativos. No obstante, en el inconsciente colectivo social de las masas de trabajadores y campesinos, se encuentran focos de resistencia y conciencia a lo que ha significado el liberalismo, la exclusión, las pérdidas de derechos sociales y laborales y el hambre arraigado e inequidad en América Latina. Los liberales y Fukuyama omiten decir también, que el liberalismo solo es posible a fuerza de imposición política y cultural, con la gravidez de manipular los hechos y la historia reciente y forzarla como sucesivos eventos de corrupción institucionalizada y premeditada (i.e., llegaron los dirigentes a los gobiernos con el fin de saquear al Estado y enriquecerse).

En la constitución de estos hombres nuevos, des-ideologizados, cientistas bajo el amparo del liberalismo pleno, aparece la construcción mediática de lo que es el empresario Mauricio Macri –financiado parcialmente por ONG norteamericanas ligadas al Departamento de Estado norteamericano y la CIA en su carrera presidencial- y el actual gobernador de la Provincia de Salta, el abogado Juan Manuel Urtubey. Urtubey otrora alineado al kirchnerismo, siempre ha sido un conservador y liberal en lo económico, que ha seducido a grandes grupos de inversiones capitalistas en su afán de contar con apoyo y poder de lobby en sus pretensiones presidenciales. La participación de Urtubey, su gabinete y su hermano-que se establece como futuro candidato a gobernador de Salta, y actual vice-presidente de la Unión Industrial Argentina- ha sido constante durante el 2016-17 en diversos foros sobre democracia y desarrollo, bajo la égida de F. Fukuyama y otros elementos liberales norteamericanos. Viajes financiados en parte por el erario público y también mediante organizaciones de defensa de la democracia ligada al Departamento de Estado, van marcando los nuevos aires de injerencia e imposición en las décadas por venir. Dentro de este marco, han participado no solo M. Macri y las primeras líneas de su gabinete, sino que diversos dirigentes argentinos. Así, se re-constituyen y erigen los hombres de la burguesía por dirigir al país hacia los nuevos tiempos por venir.

El fin de la historia: del neocolonialismo a la acentuación liberal y la autoayuda

Sin embargo, desmintiendo a F. Fukuyama aparecieron movimientos de lucha contra el neo-liberalismo, la concentración de los territorios o el agua, igualdad de géneros, contra la minería, la expoliación de los recursos naturales o la defensa de los bosques o la diversidad biológica. Esto denota no solo que el motor y dinamismo de la historia no se ha extinguido, sino asevera aún más que la lucha de clases se muestra acentuada ante las arremetidas de concentración transnacional y libre empresa. También estas luchas marcadas, se dan en territorios tan postergados como el norte argentino. Postergados, saqueados y concentrados por una constitución neocolonial del Estado. Territorios entregados a capitales extranjeros, o transnacionales, donde la pobreza estructural y la mortalidad infantil se encuentran entre índices salientes en la región. Es en Salta, y particularmente en el norte argentino, donde el discurso más allá de las ideologías, y el “fin de la historia” se derrama revelador como una pretensión de salto desde el neocolonialismo al liberalismo absoluto, mezclado con mensajes lineales de auto-complacencia y auto-ayuda. Un New Age, mientras la concentración de la riqueza se acentúa, y los índices de hambre y mortalidad no terminan de estabilizarse.

La última pretensión de los Urtubey, se ha cumplido mientras se establecen en voceros de la competitividad y el liberalismo. Han constituido con esto, cuasi ya como un acto criminal de manipulación ante los índices sociales y ambientales de la provincia, la Universidad Provincial de Administración Pública (UPAP). Mediante la misma, se educa en gobernanza y gestión pública siguiendo lineamientos capitalistas que pretenden naturalizarse. Ante los tiempos de álgido liberalismo por venir, la unificación de las luchas obreras y campesinas, es la única salida. Oponer resistencia y desmembrar la imposición cultural y las falacias del fin de la historia y el último hombre y las pretensiones de mayor concentración y desarrollismo de la burguesía nacional es uno de los deberes que nos urge.