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Escrito por Corriente Socialista Militante - Argentina   
Domingo 27 de Noviembre de 2016 15:15

capitalismo

La CEOcracia y la economía

El gobierno de Mauricio Macri representa una absoluta Ceocracia, en donde el 31% de los funcionarios de CAMBIEMOS proviene de puestos de gerencia en el sector privado y el 11% del gabinete ha tenido papeles dirigentes en las principales corporaciones entre las que sobresalen Shell, Techint, Socma, LAN, JP Morgan, HSBC, Axion, La Nación, Newsan, Pan American Energy, Deutsche Bank, Farmacity, ICBC y Consultatio. Esto significa que son los propios dueños de los medios de producción los que han asaltado y manejan los resortes fundamentales de la economía en su directo beneficio.

Bancos, negocios bursátiles, energía y servicios profesionales son los sectores de actividad que predominan en el Estado, repartiéndose en las áreas de Agroindustria y Producción la mayoría.

El Banco Central, CNV, Anses, UIF, YPF, Banco Nación, vienen siendo vaciados de manera gradual y sostenida en beneficio de los privados, o flexibilizando las medidas que jugaron como controles a los privados en el caso de la UIF. No sólo el Banco Central es manejado por los Bancos Mayoristas privados, direccionado y condicionando el crédito con mayores beneficios para los banqueros (ganaron $52.000 millones en lo que va del año).

Resulta emblemático el caso del Banco Nación que fue retirando los seguros más jugosos en beneficios de amigos del staff macrista, hablamos de cientos de millones sólo en este concepto o, que el Banco Central permita que las cuentas del Estado abiertas históricamente en los bancos estatales, en el caso del Banco Nación puedan migrar hacia los privados.

Empresas como el JP Morgan, Deutsche, Morgan Stanley, Citi, Barclays, Merrill Lynch, Goldman Sachs y Chase tienen tomado el ministerio de Economía, 27 financistas, muchos con pasado en Wall Street, ocupan cargos estratégicos en el manejo de la economía del país.

Este nuevo gobierno, el de los CEOs, el gobierno de la burguesía está encaminando la economía hacia un desastre para las los trabajadores y el pueblo pobre.

Los números que arrojan las estadísticas son irrefutables y muestran la gravedad de la situación. La economía esta en caída libre.

La construcción cayó al 13,1% en septiembre respecto del mismo mes del año pasado y computa una caída del 12,8% en lo que va de este año. El consumo interno de cemento cayo un 18.3% en octubre con respecto al año pasado.

La actividad fabril, según el Estimador Mensual Industrial (EMI) que difunde el Indec, arrojó una baja del 7,3% respecto de igual mes del año pasado, llegando así a su octava caída interanual consecutiva y la segunda más profunda de 2016, sólo superada por el desplome de 7,9% en julio. El retroceso acumulado de los primeros nueve meses del año llega al 4,6%.

Por su lado, la recaudación impositiva arrojó una suba del 24,4%, que implica unos 10 puntos por debajo de la inflación, esto refleja la escasa actividad interna por caída del consumo. Las ventas de electrodomésticos y artículos para el hogar declinaron 13,9%.

En los primeros diez meses, el consumo de carne retrocedió 7,4% interanual según cifras de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (Ciccra).

Los capitanes de la UIA declararon a la prensa que la capacidad ociosa de las plantas industriales llega al 40% y las ventas del mercado interno caen a ritmos del 30%. Esto se ve reflejado por ejemplo en la caída de la producción ya que se producen menos motos, autos, zapatos y textiles.

La producción de autos en octubre cayó 16,4% frente al mismo mes del año pasado y un 11,2% frente a septiembre, El patentamiento de motos cayó en octubre 4%.

Uticra, el gremio de trabajadores de calzado, indicó que en lo que va del año hubo unos 3.500 despidos y que los trabajadores suspendidos y con reducción de la jornada laboral sumaron 9.000 obreros.

La consultora Tendencias Económicas indicó que durante el mes de octubre “los despidos se incrementaron en más de siete veces interanual, sobresaliendo los de la actividad de la construcción, seguidos por los de metalurgia, textil, petróleo, comercio y gastronómicos.

Según el indicador elaborado por el Instituto de Trabajo y Economía (ITE) de la Fundación Germán Abdala, la inversión se contrajo en septiembre 10,4% interanual.

Los precios en los supermercados subieron 1% en relación a la última semana de octubre y 1,5% frente al mismo período del mes pasado. Los mayores aumentos se registraron en azúcar (4,5%), pescados y mariscos (4,1%), pastas (4,0%), bebidas sin alcohol (3,9%) y artículos de marroquinería (3,1%). La comparación interanual en noviembre arroja una suba del 39,7%, según el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortíz (CESO).

Por su parte, el gobierno sostiene la economía a base de un endeudamiento sin precedentes que presenta cifras récords. Según un informe realizado por la Fundación Germán Abdala, el total de deuda emitida en octubre fue de U$S 3.300 millones.

La Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE) señala: “A nivel productivo, la mayoría de los indicadores oficiales refleja la continuidad de la recesión, con nuevas contracciones en el nivel de actividad de la industria y la construcción durante septiembre (-7,3% y -13,1%, respectivamente). Estos números tornan inviable la hipótesis oficial de caída del PIB del 1,5% para 2016, proyectándose un retroceso en torno al 2,7%”.

Vemos así una recesión que se extiende y ya amenaza con profundizarse durante el año 2017.

El retroceso de las variables económicas desde 2008 y las necesidades de la burguesía

Si bien el papel de las políticas del macrismo tienen una fuerte incidencia en el rumbo de la economía estas no deben entenderse únicamente como producto de un concepto ideológico que sólo tiene como horizonte más y más beneficios. Sino que el actual proyecto de desmantelamiento de las industrias a partir de la apertura de las importaciones y de las imposiciones del imperialismo y que el gobierno Macri lleva adelante tan obedientemente se relaciona con las necesidades de la burguesía en el contexto de la crisis mundial del capitalismo desatada en 2008 con la caída del Lehman Brothers en EEUU.

La burguesía no esta haciendo otra cosa que reconfigurar el Estado y la economía en función de salvaguardar su tasa de ganancia y descargar la crisis sobre los hombros de los trabajadores.

La burguesía argentina, ante la crisis mundial comenzó a acentuar su ofensiva, desde mucho tiempo antes de los resultados electorales donde el kirchnerismo perdió en manos del macrismo.

La caída de la economía no es algo nuevo, sino un proceso que comenzó cuando el proyecto niciado por Néstor Kirchner en 2003, basado en la aplicación de medidas para la promoción industrial, alcanzo sus límites. Debemos recordar que el kirchenerismo tuvo la suerte de vivir una década de bonanza luego de la devastación de la década de los ’90.

Según el Banco Mundial podemos registrar caídas en el PBI desde 2008, siendo de - 6.013 en 2009, - 1.053 en 2012 y - 2.558 en 2014.

Ya en octubre de 2010 Pagina 12 publicaba datos que daban cuenta de la caída de la producción fabril indicando que ésta retrocedía durante septiembre de ese año un 1,8% en relación a igual mes del 2013 y 2,7% respecto a agosto 2014. Y señalaba que en los primeros nueve meses del año el sector registraba una merma del 2,7% en comparación con el período enero-septiembre del año 2013. (Números de septiembre INDEC – P12 -31.10.14).

La industria automotriz argentina mostró una contracción interanual de 34.5% en agosto de 2014 que dio paso a una serie de despidos y suspensiones en el sector.

En marzo de 2015 el INDEC señalaba que persistía la caída de la exportaciones del 18% interanual.

Si bien algunas variables económicas centrales se mantenían altas luego de haber atravesado el boom post convertibilidad, el descenso desigual y combinado que se venía dando desde 2008 era constante y se observaban signos que indicaban que la economía se desangraba lentamente.

De lo que se trata es de que podamos reconsiderar que el retroceso de la economía que venía manifestándose ya durante los últimos años del kirchnerismo y cuyas contradicciones se exacerban al máximo durante el macrismo, tiene que ver fundamentalmente con las limitaciones del capitalismo argentino agudizado por la crisis capitalista mundial.

La realidad nos muestra que la economía de nuestro país es una economía que estructuralmente es atrasada, débil, sometida al capital extranjero, altamente concentrada y soldada firmemente al mercado mundial. Lo que evidencia la incapacidad orgánica de la burguesía y la oligarquía (en todas sus facciones) de desarrollar un fuerte aparato productivo, con un sólido mercado interno y el desarrollo de tecnología que permitan poner en pie una industria de industrias.

Son claramente estas particularidades de la economía local las que profundizan un escenario de retroceso, a medida que la crisis mundial avanza. Y esto es, independiente de las intenciones buenas o no de cualquier gobierno, keynesiano o neoliberal, que intente mantenerse dentro de los límites del capitalismo.

La ofensiva neoliberal que hoy vivimos no es más que una respuesta de los capitalistas a la caída de la tasa de ganancia que venía cayendo desde fines de los años ’60, una vez agotado el boom de la posguerra y cuyo crash venía evitándose en los últimos años de manera artificial, a través de la especulación salvaje.

Este período de auge en Occidente que podemos ubicar entre 1948 y 1973 finalizó con la llamada “Crisis del petróleo”, desde entonces el capitalismo mundial no ha conseguido volver al nivel de crecimiento y empleo que se alcanzó en aquello años.

El capitalismo se encuentra actualmente en una crisis de sobreproducción mundial extremadamente grave, y la burguesía mundial esta en medio de una encarnizada guerra comercial.

La burguesía es decir empresarios, banqueros y terratenientes, se reparten las ganancias como hermanos y como enemigos. Como hermanos porque comparten todos ellos la plusvalía producto de la explotación de los trabajadores que es de donde provienen sus ganancias; como enemigos  porque cada uno pretende arrancar la mayor cantidad posible al otro y arrojarlo fuera del mercado.

Es justamente esto lo que esta delante de nuestros ojos, todos los burgueses del mundo están en lucha por conquistar el mercado y el que produce a menor costo es el que lo domina.

Ningún país, ni siquiera los más poderosos y desarrollados pueden escapar al aplastante dominio del mercado mundial y por lo tanto, a la crisis.

En un mercado mundial cada vez más deprimido y con menos capacidad, esta pelea se profundiza, por lo tanto la burguesía de cada país busca reducir el salario real de los trabajadores, como así también, los convenios colectivos y derechos más elementales de los que producimos la riqueza, utilizando el salario como variable de ajuste, para aumentar “su competitividad” al producir más barato. El que más ajusta gana.

Este es el motivo que empuja y orienta a la burguesía argentina, esto es lo que garantiza Macri en el país. Y este es el motivo por el cual el establishment esta reconfigurando el Estado.

El proyecto de la dirigencia kirchnerista, impulsaba cierto desarrollo industrial con capital externo orientado al mercado interno y por otro lado, intentaba que se desarrolle una burguesía con intereses nacionales (y esta apuesta en definitiva significó su derrota electoral) a la vez que mantenía relativamente el empleo y el consumo en tanto y en cuanto las condiciones favorables de la economía se lo permitían.

Este proyecto se relacionaba con un proceso de recuperación parcial de un sector del aparato industrial derrumbado en la etapa de los ‘90 y se basaba en agregar valor a la cadena de valor.

Quienes se encolumnaron tras este proyecto desde lo económico fueron grupos económicos locales y regionales, que la mayor parte de sus medios de producción están en America Latina (Techint, Aluar, IMPSA de Pescarmona, entre otros) también vinculados al acero, aluminio, petróleo o producción estratégica, entre las que se cuentan: turbinas, aviones, energía atómica, barcos, etc.

La naturaleza política y la trayectoria económica del gobierno kirchnerista, apuntaban a un capitalismo “en serio” algo que no es posible ya que no existen diferentes tipos de capitalismo, sino que existe uno sólo y que no puede ser gestionado a voluntad*.

Vemos así que la categoría de burguesía nacional que remite a una fracción de la burguesía que tiene intereses “nacionales” en lo económico, que cuenta con un proyecto de país inclusivo y que está dispuesta a enfrentarse al capital extranjero, es decir, una fracción de capital que busca el desarrollo económico y social de la nación, y que se asienta en el proceso de industrialización, no sólo es algo anacrónico desde el punto de vista histórico, sino que inviable y utópico debido a la inexistencia de dicho bloque burgués, como ha demostrado la propia realidad.

La facción que operó en los ’90 que fue la que con la dictadura cívico militar del ’76 dirigió el proceso de desmantelamiento del aparato productivo en beneficio de los sectores financieros y de los industriales, es la que hoy se encuentra gobernando. Macri representa a los sectores más rancios de la burguesía.

Esto es lo que estamos enfrentando. Un modelo y un sistema de ajuste que ya fracasó en el mundo entero para los trabajadores, y que hoy se encuentra haciendo estragos en todos los rincones del planeta (197,1 millones de personas están sin trabajo a enero de 2016, según la OIT) mientras que 62 personas poseen la misma riqueza que la mitad de la población mundial según informo Oxfam en enero de 2016.

La salida

Como vemos el contexto de crisis mundial obtura cualquier desarrollo de la economía en líneas positivas en mano de cualquiera de estos bloques de poder, y las facciones políticas que los representan.

La salida keynesiana y la idea de recrear el ciclo anterior, bajo los límites del capitalismo, sólo en base a decisiones políticas no son posibles. Como mostramos arriba los sectores de poder, es decir la burguesía en cualquiera de sus facciones hoy tiene el mismo objetivo, mantener su tasa de ganancia en base al ajuste de las condiciones de vida de los trabajadores en Argentina.

La acción directa de las masas derrumbando al neoliberalismo en 2001, la incapacidad de la dirigencia de la izquierda revolucionaria, y los precios excepcionales de las materias primas en la región (Argentina creció como nunca en su historia económica), permitieron junto a una serie de decisiones políticas, por un lado, salvaguardar las instituciones del Estado burgués y, por el otro, elevar el nivel de vida de un amplio sector de trabajadores y sectores populares.

Hoy nos encontramos en una crisis mundial, que no es cíclica sino histórica y que imposibilita llevar adelante cualquier intento de plan desarrollista, que se centre en aliarse o intentar regular a cualquiera de las facciones dominantes de la economía. Ya se sabe que no se puede alimentar a un león con lechuga.

La crisis del capitalismo es la crisis del reformismo. La única manera de lograr el desarrollo de la economía es terminando con la propiedad privada de los medios de producción, y a través de su planificación democrática, orientarla hacia la satisfacción de las necesidades históricas de nuestro pueblo y no hacia el enriquecimiento obsceno de una minoría de empresarios, banqueros y terratenientes como ocurre hasta ahora.

Es utópico pensar que por las vías del capitalismo, que es el que justamente condujo al mundo al actual penoso estado, se pueden resolver nuestras necesidades.

La burguesía local, como parte del capitalismo mundial, sólo ofrece ajuste y desigualdad, en cualquiera de sus expresiones políticas.

Los dirigentes reformistas hablan de reformar el capitalismo. Nosotros debemos poner nuestra vista no en reformarlo, sino en reemplazarlo por una economía planificada sin la anarquía y la injusticia del mercado.

Lo que los trabajadores producimos debe ser de los trabajadores. Para enfrentar a Macri, debemos enfrentar al Capitalismo.

*No es posible optar por un tipo de capitalismo u otro, ya que esto no depende de la decisión particular de cada país o gobierno. Es el capitalismo en sí mismo el que deviene en “anarco-capitalismo”.

La actual fase de desarrollo capitalista nace de las características inherentes al capitalismo: la propiedad privada de los medios de producción y la sed ilimitada por las ganancias.

Al observar las leyes internas del capitalismo vemos que es la tendencia a la sobreproducción de mercancías la que hace caer las tasas de ganancia del empresariado. La cantidad de bienes que producen ya no pueden ser colocados en el mercado haciendo caer sus precios y por ende se reduce el margen de ganancia del capitalista. En esta situación las grandes multinacionales y los grupos financieros recurren a los intentos desesperados de generar dinero del dinero a través de la especulación y la usura. El capitalismo “en serio” deriva indefectiblemente en “anarco-capitalismo financiero” o “fundamentalismo de mercado”.

Las tendencias depredadoras, bárbaras e irracionales del capitalismo; las tendencias de este régimen social sustentado en la propiedad privada de los medios de producción y en la codicia individual, son irreformables, no pueden ser cambiadas a voluntad. Por eso mismo, la lucha contra el neoliberalismo debe ser la lucha contra el capitalismo en sí mismo.