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Por la estatización de los ferrocarriles bajo control de los trabajadores PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Sergio González   
Viernes 21 de Noviembre de 2003 00:00
Unos doscientos cincuenta manifestantes de asambleas populares, trabajadores desocupados y partidos de izquierda se hicieron oír en la visita del presidente Kirchner a los talleres ferroviarios de Los Hornos (La Plata). Se habían autoconvocado bajo las consigna de “Por una empresa ferroviaria estatal en manos de los trabajadores”.

Primeras protestas contra la política de Kirchner

Unos doscientos cincuenta manifestantes de asambleas populares, trabajadores desocupados y partidos de izquierda se hicieron oír en la visita del presidente Kirchner a los talleres ferroviarios de Los Hornos (La Plata). Se habían autoconvocado bajo las consigna de “Por una empresa ferroviaria estatal en manos de los trabajadores”.

El presidente continúa con sus iniciativas de supuesta reactivación mediante la entrega de las líneas y talleres a empresas privadas extrajeras. En este caso a la empresa francesa Alstom (que en su país de origen presentó quiebra). Mientras el estado invierte fuertes sumas en la infraestructura y luego subsidia a las concesionarias privadas en un millón de dólares diarios, las empresas se quedan con todo el beneficio. La maniobra del gobierno en los talleres ferroviarios de Los Hornos (que en su época de esplendor fueron los más grandes de Sudamérica) se limita a instalar una pequeña producción de vagones de subterráneos.

Los operadores políticos oficialistas de la región trasladaron a algunos miles de personas pagas para este operativo mediático de falsa reactivación de los talleres. Sin embargo la presencia de los manifestantes produjo un fuerte impacto entre los concurrentes. Con sus cánticos: “Los talleres son de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode” y “Tren y trabajo, el Fondo al carajo” causaron sorpresa en los que llegaban arrastrados por los punteros peronistas. No todos mostraban hostilidad, y hasta algunos se expresaban de acuerdo con la protesta, pero se justificaban afirmando que concurrían por necesidad.

La presencia de los manifestantes no pudo ser ocultada por los organizadores, que debieron recibir a una delegación de los mismos con un petitorio de reactivación de los talleres y de la red ferroviaria en general, en manos de los trabajadores. También mostraban su rechazo a cualquier tipo de planes o subsidios de desempleo, en cambio se exigió trabajo genuino con salarios dignos. Los organizadores firmaron un compromiso de hacer llegar a presidencia un pedido de audiencia para presentar estos reclamos.

Si bien el movimiento está en sus comienzos, ya contrasta con las formas clientelísticas de los partidos burgueses: Manifestación pacífica, movilización voluntaria, búsqueda de apoyo en las familias del barrio.

Los desafíos ahora son los de extender la organización y la protesta. Ganar a la amplia barriada de trabajadores y desocupados que en el volanteo y la recolección de firmas estuvo muy receptivo. Es un camino duro y más lento de lo que algunos organizadores desean. Pero no se debe desesperar, el trabajo en ese sentido es el que realmente sirve en la construcción sólida.

En los alrededores de los talleres ferroviarios se cotejaron dos formas de hacer política. Una a favor del gran capital internacional que utiliza a los funcionarios estatales y a través de dádivas y promesas arrastra a la gente a apoyar sus iniciativas. Otra auténticamente de trabajadores que sin que medien presiones ni dinero se organiza desde abajo y se moviliza por las verdaderas necesidades de los sectores postergados de la nación. Además ya desde el comienzo va proponiendo que la única salida viable a la crisis de desempleo y pobreza de los trabajadores: es la recuperación de las empresas mediante su estatización bajo control obrero.