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26 de junio: A un año de la masacre de Avellaneda PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Demian Marcos   
Sábado 12 de Julio de 2003 00:00
En su primer examen, la memoria popular de la masacre de Avellaneda aplastó al olvido con una jornada de lucha que congregó a más de 25 mil compañeros, convirtiendo al Puente Pueyrredón en una gigante masa humana que resistió incólumemente al frío ya la lluvia. En su primer examen, la memoria popular de la masacre de Avellaneda aplastó al olvido con una jornada de lucha que congregó a más de 25 mil compañeros, convirtiendo al Puente Pueyrredón en una gigante masa humana que resistió incólumemente al frío y a la lluvia.
Un año atrás, las elecciones presidenciales eran un horizonte lejano para la clase dominante, que trataba de salvarse y salvar al sistema de explotación y miseria. Con el premeditado y salvaje asesinato de los compañeros Kosteki y Santillán, intentaron frenar el ascendente movimiento de masas para reducirlo a su mínima expresión, y así reconstruir el aparato del Estado sin las terribles convulsiones que se sucedían día tras día. Pero, si bien consiguieron desviar la atención con las elecciones y encauzar el proceso por vías constitucionales, provocaron una inmensa reacción popular nunca antes vista por la rapidez de la respuesta, haciendo ver que la función por excelencia del Estado capitalista es reprimir el movimiento de masas mientras cuida las ganancias privadas de sus socios. Incluso, la investigación no avanzó mucho y tiene los limites propios de la justicia surcada por los intereses de clase: Franchiotti está detenido y Leiva prófugo, pero estos asesinos son instrumentos macabros que cumplen las órdenes que llegan de "arriba", de las altas esferas políticas del régimen. ¿Duhalde? Bien, de vacaciones en Europa.
El MTD realizó un simbólico juicio popular cargado de fuertes emociones y con denuncias al poder político, la policía y el imperialismo. Si bien todas las organizaciones piqueteras estuvieron presentes, después se desmembraron hacia la estación Avellaneda y otras permanecieron en el puente para otro acto. Los familiares de los compañeros estuvieron presentes, participando del juicio y del acto en la estación. Nadie podrá devolverles ni devolvernos a los compañeros, pero la lucha revolucionaria es la que garantiza un futuro sin hambre ni miseria, sueño inspirador y legitimo que moldeó a Kosteki y Santillán. Y esas 25 mil almas en el puente nos muestran que un país mejor, sin opresores ni oprimidos, es posible, y late en las esperanzas de millones de argentinos cansados de este sistema, que cómo los compañeros, no se resignan y empiezan a luchar.
La jornada no sirvió solamente para recordar a los compañeros asesinados y pedir justicia, también para mostrar que el movimiento piquetero no renuncia a sus reclamos básicos y está dispuesto a luchar en la calle para arrancárselo a los hambreadores.