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Balance de las elecciones presidenciales: Conclusiones y tareas PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por El Militante   
Miércoles 21 de Mayo de 2003 00:00

Perspectivas para el gobierno Kirchner

Néstor Kirchner es el nuevo presidente de la Argentina. La bochornosa decisión de Menem de no disputar el “ballottage” ha agudizado la ya inestable situación política del país. Esto preocupa mucho a la burguesía argentina y al imperialismo, incluyendo a los que respaldaron al propio Menem y a López Murphy frente a Kirchner.

Todos ellos reconocen en privado que esta situación debilita al gobierno de Kirchner. Esto es innegable. No es lo mismo implementar una política de fuertes ajustes sociales consistente en el pago de la deuda externa, la suba de tarifas de los servicios públicos y el congelamiento salarial con un 22% de respaldo electoral obtenido en la primera vuelta que con un 70% u 80% de los votos, como pronosticaban las encuestas a favor de Kirchner en la segunda.

Otra vez es el miedo a la reacción obrera y popular contra las medidas a implementar en los próximos meses por un gobierno que no fue avalado en las urnas con un apoyo de masas lo que los llena de honda preocupación. Por eso todos los sectores de la clase dominante, sin excepción, están furiosos contra Menem.

Las razones que empujaron a Menem a borrarse del “ballottage” son varias. En primer lugar no quería enfrentarse a una humillante derrota electoral. El sentimiento anti-Menem entre la población era abrumador, y particularmente entre las familias trabajadoras, a pesar de los resultados engañosos de la primera vuelta cuando obtuvo la primera posición con el 24% de los votos. También pesaron las presiones de los políticos del entorno menemista, que todavía aspiran a una larga y lucrativa carrera política, y optaron por apartarse de su líder, como de una compañía molesta, y entrar a negociar con el bando vencedor para volver a posicionarse políticamente.

Pero antes de analizar las perspectivas que se abren para el gobierno de Néstor Kirchner, consideramos conveniente extraer y analizar las conclusiones que se derivan de estas elecciones.

De los resultados de las elecciones del 27 de abril se destacan varios hechos muy relevantes. En primer lugar, la alta participación, cercana al 80% del padrón electoral. También, la enorme dispersión del voto. Luego, la desaparición “de facto” del radicalismo, que obtuvo poco más del 2% de los votos. Por último, la extrema división del peronismo, como expresión de los intereses enfrentados de diferentes sectores de la clase dominante.

Valgan estos datos para hacer ver que, de ningún modo, volvemos al período de equilibrio y relativa estabilidad anterior al “Argentinazo” sino que la inestabilidad continúa, igual que la debilidad política de la clase dominante, incapaz de armar un partido burgués con una amplia base de apoyo social entre la población.

El balance de la izquierda

Hay gente dentro de la izquierda que justifica estos resultados hablando de que hubo un “giro a la derecha” entre los trabajadores, de su “inmadurez” para aceptar las ideas del socialismo o de haber sucumbido a la propaganda de los “medios de comunicación”. Así, en lugar de evaluar su responsabilidad, muchos de los dirigentes de la izquierda se limitan a culpar a las masas por estos resultados, evitando reconocer su incapacidad para conectar con los sentimientos, la conciencia y las aspiraciones de millones de trabajadores.

Es necesario hacer un esfuerzo honesto para profundizar en el análisis. Es verdad que las elecciones siempre fueron un terreno difícil para la izquierda, que se maneja mejor en la lucha en la calle, donde se hacen notar los activistas de la clase obrera y la juventud. En cambio, en las elecciones participan todos los estratos de la población, incluidos las más inertes y atrasados, y más susceptibles también de ser engañados por la masiva propaganda de la burguesía. Ante la inexistencia de una organización de izquierda que aparezca ante amplias capas de la clase obrera y la juventud como una organización fuerte, influyente, con posibilidades reales de vencer a las formaciones burguesas, la mayoría de los trabajadores votaron lo que consideraban que era el “mal menor”. Pero también es verdad que la imagen que dio la izquierda en el último año, a pesar de la entrega y la lucha abnegada de miles de activistas, fue la de la dispersión, la división y el enfrentamiento.

Por la terrible crisis económica y el extremo enfrentamiento político entre los diferentes candidatos, millones de trabajadores, mujeres y jóvenes sentían que del resultado de estas elecciones dependía gran parte de “su” futuro, sus chances de conseguir empleo, de tener mejores salarios, de acceder a una vivienda o mantener su plan social. Y participaron masivamente a través del voto, bien es verdad que sin grandes ilusiones en ninguno de los candidatos. Sabemos que la solución a estos problemas no estaba en ninguno de los candidatos burgueses, pero el problema es que las masas no veían otra alternativa ante la ausencia de una dirección reconocida en el campo obrero y popular. En esas condiciones, dar la espalda a este sentimiento mayoritario entre la población defendiendo posturas boicotistas o presentándose divididos a las elecciones fue un grave error.

En esas condiciones era lícito, como El Militante proclamó desde el principio, participar en las elecciones para explicar nuestras ideas y alternativas. Por eso propusimos la necesidad de un Frente Único de toda la izquierda en las luchas cotidianas y en el terreno electoral para ganar adhesiones entre los trabajadores. Lamentablemente, nada de esto se hizo. La negativa de Zamora y otros grupos de izquierda, que apostaron por el boicot, la actitud de los dirigentes de la CTA que se negaron a usar la influencia de la central sindical para dar una orientación política a centenares de miles de afiliados, y el fracaso injustificable de un acuerdo IU-PO para dar juntos la pelea electoral impidieron que la izquierda saliera fortalecida de este proceso, como se ve ahora después de las elecciones y tal como lo habíamos anticipado en estas páginas.

Los votos de los candidatos burgueses

La clase dominante fue incapaz de concentrar su oferta electoral en uno o dos candidatos. La presencia de 6 candidatos relevantes enfrentados entre sí no fue ningún síntoma de fortaleza o de “salud” democrática como se nos quiere hacer creer, sino que fue un reflejo de sus divisiones y discrepancias sobre cómo encarar el futuro del capitalismo argentino.

Mucha gente se sorprendió por la gran cantidad de votos recibida por López Murphy y Menem, a pesar de lo abiertamente reaccionario de sus programas electorales. Si lo miramos más de cerca, no es tan sorprendente. Las grandes masas de la población no leen los programas de los candidatos burgueses, a los que normalmente no tienen acceso. La industria del “marketing” electoral promocionaron concientemente los aspectos más demagógicos y “populistas” de sus discursos con el fin de engañar a las masas. La abrumadora campaña por parte de varios medios de comunicación burgueses también jugó a su favor.

No es cierto que el resultado de estas elecciones haya supuesto un giro “a la derecha” de la población. Las grandes masas se orientaron mayoritariamente hacia aquellos candidatos que eran vistos como los que enfrentaban el pasado menemista, y sumaron la mayoría de los votos. No hubo un giro “reaccionario” en el sentir de las familias trabajadoras (la mayoría de la población). Simplemente, que la mayoría de los trabajadores y sus familias, sintiendo que no podían permanecer indiferentes ante la situación del país, no encontraron otra alternativa que estos candidatos para intentar cambiar la realidad que los rodea.

Perspectivas para el gobierno de Kirchner

Kirchner responde a intereses capitalistas muy definidos. Aunque se declaró partidario de estimular la actividad productiva con obras públicas, aumentando el gasto estatal, dando créditos baratos a las empresas y otras maravillas más, lo que Kirchner tiene que demostrar es algo muy simple: ¿De dónde va a sacar el dinero el Estado para todo esto, si está quebrado? ¿Cómo va a pagar los intereses de la deuda externa y además aumentar los gastos sociales y estatales? Es pura demagogia. No lo va a poder cumplir.

El capitalismo argentino sólo puede sobrevivir sobre la base de salarios bajos y empleo precario para competir con éxito en el exterior. La única manera de que la economía argentina podría levantarse sería a través de una inversión masiva. El estado no lo puede hacer, como ya explicamos. Pero el capital privado tampoco lo va a hacer de manera generalizada, dado el contexto recesivo de la economía mundial, particularmente agravado en el continente latinoamericano

Lógicamente, al principio habrá un compás de espera entre los trabajadores, aguardando que se concreten las promesas de Kirchner a favor de mejorar las condiciones de vida y trabajo. Pero en la medida en que esto no se materialice todas las esperanzas depositadas en el nuevo gobierno se transformarán en amargura y bronca que darán un nuevo impulso a las luchas de los trabajadores y la juventud.

Las tareas de la izquierda y las perspectivas

Las organizaciones y dirigentes más relevantes de la izquierda salieron desorientados de todo el proceso electoral. Todos los militantes, activistas y dirigentes de los diferentes grupos de izquierda deberían reflexionar profundamente para sacar todas las lecciones de la experiencia del último año y medio.

Las lecciones son claras. Hay que acercarse aún más a los trabajadores. En este sentido es perentorio un trabajo coordinado en la base de los sindicatos. Los sindicatos son la llave para llegar a los sectores organizados de los trabajadores. Independientemente de los deseos subjetivos de la burocracia, la realidad objetiva empujará a los trabajadores de aquí en más a la lucha.

Para aumentar la influencia dentro de la clase obrera hay que dirigirse al movimiento de una forma no sectaria, con un lenguaje amistoso y no basado en denuncias estridentes e insultos, y mediante la táctica del Frente Único en todos los campos de la actividad: movimiento sindical, movimiento piquetero, asambleas barriales, marchas y, lógicamente, en el campo electoral.

Junto a esto hay que dotarse de un programa concreto de demandas sobre salarios, viviendas, infraestructura en los barrios, salud, educación y de medidas más generales como la reestatización de las privatizadas, el no pago de la deuda externa y la nacionalización sin indemnización de las palancas fundamentales de la economía, bajo el control de los trabajadores.

No hay lugar para el pesimismo. La experiencia de los próximos meses será muy importante para los trabajadores. Los activistas de izquierda, de las asambleas populares, de las fábricas ocupadas, de la base de los sindicatos, los dirigentes gremiales honestos y luchadores encontrarán un eco cada vez más favorable para sus ideas y para la acción en común. Una poderosa corriente a favor de la unidad y de un programa anticapitalista claro se abrirá paso.

La clase obrera no entiende de organizaciones pequeñas. Tarde o temprano, particularmente desde la base de los sindicatos, surgirá la necesidad de construir un partido de masas propio de los trabajadores, ante el fracaso de los partidos y dirigentes burgueses en encontrar una salida al actual caos capitalista. En esa organización de masas, los activistas de izquierda pueden jugar un rol vital, fertilizándola con las ideas científicas del marxismo y del socialismo. Es para esta perspectiva para la que debemos prepararnos.

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