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Se termina el “corralón” PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Sergio González   
Jueves 10 de Abril de 2003 00:00
Las presiones del FMI para que el gobierno lave la cara de los grandes bancos sin que tengan que responder por la mayor estafa de la historia ha tenido eco. Un nuevo decreto presidencial intenta ¨normalizar¨ el funcionamiento del sistema bancario argentino

La estafa de los bancos continúa

Las presiones del FMI para que el gobierno lave la cara de los grandes bancos sin que tengan que responder por la mayor estafa de la historia ha tenido eco. Un nuevo decreto presidencial intenta ¨normalizar¨ el funcionamiento del sistema bancario argentino. Ese funcionamiento normal de la banca, dominada por el capital extranjero, es el de servir de canal para la transferencia de capitales hacia el exterior. (Sobre el funcionamiento de la economía nacional remitimos a nuestro documento La Revolución Argentina y las Tareas de los Revolucionarios).

Si en épocas de calma el flujo de capitales hacia el exterior, sin dejar de ser gigantesco, se desarrollaba por vías más o menos legales, cuando la crisis mundial estalló se convirtió en directo saqueo violando hasta la Sacrosanta Ley Capitalista de la Propiedad Privada. Por supuesto que a los grandes capitalistas se les permitió y/o aconsejó fugar sus capitales antes de la implementación de las medidas confiscatorias.

La implantación del “corralito”

El 3 de diciembre de 2001 Cavallo instaló el llamado ¨corralito¨ que atrapó a los pequeños y medianos ahorristas (y también menos expertos). Y se tomaron otras medidas graves como la bancarización forzosa de todas las operaciones, incluidos los pagos de salarios. El capitalismo ya no se conformaba con la plusvalía que extraía a los trabajadores sino que retenía ahorros para hacerlos trabajar y, como se vería un mes después, para apropiárselos. Se llegaron incluso a retener los salarios ya depositados en las cuentas sueldos de los trabajadores. Los asalariados que se podían considerar triplemente afortunados por escapar al desempleo, al trabajo en negro y a los incumplimientos de sus patrones no podían esquivar las acciones de la alianza confiscadora del gobierno con el capital internacional.

El otro sector de la clase obrera estaba lejos de pasarla mejor. Era el caso de un 60% del total de los trabajadores ocupados, los que estaban en negro, en la llamada economía informal. La bancarización forzosa los dejaba definitivamente afuera de toda posibilidad de supervivencia. En pocos días se quedarían sin los mínimos recursos para la subsistencia. No debía asombrar entonces que se produjeran los estallidos y saqueos de mediados de diciembre que se llevaron puesto al gobierno de la Alianza junto con el ministro estrella del capitalismo globalizado.

Sin embargo lo que vino después fue peor. Luego de algunas graves contradicciones entre distintos sectores dominantes, y de cuatro gobiernos en pocos días, se reconstituye una precaria alianza de las clases dominantes detrás del gobierno de Duhalde. La devaluación decretada creó las condiciones para que las empresas endeudadas licuaran sus pasivos y para que los bancos que habían fugado los ahorros de la gente directamente se los apropiaran. La pesificación les permitía devolver sólo una parte de lo confiscado. Para poder llevar a cabo esto se implementó el corralón. Mientras se había mantenido la presión de las masas en la calle Rodríguez Saá, primero, y luego Duhalde, prometieron por cadena nacional devolver el dinero. “El que puso pesos recibirá pesos, el que puso dólares recibirá dólares” prometió el presidente. Pero ni bien fue posible, una semana después, se desdijo alegando desconocer el estado del tesoro: “a los ahorristas les vamos a dar un cartón”. El acto fallido en alusión a los bonos del estado muestra que sí estaba planeada la estafa a los ahorristas.

La complicidad en la estafa del gobierno, los banqueros, los jueces y la prensa capitalista

Las distintas medidas del gobierno, todas provisorias por la agitación de los ahorristas estafados con el amplio apoyo de las asambleas populares, piqueteros, etc., fueron sin embargo consiguiendo consolidar la estafa. Los diferimientos en la devolución permitieron que los bancos continuaran trabajando el dinero. Y la inflación hizo que se fuera perdiendo su valor. Algunos ahorristas sufrieron graves perjuicios perdiendo gran parte de los ahorros de toda la vida. Esto provocó innumerables casos de afecciones nerviosas (las estadísticas impresionan).

Los que sufrían enfermedades no pudieron disponer de sus ahorros para los tratamientos (recordar el fallecimiento de García Blanco y de otros muchos desconocidos). Otros aceptaron importantes quitas: devoluciones parciales a $ 1,40 por dólar cuando este cotizaba ya a más de $ 2, bonos valuados a menos del 40 % de su valor nominal. Sólo algunos lograron fallos judiciales favorables, aunque tuvieron que afrontar gastos judiciales y el pago de abogados.

Merece un párrafo aparte la actuación de la justicia. Sólo unos pocos jueces fallaron a favor de los pequeños ahorristas. Muchos aceptaron coimas de los grandes depositantes para agilizarles el trámite. Aquí también podemos ver el dominio del capital por sobre la ¨imparcialidad¨ de la ley.

A finales de noviembre, el gobierno levantó el llamado “corralito”, permitiendo el retiro ilimitado de los fondos de las cuentas a la vista. Pero mantuvo las restricciones para las cuentas a plazo fijo. Además de dejar en pie el “corralón”, la apertura de las cuentas a la vista no modificó nada sustancial, ya se podía utilizar el dinero mediante operaciones bancarias. Sólo benefició a los evasores que tienen sus empleados en negro al permitirles manejarse con efectivo.

Pese a la variedad de intentos por parte del gobierno de cerrar la crisis bancaria algunas cosas se mantuvieron constantes:

*Nunca los bancos cumplieron con los contratos que habían firmado con los ahorristas (plazos fijos, inversiones, cuentas de libre disponibilidad)

*No se hicieron cargo de sus decisiones erróneas a la hora de disponer del dinero, ni menos del liso y llano robo a los depositantes. El estado que los apaña hará que todo el pueblo se haga cargo por ellos cuando los bonos lleguen a su vencimiento.

*Los bancos siempre mintieron, cuando se promocionaron como intachables sucursales de grandes firmas internacionales y luego cuando se desentendieron a la hora de responder con capitales desde el exterior, cuando engañaron con la letra chica en los acuerdos de devoluciones reprogramadas, cuando “no entendían¨ las resoluciones del Banco Central que no los beneficiaban, cuando dilataban las entregas de dinero porque la circular no les llegaba, etc.

Pero no sólo los bancos mantuvieron comportamientos invariablemente confiscatorios. También el gobierno, cuando detrás de la ruidosa promoción de bonos con distintos plazos y condiciones, sin excepciones hizo pasar ocultamente un abultadísimo resarcimiento a los bancos. Redescuentos, bonos compensatorios, excepciones y autorización de cobros de comisiones desmesuradas que suman muchos miles de millones de dólares y que deberán ser pagados por todo el pueblo a esa banca desvergonzadamente saqueadora.

Todo esta maraña de resoluciones, decretos, órdenes y contraórdenes son parte esencial del sistema capitalista. Sin ella es imposible licuar deudas multimillonarias y estafar a los creen en la legalidad y racionalidad del sistema. En gran novelista Dostoievsky lo había descubierto hace casi ciento cincuenta años cuando sostenía que ese gran caos era en realidad el más alto orden capitalista. Todo lo contrario de la planificación socialista a la que aspiramos los marxistas de El Militante.

No debemos olvidar el papel que en este proceso tuvo la prensa burguesa que apoyó y justificó cada uno de estos atracos a los trabajadores, a los ahorristas y finalmente a todo el pueblo. Diarios como Clarín se vieron beneficiados cuando se licuaron sus millonarias deudas en dólares con la pesificación, la devaluación y su consiguiente rebaja relativa de salarios, con las reducciones impositivas y con la posibilidad de devolver fondos con bonos subvaluados. Recordemos además que hasta participaron en las discusiones sobre las medidas a tomar por el gobierno de Duhalde, extorsionando a los funcionarios desde la tapa de su diario o sobornándolos con una descarada publicidad como la que ahora hacen del candidato oficialista Kirchner.

El levantamiento del “corralón”

En estos días se pretende consolidar toda esa gigantesca transferencia de riqueza a la banca extranjera más concentrada mediante la devolución del ‘corralón’ (hasta 30 mil dólares ahora, los montos mayores deberá esperar unos meses más) en parte en efectivo y con la entrega de un nuevo bono por la diferencia. Es decir, los bancos devolverán a los ahorristas una parte de los ahorros depositados en dólares en pesos (a razón de unos 2 pesos por dólar), mientras que el Estado (es decir, el conjunto de la población) cubrirá con un bono la diferencia hasta el tipo de cambio en el mercado libre (que está en torno a 2,88 pesos por dólar). Al mismo tiempo, gracias al acuerdo con el FMI, se compensa con 16.000 millones de dólares a los bancos por la pesificación de los créditos otorgados originalmente en dólares aumentando así la exorbitante deuda del Estado.

Estas situaciones se seguirán repitiendo cíclicamente cada vez que haya una crisis, e incluso en una economía tan internacionalizada como la actual, cuando ocurra en algún país lejano. Recordemos que en los comienzos del gobierno de Menem hubo otra confiscación con entrega compulsiva de bonos bajo el ministerio de Erman González.

Lo único que garantizaría que no se repitan estas estafas sería impedir las compensaciones a los bancos, obligándolos a devolver el dinero a los ahorristas, bajo pena de expropiación sin resarcimiento alguno. Sabemos que gobiernos patronales como los que hemos tenido no lo harán porque son sus empleados a sueldo, o a ¨comisión¨. Un futuro gobierno de los trabajadores nacionalizará y centralizará la banca para ponerla al servicio de las necesidades populares. La expropiación sería una mínima devolución de los fabulosos montos que han saqueados durante años y años los grupos financieros a los trabajadores argentinos.