BALANCE DE LAS ELECCIONES EN BUENOS AIRES Imprimir
Escrito por El Militante   
Jueves 28 de Agosto de 2003 00:00
Las elecciones en la ciudad de Buenos Aires han captado la atención de todo el país en las últimas semanas. Esto se debe a que la Capital es uno de los principales distritos electorales de la república y a su enorme peso político, social y económicoen el conjunto de la nación. Hasta cierto punto, estas elecciones fueron vistas como una continuación de las elecciones presidenciales del pasado mes de abril, como un nuevo frente de batalla donde probar el ambiente general de la sociedad y los conflictos de intereses entre las diferentes clases y agrupamientos políticos. Las elecciones en la ciudad de Buenos Aires han captado la atención de todo el país en las últimas semanas. Esto se debe a que la Capital es uno de los principales distritos electorales de la república y a su enorme peso político, social y económico en el conjunto de la nación. Hasta cierto punto, estas elecciones fueron vistas como una continuación de las elecciones presidenciales del pasado mes de abril, como un nuevo frente de batalla donde probar el ambiente general de la sociedad y los conflictos de intereses entre las diferentes clases y agrupamientos políticos.

Los resultados

La participación fue del 69%, en torno a 10 puntos por debajo de la participación en las elecciones de abril. Esto es lógico, teniendo en cuenta que estas elecciones no despertaban el mismo interés que las anteriores. En todo caso, sólo un porcentaje mínimo del 31% de abstenciones habría que atribuirlo al denominado “voto bronca”. El escaso porcentaje de votos blancos, nulos o impugnados habidos (3%-4%) viene a confirmar esto último.

Los resultados de las elecciones a Jefe de Gobierno de la Capital fueron los siguientes:

Macri: 37,0%
Ibarra: 33,7%
Zamora: 12,3%
Bullrich: 9,8%
Caram (UCR): 1,9%
Ripoll (IU): 1,2%
Resto izquierda (PO, PTS y otros): 1,7%

Los resultados de las elecciones a diputados de la legislatura porteña y diputados nacionales fueron respectivamente:


Macri: 35,4% y 23 bancas y 34,7% y 5 bancas
Ibarra: 31,6% y 21 bancas y 32,6% y 4 bancas
Zamora: 12,5% y 8 bancas y 12,0% y 2 bancas
Bullrich: 10,0% y 6 bancas y 9,9% y 1 banca
Caram (UCR): 2,2% y 1 banca y 3,3% y 0 bancas
Ripoll (IU): 2,0% y 1 banca y 1,6% y 0 bancas
Resto izquierda (PO, PTS y otros): 2,2% y 0 bancas y 2,0% y 0 bancas

Como ningún candidato a Jefe de Gobierno sacó el 50% más uno de los votos, se celebrará una segunda vuelta (Ballottage) el 14 de septiembre entre los dos candidatos más votados, Macri e Ibarra.

Una Legislatura polarizada

Independientemente del resultado del “ballottage”, la nueva composición de la legislatura porteña anuncia un ciclo político de gran inestabilidad, donde la izquierda puede jugar un rol protagónico. De un total de 60 bancas, ningún grupo obtiene una mayoría decisiva. Las bancas de la derecha (Macri y Bullrich) suman 29, por su parte el grupo de Ibarra tiene 21 y los radicales 1. La izquierda (Zamora e IU) suma 9. Será en las cuestiones decisivas de clase y en las que afecten a las condiciones de los barrios obreros cuando cada grupo va a revelar ante las masas su auténtica faz. La izquierda no debería hacer de sus bancas en la Legislatura un fin en sí mismas, sino utilizarlas como un gran parlante para hacer oír la voz de los trabajadores y de los sectores más desfavorecidos por la sociedad, combinando su intervención en la legislatura con la movilización de las masas en la calle para presionar a favor de la aprobación de medidas, decretos y leyes a favor de sus intereses.

La descomposición del radicalismo y la división del peronismo

Un primer dato a destacar de estas elecciones es la confirmación de la muerte política de los radicales, que tradicionalmente habían tenido en la ciudad de Buenos Aires sus mejores resultados. Sin ninguna base de apoyo social, sus despojos políticos ya se repartieron en las pasadas elecciones presidenciales entre los nuevos agrupamientos políticos burgueses y pequeñoburgueses surgidos a su derecha (López Murphy y Bullrich) y a su “izquierda” (ARI y otros). A los políticos radicales solamente les queda decretar la disolución formal del partido, algo que no tardará mucho tiempo en suceder.

Por su parte, los peronistas fueron incapaces nuevamente de presentar un candidato propio a Jefe de Gobierno. Mientras que el gobierno de Kirchner y otros agrupamientos peronistas menores apostaron por el frepasista Ibarra, el aparato del PJ porteño le dio todo su apoyo a Macri. Esto es una prueba más de las profundas e irreconciliables divisiones que existen en el interior del aparato peronista, un reflejo de la inestabilidad política y social del país y de las presiones de los diferentes sectores de la burguesía argentina en el seno del peronismo. Kirchner necesita, por ahora, apoyarse en las masas con discursos demagógicos y tímidas reformas para dotarse de una cierta base en la sociedad, lo que lo lleva a conflictos con el sector más voraz de la clase dominante y del aparato del Estado. De esta manera procura sujetar concientemente a las masas en torno suyo para que no vayan más allá de ciertos límites, mientras que se ofrece para intentar salvar al capitalismo argentino de su completa descomposición. Pero el grueso del aparato peronista, con vínculos más directos con la clase dominante, teme que esta política lo pueda llevar a Kirchner demasiado lejos y que no sea capaz de frenar a las masas en un futuro, particularmente en momentos de aguda crisis social, cuando éstas se vean obligadas a plantear sus propias e inaplazables demandas por empleo, salario digno y mejores condiciones de vida, que están en total contradicción con el mantenimiento del sistema capitalista. Esto es lo que explica los recientes enfrentamientos en el seno del gobierno entre el Vicepresidente Scioli y Kirchner, y más solapadamente entre éste último y el propio Duhalde, quien no por casualidad se negó a avalar públicamente la candidatura de Ibarra.

Macri e Ibarra

La campaña electoral estuvo polarizada en todo momento entre Mauricio Macri y Aníbal Ibarra. Desde hacía meses los medios de comunicación burgueses se dedicaron a orientar convenientemente toda la atención de la población hacia estos dos candidatos, como si no existieran los demás.

Macri, miembro de uno de los clanes empresariales más poderosos de la argentina, armó una plataforma electoral con políticos de segunda fila provenientes del menemismo, e incluso con algunos vinculados con la administración del Estado bajo la dictadura. Lógicamente, esto no era obvio para la mayoría de la población, y particularmente para las familias trabajadoras, que normalmente no tienen el hábito de seguir en detalle los vericuetos de la política burguesa en los diarios o noticieros.

Macri se vio favorecido porque era un personaje aparentemente ajeno a la política y sólo era conocido por las amplias masas por el hecho de ser el presidente de uno de los clubes de fútbol más populares de la Argentina. (Boca Juniors) Como comentamos anteriormente, Macri recibió el apoyo explícito y activo del aparato del peronismo porteño. Incluso así, se vio obligado durante toda la campaña electoral a renegar públicamente de la época menemista, a pesar de los buenos negociados de la familia Macri con los contratos públicos y privatizaciones de empresas durante ese período. En el colmo del oportunismo, la hipocresía y la demagogia llegó en una ocasión a criticar expresamente las políticas neoliberales de los 90 que condujeron al país al actual desastre. Este tipo de declaraciones y actitudes tenían como fin conectar con un sentimiento muy extendido entre las masas con el fin de sacar el máximo rendimiento electoral posible.

Independientemente de los intereses subjetivos de la familia Macri y de toda una serie de pulpos capitalistas de su entorno de utilizar el gobierno de la ciudad de Buenos Aires para hacer contratos y negocios jugosos para sí mismos, no cabe ninguna duda de que amplios sectores de la clase dominante, incluso de entre los que respaldaron a Kirchner frente a Menem en las pasadas elecciones presidenciales, apuestan al triunfo de Macri frente al candidato de Kirchner, Aníbal Ibarra, para que aquél sirva de contrapeso a la figura del presidente. Calculadamente, piensan que un triunfo de un candidato “derechista” como Macri, en la principal ciudad del país, podría ser convenientemente utilizado en los medios de comunicación y en la actividad política cotidiana para hacer ver que un sector de la población está cansada de los “excesos” del presidente Kirchner y de que convendría que éste se “moderase”. Generosamente, Macri dispuso de millones de pesos en su campaña electoral para respaldar su candidatura.

Macri sumó una gran cantidad de votos en los barrios burgueses y de sectores altos de la pequeñaburguesía porteña como Barrio Norte, Colegiales, Palermo y Recoleta. Por las razones que apuntamos antes, también sacó una cantidad muy importante de votos en algunos de los barrios más deprimidos de la ciudad, como La Boca, Barracas y otros.

Desgraciadamente para Patricia Bullrich, apoyada por López Murphy, de un mismo plato no pueden comer dos. Y ya que disputaba a Macri la misma franja del electorado, éste último necesariamente se debía imponer en el enfrentamiento al disponer de más aparato, recursos, y de mayor presencia en los medios y apoyos entre la clase dominante.

En lo que a bancas se refiere, Macri consiguió 23 representantes para la Legislatura porteña y 5 de las 12 bancas para la cámara de diputados de la nación, de ellos 3 diputados peronistas afines a Duhalde. Bullrich se tuvo que conformar con 6 bancas para la Legislatura y 1 para diputados.

Aníbal Ibarra se presentó en esta campaña para revalidar su puesto de Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, cargo que ostenta desde el año 2000, cuando venció a Cavallo como miembro del Frepaso, formando parte de la Alianza. La figura de Ibarra provoca encogimiento de hombros entre las masas. Su labor como Jefe de Gobierno ha pasado casi inadvertida para la población y carece de simpatía y arraigo popular. En los primeros meses del Argentinazo, aparecía vinculado a la vieja política y nada preveía que pudiera sobrevivir al terremoto político que se inició hace un año y medio.

Con la postulación de Kirchner para la presidencia del país, Ibarra se orientó audazmente hacia este último. Y ya que Kirchner carecía de cualquier tipo de aparato político en el que apoyarse en la ciudad, por su enemistad con el peronismo porteño, ambos terminaron por apoyarse mutuamente. Esto, junto al sostén recibido por parte del ARI y la CTA, le permitió a Ibarra emerger políticamente de nuevo.

Es un dato que hasta hace dos meses, Ibarra iba 15 puntos por debajo de Macri en las encuestas de opinión. Por lo tanto, el apoyo público del gobierno Kirchner y otros políticos e intelectuales con imagen “progresista” resultó esencial para que Ibarra remontara su imagen en las encuestas, explotando hábilmente ante amplias capas de trabajadores y jóvenes la vinculación del entorno de Macri con el menemismo. Hasta tal punto que las encuestas previas a las elecciones del 24 de agosto daban un empate entre los dos; lo que casi llegó a suceder, puesto que el 3,3% de diferencia entre ambos suponen apenas unos 50.000 votos.

A pesar de su imagen “progre”, Ibarra es un alumno aplicado de la “vieja” política. Coaccionó ampliamente a gran cantidad de empleados de la municipalidad para que lo votaran y le sirvieran como fiscales de mesa en las elecciones, utilizó los bolsones de comidas y otros subsidios en las zonas más pobres y entre las familias necesitadas para hacer clientelismo con el voto, e hizo un uso desvergonzado del aparato del gobierno de la ciudad para obtener recursos con que sostener su candidatura.

Los trabajadores del subte de Buenos Aires no olvidan que, a pesar de que la Legislatura de la ciudad aprobó hace un año la reducción de la jornada laboral de 8 a 6 horas debido a la insalubridad del trabajo, que era además la jornada laboral vigente en el subte hasta que la dictadura la amplió hasta su horario actual, Ibarra se negó a sancionar la ley para no indisponer a los empresarios de Metrovías, concesionaria del servicio. Tampoco las trabajadoras de Brukman olvidan que Ibarra se opuso tajantemente a la estatización o municipalización de la fábrica porque decía que la función del Estado no es fabricar ropa. Ibarra, como típico político pequeñoburgués, se muestra muy grandilocuente en los discursos, pero en el terreno práctico se destaca por su cobardía para enfrentar a los poderosos.

No obstante, era lógico y comprensible que decenas de miles de trabajadores y jóvenes porteños prefirieran votar en estas elecciones a Ibarra antes que a Macri, a quien justamente vinculaban a los negociados empresariales y a las políticas antiobreras y antisociales de los últimos años. Esto es lo que explica la importante cantidad de votos que Ibarra cosechó en barrios obreros de la capital como Floresta, Flores, Abasto, Paternal, Parque Patricios y otros, donde superó a Macri; y también entre importantes sectores empobrecidos de las clases medias de la capital.

Ibarra consiguió 21 bancas para la legislatura porteña y 4 para diputados, de los cuales 2 son peronistas afines a Kirchner.

Zamora

El resultado de Luis Zamora, candidato de Autodeterminación y Libertad, fue descrito por los medios de comunicación como un triunfo para este último al quedar en tercer lugar. Es verdad que es la primera vez en décadas que un solo candidato de la izquierda consigue tan importante número de votos en la Capital (213.000, un 12,5% del total). No cabe ninguna duda que Zamora actuó como un referente para decenas de miles de jóvenes y trabajadores que se sacudieron de una vez por todas el dominio aplastante de los aparatos peronista y radical, y que al calor del argentinazo se abrieron a ideas socialistas y revolucionarias. Tampoco es ninguna casualidad que los mayores porcentajes obtenidos por Zamora fueran en los barrios y zonas obreras en Versailles, Flores, San Cristóbal, Floresta, Mataderos, Boedo y otros; e incluso, como Ibarra, fue capaz de arrastrar también importantes franjas de sectores empobrecidos de las clases medias, como se vio en zonas de fuerte composición de clase media como Caballito.

Zamora tuvo éxito en agrupar la inmensa mayoría del voto de izquierda en Capital, frente a otras opciones (IU, PO) al aparecer como el candidato de izquierda con más chances de ganar, debido al capital político que Zamora acumuló en los primeros meses del “argentinazo”, si bien es verdad que dicho capital político se redujo considerablemente en los últimos meses. Zamora consiguió 8 bancas para la Legislatura porteña y 2 para la Cámara de diputados, lo que le permite a su grupo disponer de 3 bancas en este organismo, ya que Zamora también es diputado.

No obstante, un análisis más en detalle sobre el resultado cosechado por Zamora en estas elecciones nos puede llevar a interesantes conclusiones.

Una vez más sobre la táctica electoral

A diferencia de las elecciones presidenciales de abril, todos los sectores de la izquierda que apostaron por el boicot en aquellos momentos, incluyendo a Zamora, decidieron participar con todo en las elecciones de la Capital. ¿Qué cambió en la situación objetiva para que se justifique este cambio de táctica? Desde nuestro punto de vista, no cambió nada en absoluto.

Hace poco más de un año, Zamora figuraba en los primeros puestos de todas las encuestas de preferencia por la población. No solamente en Buenos Aires, sino en todo el país. No sería una exageración afirmar que si las elecciones porteñas se hubieran celebrado hace exactamente un año, Zamora (particularmente si se hubiera armado una candidatura común de toda la izquierda) habría pasado fácilmente al Ballottage, cuando Ibarra, e incluso Macri, apenas contaban o contaban muy poco para las familias trabajadoras de Buenos Aires.

Es verdad que en aquellos momentos no estaban convocadas todavía las elecciones porteñas, pero sí lo estaban las elecciones presidenciales de este año. Si Zamora, y con él toda la izquierda, hubieran armado una candidatura común desde hace un año para disputar las elecciones presidenciales, dada la autoridad política y moral que disfrutaba Zamora en aquellos momentos, unido a la gran influencia de la izquierda entre los piqueteros, las asambleas barriales y la juventud, ¿puede dudar alguien que piense honestamente de que, después de ver la experiencia de las elecciones porteñas, la izquierda no habría estado entre las 3 ó 4 candidaturas más votadas? ¿Qué impacto político no habría tenido aparecer como una fuerza de masas de alcance nacional y disponer de 2 ó 3 millones de votos de cara a organizar a la clase obrera y la juventud, fortalecer las posiciones clasistas en los sindicatos y hacer avanzar la conciencia socialista entre las masas? Frente a López Murphy y los restos del menemismo, ¿no podría haber ganado la izquierda el derecho de aparecer como la oposición más decidida y consecuente al nuevo gobierno que se hubiera formado? La ausencia de una candidatura común de la izquierda que apareciera con chances de sacar millones de votos en esas circunstancias ¿no facilitó, en cambio, la formación de un apoyo de masas a gente como Carrió o Kirchner, al permitirles (particularmente al último) aparecer como los únicos enemigos del menemismo en la campaña electoral utilizando una verborrea anti-FMI, anticorrupción, etc., que hasta ese momento era patrimonio casi exclusivo de la izquierda?

Desde el punto de vista del marxismo revolucionario, son lícitas todas las tácticas que hagan avanzar la conciencia de los trabajadores, y los hagan concientes de su fuerza y de sus objetivos revolucionarios. Y no cabe ninguna duda de que si se hubiera organizado con meses de antelación dicha candidatura unitaria de la izquierda para concurrir a las elecciones presidenciales de abril, en las condiciones que antes apuntamos, la vanguardia de los trabajadores se encontraría muchísimo más fuerte y con una influencia real en sectores importantes de la clase obrera que se habrían sacudido el peso muerto de los aparatos políticos del peronismo y otras organizaciones burguesas y pequeñoburguesas.

Desde El Militante nos opusimos desde un principio a la táctica del boicot a dichas elecciones, en cambio propusimos la necesidad de armar un frente único electoral de la izquierda para hacer avanzar nuestras posiciones en el seno de la clase obrera, explicando esta perspectiva.

Lamentablemente, Zamora y otros sectores de la izquierda se declararon firmemente a favor del boicot, cuando esa posición contrastaba claramente con el ambiente de las masas que estaban decididas a participar activamente en la pelea electoral a través del voto. Desde hace un año, tras meses de movilizaciones y una actividad incesante, las masas, comenzando por sus sectores más activos, estaban dando síntomas de cansancio, e iniciando un lento repliegue. Ante la ausencia de una perspectiva inmediata y clara de cambio revolucionario en aquellos momentos, un sector muy importante de las masas se orientaron a la única salida que aparentemente les ofrecía la manera más fácil de cambiar la situación, las elecciones, a pesar de que tampoco había grandes ilusiones en las mismas.

Para un marxista revolucionario es el ABC que un cambio de presidente o de gobierno no significa un cambio real en la sociedad. Lo que se necesita no es un cambio de ministros sino un cambio fundamental, una revolución social a través de la expropiación de la tierra, los bancos y las grandes empresas que dominan la economía y que realmente deciden el destino de millones de personas.

Sí, todo esto es verdad y está bastante claro PARA NOSOTROS. Pero, lamentablemente, no está lo suficientemente claro para millones de personas que en Argentina buscan desesperadamente una salida a la crisis. En esta fase es un deber de los marxistas y de la vanguardia de los trabajadores, debido a que por ahora carecemos de la fuerza y la influencia necesarias entre las masas de la clase obrera, utilizar lo más ampliamente posible cada resquicio y oportunidad para plantear las ideas revolucionarias ante las más amplias capas de la población mediante una campaña de propaganda, explicación y agitación y de intervención cotidiana en las luchas de los trabajadores, en los sindicatos y en los barrios obreros para ganar influencia. Esto incluye la participación en las elecciones. Y eso era tan correcto el pasado mes de abril como ahora, en agosto y septiembre.

Los argumentos para apostar por el boicot tenían muy poco contenido político o quedaban reducidos a simples lamentos de carácter moral o sentimental (son elecciones fraudulentas, las convocó un gobierno corrupto, las elecciones presidenciales tienen un carácter intrínsecamente antidemocrático, no se renueva el parlamento, etc). Para un marxista es secundario la forma jurídico-legal de cada elección en particular, no somos “cretinos parlamentarios”, ni “cretinos antiparlamentarios”. La cuestión es si unas elecciones en un momento determinado pueden ser utilizadas por los revolucionarios (particularmente en un contexto de repliegue temporal de la lucha de masas) para hacer propaganda de las ideas, establecer contacto con las masas y extender su influencia entre nuevas capas y sectores. Esto es lo que cuenta.

Las perspectivas para Zamora

No es una casualidad que desde que Zamora anunció hace un año que se bajaba de la pelea electoral para las elecciones presidenciales su popularidad y apoyo entre las masas comenzó a declinar. Aparentemente, Zamora pasó de un apoyo del 10% obtenido en las elecciones de octubre del 2001 a un 12,5% ahora. Independientemente de que la suba no deja de ser pequeña, la realidad es que Zamora no venía desde un 10% hace un año, sino de un 30%, un 25% ó un 20% en las encuestas, y resultó que en ese curso declinante de su influencia es en el que se encontró con ese 12,5% en las elecciones porteñas. Bien es verdad que ahora tiene una nueva oportunidad y que los resultados del 24 de agosto le pueden dar un respiro temporal. Pero la única manera en que Zamora puede servir como un punto aglutinante para agrupar a miles de activistas obreros y juveniles y extender su influencia es desechando todas esas ideas desacreditadas desde hace mucho tiempo, y de las que hace gala, sobre “cambiar la sociedad sin tomar el poder”. No deja de ser una contradicción con dichos planteos, sin embargo, que Zamora aspirara a llegar al “poder” en la ciudad de Buenos Aires en estas elecciones con la lógica intención de intentar cambiar la realidad porteña.

La condición para que Zamora pueda hacer un aporte decisivo a la lucha por el socialismo en Argentina es dotándose de un programa marxista revolucionario y de clase, participando cotidianamente en las luchas y movimientos de los trabajadores en una política de frente único con el resto de organizaciones populares y de la izquierda, y construyendo una organización de masas y con estructuras democráticas, donde a la base no le quede solamente la opción de aplaudir o asentir mansamente las decisiones de Zamora y su entorno, sino de controlar a sus dirigentes, tener el derecho a criticarlos y, si es necesario, cambiarlos por otros que reflejen mejor las aspiraciones de los trabajadores.

Si su política no discurre por este camino, si su plataforma política queda reducida a una estructura electoral sin un programa revolucionario definido, sin mecanismos democráticos para rendir cuentas ante su base, eso no puede sino conducir a una frustración generalizada de las ilusiones depositadas en su candidatura por decenas de miles de trabajadores y jóvenes de Buenos Aires y del resto de Argentina.

Los resultados de la izquierda

Además de Zamora concurrieron a las elecciones diferentes grupos y coaliciones de la izquierda, entre los que destacan IU y PO, que eran por lo demás los únicos que tenían representación en la legislatura porteña, junto a 2 diputados de otros pequeños grupos sin inserción social.

Los resultados fueron prácticamente un calco de los obtenidos en el mes de abril. IU consiguió en la mejor de las 3 votaciones (para diputados a las legislatura de Buenos Aires) un 2% (33.500 votos) y retuvo sólo una de las dos bancas con las que contaba. El PO obtuvo un 0,44% de los votos (7.541) y perdió la única banca que tenía.

No cabe ninguna duda, como explicamos en otro apartado, que varios miles de simpatizantes de estas formaciones orientaron su voto hacia Zamora porque aparecía como el candidato de la izquierda mejor situado. También es verdad que la arena electoral es el terreno más difícil para los grupos de izquierda, que se destacan más en la lucha en la calle por medio de sus activistas y su inserción en los movimientos de masas, careciendo además del aparato, los recursos y los medios de otras formaciones burguesas. Si bien, los eslóganes de campaña tampoco ayudaron mucho, al sonar con muy poco contenido político y de clase: “Meta más izquierda en la Legislatura”, en el caso de IU o “Más Partido Obrero en la Legislatura”, en el caso del PO. Sin embargo, también es verdad que IU y PO y el resto de grupos pequeños (como el PTS o el MAS), a pesar de la abnegación y el sacrificio militante de sus activistas, están pagando en gran medida los errores provocados por los enfrentamientos sectarios e intereses de aparato del último año y medio, de los que sólo cabe responsabilizar a sus dirigentes. Y no solamente en el terreno electoral, con su fracaso en ofrecer un frente único, sino también en el terreno de la actividad y la lucha cotidiana en el frente piquetero, estudiantil, en las asambleas barriales, en el trabajo sindical, etc.

Es una ley que las masas no entienden de grupos pequeños. Siendo concientes de esto, en el frente electoral (aunque no solamente en el frente electoral) los grupos marxistas pequeños deben aplicar una política consistente de Frente Único, en torno a un programa común ¿Es tan difícil hacer esto? Por supuesto que tenemos diferencias y discrepancias en aspectos concretos del trabajo y las perspectivas, pero si somos marxistas se supone que debemos acordar en los temas centrales. No se trata de proponer una fusión sin principios entre los diferentes grupos, sino de un frente, aunque no cabe duda que, a la larga, la experiencia del trabajo en común y el acercamiento de las posiciones políticas y organizativas pueden facilitar más adelante la fusión de los grupos y tendencias más afines. El hecho de “marchar separados, pero golpear juntos” (para utilizar la célebre consigna de los bolcheviques rusos en su política de frente único) no impide que cada grupo o tendencia en particular plantee sus propios puntos de vista al interior de este frente y fuera de él, de lo que se requiere es de normas democráticas de funcionamiento. Donde estemos en minoría debemos aceptarlo tranquilamente con la confianza de que será la propia experiencia la que irá confirmando las posiciones correctas y rechazando las incorrectas.

Si no se adopta esta vía, el aislamiento, la frustración y la desmoralización pueden hacer presa en gran parte no sólo de los activistas de estos grupos sino también de su periferia. El peor error que podrían hacer las direcciones de todas estas organizaciones es negarse a enfrentar los hechos tal como son, endulzando la realidad a sus bases, instalando un ambiente artificial de exitismo falso que a la larga sólo puede conducir a más frustración y desmoralización.

En este sentido, puede resultar muy tentador justificar los malos resultados de los grupos de izquierda recurriendo al fácil argumento de que hubo un “giro a la derecha” en la sociedad, de que los trabajadores “no están maduros” para aceptar ideas revolucionarias o debido al peso “mayoritario” de las clases medias en la sociedad porteña. Este tipo de argumentos resultan impropios de dirigentes que se consideren revolucionarios ya que descargan toda la responsabilidad y la culpa en las masas para explicar los resultados de la votación en lugar de indagar en las razones objetivas y subjetivas de la realidad para sacar las conclusiones pertinentes.

Una cosa es reconocer la existencia de un repliegue temporal de la lucha de las masas y otra muy diferente afirmar que estamos prácticamente en la misma situación política y social que hace 5 años. El ambiente de frustración y bronca contra el sistema sigue presente, se palpa en la vida cotidiana de millones de familias obreras. Entre otras razones porque el capitalismo argentino no deja margen para otra actitud. La tragedia es que las masas se sienten huérfanas políticamente, y ante la falta de una alternativa de clase, esto las lleva a orientarse hacia aquellos políticos burgueses y pequeñoburgueses que, demagógicamente, mejor conectan con sus inquietudes, obligándolos en palabras y en algunos hechos a gestos y actuaciones que pueden sonar “radicales”, aunque no cambian el fondo de la realidad, como es el caso de Kirchner y otros. Para decirlo de una manera simple: no es que las masas hayan girado a la “derecha” para apoyar a Kirchner, sino que Kirchner ha tenido que girar “a la izquierda” para poder conectar con el ambiente que existe entre las masas.

De ahora en más, los trabajadores están sacando la conclusión de que ahora “les toca a ellos”, de que hay que pasar de las palabras a los hechos. Esto es lo que explica cómo progresivamente cada vez más sectores de trabajadores están saliendo a la lucha por empleo y salarios dignos y otras demandas, metiéndoles presión a los dirigentes sindicales. Pero tarde o temprano estas mismas masas comprenderán las limitaciones de políticos como Kirchner que intentan conciliar lo irreconciliable, los intereses de los trabajadores y los grandes empresarios. Buscarán una nueva orientación política. Esto abrirá nuevas posibilidades a los activistas de izquierda y a los trabajadores combativos para salir de su aislamiento y conectar con nuevas capas. Pero para eso la condición es que debemos aprender de la experiencia, corregir los errores cometidos y reorientar las fuerzas hacia las masas de la clase obrera y la juventud.

Perspectivas para el “ballottage”

Lo que revelaron las elecciones del 24 de agosto es la enorme polarización entre las candidaturas de Macri e Ibarra. Sería aventurado pronosticar con certeza absoluta el resultado de la votación del 14 de septiembre. Sin embargo, sí estamos obligados a establecer una hipótesis a pesar de su inevitable carácter condicional, atendiendo a los procesos profundos que operan en la sociedad y en la conciencia de las masas, aunque sea en el espacio geográfico limitado de la ciudad de Buenos Aires.

La base del voto de Macri corresponde a todos los estratos sociales aunque los sectores que dan la nota son los sectores burgueses y las capas superiores de las capas medias, la misma base que Patricia Bullrich, con lo que previsiblemente la inmensa mayoría de los votos de Bullrich se orientarán hacia Macri. Por otro lado, Macri explotó en los barrios obreros más deprimidos de la ciudad su imagen de presidente de Boca, un tipo popular que dispone de plata que podría mejorar bastantes cosas en los barrios.

No obstante, si la imagen de gran empresario de Macri y su vinculación con los grandes negociados de los 90, que empezó a penetrar con fuerza al final de la campaña electoral haciendo que éste tuviera que actuar a la defensiva, consigue penetrar todavía más en la sociedad de aquí hasta la segunda vuelta, esto le puede hacer perder muchos de los votos conseguidos en los barrios obreros más castigados por la pobreza, e incluso entre los sectores más golpeados de la clase media. No es ninguna casualidad que las primeras propuestas de Macri al día siguiente de las elecciones fueran para ofrecer de manera demagógica y oportunista el cargo de Defensor del Pueblo ¡a Zamora! para intentar ocultar su carácter de clase y ganar adeptos entre las familias trabajadoras; lo mismo hizo ofreciendo la Procuraduría de la ciudad al juez que metió a Menem en prisión. Es decir, Macri es conciente que si quiere ganar con solvencia en el “ballottage” debe conectar con el ambiente social existente, es decir debe realizar gestos a su “izquierda”.

Teniendo esto en cuenta, Ibarra, a pesar de que no conecta con las masas, puede beneficiarse de esta situación, que no dudará en explotar a fondo. También lo beneficiará la apuesta redoblada de Kirchner por su candidatura. A pesar de sus limitaciones personales, del carácter pequeñoburgués de su programa político, y de sus nulas conexiones con la clase obrera, es inevitable que miles de trabajadores, jóvenes y también sectores empobrecidos de las clases medias voten a Ibarra como “el mal menor” para frenar a Macri e impedirle que alcance la Jefatura de Gobierno, como un rechazo instintivo a la clase capitalista rapaz a la que representa y al recuerdo de la pesadilla que se instaló en la vida de millones de familias trabajadoras en los últimos años. Los radicales llamaron a votar por Ibarra. Por su parte, si bien Zamora llamó a no votar a ninguno de los dos, la mayoría de los votantes de Zamora, teniendo en cuenta la polarización existente, previsiblemente votarán a Ibarra “a regañadientes” y con escaso entusiasmo.

Un factor que puede ser decisivo es el nivel de abstenciones. Ya comentamos que en la primera vuelta la abstención fue 10 puntos mayor que en abril porque para mucha gente estas elecciones locales no tenían la misma transcendencia que las presidenciales. Pero dada la polarización que se dará en el “ballottage” es probable que esta vez el nivel de participación electoral sea mayor. Probablemente una mayor participación beneficiaría a Ibarra. Teniendo todo esto en cuenta se puede decir, aun con todas las reservas y siendo una hipótesis condicional, que es bastante probable que Ibarra derrote a Macri.

Por nuestra parte, entendemos el sano sentimiento e instinto de clase de miles de trabajadores que preferirán votar a Ibarra, sin mucha convicción es cierto, antes que a Macri; al que, correctamente, identifican como un enemigo declarado de la clase obrera y de la juventud. Sin embargo, honestamente, como revolucionarios, no podemos apoyar ni despertar entre nuestra clase ilusiones artificiales en políticos como Ibarra. En la actual crisis económica argentina, no bastan las buenas palabras y las mejores intenciones (reales o fingidas), donde el congelamiento del gasto público, y los recursos limitados dedicados a la educación, la sanidad y otros gastos sociales están bajo permanente amenaza, donde miles de empleados públicos trabajan en negro y donde la clase trabajadora carece de mecanismos de democracia real y directa para imponer sus intereses y decisiones en el control y gestión de sus barrios.

Precisamente, el fracaso de las políticas “reformistas” por su supeditación a los intereses capitalistas y su aceptación de la lógica del beneficio privado de los grandes capitalistas, de las leyes que lesionan los intereses de la mayoría, como los remates hipotecarios, el desalojo forzoso de los edificios abandonados y ocupados por las organizaciones populares y barriales, de las fábricas ocupadas, etc. es lo que prepara la frustración y la bronca de amplios sectores de las masas cuando mañana Ibarra traicione las esperanzas depositadas en su gobierno. Esto es lo que preparará el terreno para que mañana demagogos como Macri puedan disputar de nuevo espacios de poder, basándose en las frustraciones de amplias capas de la población. Este es el verdadero peligro.

Independientemente de que las elecciones a Jefe de Gobierno las gane Ibarra o Macri, la vida continuará al día siguiente, lo mismo que la explotación capitalista. Y los trabajadores no debemos estar permanentemente sometidos al dilema de elegir entre “lo menos malo” y “lo peor”, sino de levantar una alternativa genuina de clase que pueda ofrecer una salida socialista al actual caos que el capitalismo ha llevado a la sociedad. Los militantes de izquierda, los activistas más concientes y avanzados de la clase obrera y la juventud, deben agrupar sus fuerzas para construir una tendencia marxista fuerte entre los trabajadores y en la base de los sindicatos, que sirva de cimiento para construir un verdadero partido revolucionario de los trabajadores argentinos. Desde El Militante estamos empeñados en esa tarea. Unite a nosotros.