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El rol de la “burguesía nacional” venezolana PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Ricardo Galíndez   
Lunes 02 de Agosto de 2004 00:00
Cuando la burguesía nacional venezolana, si es que la podemos llamar así, lideraba la lucha por la independencia nacional y a cuya cabeza estaban hombres como Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, José Antonio Páez, por el lado de la Provincia de Venezuela y Francisco de Paula Santander por el lado de Nueva Granada, ya por otros lados, otros sectores burgueses tenían años de hacer iniciado el reinado político económico como clase, dándole impulso al capitalismo. El mismo “descubrimiento” del continentinente americano formó parte del desarrollo de las fuerzas productivas que el naciente capitalismo impulsaba a través de la etapa que se conoce como mercantilismo.

Análisis histórico al calor de la entrada de Venezuela en el Mercosur

Cuando la burguesía nacional venezolana, si es que la podemos llamar así, lideraba la lucha por la independencia nacional y a cuya cabeza estaban hombres como Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, José Antonio Páez, por el lado de la Provincia de Venezuela y Francisco de Paula Santander por el lado de Nueva Granada, ya por otros lados, otros sectores burgueses tenían años de hacer iniciado el reinado político económico como clase, dándole impulso al capitalismo. El mismo “descubrimiento” del continente americano formó parte del desarrollo de las fuerzas productivas que el naciente capitalismo impulsaba a través de la etapa que se conoce como mercantilismo.

Las clases dominantes en el territorio que después se convertiría en Venezuela, tenían un origen español (blancos peninsulares) y sus negocios y poder devenían directamente de su relación con la corona española y los llamados blancos criollos, cuyo poder tenía su origen en las posesiones en tierras, minas y empresas existentes provenientes de herencias familiares o repartos directos de la corona por servicios prestados a la misma. También existía un amplio sector de poseedores de bienes que sin ser blancos, peninsulares o criollos, se les tiene que ubicar como parte de esa burguesía comercial o como poseedores de tierras y ganado vinculados al capitalismo a través de las cadenas de comercialización que se hacían con España o con otros países (Francia, Holanda, etc.) a través del contrabando.

Bien entrada la colonización en Venezuela, elementos de la burguesía venezolana, representados por comerciantes (Pedro Gual y José María España), inician los primeros movimientos independentistas de la colonia, pero el conjunto de la misma no se adhiere a dicho movimiento en primer lugar porque consideraba que su asociación (dependencia) con las clases dominantes de la península española eran satisfactoriamente rentables a sus aspiraciones y una lucha (aventura) independentista tan solo podría hacerlos desaparecer como clase y más cuando para enfrentarse a la corona, tendría que movilizar a los esclavos, los indígenas y a otros sectores sociales a los cuales temía más que a la atrasada burguesía española. Traicionados por sectores vacilantes de esa burguesía y oligarquía “criolla”, se pierde el movimiento independentista más avanzado que se desarrolló durante la colonia en nuestro país.

Tienen que sucederse varios hechos para que los “blancos criollos” se unifiquen en su mayoría y se atrevan a buscar la independencia de España, entre los cuales cabe mencionar, el monopolio que ejercía la metrópoli sobre el comercio de exportación que limitaba sus ganancias y la invasión de España por parte de Napoleón, que debilitaba el dominio militar sobre las colonias.

Durante la guerra de independencia podemos ver como las clases dominantes de toda América se dividen ante el hecho de o mantener sus lazos de dependencia con las metrópolis o alcanzar la independencia que les permitiese desarrollarse a plenitud como clase.

Esta división se va a mantener durante toda la guerra de independencia y es lo que va a explicar una vez ganada la guerra, las divisiones entre grancolombianos y opositores a estos y entre Páez y Bolívar. Es el miedo a desarrollar el capitalismo en toda su extensión introduciendo los cambios requeridos en las formas de explotación y en sus relaciones sociales de producción.

Durante la propia guerra de independencia, los blancos criollos y los pardos se niegan a levantar reivindicaciones que permitiesen la incorporación del resto del pueblo a las filas patriotas lo que determina que sea un José Tomás Boves quien se convierta en todo un líder de las masas desposeídas prometiendo el reparto de las tierras y de los bienes que arrancasen a los avenidos al proceso independista.

Es solo después de la derrota de la 2a. República y del regreso de Bolívar de Jamaica que éste logra convencer a los Blancos criollos para que incluyan dentro de sus propuestas el reparto de tierras y demás bienes y reconocimiento de la libertad de los esclavos a todos aquellos que prestasen servicio a la causa independentista. Con este nuevo programa, se facilita el paso de los sectores populares a las filas patriotas. Se facilita el surgimiento del líder guerrillero y “primera lanza de Venezuela” General José Antonio Páez y la derrota definitiva de las tropas españolas.

Pero la oligarquía criolla, los sectores dominantes que se adscribieron al proyecto independentista no se atrevieron a cumplir el programa ofrecido a los esclavos, indígenas y a todos aquellos que se sumaron a la causa independentista. Se negaron a darle la libertad a los esclavos, se negaron a repartir la tierra arrancada a los “blancos realistas”, se negaron a reconocer algún derechos a quien no fuese poseedor de bienes de fortuna, por miedo a ese mismo pueblo que había luchado y desplazado al poder español de nuestras tierras. Todo esto tan solo significó que los blancos criollos se negaron a sí mismos la oportunidad de convertirse en una burguesía en pleno desarrollo, tal y como sí lo estaba haciendo la burguesía norteamericana.

La atrofiada burguesía criolla, que había adquirido una serie de compromisos económicos con sectores burgueses en el exterior, al restarse el apoyo de las masas populares no pudieron evitar caer en manos del capitalismo inglés del cual fuimos dependientes hasta bien entrado el siglo XX. Los blancos criollos pasaron de socios y dependientes del imperio español, a dependientes y socios del imperialismo inglés.

La guerra federal, tan solo es la extensión de la lucha de las masas desposeídas que buscaban el cumplimiento de las promesas no cumplidas durante la guerra de independencia de España. En esta oportunidad, el pueblo es nuevamente traicionado, y la misma la lideran Juan Crisóstomo Falcón y Antonio Guzmán Blanco, quienes representaban al sector conciliador de la Federación, quienes temían más a las masas desposeídas que a la oligarquía que se combatía. (Ver artículo ¿Qué pasó después de la Batalla de Santa Inés de 1859?).

Esa oligarquía, que venía desde la colonia, con muy pocas transformaciones cualitativas en cuanto a su poder económico, se niega nuevamente una oportunidad para desarrollar las fuerzas productivas y el mercado interno, lo que la mantiene en desventaja frente a los capitales extranjeros.

Esta debilidad de la oligarquía y burguesía venezolana se extiende por años y para cuando la burguesía gringa, inglesa y holandesa, avanza sobre nuestro territorio en la búsqueda de petróleo, no puede oponer ningún tipo de resistencia. Es tal el grado de dependencia y debilidad económica frente al nuevo invasor, que hasta negocian con el estado la compra de extensiones territoriales conteniendo petróleo, tan solo para entregarlo a precios viles a las transnacionales petroleras, sobre todo yanquis.

Las clases dominantes de origen nacional, que nacieron y se desarrollaron dependientes, ni siquiera cuando derrotaron a la primera potencia mundial de su época se atrevieron o pudieron desarrollar un proyecto propio de país. Unos “blancos criollos” que prefirieron desterrar a su líder más preclaro como lo fue Simón Bolívar y asesinar al segundo como lo fue Antonio José de Sucre, cuando los imperios capitalistas no estaban todavía conformados y las transnacionales no eran amos del mundo por lo que imperaba todavía la “libre competencia”, ahora se veían ante unas transnacionales que pesaban como el antiguo imperio español, pero con más fuerza y determinación, pues el mercado era para ellas. Ante esta realidad, nuevamente los criollos prefieren ser socios cuando mucho, de la burguesía imperialista que estaba en pleno desarrollo y pelea por el reparto del mundo.

En otros momentos de nuestra historia se ha visto reflejada esta debilidad de la oligarquía y burguesía venezolana para enfrentar al capital extranjero, ahora transnacional e imperialista, con el cual estrecha vínculos de dependencia cada vez más fuertes. Durante la dictadura de Pérez Jiménez, tan solo es capaz de negociar una redistribución de las ganancias del negocio petrolero y ante el descontento de los Estados Unidos con un gobierno que intenta debilitar la presencia de ciertos capitales norteamericanos, se une a este para derrocar a quien le había servido con lealtad. De aquí el 23 de Enero.

Derrocado Pérez Jiménez, la burguesía se esmera en estrechar lazos con Washington, acelerando el proceso de sustitución de importaciones iniciado por MPJ y conteniendo al movimiento obrero y popular en sus justos reclamos. El nuevo gobierno que en teoría se plantea una reforma agraria y un desarrollo económico para lograr una “Venezuela libre y de los venezolanos”, incumple con lo de la reforma agraria, pues el débil capital nacional ha desarrollado estrechos vínculos entre la industria y el campo. Afectar a uno es afectar al otro y ello no se puede permitir pues crearía desestabilización social. Sin apoyo social, la burguesía nacional no puede enfrentar al capital transnacional que exige su parte del león en el proceso de industrialización en marcha. De aquí las asociaciones en hierro, siderúrgica, aluminio, metalmecánica, petróleo y petroquímica. A cada paso, la oligarquía venezolana estrecha más y más su asociación con los capitales transnacionales y en esa misma medida su condición de dependencia y de débil frente a uno de sus verdugos estratégicos.

Se viene una crisis del capitalismo norteamericano, quien sufre las consecuencias de la derrota de Viet Nam y lo que significó el desangre económico del mismo y con ello una nueva oportunidad para replantearse sus lazos de dependencia por parte de la burguesía y la oligarquía nacional. Bajo el gobierno de Caldera se aprueba una ley de reversión petrolera y bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez se impulsa la nacionalización del hierro y de la industria petrolera. De todos son conocidas las serias críticas, aún desde el punto de vista burgués a lo limitado de estas acciones, por la timidez, crítica que provienen de sectores de la izquierda socialista y de algunos personajes que representaban el pensamiento burgués nacionalista. La aplastante mayoría de la burguesía local se cuadró en firme con la posición de CAP.

CAP, como representante de la burguesía, se había dotado de un extenso apoyo social tomando medidas a favor de la clase y de la burocracia sindical para controlar a la misma, como el establecimiento de un salario mínimo, de la extensión de las prestaciones sociales como derecho adquirido y el pago doble de las mismas cuando se produjese un despido injustificado. Los trabajadores y el pueblo asumen el tímido nacionalismo y la política de reivindicaciones para potenciar sus movilizaciones, retomadas bajo el gobierno de Caldera, logrando desplazar a la burocracia sindical de sectores importantes sectores industriales: siderúrgica, textiles, alimentos, ascensores y penetración en otros no menos importantes: cauchos, educadores.. Este ascenso es revertido con la derrota de la huelga de los trabajadores textiles en el ‘80. La obra de desmovilizar a la clase obrera se culmina en el año ´83, después del viernes negro. La burguesía no podía permitir el reto que le planteaban los trabajadores quienes luchaban con más frecuencia y fuerza por reivindicaciones y desplazaban a la burocracia sindical que le servía de gendarme dentro del movimiento de trabajadores manuales e intelectuales de la ciudad y del campo.

Cuando el imperialismo norteamericano inicia una contraofensiva económica, planteando un nuevo esquema en las relaciones metrópoli, colonias y semicolonias, los tímidos devaneos nacionalistas que caracterizaron a los “blancos criollos” se vinieron abajo y esta ya no contaba con la fuerza de los trabajadores y el pueblo para usarlos como palancas de presión en una hipotética negociación, pues estos habían sido derrotados y desmovilizados a finales de la década del ´70 y principios del ‘80.

Una burguesía y una oligarquía venezolana, que nunca en su historia se habían atrevido a plantearse seriamente su desarrollo como burguesía independiente de todo centro de poder. Esto no lo pensó seriamente ni cuando tuvo una oportunidad histórica de hacerlo, cuando se liberó de España que tenía los recursos económicos en sus manos, en medio de un mercado mundial donde se podía “competir” pues los imperios precapitalistas estaban siendo golpeados y estaban en competencia unos contra otros y para extremo, se acababan de librar de la dominación sin que el espacio estuviese firmemente ocupado por ningún otro y lo más importante, existía un proyecto burgués como lo requería el tiempo de entonces, el proyecto bolivariano de la Gran Colombia. Los “blancos criollos” no lo pensaron pues además de sentirse cómodos como socios de otros, le temían demasiado al pueblo y su mentalidad estrecha no le permitía avanzar en dicho proyecto grancolombino.

Esa mentalidad y esa incapacidad fue reforzada al extremo con la llegada del petróleo, que les repotenció económicamente a extremos no soñados y les hizo ver que jugar a una movida independentista ahora no iba a ser con y contra un movimiento campesino sin proyecto político económico propio, sino con una incipiente pero determinante clase obrera lo cual les hizo olvidar para siempre esa, nunca pensada en serio, posibilidad.

La crisis del ‘70, que le permitió a la burguesía nacional hacerse de una nada despreciable base económica al poner en sus manos la industria del petróleo y del hierro, lo que a su vez le permitió adentrarse en otras ramas, y hasta de construir un sector bancario, ya adentrado la década del noventa, esa misma burguesía vendió casi todos sus activos al sector bancario transnacional y vendiendo empresas como ELECAR, la más importante del sector eléctrico a transnacionales.

Eso es lo que está sucediendo hoy día. Chávez nunca se ha planteado un proyecto revolucionario de carácter socialista, sino capitalista y esto lo dijo con meridiana claridad en su agenda Bolivariana desde cuando era candidato. Chávez ha planteado un proyecto nacionalista pero sin superar los límites del capitalismo, el cual a diferencia del nacionalismo de CAP no ha sido aceptado ni por la burguesía y la oligarquía nacional y menos aún por el imperialismo. Ambos sectores han sido contrarios al proyecto chavista y esto lo han dejado claro desde cuando Chávez se lanzó como candidato a la presidencia. Toda la burguesía y todos los sectores imperialistas se cuadraron con la candidatura de Salas Römer y su proyecto Venezuela. Desde la toma de posesión, el imperialismo ha venido financiando a la oposición en todas sus variantes, siempre y cuando estuviesen dispuestos a actuar como Washington mande.

Solo burgueses como individualidades aisladas de su clase le han dado “apoyo” al gobierno. Todos los sectores importantes y menos importantes de la burguesía, como se vio durante el golpe de 11A y el paro patronal del 2D, se cuadraron con dichas acciones, mostrando que todos ellos están en contra del proyecto tímidamente nacionalista que ha presentado Chávez.

Esta oligarquía, esta burguesía está tan seriamente comprometida con los amos del norte que recientemente ante el paso dado por el gobierno de incorporarse, aunque todavía como observador, al MERCOSUR, voceros de FEDECAMARAS han dicho que no le ven ninguna ventaja incorporarse al mismo y que ello es un error pues se descuida socios tradicionales como Colombia y los Estados Unidos.

A través de diversos voceros LA BURGUESÍA ha dicho que lo de ellos es el ALCA y más nada. Esta declaración ya de por si encierra un réquiem para una alianza como MERCOSUR y también como el Pacto Andino, tal y como se conciben hoy, bloques de países para negociar entre si y con otros bloques en términos de relativa autonomía e independencia.

Por muy poderoso que sea el estado venezolano, que lo es en términos relativos con respecto a otros estados burgueses de Centro y Suramérica y con respecto a la propia burguesía nacional, es imposible desarrollar una política comercial y de alianzas económicas estables así sea a corto plazo sin el apoyo o consenso de la burguesía nativa y menos en medio de la ofensiva imperialista de impulsar el ALCA o tratados bilaterales tal y como se vienen desarrollando con países como Brasil y la misma Argentina, tratados que se dan en términos capitalistas, como le gusta decir a muchos “neoliberales”.

En este punto, la estrategia de Chávez cuenta con serias dificultades que hacen irrealizable su sueño, porque como la Gran Colombia, la misma no cuenta con el apoyo real de las burguesías del sur del continente, las cuales, empezando por la argentina y la brasileña, andan en negociaciones individuales, para cada una salvar lo que pueda de ellas mismas. Hoy en esos países también existen sus Francisco de Paula Santander que representan a los sectores mayoritarios y determinantes de sus respectivas burguesías, existiendo aquí nuestros José Antonio Páez y si a esto le añadimos que por muy fuerte que es el estado venezolano y con ello en buena medida el gobierno de Chávez, no es lo suficientemente poderoso ni para enfrentar a las transnacionales que están interesadas en el fracaso del MERCOSUR, ni para revertir la rueda del capitalismo que nos lleva al molino del ALCA o su similar.

La intención de Chávez de luchar por la unidad de los pueblos latinoamericanos y su llamado a resistir las presiones del imperialismo estadounidense es muy loable y le ha hecho ganar el reconocimiento de las masas no sólo en Venezuela sino en toda América Latina pero ambas cosas son imposibles bajo el sistema capitalista.

¿ESTAMOS CONDENADOS?

Hemos visto como la oligarquía, la burguesía nacional ya desde la época de la independencia se declaró en bancarrota para llevar a cabo su propia revolución burguesa y no por falta de oportunidades. Hemos visto como esa incapacidad se ha acrecentado al punto que prefiere morir, como clase, a manos de las transnacionales que de las del proletariado y una revolución socialista.

Si bien ese puede y es el destino de “los blancos criollos” de Venezuela, ese no tiene por que ser nuestro destino como pueblo. Nada que ver.

El MERCOSUR no puede lograr la emancipación del imperialismo, el pleno desarrollo de la unidad latinoamericana y la solución de los principales problemas que padecemos las masas trabajadoras del continente, sólo con el socialismo es posible lograr estos objetivos. La clase obrera venezolana sí tiene un proyecto histórico, y ello lo marca el marxismo: no es otro expropiar a los expropiadores, instaurar un gobierno de los trabajadores iniciando un revolución socialista que tan solo puede desarrollarse en la arena internacional, con la toma del poder político en los demás países del continente, a partir del cual se tiene que construir una Federación de Repúblicas Socialistas de América Latina, que es la única alternativa hoy día al ALCA, tal y como lo fue la Gran Colombia en la época de Bolívar.

Te invitamos a incorporarte a la Corriente Marxista Revolucionaria y a El Militante para que juntos construyamos la herramienta organizativa que nos ha de permitir alcanzar ese gobierno de los trabajadores en una Venezuela socialista.