Venezuela: Luchas populares de jóvenes y trabajadores en Ciudad Bolívar Imprimir
Escrito por Patrick Larsen   
Miércoles 15 de Marzo de 2006 00:00
En febrero Ciudad Bolívar, fue el centro de varias luchas destacadas por parte de los jóvenes, la clase obrera y las comunidades. En una de ellas, una lucha contra el aumento de los boletos de autobús, los jóvenes llegaron tan lejos como a ocupar eledificio del ayuntamiento. Ronny Pante y Carlos Rondón, líderes del movimiento estudiantil local, nos cuentan lo sucedido.

Entrevista con dirigentes del movimiento estudiantil

En febrero Ciudad Bolívar, fue el centro de varias luchas destacadas por parte de los jóvenes, la clase obrera y las comunidades. En una de ellas, una lucha contra el aumento de los boletos de autobús, los jóvenes llegaron tan lejos como a ocupar el edificio del ayuntamiento. Ronny Pante y Carlos Rondón, líderes del movimiento estudiantil local, nos cuentan lo sucedido.

PL. En primer lugar, creo que es necesario que les digáis a los lectores de In Defence of Marxism y El Militante algo sobre vosotros, vuestras bases políticas y el movimiento integracionista de estudiantes (MIE).

RP. Mi nombre es Ronny Pante. Soy estudiante de la Universidad Simón Rodríguez, la UNESR, localizada en los Próceres, un barrio popular y obrero de Ciudad Bolívar. Comencé a estudiar aquí en el año 2001. Antes estuve principalmente implicado en el trabajo ecologista y cultural en mi barrio. Pero cuando comencé la universidad me di cuenta de que era necesario comenzar a trabajar en el movimiento estudiantil. Esa fue la razón por la que creamos el MIE, el Movimiento Integracionista de Estudiantes, en el año 2002.
Al principio, el MIE era principalmente un instrumento que utilizábamos para luchar por mejores condiciones en nuestra vida cotidiana, por el acceso gratuito a la universidad, por un transporte estudiantil decente, etc. Al poco tiempo, comenzamos como un grupo de jóvenes luchadores rebeldes por reivindicaciones de “pan con mantequilla”, las necesidades cotidianas de los jóvenes estudiantes. No teníamos una ideología elaborada ni un punto de partida científico. Pero poco a poco, a través de la lucha, comenzamos a generalizar y a estudiar las obras de Bolívar, Simón Rodríguez y especialmente del Ché Guevara, esto nos llevó a adoptar un punto de vista más profundo y revolucionario.

CR. Mi nombre es Carlos Rondón y soy estudiante de la UNESR también. Cuando comencé aquí en 2002, inmediatamente me uní al movimiento MIE, donde conseguimos implicarnos en la lucha contra el cierre patronal de diciembre 2002-enero 2003. En la universidad hay varios profesores y funcionarios que apoyan activamente a la oposición. En aquel momento la oposición intentó parar las clases. El MIE respondió con la convocatoria de asambleas de estudiantes y propaganda contra el cierre patronal. Tuvimos éxito y las clases siguieron funcionando, a pesar del sabotaje de la oposición.
En 2003, muchos de nuestros compañeros del MIE comenzaron a desarrollarse políticamente cuando fueron a Cuba en un largo viaje con el Frente Francisco Mirando [una organización juvenil de Venezuela]. Así pudimos discutir perspectivas políticas de una forma internacionalista y comenzamos a ver que la lucha no es sólo por las reivindicaciones cotidianas, sino una lucha unida contra el imperialismo y sus políticas capitalistas.

PL. Recientemente ha habido una lucha grande en Ciudad Bolívar contra el aumento de los precios de los boletos de autobús, ¿qué pasó?

RP. En Ciudad Bolívar es costumbre que los propietarios del transporte suban los precios en diciembre, con la excusa de las vacaciones diciendo que es una tasa “especial y extraordinaria”. Así consiguieron subir los precios de 500 a 800 bolívares, mucho dinero para la gente que vive en los barrios pobres.
Sin embargo, este año, cuando llegamos a enero, el precio todavía era de 800 bolívares y la gente comenzó a enfadarse. En la ciudad la mayoría de los autobuses son propiedad de empresas privadas y uno de los capitalistas es conocido como el “caballero de hierro”, éste posee una gran parte de ellas y ha conseguido grandes beneficios de eso. La población de la ciudad ha aumentado mucho, pero la infraestructura es la misma que hace muchos años, sin que se haya renovado y adaptado a las nuevas necesidades de los habitantes. El aumento del precio de los boletos no fue aprobado por las autoridades locales, aunque había rumores de que el alcalde había dado su aprobación.
El 6 de febrero, los representantes del movimiento estudiantil en cuatro universidades diferentes del país se reunieron para discutir el tema. Decidimos convocar una manifestación el día siguiente. A pesar del poco tiempo, asistieron más de 200 estudiantes. Nuestro objetivo era protestar, pero al mismo tiempo enviamos una delegación al ayuntamiento para negociar. Pero cuando llegamos a las puertas del ayuntamiento, el alcalde había enviado a la policía para formar un línea de piquete para evitar que nadie entrase al edificio. Los estudiantes intentaron entrar de todas formas y esto provocó enfrentamientos entre la policía y los estudiantes. Dos estudiantes resultaron heridos y fueron llevados al hospital.
Finalmente, la manifestación consiguió entrar al edificio y ocuparlo, hasta que nos escucharan. Mientras los políticos hacían concesiones y aprobaron la retirada de la suba de precios.

CR. Pero aquí no acaba la historia. Los propietarios de la empresa de transporte no tenían eso en mente. Comenzaron a detener todos los autobuses en Bolívar después de llamar a la Secretaria de estado norteamericana Condolezza Rice. El alcalde y los concejales tuvieron una reunión secreta con los dueños de la empresa donde conspiraron contra los acuerdos a los que habíamos llegado. Convocamos otra manifestación de estudiantes donde asistieron unos 150. Sin autobuses, la situación en la ciudad era tan caótica que el ejército tuvo que hacerse cargo de los autobuses para satisfacer las necesidades diarias, mientras los empresarios se iban. Al final, los empresarios del transporte y los políticos locales tuvieron que aceptar el acuerdo -al menos por ahora- y aceptar el rechazo a cualquier aumento de precios.

PL. Otra lucha importante aquí ha sido en la fábrica CVG Cabelum. ¿Podéis contarnos qué ha pasado?

RP. Cabelum es una fábrica de los alrededores de Ciudad Bolívar que emplea a unos 300 trabajadores. Produce cables eléctricos. Aunque es propiedad del estado, se han producido casos de corrupción, mala gestión, etc.
En diciembre del año pasado el gobierno venezolano decidió poner a un nuevo presidente, Manuel Arsienieger, un antiguo funcionario en CVG [corporación de empresas estatales de Guayana] y conocido por su posición de izquierda. La idea era promover la nueva política estatal, la llamada cogestión, donde los trabajadores y la comunidad se supone que controlan conjuntamente la producción.
Manuel comenzó a ayudar a la comunidad local con varias reformas. Dio algunas partes de la plusvalía del presupuesto de la empresa para financiar proyectos sociales. Por ejemplo, para ayudar a Barrio Adentro, un programa a través del cual miles de venezolanos por primera vez pueden ir al médico y tener acceso gratuito a las medicinas. Manuel también financió la restauración de una escuela de secundaria local. Dentro de la propia fábrica también comenzó a reestructurar la forma en que se gestionaba la producción. Quería un modelo de cogestión como el de Alcasa. La gente por primera vez sentía que Carbelum servía a sus necesidades.
Pero la derecha en la región comenzó una campaña feroz contra Manuel, acusándolo de todo tipo de cosas en los medios de comunicación. Finalmente fue destituido del cargo el 26 de febrero. Esto provocó un enorme descontento entre los sectores populares en los barrios próximos y también entre los trabajadores de la fábrica. Durante dos días hubo protestas en las puertas de la fábrica. En ellas estaban los representantes de las comunidades, estudiantes y trabajadores. Los trabajadores de Cabelum amenazaron con ir a la huelga.
Todo esto, obviamente, ejerció una enorme presión sobre el nuevo presidente. Ahora ha tenido que comprometerse a entablar un diálogo con nosotros. Los estudiantes en la lucha propusimos que se celebrarán asambleas cada semana, donde las decisiones principales las tomaras los representantes elegidos por los trabajadores y los líderes de las organizaciones comunitarias. El 9 de marzo se celebró la primera reunión con el nuevo presidente y se llegaron a algunos acuerdos, pero la lucha aún está abierta y necesitamos luchar para que los trabajadores y la comunidad gestionen totalmente la empresa.

PL. ¿Y qué pasa en cuanto a la lucha en vuestra universidad?

CR.- La universidad experimental de Simón Rodríguez, UNESR, es una universidad estatal con 20 núcleos en 16 regiones. En el pasado estuvo muy dominada por funcionarios y burócratas corruptos de AD, Acción Democrática, uno de los viejos partidos desacreditados de la política venezolana. Pero cuando el gobierno bolivariano de Hugo Chávez comenzó a reformar nuestra sociedad, inició un proceso de reorganización de la UNESR. El hombre elegido para esto fue Emil Calles, conocido miembro del Partido Comunista. Comenzó a acercarse al movimiento estudiantil y a escuchar realmente las peticiones de los estudiantes. Esto lo hizo muy popular entre los estudiantes y los profesores.
Pero el sábado pasado fue destituido de su cargo por sectores dentro del aparato del estado que lo denunciaron como corrupto. Los estudiantes han respondido masivamente e, inmediatamente, hubo una movilización nacional en Caracas con personas que procedían de todas las provincias. Se ha llegado a algunos acuerdos con el nuevo responsable, pero necesitamos aumentar nuestro esfuerzo para ver que cumple.

PL. Teniendo en cuenta estos tres ejemplos, ¿qué podéis decirnos del proceso revolucionario, de los cambios que se están produciendo y el nivel de conciencia en Venezuela?

CR y PR.- Básicamente demuestra que todavía tenemos un largo camino que recorrer en Venezuela. El estado burgués aún está en su lugar y actúa contra las medidas revolucionarias adoptadas por Hugo Chávez. Una y otra vez, está claro para las masas que no pueden confiar en la mayoría de las personas que están en la maquinaria estatal. Existen sectores reformistas ocultos tras los colores bolivarianos que realmente no quieren que la revolución continúe, quieren hacer concesiones al imperialismo. Están saboteando el proceso revolucionario desde dentro y esto los enfrenta una y otra vez con el sector más consciente del movimiento.
Muchas personas están llegando a la conclusión de que necesitamos dirigir nosotros mismos los medios de producción. La lucha contra el aumento de precios es un buen ejemplo, nos demostró que es el pueblo organizado el que necesita controlar y dirigir el sistema de transportes.
Este también es el análisis de la Corriente Marxista Internacional, a la que nos gustaría dar las gracias. Esta organización realmente ha comprendido nuestra revolución muy bien y hace un esfuerzo por intervenir directamente y ayudar a las capas más militantes, como nosotros, con una guía teórica.
Estamos entrando en una fase crítica del proceso revolucionario donde estas ideas están comenzando a ganar apoyo, exactamente porque cada vez más activistas están aprendiendo diariamente que las luchas diarias son parte de una gran batalla contra el capitalismo. Una batalla que necesitamos ganar decisivamente.