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¿A dónde va el Frente Amplio? PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Demian Marcos   
Viernes 16 de Abril de 2004 00:00
El próximo octubre se llevarán a cabo elecciones nacionales en Uruguay. Las urnas pueden arrojar un resultado histórico para el país y los trabajadores uruguayos: El triunfo del Frente Amplio le daría por primera vez la posibilidad a la izquierda degobernar el país. Sin embargo, esta elección no puede limitarse al estrecho marco nacional, sino que se inscribe en un proceso mucho más amplio.

Perspectivas para las elecciones en Uruguay

El próximo octubre se llevarán a cabo elecciones nacionales en Uruguay. Las urnas pueden arrojar un resultado histórico para el país y los trabajadores uruguayos: El triunfo del Frente Amplio le daría por primera vez la posibilidad a la izquierda de gobernar el país.
Sin embargo, esta elección no puede limitarse al estrecho marco nacional, sino que se inscribe en un proceso mucho más amplio. La rúbrica del periodo histórico que sacude América Latina está dada por la crisis orgánica del capitalismo, la incapacidad de las burguesías “nacionales” para desarrollar el sistema productivo y satisfacer las necesidades básicas de las masas empobrecidas, la descomposición de sus partidos tradicionales y la polarización social; en síntesis, las burguesías ya no pueden gobernar cómo antes y los trabajadores no parecen dispuestos a seguir soportando miseria y explotación.
Esto resulta ajeno a nuestras intenciones subjetivas, ya que estamos hablando de un sistema que condena, mire donde se mire, a las masas trabajadoras a una vida de miseria y hambre. El BID (Banco Interamericano de Desarrollo), órgano imperialista por excelencia, pronostica con rebozado optimismo un crecimiento promedio de la región del 4%, advirtiendo que el desempleo promedio del 2003 es el peor en términos históricos, 10,7%. Hay 227 millones de personas pobres, 44% población, el 20% de estos es extremadamente pobre. La concentración de los medios de producción y de cambio en América Latina en manos de la burguesía, da como resultado que el 10% de la población latinoamericana se apropie del 48 % del ingreso total, lo que significa por otro lado, que al 10% más pobre le quede el 1,6% del ingreso. Esto es el camino del capitalismo: el costo de la crisis cae sobre las espaldas de trabajadores y desocupados, mientras se les asegura a los bancos y a los empresarios nacionales o extranjeros sus inmensas ganancias; indigencia, desocupación y miseria para los trabajadores; riqueza y saqueo en beneficio de unos pocos.
El posible triunfo del Frente tendrá un efecto electrizante en las masas trabajadoras del Uruguay y será otro síntoma de que las luchas populares en Latinoamérica avanzan y cambian de frente, de lucha en las calles a las elecciones y viceversa, buscando una salida a la decadencia capitalista.

América Latina “oficial”, subproducto de la lucha de clases

A pesar de que se insiste con la idea de que en el continente están triunfando las propuestas “racionales” “nacionales y populares” frente al desatino neoliberal, la verdad es que los gobiernos “progresistas” son un subproducto de la lucha de clases contra el capital, ya porque no se ha entablado una lucha cuerpo a cuerpo entre las clases y las masas castigan por las “urnas”, o porque la lucha de las masas desciende momentáneamente por el agotamiento y la falta de perspectivas. Analizando la situación al interior de cada país vemos que se producen reagrupamientos tanto en las clases dominantes, que trasmutan sus “discursos” y representantes, como en la clase trabajadora y las masas populares que buscan instintivamente una solución a la crisis, protagonizando luchas heroicas, fortaleciendo a sus organizaciones tradicionales o impulsándolas a la “izquierda”. La lucha se torna álgidamente violenta o adquiere un matiz velado, se estanca y recomienza, producto del cambiante proceso latinoamericano. En ultima instancia, cada país es un campo de batalla entre el pueblo y las oligarquías, entre la clase trabajadora y la burguesía, ya sea en la arena parlamentaria como en la lucha en las calles.
Los trabajadores, lentamente, van sacando la conclusión de que este sistema ya no va más, después de años de reacción económica y apretarse el cinturón. El orden mundial del capitalismo vuelve a flaquear en su eslabón más débil. La democracia bajo el capitalismo, y los trabajadores lo comprenden en la carne, es una ficción de derechos e igualdades que se convierten en la más cruda represión y muerte ni bien se amenazan los derechos a las ganancias de los capitalistas.
En Venezuela la dinámica del proceso es de revolución-contrarrevolución. Los trabajadores y desocupados Argentinos, así como en un nivel superior los obreros y campesinos pobres de Bolivia que intervinieron en la lucha transformando sus organizaciones tradicionales, han podido comprobar su poder en la calle, en la abierta lucha de calles contra el aparato represivo del Estado burgués y la clase dominante. Han derribado gobiernos, puesto en jaque al sistema, y demostraron el poder irresistible de los trabajadores cuando pasan a la acción directa. Sin embargo, la falta de una dirección revolucionaria, la incapacidad y estrechez de miras de la que se encontraba en ese momento, herencia del periodo anterior en que se acumularon las contradicciones, impidieron momentáneamente el triunfo de los trabajadores y las masas populares sobre la burguesía, lo que posibilitó después de culminantes momentos de lucha de clase, la salida “institucional”, la América Latina “oficial”.
La crisis del capitalismo es la descomposición de sus partidos tradicionales, que durante todo un periodo histórico encarnaron la dominación del capital. Así, los trabajadores votaron “nuevas propuestas” como Lucio Gutiérrez, o recurrieron a sus organizaciones tradiciones de clase, como el PT en Brasil. Tanto la política pro-burguesa de Lula como la de Lucio, que conducen a la profundización de la miseria y entrega social, no anulan el hecho de que esos gobiernos fueron impulsados al poder por el voto masivo de los trabajadores y explotados, y en ultima instancia, a pesar de la “traición” de los jefes, reflejan de manera distorsionada los deseos de transformación y cambio social que anida en amplias masas trabajadoras del continente. El gobierno Lula ha caído en las encuestas de febrero a marzo un 5,3% y enfrenta movimientos en la base de la CUT. La coalición que apoyó a Gutiérrez se ha escindido por sus políticas de más ajuste a los pobres. En Uruguay, mientras se vive el clima anterior a las elecciones, hubo huelgas importantes de maestros y profesores secundarios, conflictos en los trabajadores del Registro Civil, Corte Electoral, el Servicio de Radiodifusión del Estado, Correos y Salud Pública donde 14.000 trabajadores realizaron un paro de 48 horas. Juan Castillo, del Partido Comunista dentro del FA y dirigente del Plenario Intersindical de Trabajadores-Convención Nacional de Trabajadores (PIT-CNT) declaró que "es un gran error pensar que este año no habrá conflictos".
El carácter vertiginoso y cambiante del proceso es lo que impide a los formalistas entender cómo reaccionarán los trabajadores ante “sus” gobiernos, votando a Lula o al Frente Amplio, no se quedarán sentados esperando las soluciones. Todo lo contrario.
Es un síntoma inequívoco del ambiente entre las masas, que Kirchner se haya revestido en un principio de cierta fraseología de “izquierda” para granjearse una base social, o incluso que la burguesía brasileña “acepte” un partido tradicional de la clase obrera en el poder. Sí compañeros, sabemos muy bien cuál es la esencia de clase del gobierno de Kirchner y la frustación que está provocando entre millones de trabajadores la política de contrarreformas de Lula, a quién sirven y a quién benefician sus políticas, pero esto no anula el hecho de que la clase dominante necesita recubrirse por “izquierda” para no verse desbordada por las luchas de los trabajadores, que en la medida en que sus problemas fundamentales no son solucionados, entrarán a la palestra de la lucha con nuevos bríos.
En este contexto de tensiones sociales y crisis orgánicas del capitalismo, se enmarca la próxima elección uruguaya, donde el EP-FA aparece como favorito.

Las elecciones en la mira

El resultado del referendo sobre la privatización de la ANCAP (la empresa estatal de petróleos y de gas), el triunfo del No en diciembre del año pasado, dejó sentadas las líneas generales que hoy se dejan ver de cara a la elección: desgaste y caída del gobierno Batlle que alcanza a los partidos co-gobernantes, el Partido Nacional (PN) y Colorado (PC), partidos históricos de la burguesía, rechazo masivo de los trabajadores y sectores populares a los planes de saqueo y ajuste de la burguesía, y como consecuencia, el fortalecimiento del FA-EP y dentro del Frente de la figura de Tabaré Vázquez en detrimento de la derecha del frente expresada por Astori. Pero incluso el resultado del referendo estuvo influido por la ejemplar huelga de los trabajadores de la salud y la impactante huelga general del 28 de agosto. No debemos olvidarnos que el gobierno Batlle estuvo a punto de caer después del colapso argentino, contrayendo a la economía uruguaya un 10,8% creando una situación similar de efervescencia social, aunque en pequeña escala. Si no cayó ignominiosamente como su par argentino, fue porque ni los dirigentes del FA ni de la PIT-CNT (la central sindical) movieron un dedo, arguyendo que el clima social “entorpece y desfavorece el rol de la izquierda de cara a las próximas elecciones”.
Es importante señalar que tanto el resultado del referendo y el desprestigio de los órganos de dominación de la clase dominante, así como la “derrota” de la derecha del Frente, son resultado de la experiencia de lucha de los trabajadores y los sectores populares uruguayos en los últimos años. Por eso el rechazo a la privatización del ANCAP y el auge del FA describen la necesidad de un cambio profundo en los destinos del país.
Efecto de las políticas que han aplicado los gobiernos capitalistas, Uruguay ve aumentada su deuda externa de 6.800 millones de dólares en 15.000 millones, gracias del “salvataje” del sistema financiero y de los benignos créditos del FMI. Cinco años de recesión han dejado a 100 mil trabajadores en la calle, la desocupación subió 7 puntos en cuatro años. “De manera general, la masa salarial cayó 15,8 puntos porcentuales en 2003, para acumular un desplome de 30 por ciento en cinco años. La deuda del gobierno experimentó también un salto explosivo de 50 puntos al pasar de 40,8 por ciento del PIB en 1999 a 113,56 por ciento en 2003” ( Argenpress, 9/2/04)
En este contexto, las ultimas encuestas indican que el EP-FA en alianza con NM se quedaría con el 53%- algunas encuestas le dan el 56%- de los votos con lo cual ganaría en primera vuelta al conseguir mas del 50% que establece la Constitución; en tanto el PN con el 18% y el PC 17%, entre tanto 12-13% de indecisos. Sin embargo, un sondeo de opinión es una muestra estática de un momento determinado, es un reflejo parcial de las tendencias que van evolucionando.
El desastre económico y la apremiante situación social de las masas en el gobierno de derecha, es una de las principales causas que amalgaman una capa de apoyo creciente hacia el EP-FA. También juegan su papel el apoyo de los gobiernos de Lula y Kirchner bajó la égida del Mercosur, así como el triunfo del PSOE en España y el reciente triunfo de los socialdemócratas en Francia. El mundo, se mueve.
Tal es la crisis y desprestigio que corroe a la podrida derecha uruguaya, que en un primer momento los representantes de la coalición gobernante, ante las abrumadoras encuestas, no pensaban en dar una fuerte batalla electoral, sino cómo embarrarle la cancha al próximo gobierno del EP-FA: “...ante la inminente victoria de la izquierda ahora la lucha no es tanto por la presidencia, sino por alcanzar una importante representación parlamentaria, que permita entorpecer las acciones del próximo gobierno”( Argenpress 8/3/04)
Pero muy pocas veces las clases dominantes se suicidan en público. Están dando un viraje, con un optimismo artificial. Ahora, una vez que la economía dejó de caer en vacio y el PBI creció un 2,5% frente al desastroso 2002, pronostican un crecimiento del 5% en el 2004 que, como en la Argentina, se basa en el sector agropecuario y en las exportaciones. Esto tipo de “crecimientos” no llega al bolsillo de la gente, sino que se queda en las abultadas billeteras de los empresarios privados. El optimismo cínico de la derecha de un 5% de crecimiento se convierte en su contrario cuando, desde el inicio de la recesión, la economía se contrajo un 10,8%. Necesitados de buenas señales, se animan a decir: “Para el funcionario- presidente del Banco Central, J. Brun- la economía podría expandirse al doble del 5,0 por ciento esperado por el gobierno si no fuera porque se prevé la postergación de inversiones y de decisiones de consumo debido a los comicios presidenciales”( Reuters, 25 marzo)
Como un hombre al borde de la cornisa, Batlle y sus secuaces vuelven a arremeter por la privatización del ANCAP, ajustes en salud y educación, sigue el congelamiento de salarios mientras aumenta la canasta básica familiar. Esto lo hunde aún más y dificulta la estrategia de la burguesía de cara a las elecciones.
Las personalidades tradicionales de los dos partidos, el ex-presidente Sanguinetti y Lacalle sufrieron el desprestigio masivo después de la derrota en el referéndum por la privatización del ANCAP, lo más probable es que no se presenten a las internas. Hay que sustituirlos por sirvientes menos “quemados”.
“Por decisión del presidente Jorge Batlle y de Sanguinetti entre los colorados, o por las urnas en el caso de los blancos, los partidos tradicionales se dirigen tendencialmente a candidaturas que no sólo traerían cambios en los nombres, sino también en las estrategias hacia las elecciones. Si se toma en cuenta el consejo de Batlle a Stirling (el candidato a presidente de la nación propuesto por Batlle) de no hacer campaña en base al anticomunismo, o el documento programático de Larrañaga (con puntos de contacto con los lineamientos de la izquierda), se puede afirmar que el escenario electoral evolucionará hacia una disputa por los votantes de centro, descartándose un planteo polarizador, al menos de parte de los candidatos (Sanguinetti dio muestras en estos días de que no abandonará su prédica de ataque a la izquierda sobre el eje de establecer los lados de la dicotomía caos-orden, donde el contrario ,el EP-FA, es simpatizante del terrorismo de ETA porque en su seno hay fuerzas políticas que empuñaron las armas "contra la democracia", durante los años sesenta y principio de los setenta)” ( Brecha, 19/3/04)
La historia enseña. En las elecciones nacionales anteriores, EP-FA con Tabaré Vázquez a la cabeza sacó el 39% de los votos interrumpiendo las victorias sucesivas de colorados y blancos a lo largo de 169 años. Ante esto, el partido colorado de Batlle que obtuvo el 31,7%, le tendió la mano al partido nacional (blanco) para derrotar a la izquierda. Por más que hasta ahora la derecha zigzaguee y retroceda en apariencia, es claro que intentarán forzar una segunda vuelta, utilizando todo el arsenal y el capital de que disponen. En este sentido, y con el trecho que falta para las elecciones, la situación está abierta, y aunque la tendencia al triunfo del FA se mantiene, hay que estar atentos a la evolución de las vicisitudes entre las internas de la burguesía y el recrudecimiento de la campaña. En este sentido, la capacidad del Frente para aumentar su caudal va estar determinado por su capacidad para mostrar una salida a la crisis y asentarse definitivamente en las masas populares. Es obvio que cualquier trabajador o joven, ante la continuidad de la derecha en el poder, se inclinaría por el Frente.
Según la declaración de un encuestador al diario La República un gobierno del frente sería "muchos discursos, pocos cambios, sin movimientos bruscos que irriten a empresarios, militares y organismos de crédito". El límite que tiene el Frente para convertirse en alternativa ante la barbarie del sistema capitalista, reside precisamente en su conducción actual y en la correlación de fuerzas internas, su estrategia política y económica y en la ausencia de una genuina tendencia marxista que exponga los intereses de los trabajadores y explotados.

El Frente Amplio y las elecciones

El Frente Amplio (FA) se fundó en 1971, gracias a la unión de fuerzas de izquierda de un arco que abarcaba desde el Demócrata Cristiano hasta el Partido Obrero Revolucionario (Trotskista), pasando por el Partido Socialista, Comunista, Movimiento Revolucionario Oriental, hasta fracciones del Partido Colorado, como Gobierno del Pueblo (Lista 99), entre otros.
Ante la falta de un partido tradicional de la clase obrera uruguaya, el Frente Amplio se convirtió en un poderoso polo de atracción para las esperanzas y ansiedad de cambio de miles de trabajadores y jóvenes. En las elecciones nacionales de noviembre de 1994, el Frente fue con una alianza electoral designada Encuentro Progresista (EP). Obtuvo 621.226 votos o sea el 31.8% del electorado, sólo faltaron 35.000 votos para alcanzar el gobierno nacional. El Frente alcanzó la Intendencia Municipal de Montevideo en 1990. Obtuvo 312.778 votos, que representan el 34,5% del electorado siendo elegido intendente Tabaré Vázquez. En las elecciones de 1994 el Frente afirmó su gobierno municipal con 394.286 votos (44,0%), resultando elegido Mariano Arana como intendente. Desde 1990 el Frente gobierna el principal departamento del país.
En un momento de reacción política y económica contra las ideas del socialismo, como se dio después del colapso lamentable del estalinismo, la herramienta “frentista” sirvió para agrupar las débiles fuerzas de izquierda para llegar a las amplias masas de trabajadores y jóvenes, dándole un potencial que cada organización por separado no podía tener. La libertad de tendencias políticas que entran en juego en el Frente, contradictorias y que representan a diferentes capas de la sociedad, pueden acordar medianamente un programa electoral y coyuntural, incluso las organizaciones en desacuerdo pueden mantener la posición contraria a la adaptada por la conducción del Frente. Al no darse la unión de los diferentes grupos sobre la base de sólidos principios de clase, con una visión internacionalista y marxista, la línea política fluctúa de un lugar a otro bajo el influjo de la “opinión publica” y las “políticas de alianza”. La clase trabajadora y sus organizaciones no viven ajenas al ambiente general de la sociedad, por eso es necesario una dirección capaz de contrarrestar los prejuicios e intereses de otras clases. Sin la brújula preciada del marxismo, que nos permite orientarnos en el aparente caos de la sociedad burguesa, teniendo como norte los intereses generales del proletariado y la confianza en él para llevar a cabo la transformación socialista de la sociedad, nos encontramos ante la contradicción de que justo cuando más necesitan los trabajadores y las masas empobrecidas un cambio fundamental de la sociedad para salir del hambre y la desocupación, tanto la línea política como el programa electoral del Frente se caracterizan por toda una seria de lugares comunes propios de la política oficial, alejado de las necesidades acuciantes que tenemos los trabajadores.
No vamos a entrar en los detalles del programa electoral que el Frente sostiene para estas elecciones. Ante la emergencia social proponen crear un Fondo de atención a los hogares pobres, administrado por una comisión multisectorial y el Ministerio de Trabajo, que incluiría a jefes de hogar desocupados, niños en edad escolar, jóvenes pobres etc. Así, se habla de un programa de distribución, refuerzo de los recursos humanos, becas. En cuanto a la reactivación económica, proponen “recurrir al crédito internacional, a pesar del endeudamiento que significa”, por otro lado, “honrar la deuda”; “lealtad institucional” con el FMI –tendrá que pagarle en el 2005, 1.600 millones de dólares-, negociar con el sistema bancario que en el momento de “crisis” fugó más de 1.800 millones de dólares, etc. Afirman que “No hay estabilidad del sistema financiero ni reactivación productiva si no hay confianza y credibilidad. No hay credibilidad ni confianza si no hay progreso en las condiciones sociales y si el Estado no asegura su capacidad de hacer frente a sus gastos”; “fortalecer” la inversión pública a la vez que reducir el gasto público, alinearse con el MERCOSUR, etc. En fin, toda una serie de cuestiones que se quedan en eufemismos que brindan “buena voluntad” para salvar al Uruguay del caos capitalista. Ni la desocupación ni la miseria tendrán solución dentro de los marcos del capitalismo.
¿De donde saldaran los recursos para que los trabajadores desocupados y sus familias puedan seguir existiendo como trabajadores, quién los va a gestionar, por qué no los controlamos nosotros? ¿Por qué no reducir los beneficios de las capitalistas y aumentar nuestros sueldos, porque en vez de pagar la deuda se utiliza ese dinero creado por el esfuerzo de los trabajadores, en mejorar los barrios, la infraestructura y dar empleo? ¿Por qué tenemos que aceptar que la banca privada fugue el dinero para salvarse mientras hunde al país, por qué no la nacionalizamos bajo control obrero?
Este programa electoral está determinado por la correlación de fuerzas internas, y por la ausencia de todas las consignas “socialistas” que se mantuvieron durante años, incluso sobre los compañeros desaparecidos durante la ultima dictadura militar. No se plantean utilizar la campaña electoral como una tribuna revolucionaria para acelerar la toma de conciencia de los trabajadores, desenmascarar al régimen y profundizar la acción independiente de los trabajadores. Los trabajadores votarán al Frente, a pesar del programa que defiende basándose en su lealtad a la organización y por el desprecio hacia la derecha. Las corrientes principales responden al Partido Socialista y MPP, ex tupamaros. Ambas sostienen a Tabaré Vázquez. En boca de José Mújica, principal referente y senador, ex ministro del PN y ex guerrillero, defiende una alianza con la burguesía “nacional” en pos de un “capitalismo que funcione bien”, para luego –posiblemente cuando las vacas vuelen- abordar la cuestión del socialismo. En una entrevista a Brecha declaró: “Podemos tener visiones distintas del momento, de la etapa. Yo creo que no llegaríamos al gobierno, ahora, precisamente en la cresta de una ola revolucionaria. Casi le estamos pidiendo permiso a la burguesía para filtrarnos, y tenemos que jugar a estabilizar el gobierno si llegamos, porque estamos en un Estado de derecho... y además, sinceramente, creo que tenemos muchas cosas que hacer antes del socialismo. También puede ser que tengamos distintas visiones del socialismo, yo qué sé... ¿Qué querés, que asuste a los burgueses, que los esté corriendo de antemano?”
El MPP es una de las fuerzas que más apoyo concita dentro del Frente, como un remanente y reconocimiento de las luchas revolucionarias del 60. Sin embargo, objetivamente, más allá del valor personal de los portavoces de estas ideas – Mújica sufrió años de persecuciones y clandestinidad- esto no es otra cosa que una reedición de la política socialdemócrata que lo único que asegura para los luchadores honestos por el socialismo es la derrota, es la política de colaboración de clases entre los trabajadores y sus opresores, un capitalismo que funcione bien significa siempre y más en las condiciones actuales, un capitalismo que exprima aún más a los trabajadores, que rebaje el deteriorado nivel de vida de las masas y mantenga el “orden” para que la burguesía pueda acumular y reproducir el capital.

La izquierda marxista y el Frente Amplio

No es difícil imaginar cual será el voto de un trabajador o joven normal que sufre la desocupación, miseria, precariedad laboral, bajos salarios. Un nuevo gobierno de los patronos blanqui-colorados, será visto como una derrota por la mayoría del pueblo y una continuidad desalentadora del sistema opresor. La esperanza de un triunfo histórico de la izquierda puede insuflar el espíritu de los trabajadores de optimismo y coraje a niveles que la dirección del Frente ni siquiera imagina. Estarán atentos a cada movimiento del nuevo gobierno, se abrirá un lapso de espera que, por la situación cambiante de la sociedad, no podemos prever cuanto durará. Lo que es seguro es que tarde o temprano los trabajadores, como hoy lo hacen en Montevideo ante una intendencia del Frente, entrarán a luchar por sus intereses y las tensiones contradictorias que cruzan al Frente empezarán a manifestarse a un nivel superior. Sin embargo, aunque consideramos que el voto al Frente Amplio tiene un contenido progresista, una percepción espontánea de clase de los trabajadores, no podemos ocultar la realidad. Los trabajadores no podemos hacernos cargo de los desastres que hicieron los capitalistas y sus secuaces durante décadas. No podemos administrar la crisis, el hambre a que han reducido al país. No podemos ajustarnos más.
El apoyo social que reciba el Frente, si no hay una rectificación del rumbo político económico, será diluido como azúcar al agua. Incluso ganando ampliamente las elecciones, como suponen hasta los editorialistas de la burguesía, la estabilidad de un gobierno del Frente es una quimera. Las tendencias entrarán en contradicción y paralizarán al Frente. La base del PIT-CNT entrará en contradicción con la dirección sindical que respaldará al Frente. Dimisiones y peleas por arriba serán el reflejo del movimiento que emprenderán los trabajadores. En tanto que la situación impostergable de las masas las obligue a encarar acciones, independientemente de que hayan “votado” al Frente, creará un ambiente de lucha propicia para organizar una tendencia marxista arraigada en los trabajadores. La corriente de izquierda, si aplica una política marxista, podrá inclinar la balanza a su favor.
Las corrientes a la izquierda de la dirección actual, se lamentan que se “bajaron” las banderas tradicionales para “acumular” fuerzas y a otros sectores. Apuestan a que las masas se desengañen de la experiencia del Frente y así poder incidir, o se encaraman en la desilusión pasiva sobre el futuro de la organización. Ambas entienden que el Frente todavía “sirve”, es una herramienta valida para impulsar el cambio. Esto es verdad, pero no alcanza para cambiar la correlación de fuerzas internas. La izquierda del Frente sufrió la falta de una política y labor de agitación independiente de la dirección, sea por no “romper” la unidad o por la pasividad. Es un retroceso que los ejes programáticos del Frente fueran desplazados. La batallaba tendría que haberse dado en las bases del Frente y en los sindicatos, en los barrios obreros y en las universidades, por un programa independiente de los trabajadores y oprimidos que afronte la crisis capitalista, contra los partidos del régimen. Las batallas serias están por comenzar, no basta con acusar los derroteros y ambigüedades de la dirección actual, hay que llevar a las masas el programa del marxismo. La vanguardia debe mantenerse firme, organizarse para impulsar una política de clase y revolucionaria que abarque al conjunto de los trabajadores asalariados y a la juventud oprimida. No somos neutrales, no nos da lo mismo que gane el Frente o la derecha, pero tampoco podemos aceptar que se cargue sobre la clase trabajadora la bancarrota del sistema.
La misma forma organizativa del Frente, le permite a la tendencia marxista llevar sus posiciones a una cantidad mayor de trabajadores que si estuviera pregonando en las nubes por el partido revolucionario puro, la nada pura. Esto nunca significó para los marxistas abandonar el trabajo independiente ni rebajar el programa ni adecuarlo al sentir mayoritario, que debe pasar por: No al pago de la deuda externa, sí a la expropiación de los pulpos multinacionales, de los banqueros y los terratenientes que saquean al pueblo uruguayo, no a la a la alianza con los que nos explotan y reprimen, sí a la unidad de clase por un gobierno de trabajadores y oprimidos. Urge que los marxistas se organicen basándose en principios sólidos y en las tradiciones revolucionarias e internacionalistas del proletariado. De los militantes obreros del Frente saldrán los nuevos luchadores por la revolución socialista uruguaya.