Mexico: Los límites de la resistencia civil pacifica Imprimir
Escrito por Ubaldo Oropeza Consejero Nacional de Morena   
Sábado 08 de Febrero de 2014 18:53

reistencia mexicoA final de año de parte de Morena se dio una lucha en contra de las modificaciones constitucionales para permitir que las empresas privadas pudieran invertir y ser parte de la renta petrolera. Poco antes los profesores también estuvieron luchando de forma decidida en contra de la llamada Reforma Educativa. Seguramente en este año veremos movilizaciones importantes de los sectores de la salud, defendiendo la no privatización del agua y de muchos otros. El debatir sobre las tácticas de lucha utilizadas hasta el momento no es un mero ejercicio intelectual sino una contribución al debate sobre cómo detener los ataque de la oligarquía nacional y del imperialismo.

El contexto de la lucha actual

El marxismo parte siempre no de una idea preconcebida sino de la realidad concreta para poder abordar el análisis de cualquier cuestión, más si se trata de una táctica de lucha. No es lo mismo estar frente a un gobierno “democrático” donde se te puede escuchar e incluso la protesta puede tener algún eco entre los gobernantes –que por lo regular este tipo de momentos se acompañan por periodos de fuerte expansión económica donde se permite de alguna forma dar concesiones a las luchas del pueblo-, que en un país donde un pequeño grupo de millonarios dominan a través de la violencia sistemática, la mentira y el fraude.

No podemos olvidar de dónde venimos y como es que la oligarquía ha mantenido el gobierno en sus manos en los últimos 12 años. Al no gozar de apoyo o simpatías debido a fraudes, compra de votos de forma descarada, utilizando las instituciones supuestamente democráticas del Estado para hacer valer su predominio.

No se ha podido gobernar más que por la fuerza y una vez impuesto el títere en el gobierno se continúa una política que solo beneficia a los más poderosos a nivel nacional e internacional, es decir, es un gobierno de la oligarquía. No solo el gobierno sino que el dominio de las instituciones están en manos de esta minoría y no solo ahora, su dominio se remonta por lo menos hasta después de que se consolida el Estado capitalista, es decir, después del periodo de gobierno de Lázaro Cárdenas. Previo a este gobierno progresista existieron batallas donde los liberales implantaron las leyes mínimas del funcionamiento del capitalismo: libertad para mercar con las necesidades económicas del pueblo a costa del sacrosanto beneficio privado de unos pocos.

Estos gobiernos e instituciones se han encargado de hacer las leyes –el famoso contrato social-  las cuales están organizadas para mantener al régimen de privilegios. Estos mismos crean sus instituciones para asegurar el gobierno de una oligarquía y el mantenimiento de su sistema económico. Este trabajo de consolidación de su Estado les garantiza que sus intereses, los de su clase poseedora, puedan prevalecer por encima de todo, incluso de gobiernos.

Cualquiera que osa manifestarse en contra de estos intereses inmediatamente queda fuera de la ley, porque la ley la marcan ellos; son ilegales porque la legalidad la definen ellos. En este sentido ellos nos ponen los límites que son válidos para que podamos expresarnos pero no cambiar de fondo nada.

La legalidad de la ilegalidad

Así podemos darnos cuenta ahora que los fraudes electorales, la compra de votos, las votaciones sin discusión por reformas que afectan a todo el pueblo, el uso de la policía para reprimir, las sentencias que dan los magistrados y jueces contra las demandas del pueblo, el encarcelamiento de manifestantes, etc. Todo esto –y muchas cosas más- son “legales” en este sistema, son legales para los ricos, para los capitalistas que tienen la necesidad de mantener sus ganancias. En cambio, todo lo que haga el pueblo para no morir de hambre, luchar contra las injusticias, manifestarse por tener un trabajo digno y estable, defender los recursos naturales y energéticos, no resignarnos a morir en la pobreza, etc. todo eso es ilegal.

De lo que estamos hablando es que existen dos conceptos de legalidad e ilegalidad, dependiendo de la clase que lo juzgue. Como lo hemos visto hasta ahora, para la oligarquía no es ilegal robar, mentir, asesinar, defraudar y todo lo demás siempre y cuando sea para defender los intereses de una minoría, pero cuando el pueblo se organiza para defenderse entonces todo es violento e ilegitimo.

Hay dos concepciones morales sobre las que se juzgan los acontecimientos. La moralidad de la burguesía nacional e internacional y la de los trabajadores, campesinos pobres, jóvenes estudiantes y el pueblo en general. Mientras que la burguesía trata de utilizar los medios de comunicación, las escuelas e incluso la tradición para hacer valedera su moralidad y su opinión, nosotros somos criminalizados y perseguidos.

Se forma una corriente de opinión, que la origina quienes son dueños de las fábricas, medios de comunicación, minas, bancos y grandes consorcios comerciales. Esta corriente se nos transmite por la educación, la religión, comedias, etc. y después la asumimos como propia. De aquí los comentarios de nuestro mismo pueblo, que hacen de forma despectiva, contra los que luchamos, han sido tomados, moldeados por una corriente de opinión, una ideología ajena a la de su posición de clase.

La izquierda en lucha

La izquierda a nivel nacional ha sufrido un retroceso muy grande por tantas derrotas y errores que se han cometido. Por un lado hay una desmoralización tremenda de las viejas capas de luchadores que en su juventud se enfrentaron al régimen pero que solo obtuvieron derrotas, ahora esta capa va a cada reunión a decir que no se puede, que es imposible luchar contra el sistema. Son compañeros que ven el futro con los ojos del pasado, están imposibilitados a la lucha porque piensan que solo hay derrotas. Dentro de este bloque podemos señalar a muchos ex marxistas que se desconcertaron cuando cayó el muro de Berlín y el llamado “socialismo real”.

Los sectores más dinámicos de la lucha siempre son los jóvenes, por su mismo ímpetu surgen corrientes más activistas que plantean tendencias por la acción directa, anti teoría, anti dirección, etc. Este sector es demasiado jóvenes para haber comprendido las experiencias pasadas, pero están dispuestos a aprender y no escatiman en sus esfuerzos por transformar su realidad. Hasta este momento está juventud no se ha mantenido homogénea, hay un sinfín de fuerzas que giran hacia todos puntos y se podría decir que quien sea capaz de organizar mejor a  la juventud será el que posea la dirección de la izquierda del mañana.

Otro sector de los que luchan ha tomado prestado de la burguesía su leguaje, su estilo de hacer las cosas. Optan por cambios tranquilos, controlados, una lucha por cambios organizados, sin despeinarse. Este sector crece y se nutre de la intelectualidad universitaria, son los politólogos, sociólogos del régimen que en las escuelas se les enseñó que no se puede destruir este sistema, solo se puede buscar pequeñas mejoras dentro de él.

En términos de programas se pueden definir como reformistas, es decir que luchan por reformas -esto no es esencialmente el problema puesto que los trabajadores se van educando para la lucha definitiva por su emancipación en la lucha cotidiana por condiciones mejores de vida-, el problema fundamental de este sector es que limita la lucha a planos “legales”, establecidos de antemano por nuestros mismos enemigos. Tratan de encuadrar una protesta dentro de los límites establecidos y esto significa entregar de antemano la victoria. De alguna forma es simular la lucha porque llaman a hacer acciones que terminan siendo simbólicas pues una lucha frontal y sería implicaría romper con leyes e instituciones preestablecidas. De esta concepción de lucha se desprende la llamada resistencia civil pacífica.

La resistencia civil pacífica

Los teóricos de este planteamiento de lucha son muy variados y con orígenes my diferentes. Este planteamiento va desde la protesta individual a la movilización de masas en torno a desobedecer algún planteamiento que ha emitido el gobierno, para hacerse oír, etc.

Como su nombre lo dice, la resistencia es un acto de moverse a la defensiva, es decir, este movimiento siempre es en reacción a algún ataque o ley impositiva, por tanto no es un movimiento ofensivo que luche por derechos sino solo por mantener los ya adquiridos. Se quiere asociar a la resistencia con la lucha por la democracia que se han vivido en diferentes países como en Oriente Medio, pero en realidad lo que se ha vivido ahí es una revolución a la mitad del camino donde las fuerzas revolucionarias no ha sido capaces, aún, de llegar a destruir al capitalismo y por otro lado el empuje de masas ha sido tan fuerte que en aras de mantener el sistema de explotación el régimen ha tenido que dar concesiones democráticas formales.

El llamado que se hace a ser “civil” es un término pre marxista que se utilizaba para hablar de una sociedad en general. En este caso como los que impulsan de forma regular estas luchas de resistencia civil son de la pequeña burguesía, ellos no conciben una sociedad dividida en clases, para ellos todo es la sociedad civil. Esto también supone una lucha multiclasista, donde independientemente de su posición ante los medios de producción se pueden unir para luchar por X cosa, el punto aquí es que al mismo tiempo los trabajadores tienen que renunciar a sus métodos tradicionales de lucha porque pueden con ello dañar intereses de capitalistas que están luchando con ellos.

Esta llamada resistencia civil pacifica es el marco en el que se ha tratado de encuadrar infinidad de movimientos, luchas e incluso procesos revolucionarios para sacar de la palestra palabras como revolución, lucha de clases y socialismo. 

¿Violentos? ¿quiénes?

Nadie en su sano juicio le gusta la violencia, sin embargo vivimos en una sociedad donde la violencia está organizada institucionalmente para mantener a un régimen de privilegios. Nos gustaría que se nos escuchara y que con simples manifestaciones, marchas o plantones, se nos resolvieran los problemas. Pero no es así la realidad.

Lenin decía que cuando se habla de democracia siempre se debe de preguntar ¿democracia para quien, para qué clase? Lo que ahora se reconoce como democracia, escoger cada 6 años quien te va a gobernar, es una democracia burguesa. Hemos comentado anteriormente que en momentos donde la situación económica lo permite y se goza de cierto grado de “democracia” se podría tener la ilusión de realizar cambios pacíficos por métodos pacíficos, pero esto definitivamente no es nuestro caso.

Desde el 2008 el sistema capitalista a nivel internacional vive una crisis que ha sido la más profunda a nivel mundial, el capitalismo es incapaz de brindar una salida a cientos de millones de hombres y mujeres. No hay trabajo, ni comida, ni casas para la mayoría de la población.

Lejos de que los gobiernos den concesiones o hagan reformas progresistas, lo que vemos es una andanada de ataques y contrarreformas, para terminar con los derechos adquiridos anteriormente por los trabajadores. Esto es un fenómeno que ocurre a nivel mundial, incluso en Europa donde se vendía una imagen de capitalismo progresista y donde se podía vivir relativamente bien, hoy todos los derechos de la clase obrera europea están siendo sometidos a brutales ataques.

En este periodo no se puede arrancar concesiones con negociaciones, incluso ni con manifestaciones que antes regularmente eran efectivas, como las marchas. Lo mismo se puede decir con respecto a la defensa de los derechos, las burguesías locales y los imperialistas están presionando con todo para terminar de privatizar y barrer los derechos de nuestro pueblo, hemos sentido como una máquina aplanadora se lanza contra nosotros y no hemos podido defendernos eficientemente.

¿Por qué? No solo se trata de una táctica incorrecta. Lo fundamental es comprender que estamos en un periodo diferente donde el capitalismo no se puede permitir concesiones y que para sobrevivir y seguir manteniendo las grandes ganancias de los grupos oligárquicos, tiene que arrebatar todo a los trabajadores y campesinos. No solo quieren nuestro presente, van por el futuro de nuestros hijos.

Antes el capital invertía en medios de producción para poder avanzar, hoy no lo está haciendo. ¿Para qué hacer esto si de la capacidad de producción instalada no se ocupa ni el 60%? No invierte además porque hay demasiados productos en el mercado que no se pueden comprar. Entonces la única forma que han visto para seguir ganado es super explotando nuestros cuerpos y necesidades y apoderándose de los sectores económicos que anteriormente estaban dominados por el Estado.

Ellos tiene claro que tienen que terminar con nuestros derechos y riquezas naturales, nosotros debemos de entender que la única forma de frenarlos es luchar y romper sus mismas reglas que nos han impuesto, trasgredir su tranquilidad –entiéndase esto como tranquilidad para el bienestar de 30 familias inmensamente ricas- con la lucha revolucionaria.

El derecho a la revolución

El debate que hoy pervive es sobre la siguiente idea, tenemos que terminar con este régimen de explotación, tenemos que defender nuestros derechos pero ¿con que métodos? Los de la resistencia civil pacifica han fracasado. También hemos errado en dar las luchas de forma desunida, cada sector antepone los intereses particulares incluyendo los prestigios de sus dirigencias, antes de unificar fuerzas.

Pero lo fundamental de este periodo ha sido que las grandes masas aun no han salido a luchar. No lo han hecho por varias cuestiones. La primera es que no ven una respuesta sería de parte de los dirigentes para enfrentar los ataques. Esto es claro en la defensa del petróleo. Morena propone un plan de acción el cual queda por detrás de lo que hicieron los profesores en su lucha contra la reforma educativa, para muchos era claro que con ese plan de acción que propuso Morena no se iba a ganar. La conclusión era lógica: mejor no salgo a luchar, de todas formas la reforma va a pasar.

También hay otras consideraciones por las cuales nuestro pueblo en está ocasión no ha salido masivamente a las calles. Hemos tenido varias oportunidades en donde los trabajadores y la juventud  se han manifestado: desafuero, fraude 2006, contra la imposición de los chuchos dentro del PRD, contra el golpe del SME, en defensa de los energéticos, el movimiento #YoSoy132, nuevamente contra el fraude en 2012, contra el desalojo de los profesores del Zócalo, etc. En todas estas ocasiones ha habido entusiasmo y disposición, en tanto las direcciones de esas luchas solo han dispersado la fuerza, la han frenado. Al movimiento no se le puede tratar como un grifo de agua que cuando ya no le sirve a un dirigente se les manda a su casa y cuando a éste se le ocurre puede darle la vuelta a la llave y las masas nuevamente van a estar ahí dispuestas a luchar.

Se puede decir que esta parálisis temporal ha sido el fruto de las tácticas del movimiento de resistencia civil pacífica. No es por la falta de disposición sino por lo incorrecto de las tácticas por lo que se ha fracasado.

A pesar de esto nuestra agente va a salir a las calles. Hay un ambiente muy tenso que se está comenzando a desbordar. Hay miles de pequeños indicios que nos muestra que esto se va a romper. Este proceso se puede comparar al del agua cuando está a punto de ebullición, antes de convertirse en vapor vemos que hay un proceso de movilización en las particular hasta llegar a los 100°C, una vez en este punto el agua cambia de estado. Es decir que la cantidad se vuelve calidad.

Así es como ahora se presentan las cosas, los trabadores y la juventud han estado aguantando, masticando su miseria, pero están llegando al hartazgo y pronto eso se va a expresar de forma brusca. Es como una liga que han estirado demasiado, más allá de sus límites, cuando esta se reviente la fuerza va a ser proporcional a la que se ha forzado. Este punto de ruptura en lo social se llama revolución.

No se trata de sangre y muertos –por lo regular hay más muertos en un movimiento pacífico puesto que no se prepara una defensa consiente de parte de los que luchan para enfrentar la violencia del Estado, el mejor ejemplo lo podemos tener en Chile cuando se derroca a Allende o el mismo ejemplo de Gandhi- se trata de la participación masiva de los apolíticos en la política, de los que delegan asumiendo las tareas en sus manos. En otras palabras. Toman las riendas de sus destinos y luchan por transformar su realidad.

Cada día es más claro que no se va a poder frenar los ataques, llevar a la Presidencia de la República a un candidato de izquierda, incluso aplicar un programa mínimamente progresista o la lucha abierta por el socialismo, por una sociedad sin explotación del hombre por el hombre donde las palancas fundamentales de la economía sean nacionalizadas y controladas por un gobierno de los trabajadores, si no es por medio de una revolución.

Por eso al reclamar nuestro derecho a vivir con mejores niveles de vida, que se termine con la pobreza, que exista verdadera democracia, etc. también estamos reclamando el derecho a una nueva revolución y eso nadie nos lo va a negar.