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Lula, elecciones y lucha de clases en 2018 PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Esquerda Marxista (CMI-Brasil)   
Miércoles 17 de Enero de 2018 00:00
BRASIL2018
 
El año empezó mal y grandes movilizaciones populares tomaron el país de Irán. Las manifestaciones que se iniciaron con reclamos económicos comenzaron a contraponerse al reaccionario régimen islámico. En Túnez, los jóvenes han salido a las calles en busca de empleo y contra las medidas de austeridad impuestas por FMI. Esos dos casos nos hacen recordar, una vez más, la inestabilidad política que recorre el mundo y las explosiones revolucionarias que pueden ser desatadas por pequeñas chispas.
En Brasil, al contrario de la propaganda del gobierno, la crisis económica continúa desarrollándose y la salida para los capitalistas es profundizar los ataques contra la clase trabajadora. La agencia de riesgo Standard & Poor’s redujo, otra vez, la nota que se da al Brasil de crédito y presentó una de las razones; el aumento del riesgo de invertir en el país: la demora en la aprobación de las medidas de “equilibrio fiscal”, el aumento de la deuda pública y la incertidumbre sobre las elecciones de 2018. O sea, es el mercado presionando al gobierno y a los parlamentarios para acelerar las medidas de ajuste fiscal, en particular la aprobación de la Reforma de Previsión
La clase obrera ya sufre con el desempleo. La tasa oficial es de 12%, además de alta, oculta la gran elevación de trabajo informal. La Reforma Laboral entró en vigor en noviembre, abriendo camino al aumento de la explotación y la precarización de las condiciones de trabajo. Los servicios públicos están cada vez más degradados y los servidores sin reajuste, cuando no están con los salarios atrasados. La violencia y la represión policial en los barrios populares resulta moneda corriente. Ese es el contratiempo que, sumado a la indignación masiva contra el sistema vigente, prepara una situación convulsiva también en Brasil.
 En el primer semestre de 2017 vimos grandes movilizaciones, incluyendo la huelga general más grande en la historia del país, a la capital Brasilia que fue tomada por 100 mil manifestantes, y que fue sometida a una fuerte represión. El papel traidor de las direcciones del sistema, en especial del mayor sindicato del país, la CUT (Central Única de los Trabajadores), bloqueó la onda hacia arriba, desmontando la huelga general del 30 de junio y haciendo campañas sin movilizar a la base. Pero sería un error clasificar a los jóvenes y los trabajadores como desalentados, porque de hecho existe una voluntad de lucha que carece de un canal consecuente para expresarse.
 
Elecciones en medio de la crisis
 
La crisis política es profunda. El gobierno de Temer bate récords de impopularidad, instituciones y políticos desmoralizados, y divisiones en la clase dominante. Una nueva ministra de trabajo, Cristiane Brasil, es nombrada por el gobierno de Temer, solo que con el detalle de haber sido declarada culpable en dos casos en la corte de trabajo. El poder judicial intenta mitigar los efectos de este vergonzoso nombramiento e impide su toma de posesión, dando una cubertura al gobierno ya hundido en el lodo.
El conjunto de la situación política marcará las elecciones de este año. La crisis se expresa en la dificultad de la burguesía en definir a su candidato. Alckmin es el nombre más citado, pero no levanta vuelo en las encuestas. Henrique Meirelles, nombre de agrado en el mercado, sufre por tener su imagen ligada al gobierno de Temer. Esta situación todavía deja la puerta abierta para un candidato que aparezca como el “nuevo”, como ejemplo João Doria, quien descartó la candidatura luego de que su popularidad como alcalde de São Paulo decayera, otro ejemplo es el presentador Luciano Huck, a pesar de sus declaraciones negando ser candidato en 2018.
Bolsonaro, que no es el candidato preferido de la burguesía, aparece como una expresión de rechazo al distorsionado y reaccionario sistema político. Un fenómeno similar al de Trump en EUA. Y como Trump, Bolsonaro es un candidato burgués, que desea mantener el sistema capitalista y de explotación de la clase obrera, y así debe ser desenmascarado por los marxistas revolucionarios.
Lula sigue adelante en las encuestas, pero eso no significa el regreso de la confianza de la clase obrera en el PT (Partido de los Trabajadores), pero sí una respuesta contra la derecha y, en cierto punto, una pragmática comparación entre el momento actual y los dos gobiernos de Lula. Cuando, en realidad, la crisis económica no había golpeado de lleno a Brasil, lo que permitía un respiro para las ilusiones del reformismo. La realidad es que Lula y el PT siguen con la vieja política de conciliación de clases, abriendo los brazos a los antes llamados “golpistas”. Un posible nuevo PT en el gobierno será la continuidad del servilismo a la clase dirigente.
 
El juicio de Lula
 
La burguesía decidió cerrar la etapa de conciliación de clases. Pretende asumir la delantera y aplicar las medidas necesarias para salvar el sistema. Por eso descartan a Lula y el PT.
La comisión Lava Jato, como la Izquierda Marxista trata de explicar, tiene la intención de llevar a cabo una “limpieza general” que aparente una renovación del sistema político, intentando salvar a las instituciones del descrédito y la ira popular. Esa operación tiene claros objetivos políticos y económicos burgueses e imperialistas. Posicionándonos desde el principio sobre la operación Lava Jato y sus ataques a las libertades democráticas, con shows mediáticos, abusos, acusaciones y condenas sin pruebas, abriendo camino hacia el ahondamiento de la criminalización de los movimientos sociales y un papel bonapartista del poder judicial.
Repudiamos a las condenas políticas de Lava Javo, estamos en contra de la culpabilización de Lula sin pruebas, y defendemos su derecho de ser candidato.
Al mismo tiempo, nos oponemos a la política de Lula y del PT de servir a la capital, conciliar con la derecha y adoptar los métodos corruptos del gobierno burgués que nos llevaron a la situación actual. Por eso, la Izquierda Marxista no será partícipe de los actos convocados por Lula y el PT en la ciudad de Porto Alegre el día 24 de enero, día del juicio, comprendiendo que todos los actos que fueron convocados contra Lava Jato fueron dominados por la defensa de la política adoptada por los gobiernos petistas y transformados en comicios “Lula 2018”. Nosotros no damos ningún apoyo al candidato Lula, pero así también reconocemos su derecho de disputar en las elecciones.
 
Se prepara un 2018 explosivo
 
En Brasil, así como en el mundo entero, las contradicciones del sistema se agudizan. No hay un gobierno capitalista estable. Las masas buscas soluciones, ya han mostrado en repetidas ocasiones su disposición de lucha en los últimos años, en algunos países vomos explosiones revolucionarias, incluso con bloqueos y traiciones de las direcciones reformistas y conciliadoras.
El PSOL (Partido Socialismo y Libertad) puede jugar un papel importante en esa coyuntura, pero necesita apartarse del reformismo que provocó la quiebra política del PT y ligarse a la lucha de la clase obrera. En ese sentido, consideramos un error la nota política del PSOL sobre el juicio de Lula ya que no presenta con claridad las críticas a la política de conciliación de clases de los gobiernos petistas y de terminar con la defensa del “Estado de Derecho”, que es, en última instancia, la defensa del estado burgués, sus leyes e instituciones.
En las elecciones de este año, el PSOL puede crecer como una alternativa. La Izquierda Marxista defiende, desde el año pasado, que el PSOL lance a su candidato en base a un programa socialista y de clase. Por eso apoyamos desde el inicio y estamos en campaña por la precandidatura del compañero Nildo Ouriques a la presidencia de la República por el PSOL. Consideramos que es la línea política revolucionaria de esa candidatura la que puede conectarse con la insatisfacción y la revuelta de la base.
2018 ya ha comenzado caliente y grandes luchas se preparan. En varias ciudades del país hubo un aumento en las tarifas del transporte y la juventud ha salido a las calles. Los militantes de Liberdade e Luta (LL) están en esa lucha, defendiendo el transporte público, gratuito y para todos. La LL está preparando su Campamento Revolucionario entre los días 25 y 28 de enero en Florianópolis, para discutir la situación política nacional e internacional, y la lucha de los estudiantes junto con los 50 años del Mayo del ´68, siendo las lecciones de la Revolución Cubana.
La acción de los revolucionarios en la lucha de clases, junto a jóvenes y trabajadores por sus reivindicaciones, es parte del combate para la elevación del nivel de conciencia y organización del proletariado, único camino para la superación de la crisis de dirección y la construcción de un partido de clase, instrumento fundamental para enterrar al capitalismo decadente. Este es un combate de la Izquierda Marxista, tendencia del PSOL, sección brasilera de la Corriente Marxista Internacional. ¡Únete a nosotros!