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Bolivia: Las clases sociales, su independencia y las elecciones subnacionales PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Comité de Redacción - Lucha de Clases Bolivia   
Jueves 23 de Abril de 2015 01:41

elecciones boliviaTomando como referente la elección para gobernaciones, el MAS obtuvo pocos millares de votos más que en 2010, a pesar del aumento de más de un millón de electores. Consecuentemente el MAS, que se confirma como la única fuerza política de dimensiones nacionales, ve su porcentaje sobre los votos válidos reducido del 51 al 40 por ciento, y del 37 al 30 por ciento el porcentaje sobre los empadronados. Es el punto más bajo de aceptación al partido desde 2005, lo cual solo puede entenderse a través de un análisis de clase del voto.   

El voto campesino e indígena

De los 339 municipios de Bolivia, el MAS conquista 229 (5 menos que 2010) en su casi totalidad localizados en el área rural. Con esto se confirma no solo como la fuerza política de lejos más grande en Bolivia, sino también como la principal opción política del movimiento campesino e indígena, aunque ya no la única. Lo demuestra el desempeño de algunas siglas locales como por ejemplo el MPS en La Paz, la alianza MOP-Eje Pachacuti-Demócratas en Potosí y otras menores, además de una mayor dispersión del voto que emerge de la ingobernabilidad en varios municipios rurales, particularmente aunque no solo en territorio paceño.

El gobierno sigue apoyando con obras la pequeña producción campesino-indígena y sus comunidades, pero no apoya con una política de clase su lucha histórica contra el latifundio. Así tenemos en la Asamblea Legislativa a varios “dirigentes campesino-indígenas” que declaran patrimonios superiores al millón de bolivianos: latifundistas o comerciantes, resistidos en sus comunidades con las cuales tienen vínculos puramente formales. Donde hay tradiciones de lucha, el movimiento campesino-indígena reacciona a la expropiación de su representación levantando sus propias agrupaciones políticas. Donde, como en el Oriente, el latifundio es el centro de todas las relaciones sociales, es este que copa los espacios políticos, sea en el MAS o en la oposición. 

La clase media

El MAS sale de estas elecciones como minoría entre la clase media urbana. Los escándalos de corrupción han evidentemente pesado en este resultado tanto cuanto la percepción de encubrimiento de la corrupción que se tiene. Pero esto no es todo, de hecho la corrupción no es un fenómeno nuevo tampoco para el MAS. En el transcurso de esta década el MAS ha ido liquidando los aparatos de los partidos propios de la burguesía boliviana, incorporando finalmente las razones de esta e incluso sus personeros políticos de mayor “arrastre”. Esta política de colaboración de clases, jacobina en la forma y reformista en el contenido, es lo que conduce al viraje a derecha de la clase media.

Con una visión propiamente reformista, el gobierno ha buscado amortiguar el conflicto de clases y ganar independencia a su accionar, mimando y cortejando a la clase media en lo político, con las candidaturas y la moderación programática, así como en lo económico, con el fortalecimiento de la moneda nacional que aumenta su poder de compra en el exterior, el doble régimen fiscal etc. Mejorando sus condiciones básicas, la clase media ha ido también modificando sus requerimientos y planes futuros; piensa cambiar casa, tener una propia o comprar un vehículo por ejemplo.

Sin embargo es ahí que los estratos inferiores de la clase media descubren que los precios de terrenos se han disparado, que el gobierno no construye viviendas y que los bancos no prestan las sumas útiles a quienes no puedan demostrar ingresos cuantiosos. Es decir; chocan con el límite de una burguesía rentista y parasitaria, que es orgánicamente incapaz de desarrollar la economía a un grado suficiente, pero cuya posición es garantizada por el gobierno. No encontrando en el movimiento obrero organizado una respuesta a sus problemas, más bien habiendo sido azuzado en contra de este por un gobierno que les ha enseñado a los trabajadores como “privilegiados”, el grueso de la clase media es empujado entonces hacia sus verdugos.

El voto obreroimages

El MAS es también minoría relativa entre la clase obrera y no solo urbana. Llaman la atención al respecto no solo los resultados en el eje troncal, donde se impone la derecha, sino también las victorias conseguidas por los pelos en algunos distritos mineros, por ejemplo Colquiri donde el MAS “triunfa” por 4 votos sobre 10 mil electores. Esta relativa desafección del movimiento obrero se debe en primer lugar al hecho que la clase trabajadora ve frenada por todo lado su autónoma iniciativa política en la sociedad, a través de la cual reconocerse como clase e influir en la orientación de las clases que le quedan cerca.

Esto ocurre con un gobierno enfocado en la “redistribución del excedente” y fundamentalmente desinteresado en como este es materialmente producido. Y con una dirección sindical que persigue el objetivo de una mayor inclusión dentro del aparato estatal (ministerios, directorios de AFP o CNS etc.) y desestima la lucha contra la precariedad laboral, el trabajo a destajo y la terceriarización del trabajo, acabando por representar solo a reducidos intereses burocráticos. Así las capas menos organizadas y políticamente conscientes del movimiento obrero se confunden con la masa que expresa a derecha su voto castigo.

Nuestras tareas

A la derrota del MAS en estas elecciones le hace falta un vencedor del otro lado, y solo esto es lo que la hace por el momento soportable para su dirección. Pero las dinámicas sociales del voto demuestran como el MAS esté paulatinamente alejándose de las luchas campesinas y obreras que desde Cochabamba y El Alto lo llevaron al poder. Si esto por ahora no se traduce en alejamiento también del poder no es solo mérito del MAS, pero la alarma está lanzada y este podría ser el futuro si no se rompe con la colaboración de clases antes que cambios económicos y del panorama internacional sacudan todos los equilibrios de la última década.

La independencia de clase no puede ser simplemente proclamada por grupos que se reivindican a ella, sino que siempre ha sido una conquista de luchas masivas de obreros y campesinos, influidas por vanguardias revolucionarias que estén a su lado. Las escisiones, divisiones y polémicas sobre la gestión interna al MAS son hoy un reflejo distorsionado y un anticipo de las luchas por la independencia de clases. En esta etapa nuestra tarea es tratar de reconducir estas luchas a la lucha contra la colaboración de clases y, sobre todo, organizarnos, educarnos y educar a la vanguardia revolucionaria a intervenir en los nuevos escenarios que se vienen.